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Según De la Hera (2012: 28), para efectuar una buena gestión de reservas se recurre a unos puntos fundamentales: los flujos de caja entrantes esperados durante un período, los flujos de caja salientes estimados, y el buffer de liquidez existente para hacer frente a los gaps que aparezcan De la Hera, 2012: 28). Es decir, el buffer de liquidez es, e sí, un conjunto de activos de alta calidad que hagan frente a las necesidades puntuales De la Hera, 2012: 28). Mientras que los gaps de liquidez son descalces entre los flujos entrantes y salientes en diferentes espacios temporales.

Por otra parte, según Pascual y González (2001:231), la liquidez que debe tener el banco debe ser enfocada en satisfacer las siguientes obligaciones:

50 1.- Reservas mínimas impuestas por el banco central

2.- Satisfacer la retirada de depósitos 3.-Financiar la demanda de préstamos

A su vez, Mora (2012: 13) argumenta que la gestión de reservas es tratado desde tres puntos de vista dife e tes: El enfoque de activos líquidos, el enfoque del flujo de caja, y una mezcla de los dos anteriores Mo a; : .

1.- El enfoque de activos líquidos aduce que la institución debe mantener activos líquidos dentro del balance libres de impuestos, como valores del gobierno Mo a; : ue puede se ve didos dependiendo delas necesidades de liquidez.

2.-El enfoque de flujo de caja menciona que la e tidad de e coincidir las salidas de efectivo contra las entradas de efectivo mediante una variedad de divisiones por vida residual a corto plazo Mo a; : 13).

3.-El enfoque mixto mezcla los enfoques de activos líquidos y de flujo de caja. Es decir, la entidad coincide #las salidas de efectivo en cada segmento de tiempo con una combinación de los flujos de efectivo contractuales, más las entradas que se pueden generar a través de la venta de activos Mo a; 2012: 13).

Si se considera el problema de un banco que quiere averiguar la cantidad reservas de liquidez que debe tener de una cantidad total de depósitos. Suponiendo que la diferencia entre depósitos y reservas se invierte en préstamos libres de riesgos e ilíquidos. Y, además, se supone que la cantidad neta de los reintegros al final del periodo es aleatoria. Si el pago de obligaciones del banco es mayor que las reservas, el banco tiene escasez de liquidez, por lo que ha de pagar una penalización para proporcionarse liquidez (Freixas y Rochet, 1997: 278).

Por tanto, de manera matemática una buena gestión de reservas implicaría que la cantidad óptima de reservas es tal que el coste marginal de oportunidad de mantener reservas es igual al coste esperado de la escasez de liquidez. En otras palabras, la probabilidad óptima de escasez de liquidez es exactamente igual al o ie te e t e la p i a de li uidez el tipo de i te és ue ha ue paga o o pe aliza ió (Freixas y Rochet, 1997: 279). En la misma línea, Ize; Kiguel y Yeyati (2009: 19) mencionan que en caso de tener la opción de un préstamo para solventar problemas de liquidez, el costo de pedir prestado debe estar por debajo del costo de no tener suficientes reservas Ize; Kiguel y Yeyati, 2009: 19).

Según Pascual (2001:194), para determinar las medidas de liquidez se posen dos enfoques, por un lado se usan ratios y se estiman necesidades de liquidez, comparando el nivel de activos líquidos con el denominado gap de financiación, es decir, la diferencia entre el valor medio de la cartera de préstamos y de depósitos. Por otro lado, se evalúa la liquidez como un problema de flujo de fondos y se elabora un mapa de orígenes y plazos.

51 Una de las herramientas más usadas es el perfil de liquidez que refleja los intervalos temporales, es decir, un día, una semana, un mes. Se calculan las diferencias entre activos y pasivos que vencen en esos intervalos temporales. Esto da como resultado los fondos disponibles y refleja los fondos adicionales necesarios en cada periodo bajo la hipótesis de un cumplimiento de vencimientos contractuales, sin embargo, esta herramienta es solo válida para plazos cortos, y no se pueden tratar activos y pasivos con vencimiento implícito (Pascual, 2001:252).

Finalmente, se debe aclarar que el encaje no es parte de la gestión de reservas. Ya que, según Cifuentes (2001: 2) aunque el encaje haya nacido como una salvaguardia de shocks de liquidez. A lo largo del tiempo, este argumento ha perdido valor, ya que se ha comprobado que poseer encaje no ha impedido crisis de liquidez, y que países sin el requerimiento de encaje no has presentado problemas de liquidez. Además, Cifuentes (2001: 3) menciona que el encaje obligatorio no es sustituto de las reservas que se mantienen por razones de liquidez Cifue tes, : . Es decir, que los bancos deben acumular, además del encaje, otras reservas para satisfacer necesidades de liquidez. Por tanto, el encaje no son reservas en caso de iliquidez, sino debe entenderse como un porcentaje de los depósitos que captan las entidades financieras que deben mantener como reserva en el banco central Cifue tes, : . A su vez, Cernadas (2011: 4) argumenta que existen dos tipos de encaje, el requerido y el constituido. El encaje requerido es el que se encuentra obligado la institución financiera a depositar en el Ente Emisor (Cernadas, 2011: 4). Por otro lado, el encaje constituido es el monto que depositan las entidades financieras en el Banco central Ce adas, : . La discrepancia entre estos dos tipos de encaje es

el excedente o deficiencia de encaje Ce adas, : .