1948
- 2007
era supervisada por las visitadoras sociales en el domicilio. Los médicos con- trolaban la salud del niño quincenalmente en el consultorio externo. Esta segunda alternativa no se pudo sostener en el tiempo por las dificultades eco- nómicas y operativas que la misma generaba.
Sbarra siempre repetía "el niño no está completo sino cuando juega" y para que este axioma llegara a todos mandó construir un mosaico en colo- res en uno de los jardines del Establecimiento, que hoy todavía se conserva. En relación a esta circunstancia el filósofo italiano Giorgio Agamben cita en su libro 'Infancia e historia'… "el conocido episodio de la novela de Collodi en el cual Pinocho, tras una noche de viaje a lomo del borrico parlanchín, llega felizmente al 'país de los juguetes'. En la descrip- ción de esa utópica república infantil, Collodi nos ofrece la imagen de un universo donde todo es juego. Ese país no se parecía a ningún otro país del mundo. Toda la población estaba compuesta por niños […] ¡En las calles, una algarabía, un ruido, un griterío que martillaba el cerebro!. Bandas de chiquillos por todas partes: jugaban a las bolitas, al tejo, a la pelota, anda- ban en bicicletas, en caballitos de madera; unos jugaban al gallito ciego, otros se perseguían; algunos, vestidos de payasos devoraban antorchas, otros recitaban, cantaban, hacían saltos mortales, se divertían caminando con las manos y levantando las piernas por el aire […]; reían, gritaban, se llamaban, aplaudían, silbaban; alguno imitaba el sonido de la gallina cuan- do ha puesto un huevo: en suma, un pandemonium, una baraúnda, un bulli-
cio tan endiablado que había que ponerse algodón en los oídos para no que- darse sordo; en todas las plazas se veían teatros de títeres…
Cada semana -le explica Fosforito a Pinocho- está compuesta de seis jueves y un domingo, imagínate que las vacaciones del otoño empiezan el 1º de enero y terminan el 31 de diciembre" (49).
Como se podrá apreciar, Collodi preconizaba en su inolvidable libro, la necesidad que los niños pudieran jugar sin restricciones, postulados que en la actualidad estamos olvidando tanto en los ámbitos institucionales como en los familiares. De sus expresiones se desprende que cuando los niños juegan de dis- tintas maneras tienen posibilidades de tener una vida mejor y más saludable.
En otro orden de cosas, ese mismo año, se inauguró el sector de cos- tura y ropería que permitió que se confeccionaran los equipos para uso del per- sonal y la ropa para los niños a un costo muy inferior al precio de licitación.
Relacionado con el grupo de visitantes ilustres de ese mismo año mere- cen destacarse: el Profesor Titular de Higiene de la Universidad de Concepción, Chile, Dr. Hernán San Martín y el Profesor Dr. Gerhard Domack (1895-1964), médico alemán, Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1939, descubridor de las Sulfonamidas, acompañado por el Ministro de Salud, Dr. Carlos Bocalandro.
El período 1950-59 estuvo caracterizado por los cambios que se pro- dujeron en las vías de ingreso de los niños a la Casa Cuna; inicialmente en la etapa 1944-49 se incorporaban mayoritariamente a través del Servicio Social, representando el 79% y solamente el 21% por orden judicial de los Tribunales de Menores de la Provincia de Buenos Aires. En la década 1950-59 se observa- ron sustanciales modificaciones: Servicio Social 38%, orden judicial 62%, lo que se intensificó en el período 1960-69 con 17% y 83% respectivamente.
Esto nos indica que a medida que aumentaban la vulnerabilidad y la multiplicidad de factores de riesgo se incrementaban sensiblemente las institucionalizaciones por orden judicial. Es, a partir de ese momento, cuan- do los Jueces comenzaron a decidir sobre el ingreso y posterior destino de los niños en riesgo.
Sbarra reasumió su cargo de Director en forma interina, el 4 de noviembre de 1955, función que revalidó en los años 1957 y 1962 mediante los respectivos concursos.
49 - Agamben, G. Infancia e historia: destrucción de la experiencia y origen de la historia. 4ª ed. Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2007. pp. 95-96. (Filosofía e Historia).
En 1963, por gestiones realizadas por el Dr. Sbarra, el Ministerio de Salud resuelve incorporar oficialmente a la Institución como Subsede para el desarrollo de la Cátedra de Medicina Infantil, hecho que se concretó median- te el Decreto Provincial Nº 2500/25 del 5/11/63 (50) (51).
Durante su gestión, el Dr. Sbarra creó también la Asociación Cooperadora en 1968 y, un año más tarde, el Voluntariado, entidades de arrai- gado prestigio en nuestra ciudad que resultaron invalorables para el desenvol- vimiento institucional.
Año 1969, mi llegada a Casa Cuna
No conocía la Institución, sólo tenía algunas pocas referencias perio- dísticas y algunos comentarios de colegas del Hospital de Niños "Sor María Ludovica", donde me desempeñaba como Médico Concurrente Honorario.
Una amable conversación que sostuvimos en el Colegio Nacional con el Dr. Noel Sbarra sobre el cuidado de la salud de niños y niñas, posi- bilitó este magnífico descubrimiento que tanto influiría en mi vida futura profesional y académica. Llegué a la Casa Cuna e Instituto de Puericultura una soleada mañana otoñal del mes de abril de 1969, subí la escalera cen- tral de ingreso al edificio con la nerviosidad y las dudas lógicas que genera todo hecho nuevo. En la Mesa de Entrada me atendió Nélida Martínez, visi- tadora de Higiene con quien tuve la suerte de trabajar varios años en el Consultorio Externo. Le informé que venía a hablar con el Director y me acompañó deferentemente hasta su despacho. Al subir la escalinata para dirigirme a la planta alta ya tuve una grata impresión, ver el espléndido e imponente mural de Francisco de Santo y antes de entrar a la Dirección pude escuchar el griterío, el llanto y algunas sonrisas de los niños más pe- queños que jugaban en las galerías.
Esto me provocó una imborrable imagen que aún me acompaña y una profunda emoción que todavía recuerdo.
Luego de los saludos correspondientes, el Dr. Sbarra me acompañó a recorrer toda la Institución.
Debo decir que conocía todos los Hospitales del Gran La Plata, donde cursé las materias de la Carrera de Medicina y nunca había visto uno tan orde- nado, limpio, sin los olores típicos de los nosocomios, con el personal de los
50 - Cusminsky M. Discurso inaugural, 1 de agosto de 1986. La Plata: Cátedra "B" de Medicina Infantil. Facultad de Ciencias Médicas. UNLP, 1986. pp. 3
distintos servicios con uniformes y guardapolvos de diferentes colores. Los niños y niñas vestían ropitas de variados estilos y tonalidades, pero había algo más sorprendente; esas prendas eran confeccionadas con dedicación, esmero y cariño en el Establecimiento por las costureras que eran supervisadas por Sor Angelina, una estupenda y piadosa religiosa.
Las salas de internación, galerías y los lugares de juego eran una ver- dadera maravilla.
Sbarra me comentó que era una de las primeras instituciones pediá- tricas de la Argentina que tenía ámbitos interiores y exteriores, con juguetes y juegos para los niños acordes con su edad. No olvidemos que hasta la década del ´50 algunos sostenían que los juguetes podrían ser "vehículos para el transporte de gérmenes…"
Durante la recorrida noté que Sbarra observaba con detenimiento mis gestos y contacto con los niños; escuchaba con atención mis preguntas y comentarios que sostenía con el personal de los distintos sectores. Todo esto y la profundidad de su mirada, me indicaban que estaba rindiendo uno de mis exámenes más difíciles.
Regresamos a la Dirección y en forma clara y terminante, como él siempre acostumbraba a hacer, me dijo que gestionaría ante el Ministerio de Salud, si yo estaba de acuerdo, mi traslado del cargo rentado que ejercía en el Centro de Salud Infantil del Hospital de Berisso; que pensara el ofrecimiento y que le diera una respuesta en tiempo perentorio.
Pocos días después, el Dr. Sbarra sufre un infarto de miocardio, este desgraciado episodio determina que se produzca una pequeña demora en mi toma de decisión. Parecía que esta circunstancia fortuita estaba influyendo para dificultar una determinación tan trascendente.
Algunos pensarán que esto que recordaré es una ficción. Yo continua- ba concurriendo diariamente en forma honoraria a la Sala 12 del Hospital de Niños "Sor María Ludovica"; una semana más tarde, el Director Dr. Antonio Pelusso me cita a su despacho y me ofrece designarme Jefe de Guardia Rentado del Hospital, ya que era uno de los Pediatras Ad Honoren con mayor antigüedad. Se podrán imaginar mi sorpresa; durante ocho años nunca me habían ofrecido dos cargos en pocos días. Estaba entre confundido y perturba- do. ¿Qué debía hacer? ¿Qué cargo me resultaría más conveniente? ¿Dónde estaba mi futuro?. Mis ideas relacionadas con el cuidado de la salud de los niños y la prevención de sus desequilibrios ¿dónde las podría concretar mejor? En la vida las respuestas esenciales sobre el porvenir deben surgir de
nuestra propia interioridad, pero pienso que el diálogo y la consulta a los que uno quiere y aprecia siempre ayudan.
A la primera que consulté fue a mi esposa Irma, quien con sinceridad plena y dejando de lado sus conveniencias como lo ha hecho durante tantos años compartidos, me dijo: "Roberto, cualquier decisión que tomes será acer- tada, yo te acompañaré siempre".
Mis amigos íntimos eran otros a los que pensé que podía consultar; con quien primero conversé fue con Roberto Lavigne. Le expliqué la situa- ción y él en forma concisa y didáctica, como lo ha hecho siempre ante mis rei- teradas consultas, me respondió: "Pepe debes sacarte semejante mochila cuanto antes". Quizá mi amigo Roberto, no pensó cuánto facilitarían estas pocas palabras en mi determinación final. Me quedaba una última alternativa de consulta, el Dr. Sbarra, ahí sí fui rápido en resolver la cuestión. Esa misma mañana lo llamé por teléfono, aproveché la circunstancia para informarme de su convalecencia. Por suerte se recuperaba muy bien.
Como me encontraba a pocas cuadras de su domicilio, en unos minutos estábamos compartiendo un café en su casa. Lo interioricé de mis dudas respecto a los dos ofrecimientos que tenía y él con la firmeza y la cla- ridad que caracterizaban sus diálogos me manifestó: "Mateos no consulte más a nadie, esto es algo personal y es usted el único que tiene la respuesta".
Esa tarde tomé la decisión: trabajaría en Casa Cuna. Considero nece- sario expresar que tanto Irma desde el amor, Roberto Lavigne desde la amis- tad y el Dr. Sbarra desde la experiencia de vida, habían contribuido a que tomara una determinación personal que fue vital para mi desarrollo humano, profesional y académico. A ellos, mi eterno agradecimiento.
Comencé mis actividades el 9 de junio de 1969, me asignaron la Sala 2º en planta alta, en la que estaban internados los niños hasta alrededor de los 12 meses de edad y la Sala 7º en la planta baja que albergaba a los niños y niñas más grandes.
Por aquellos años había sólo dos médicas pediatras, las Doctoras Zulema Dopchiz y Elsa Castro, excelentes compañeras que me ayudaron a que en un corto tiempo me pudiera adaptar a las modalidades del trabajo con los niños internados y los que se atendían en los consultorios externos. Desgraciadamente ambas fallecieron jóvenes. Que este recuerdo sirva de gra- titud por todo lo que realizaron en beneficio de la infancia.
También deseo reconocer la colaboración que me brindaron todas las niñeras para que pudiera realizar la labor cotidiana con toda comodidad.
Recuerdo, entre tantas, a Dina Cechet, Elisa López, María Clara y Angelita Mahmud, Angélica Lugones, Clorinda Olivari, Luisa Peloche, Laura Mantovano, Martha Sánchez, Ofelia Osman y tantas otras que mi frágil memoria me ha hecho olvidar.
En ellas quiero evocar a todas las niñeras hoy Auxiliares de Puericultura, que con su esforzada tarea y durante tantos años han colabora- do para que los niños pudieran recobrar su salud.
Casi cuarenta años después debo confesar que me siento dichoso y afortunado por pertenecer a una Institución tan enraizada en los sentimientos de la comunidad platense y que tanto ha hecho y hace en favor de la salud de la infancia.
Comparto y hago mías las palabras Jerzy Kosinski "no es fácil Señor, encontrar un lugar adecuado, un jardín, en el que uno pueda trabajar sin injerencias y madurar con las estaciones" (52).
Reconozco que la Institución, los niños y los compañeros de trabajo de todos los sectores, durante tantos años me han brindado esta placentera posibilidad. Esto significa que una tarea tan compleja realizada durante miles de horas, me haya originado muchos momentos de satisfacción y felicidad plena y algunos pocos, de tristeza y aflicción.
Los problemas de salud que padecía el Dr. Sbarra determinaron que ejerciera su cargo de Director hasta el 31 de diciembre de 1969, momento del retiro jubilatorio.
En el texto de su renuncia refería: "La lesión cardíaca que sufriera este año, ha dejado en mí una secuela que determina que no pueda dedicar- me ya, con la exigente intensidad que requiere la Dirección del Establecimiento, único modo, por lo demás, de conducir la Institución, en un plano ascendente y de mantenerla en las condiciones en que se halla.
Un pediatra y al par sanitarista joven debería tomar con esas miras -y aún mejorarlas- el relevo que el suscripto deja después de 26 años de labor en el Establecimiento" (53).
Durante el largo período de su vida dedicado al servicio de los niños de Casa Cuna logró imponer un estilo "sbarriano" caracterizado por su con- ducta ética, su capacidad de trabajo, su vehemencia y su honestidad profe- sional y administrativa que siempre estuvo guiada por el deseo de beneficiar a la infancia.
52 - Kosinski J. Desde el jardín. Barcelona: Javier Vergara, 1975. pp. 56.
53 - Buenos Aires (Prov.) Ministerio de Bienestar Social. Acto de imposición del nombre "Dr. Noel H. Sbarra" al Hospital Zonal Especializado (Ex Casa Cuna). La Plata, 31 mayo 1974.
Acta colocación piedra fundamental Casa Cuna e Instituto de Puericultura. Año 1938.
Niños en Pre-Jardín con maestra jardinera. Año 1984.
Dr. Marcos Cusminsky. Sra. Felisa A. de Guillé y Silvia Ianello, presidenta y secreta- ria, de la Asociación Argentina para la Infancia y Dr. Roberto Mateos. Año 1991.
Hemos afirmado en reiteradas oportunidades, que con diez "Sba- rras" la Salud Pública de Argentina hubiera sido de una calidad próxima a la excelencia.
ETAPA DE GRANDES REALIZACIONES
Comienza una etapa de transformaciones que Cusminsky imple- mentó en forma gradual y sistemática. El criterio que utilizó fue el de mejo- rar y perfeccionar lo ya existente e incorporar las nuevas orientaciones sani- tarias en todas las áreas de la Institución con el sentido de un equilibrado de- sarrollo institucional. Sus ideas estaban orientadas a brindar un modelo pres- tacional de calidad.
Marcos coincidía con la existencia de sectores institucionales coor- dinados y con objetivos comunes. Todo ello posibilitó la integración del equipo de trabajo interdisciplinario, el mejoramiento del equipamiento y la continuidad de la capacitación de los profesionales y el personal auxiliar.
Había recibido una infraestructura edilicia, administrativa y asisten- cial impecable pero era indispensable su mantenimiento permanente y su crecimiento contínuo.
Las organizaciones comunitarias, Cooperadora y Voluntariado, que habían sido creadas poco tiempo antes, fueron estimuladas para incrementar la destacada labor de colaboración que estaban iniciando.
Estableció, para el mejor funcionamiento institucional, prioridades realistas y acciones viables en relación con la disponibilidad de los recursos.
Marcos era de los que pensaban que había que progresar y crecer institucionalmente, adaptándose a las realidades de los momentos histórico- sociales. Siempre afirmaba que "las transformaciones y los cambios requie- ren tiempo".
Los viajes que realizó por América Latina, Europa y Estados Unidos le sirvieron para observar sistemas de salud y establecimientos hospitalarios que hicieron posible imaginar proyectos innovadores.
Cuántas veces lo encontraba en su despacho de la Dirección, senta- do, inmóvil y con la mirada casi perdida en el escaso cielo que el pequeño ventanal le permitía divisar. Yo, lamentablemente, con mi impertinente entra- da y con mi gritona voz, lo volvía a la realidad cotidiana. Inmediatamente me respondía la inquietud que le planteaba. Pero, a su vez, me invitaba un 'mate cocido' y me comentaba con apasionamiento una nueva idea que había ima- ginado. La mayoría de las veces coincidíamos plenamente, lo que no obsta-
ba que en otras circunstancias discutiéramos con vehemencia pero lealmen- te, alternativas y prioridades. Por suerte compartimos durante muchos años una predisposición mutua para imaginar y concretar cosas posibles, no fan- tasías teóricas. Le agradezco a Marcos, haberme posibilitado estos diálogos constructivos y participativos.
Su creatividad permitió poner en marcha el equipo interdisciplina- rio, la revitalización de los Consultorios externos con atención vespertina, el enfoque bio-psico-social del abandono infantil y la interpretación del mismo como un tipo de violencia con distintas formas de expresión, que producen problemas de salud de variada gravedad en los niños. También inició la aper- tura de la Casa y celebración comunitaria del Día del Niño, impulsó las reu- niones con los Jueces de Menores de la Provincia de Buenos Aires, comen- zó con las reuniones de evaluación anual con todos los Servicios, realizó obras de ampliación edilicia que fueron un modelo para imitar por otras ins- tituciones de salud. Revitalizó las actividades docentes intra y extramurales e intensificó las tareas con la Cátedra de Medicina Infantil, ya que varios de los profesionales de Casa Cuna éramos integrantes de la misma.
En colaboración con la Asociación Cooperadora impulsó todo lo relacionado con la organización de actos culturales así logró la donación de obras de artistas plásticos platenses, entre los que recordamos a: Hugo Subielle, Carlos Pacheco, Sixto González, Emma Ganz, Edgardo Vigo, César López Osornio, Lido Iacopetti, Hugo Demarziani, Elías Korsak, Hebe Redoano y muchos más.
Una nueva perspectiva: Hospital Zonal Especializado
Un momento clave y definitorio de la gestión del Dr. Marcos Cusminsky estuvo relacionada con el propósito del Ministerio de Salud de transformar las instituciones del sistema sanitario en hospitales. La primera exigencia ministerial que se impartió estaba relacionada con la dotación de camas; era indispensable tener 150 camas habilitadas. Aún recuerdo los aje- treos y corridas para convertir nuestra querida Casa Cuna en Hospital. Nos faltaban alrededor de veinticinco camas que tuvimos que conseguir en tiem- po perentorio. La preocupación de Marcos era que no se provocara hacina- miento ni dificultades en las salas y en los aislamientos para la asistencia de los niños. Felizmente se pudieron incorporar cuatro dependencias que con mínimas adecuaciones permitieron cumplimentar lo solicitado. Recuerdo que cuando se logró el objetivo lo festejamos como si hubiéramos logrado un preciado galardón.
Todos los profesionales de aquella época intuíamos que esta modi- ficación organizacional y administrativa influiría decisivamente en el futuro institucional. Y así fue.
El 28 de agosto de 1972 la Casa Cuna, próxima a cumplir 30 años de existencia se transformó en "Hospital Zonal Especializado".
¿Por qué Hospital? Porque se trata de un Establecimiento sanitario de mediana complejidad destinado al cuidado de la salud infantil donde se realizan actividades asistenciales, docentes y de investigación.
¿Por qué Zonal? Porque no sólo se asisten niños y niñas de nuestra ciudad, sino también de la Región Sanitaria a la cual pertenecemos y de toda