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Los gestos y la postura tienen su propio lenguaje El cuerpo y cada una de las partes que lo conforman,

pueden convertirse en una excelente herramienta para transmitir mensajes o reflejar nuestras emociones. Gran parte de una comunicación efectiva y eficiente se sustenta en el lenguaje corporal. No en balde existe un medio de comunicación flexible y creativo como es la llamada “lengua de señas’’, con el que las personas sordas comunican sus ideas, creencias, deseos e intenciones.

Todas estas manifestaciones están comprendidas dentro de lo que se denomina como comunicación no verbal. Con la posición de las manos, la expresión del rostro, la postura del cuerpo, los gestos, los movimientos, la mirada o ademanes, e

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incluso la combinación de todos o algunos de ellos, podemos informar a otros sin problemas nuestros sentimientos o emociones, sin necesidad de articular palabra alguna.

Son tantas las maneras de expresarnos con el cuerpo o con sus partes, que si nos encontramos en un país con un idioma desconocido para nosotros, podemos hacernos entender en asuntos básicos solo con expresiones corporales visibles sin utilizar la voz.

Esto lo vemos reflejado en los famosos "emoji", también llamados "emoticones" o "smileys", que no son más que códigos universales que nos permiten comunicar emociones de una forma rápida, directa y sencilla mediante imágenes.

Otro ejemplo maravilloso de la expresión mediante gestos o movimientos prescindiendo del lenguaje verbal lo encontramos en los mimos, que son artistas que utilizan todos los elementos del cuerpo para transmitir la información deseada a quienes los observan. El mítico y mayor representante del arte del silencio fue Marcel Marceau, quien fuera considerado el maestro de los sentimientos puros en los silencios más profundos.

Estos potentes ejercicios silenciosos empujan a los mimos, a gritar sin sonido alguno sus sentimientos y a hablar sin palabras

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con el entorno, comunicando sin esfuerzo su mensaje a través de un lenguaje universal u omnipresente.

Es importante ser coherente en el uso de las herramientas de la comunicación. Debemos armonizar las ideas que vayamos a transmitir junto: i) con lo que sentimos con respecto a ellas; ii) con la correcta sucesión regular de los sonidos convertidos en palabras, así como también, iii) con las manifestaciones corporales exteriores o gestualidad.

Es todo un conjunto que debe funcionar de manera integral, equilibrada, ordenada y con una combinación proporcionada para lograr el fin perseguido cual es: que nuestro mensaje sea bien recibido, aceptado, además de comprendido sin problemas. Puesto que, si no existe una buena combinación de estos elementos podríamos proyectar contradicciones entre lo que decimos y hacemos, lo que sin dudas provocaría que nuestro comunicado pueda interpretarse como falso o poco creíble y también, podríamos mostrar una imagen negativa a nuestros interlocutores.

Por eso es que nada puede sustituir una sabrosa, constructiva, poderosa, así como agradable conversación personal y directa con la gente. De allí, que comunicarse por vías digitales como por ejemplo el whatsapp, sin la presencia física de

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la otra persona, se presta para muchos malentendidos, debido simplemente a que no podemos evaluar integralmente el lenguaje verbal con el lenguaje gestual pues nos limitamos de forma impersonal a interpretar lo que nos escriben.

Esto nos lleva rápidamente a conclusiones erróneas sobre lo que la otra persona quiso decirnos en el escrito, porque evaluamos o prejuzgamos el contenido junto con sus sentimientos sobre la base de lo que nosotros sentimos en el momento. Esto es peligroso.

Por ejemplo, si estamos tristes o enojados y nos envían un texto un poco corto o escueto, a lo mejor porque la otra persona está ocupada como para escribir con mayor extensión, quizá pensamos inmediatamente que ella pudiera estar enojada con nosotros; o por el contrario, si estamos alegres, tranquilos o relajados y recibimos un mensaje en los mismos términos, quizá no nos importe.

En fin, somos en esencia una hermosa “máquina’’ compleja, coherente y aceitada, con la que podemos comunicar nuestras energías en movimiento como son las emociones y, que si así lo deseamos, podemos encenderla para ponerla a trabajar en perfecta armonía en función de conectarnos eficientemente con

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el mundo; claro está, que esto lo conseguiremos con la práctica atenta y constante de estos sencillos consejos:

Las Piernas y pies. Las piernas y los pies nos movilizan o trasladan de un lugar a otro, e incluso son la parte del cuerpo por excelencia para escapar o huir de situaciones difíciles, apremiantes o peligrosas. Es por eso que tienen un lenguaje propio y directamente natural relacionado con nuestra permanencia o no en un lugar determinado. Esto quiere decir simplemente, que la posición de nuestras piernas así las tengamos cruzadas y también de los pies, traducen nuestra emoción de querer quedarnos o querer irnos de un sitio.

Cuando estés conversando, en una entrevista o dictando una charla, ten en cuenta que la dirección de tus extremidades inferiores como las de tu interlocutor o interlocutores, están enviando un mensaje sencillamente eficaz: querer quedarse o querer huir. Ocúpate de este pequeño y gran detalle en tus reuniones o encuentros.

La Sonrisa. Sonríe y hazlo con derroche, que tu sonrisa sea la protagonista. La sonrisa tiene un poder universal majestuoso que transmite sin mayor esfuerzo alegría, amistad,

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serenidad, optimismo, inteligencia, disposición, pero principalmente amor.

Es el instrumento perfecto para demostrar seguridad, abrir cerraduras o desenredar complejidades. Así que en cualquier situación, maquillémonos con una sonrisa la vida para que cambiemos nuestras emociones y las emociones de los que te rodean.

Termino con esta hermosa frase que lo resume todo: “La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz”; por lo tanto, dediquémonos a sonreír.

La práctica. Lo esencial en todos los aspectos que involucran el hablar en público es la práctica. Así como para aprender a caminar, correr, manejar bicicleta, vehículos y un sinfín de habilidades o destrezas debemos practicar, también se hace necesario ensayar nuestro lenguaje no verbal o gestual hasta que se haga para nosotros algo natural.

Debemos practicar el manejo de las manos, los gestos de la cara, las distintas poses o posturas acordes con la situación que vayamos a enfrentar. No es necesario usar grandes artificios en ese sentido ya que con un espejo es suficiente para teatralizar o

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representar nuestra obra a fin de darle el carácter espectacular o efectista a nuestra actitud o expresión.

Si podemos acceder a ciertas tecnologías (cámaras o teléfonos) para grabar nuestra representación escénica sería perfecto; sin embargo, no te limites puesto que puedes pedirle a un familiar o a un amigo que te observe y te haga correcciones o sugerencias sobre el diseño de tu puesta en escena.

La mirada. Sea que nos comuniquemos con una, dos o tres personas o un auditorio entero, es fundamental mirar a los ojos a los que nos dirijamos. Sé que cuantos más individuos escuchen nuestro discurso es más difícil fijar la mirada en cada una de ellos, pero debemos hacerlo con la mayoría y en todas direcciones, ya que esto transmite la sensación de que los estamos observando, tomando en cuenta y dirigiendo el verbo a todos.

Mirar a los ojos le imprime intimidad y cercanía a la conversación e incluso hace más comprensibles nuestras ideas y emociones, especialmente cuando son intensas. Asimismo, observar los gestos que hace la gente cuando hablamos nos otorga la posibilidad de matizar o adaptar nuestro discurso al auditorio como también a las circunstancias concretas.

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Cuando evitamos el contacto visual no “tocamos” a la gente con nuestras palabras o emociones y aunque nuestra exposición sea muy interesante, podemos pasar por odiosos o dar la impresión de que la audiencia no nos interesa e incluso que la detestamos. Pero, no solo se debe mirar a quienes comunicamos nuestro mensaje sino que también debemos mirar a quienes escuchamos, porque esto es sinónimo de interés, atención y cortesía.

Un ejemplo sencillo que ilustra la importancia de mirar a la gente a los ojos, es cuando le lanzamos a alguien una pelota u otro objeto para que lo capture; debido a que, necesitamos mirar hacia dónde queremos proyectarlo, y a la vez verificar, que quien lo va a recibir nos está prestando atención para que lo atrape sin que le provoque algún daño, o peor aún, se la caiga.

Es como si la pelota u objeto fuera el recado y los intervinientes fueran tanto el emisor y receptor del mismo. Por lo que, si quieres como lanzador (emisor) que efectivamente le llegue el objeto sin contratiempos al receptor, debes mirarlo a los ojos para así constatar su disposición de recibirlo.

He leído y escuchado de gente que manejan bien lo relativo a las técnicas de hablar en público, ofrecer un consejo que para mi es bastante desatinado: si te incomoda, te pone nervioso, altera o

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de cualquier modo te afectan o distraen las miradas cuando estás hablando, sobre todo cuando es un grupo numeroso de personas, fija tu mirada en un punto sobre sus cabezas y no directamente a sus ojos, o también, pon tu mirada en punto fijo al fondo de la sala.

Nada más equivocado, por cuanto las personas le van a prestar más atención a nuestros esfuerzos por no hacer un contacto visual que al mensaje que queremos transmitirles.

Recuerdo que en una oportunidad nos convocaron a los padres a una reunión en el colegio en donde estudiaban mis hijos y la maestra de uno de ellos, una vez reunidos en un salón, comenzó a darnos una charla de la cual hasta el día de hoy no recuerdo en lo absoluto su contenido.

Lo que no podré olvidar jamás es la forma cómo se dirigió a los presentes en la sala. Ella tomó al pie de la letra uno de los consejos que les comenté, que era, posar la mirada en un punto fijo al final de la sala y hacia allá dirigía todos sus esfuerzos gestuales y vocales. Fue tan intensa su fijación en esa zona de la pared del fondo que me asusté, pues llegué a pensar que ella veía alguna entidad fantasmagórica o manifestación paranormal que ninguno de los presentes podíamos visualizar.

¿Qué trajo como consecuencia esa actitud?, que por lo menos en mi caso no pude prestarle la más mínima atención, ni

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tuve ningún interés en lo que dijo, sino que ponía todo mi empeño en descifrar su disparatada actuación. En conclusión, ella misma interpretó la más depurada forma de sabotear su propio discurso.

Es vital el manejo adecuado de la comunicación no verbal puesto que las palabras tienen limitaciones. De hecho resulta sumamente difícil y hasta casi imposible dar una dirección o incluso describir un objeto con detalle sin el auxilio de los gestos. Es tal la importancia del lenguaje no verbal, que si lo que decimos no se compadece con lo que los gestos comunican, nuestras palabras quedarán eliminadas y nuestro mensaje anulado.

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