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3.4 Territorios inteligentes a través de la inteligencia territorial

3.4.3 Globalización, inteligencia y territorios

Para que el desarrollo sea sustentable, ético y endógeno, la concepción de territorio debe extenderse (Boisier, 2005). El territorio debe entenderse como algo más que el simple espacio físico, su significado debe comprender una sociedad organizada con identidad territorial. El territorio es capaz de asociarse y de generar conocimiento a partir de las personas que lo habitan, con todas sus facultades que las potencias como seres humanos.

Los territorios deben generar conocimiento e innovación para hacer frente y aprovechas las oportunidades de las tendencias y tensiones globales (Miedes, 2014). Desde el punto de vista económico, el territorio surge como actor directo de la competitividad, ya que es un espacio en el que su cultura se traduce en la producción de

bienes y servicios con características compatibles o no con las dictadas por la globalización. También se considera actor indirecto, debido a que en él se encuentra la malla de soporte en las que se suscitan las actividades productivas competitivas. La calidad de la gestión territorial generará o no eficiencia en dichas actividades.

Desde la visión política de Madoery (2001a) sobre el territorio, por la cual un espacio geográfico puede convertirse en el lugar donde se encuentra el mercado, suceden las transformaciones científicas y tecnológicas internacionales, coexisten la cultura, las instituciones, los agentes públicos y privados, el territorio que representa lo local se convierte en el marco de lo global. Entonces, el desarrollo se gesta en el territorio en diferentes escalas geográficas subnacionales. Por otro lado, la concepción de desarrollo asistido debe mutar hacia el desarrollo generado. Ambas ideas se conjugan para creer que el territorio tiene la capacidad de generar a partir de sus recursos específicos su propio desarrollo, es decir, ante un estímulo global generar una respuesta compatible desde lo local. Desde las ciudades y regiones, que representan las unidades estratégicas de decisiones es preciso organizarse, planear y trabajar para generar riqueza y bienestar a la población a partir de sus recursos y capacidades.

Por otro lado, la innovación surge en los territorios como consecuencia de los procesos de aprendizaje colectivo, se desarrolla en contextos culturales, organizacionales y sociales proclives para la generación de nuevas formas de realizar las actividades. El territorio debe poner en valor los medios o entornos innovadores, para convertirlos en una ventaja competitiva a su favor. Por lo tanto, la innovación no es exclusiva de las empresas, sino también de los territorios que pueden convertirse en entornos innovadores que favorezcan la competitividad en varias escalas (Martínez, 2012).

Por otra parte, la dualidad conocimiento y territorio se articula alrededor de la asociatividad (la acción partenarial, según la terminología europea). Con ella, se gestiona

la incertidumbre, la coordinación y complejidad territorial. Con la asociatividad de los actores heterogéneos u homogéneos se facilita la cooperación y la solución de problemas comunes. Por lo tanto, se trata de generar dinámicas territoriales de gestión del conocimiento compartido que favorezcan el aprendizaje de los actores. Un aprendizaje derivado de la interacción con el entorno, de las conexiones entre agentes y de la generación de información para ser capaces de cambiar su conducta en relación a los cambios que se susciten (Boisier, 2005), convirtiendo el medio en un territorio inteligente.

Los territorios inteligentes son capaces de generar los conocimientos necesarios para gestionar con eficiencia y racionalidad sus recursos para favorecer la mejora de la calidad de vida de sus habitantes y estimular su desarrollo personal. El territorio inteligente, no sólo incluye la eficiencia en la gestión de los recursos, sino que sus ciudadanos aprovechen las oportunidades creadas y siga de forma sistemática con la generación de otras (Caravaca & García, 2009). Es importante recalcar que existe una relación directa entre el uso del conocimiento y el mejoramiento en los patrones de desarrollo regional, la sostenibilidad ambiental, la competitividad y cohesión social (Caicedo, 2011).

Desde el punto de vista del urbanismo son aquellos capaces de generar innovación, crear su propia ventaja competitiva en un entorno complejo, global e interrelacionado; sin detrimento del equilibrio entre los aspectos económicos, sociales y ambientales. Lo cual significa que busca la sostenibilidad en sus acciones (Vergara & De las Rivas, 2004).

La amenaza de la globalización para un territorio depende del modo de interacción que desarrolle con las variables globales. Lo cual significa un cambio en la concepción contraria entre lo global y lo local, que resuelva la conectividad con el mundo y no como

cerrarse al mundo. Al analizar profundamente la generación y circulación del conocimiento en la actual economía es observable que no necesariamente se destruye lo local, sino se transforma en un sistema abierto, que recibe influjos del exterior y que su capacidad para reaccionar ante esto lo convierte en un territorio inteligente. Los desarrollos tecnológicos convirtieron los espacios cerrados en espacios relacionales y múltiples, en los que el conocimiento y la innovación pueden generarse. A pesar de que el flujo de información es global, los procesos de conocimiento son de aprendizaje basados en la comunicación, que se desarrolla en determinadas infraestructuras, que forzosamente se realizan en un lugar. Entonces, la sociedad del conocimiento requiere una referencia territorial. Sin embargo, cada territorio es un sistema abierto diferente, la configuración de los procesos de aprendizaje colectivo debe considerarlo, por su complejidad y perspectivas de largo plazo. La inteligencia colectiva (Lévy, 2007) resulta de procesos largos y constituye la capacidad social en el marco de un territorio. Para hablar de un territorio inteligente, no basta con que existan las instituciones dedicadas al conocimiento, es necesario generar dinámicas relacionales que provoquen cambios en las estructuras, los procesos y las reglas colectivas (Innerarity, 2010).

En síntesis, en la sociedad global del conocimiento se revaloriza lo local, representado por los territorios en los que se generan capacidades que posibiliten la gestión de los recursos con una mejora en la calidad de vida de sus habitantes. Esta situación es compleja, debido a la característica de sistema abierto e individual de cada territorio. Son los cambios en los procesos de aprendizaje y la generación de conocimiento lo que hará posible las transformaciones idóneas, tanto en las estructuras como en las personas que posibiliten la innovación y el desarrollo sostenible.

En conclusión, la transformación de los territorios hacia la inteligencia colectiva es un proceso de largo plazo que requiere cambios en la forma de observar y actuar por parte de todos los actores, así como, en su estructura, procedimientos y reglas.

3.4.4 La inteligencia territorial en la International Network of Territorial