El 17 de setiembre se cumplen dos años del secuestro y desaparición de Luis Pujals, dirigente de nuestro Ejército Revolucionario del Pueblo y del Partido
Revolucionario de los Trabajadores.
Sus secuestradores fueron los hombres de la siniestra DIPA en Buenos Aires, pero su asesinato se concretó en Rosario, en aquella época feudo siniestro del ajusticiado General Sánchez y su banda de torturadores.
Los asesinos principales aún andan sueltos, probablemente organizando algún comando parapolicial. Se trata del comandante de gendarmería Agustín Feced y del comisario Bertoglio, quienes pocos días antes de la asunción de Cámpora, renunciaron a sus respectivos cargos de Jefe de Policía y Jefe de Informaciones en Rosario y desaparecieron misteriosamente.
Recordar a Luis es trazar un cuadro de toda una época de la militancia, la época de transición de los viejos círculos de intelectuales a la organización actual.
Pujals ingresó a una de las corrientes que formaron al PRT, Palabra Obrera, en 1961. Como tantos jóvenes de esa época -tenía entonces 19 años- recibió vivamente el impacto que causó la Revolución Cubana en toda América Latina.
La epopeya de Sierra Maestra le hizo comprender la profunda necesidad de una revolución en nuestra América dependiente y oprimida. le dolían la miseria, la explotación, las torturas, las muertes inútiles e infames de los niños que carecen de pan, todo el cuadro que ha trazado a fuego el imperialismo en nuestros países.
Su militancia comenzó en el movimiento estudiantil, en la Facultad de Ciencias Económicas de Rosario a la que asistía entonces. Rápidamente comprendió la necesidad de horizontes más amplios, de ligarse a las masas obreras.
El grupo Palabra Obrera no tenía entonces más de media docena de militantes en Rosario y las necesidades de la militancia eran múltiples. Corrían los años del gobierno frondizista. Estaban en plena vigencia el Conintes, la persecución a los últimos resistentes peronistas, el plan Larquin contra los ferrocarriles nacionales, las maniobras electorales que condujeron al golpe de marzo de 1962. La burocracia encabezada por Vandor pagaba la devolución de la CGT y las rentas sindicales entregando el movimiento obrero a la patronal y al gobierno una y otra vez.
Había comenzado el período de retroceso en las luchas económicas marcado por la entrega de la huelga general en enero de 1959.
En Tucumán se luchaba con firmeza, pero a Rosario apenas llegaban los ecos de esos combates. La militancia era dura, poco exitosa, las tareas eran múltiples y difíciles para los escasos militantes. Hacían falta hombres de hierro, o más bien con “patas de bronce” como se decía en la época.
A Luis le sobraba bronce en las patas. Sin comer, sin un peso, cotizando casi íntegro su sueldo, caminando centenares de cuadras o colándose en los ómnibus llenos para ahorrar el boleto, estaba a las seis de la mañana en la puerta de una fábrica, al medio día en otra, por la tarde en una tercera, a la noche en una manifestación o en una asamblea. Muchas veces en lugar de dormir se ponía a darle vuelta la manija al mimeógrafo para sacar un volante que él mismo tenía que repartir por las madrugadas en las zonas fabriles. Era incansable, tenaz, abnegado.
En 1965 la chatura de la militancia rosarina fue sacudida por un conflicto de proporciones. Los obreros de la empresa imperialista John Deere se declaraban en huelga, ocuparon dos veces la planta, hicieron manifestaciones en conjunto con el movimiento estudiantil que los apoyaba, totalizando alrededor de un mes de intensas movilizaciones.
Por primera vez en muchos años se usaron métodos contundentes contra los rompe-huelgas y los agentes más odiados de la patronal. Fuero hechos modestos, pero que en la época significaron toda una revolución: incendio de transporte de carneros, lucha a pedradas con la policía, rehenes en la ocupación de la planta, utilización de las mangueras de incendio contra la policía que trataba de desalojarlos.
El PRT, fundado unos pocos meses antes, se ligó a los obreros en conflicto y jugó un importante papel en la movilización, particularmente en la utilización de métodos violentos.
Luis fue el principal impulsor de toda esta actividad. Con su característica capacidad militante estuvo en las manifestaciones, en los piquetes de huelga, en las tareas de solidaridad, en la lucha contra la policía, en los ataques a carneros y agentes patronales.
Ya entonces venía vislumbrando la necesidad de incorporar la violencia a las luchas de la clase obrera y el conflicto de John Deere fue la confirmación de sus posiciones y la posibilidad de ponerlas en práctica.
De allí en adelante se orienta decididamente hacia la línea de lucha armada. En 1966 fue electo miembro del Comité Central del PRT, en el II Congreso.
En 1967 se contó entre los dirigentes de la corriente proletaria que bregaban por la formulación de una estrategia de poder político-militar y la concreción de la lucha armada, transformándose así en uno de los baluartes que permitió la expulsión de la camarilla morenista y la concreción exitosa del IV Congreso.
En dicho Congreso fue confirmado como miembro del Comité Central y este, a su vez, lo eligió miembro del Comité Ejecutivo.
Con otros compañeros que fueron destacados dirigentes de la lucha armada, se abocó a la construcción de la primera célula militar en Rosario. Las primeras tareas fueron modestas, como todo comienzo.
Luis aplicó a ellas, una vez más, sus “patas de bronce”. Ya no se trataba de conseguir papel para volantes, sino clorato de potasio para los explosivos. Era necesario proveerse de armas. Aprender a tirar. Hacer las primeras experiencias de combate. La célula militar rosarina hizo todo eso y mucho más, bajo la dirección de Luis. De allí surgieron los cuadros para el crecimiento de los comandos formados con compañeros extrapartidarios. Más tarde, las unidades de combate del ERP.
En 1969 Pujals fue enviado al extranjero, a fin de realizar un curso de especialización militar. Al regresar se encontró una vez más con la lucha de clases estallando abiertamente en el Partido. Fue uno de los pocos miembros del Comité Ejecutivo que se alinearon en la Tendencia Leninista, base del PRT actual.
Después del V Congreso Luis fue destinado a la Regional Buenos Aires y se desempeñó sucesivamente como responsable militar y político de la misma.
Cuando fue asesinado por la policía de la Dictadura Luis Pujals tenía 30 años de edad y más de diez de militancia. Se había forjado en la tarea dura del trabajo de masas en época de inactividad de estas y en los difíciles comienzos de la lucha armada. Era uno de los más probados dirigentes de nuestra guerra revolucionaria y estaba alcanzando su plena madurez como cuadro revolucionario.
Su vida y su muerte constituyen un ejemplo vivo y fecundo para los jóvenes militantes y combatientes que la clase obrera y el conjunto de las masas destacan hoy
por decenas y centenares.
Los que tuvimos la suerte de militar con él, no lo olvidaremos jamás.
¡Hasta las Victoria Siempre!
ESTRELLA ROJA N° 9. Diciembre de 1971
Desde la Cárcel: COMUNICADO CONJUNTO
A los trabajadores de SITRAC, SITRAM y Empleados Públicos y demás Gremios en Conflicto:
Los prisioneros de guerra de la Dictadura hacemos llegar nuestra solidaridad a los compañeros de Córdoba actualmente en conflicto en este largo proceso de la guerra revolucionaria.
Hace ya mucho tiempo que el pueblo argentino, su clase trabajadora especialmente, conoce y sufre en carne propia todas las políticas de explotación disfrazadas a través de llamadas o nombres abstractos.
Ayer fueron los que dijeron: “Ni vencedores ni vencidos”; “Desarrollismo e integración nacional”; “Aquellos golpes salvadores de la Democracia y del estancamiento del país”; “La Revolución Argentina”, con sus personeros Onganía y Levingston, y hoy día -luego del fracaso de éstos- el Gral. de la Oligarquía y los Monopolios, Sr. Lanusse representante de la Dictadura Militar, proclama con una mano el juego limpio y su nuevo disfraz, el GAN, y con la otra mano dirige toda la política represiva y de violencia que realmente encierra este gran acuerdo nacional. Este se manifiesta hoy nuevamente en Córdoba a través de la intervención de los sindicatos SITRAC, SITRAM y Empleados Públicos, genera la desocupación, sitia la ciudad con sus ejércitos mercenarios armados de tanquistas y metrallas que el mismo pueblo costea con el sudor de su trabajo y pone en prisión a todo aquel que se enfrente con su política.
Vemos que la farsa montada, no es más que una maniobra de la dictadura al servicio de los monopolios imperialistas para engañar al pueblo y detener su creciente movilización y lucha, detener la guerra revolucionaria que amenaza derrocarlos totalmente.
Pero a pesar de los intentos que haga la Dictadura, cualquiera sea su naturaleza por acallar la voz y el accionar del Movimiento Obrero, es irreversible que éste triunfará en su lucha, porque de este lado estamos los más, los que aspiramos a crear un mundo sin explotadores ni explotados.
Finalmente invitamos a los obreros, estudiantes, empleados, gremios clasistas, a todos aquellos sectores combativos del pueblo, a formar un gran Ejército Popular
Revolucionario, única forma de derrotar al ejército burgués que reprime al pueblo y
construir una Patria Socialista.
EJERCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO (ERP) FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS (FAR)
FUERZAS ARGENTINAS DE LIBERACIÓN (FAL)
ESTRELLA ROJA N° 9. Diciembre de 1971
¡GLORIA A OLMEDO, PERESSINI, BAFFI,
VILLAGRA Y CASTILLO!
En la mañana del día 3 de noviembre, después de sostener un combate con las fuerzas de la represión, en circunstancias en que se dirigían a realizar un operativo, los compañeros Baffi, Villagra, Olmedo y Peressini, heridos y ya sin posibilidad de defenderse, fueron asesinados, rematados por la policía.
Horas más tarde, Castillo fue herido de muerte al alevosamente, cuando se rendía para evitar la muerte de personas inocentes.
Cinco combatientes populares, cinco revolucionarios, sellaron con su muerte su compromiso con el pueblo de su patria. Cuatro de ellos pertenecían a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el restante a las Fuerzas Armadas Peronistas.
Ellos murieron combatiendo, combatiendo contra la dictadura, contra la explotación, contra la farsa con que los exploradores quieren engañar nuevamente al pueblo. Por eso ellos representan el espíritu indomable de lucha de ese pueblo. Significan la respuesta que ese pueblo está dispuesto a dar a todos los que especulan con la posibilidad de engañarlo, de arrastrarlo por la vía muerta de las elecciones, donde los explotadores de siempre piensan arreglar el país a su gusto.
Castillo, Baffi, Olmedo, Villagra y Peressini brindaron su vida por la liberación de su pueblo, sencillamente, como comunes hombres de pueblo. Porque sabían que esos hombres del pueblo serán los que los reemplacen, los que prosiguan su lucha hasta la victoria final.
El ERP hermanado con los combatientes del FAR y FAP en la lucha desde la misma trinchera y contra el mismo enemigo, rinde así su homenaje revolucionario a los compañeros caídos.
ESTRELLA ROJA N° 9. Diciembre de 1971