COMO SE APLICA A LA EXPERIENCIA PERSONAL
12. GRACIA, CONCIENCIA Y LA EXPERIENCIA DIARIA
Hasta el momento me he referido con frecuencia al estado de gracia porque, aunque tiene muchas dimensiones, es, a efectos prácticos, la causa de vuestra sensación de bienestar y plenitud. Es un estado de la existencia. Cada uno de vosotros puede interpretar lo siguiente a su manera, pero a menudo parece como si la conciencia os indicara que estáis «fuera del estado de gracia», y que ya no os sustenta ese sentido de apoyo interno, misterioso y dichoso.
Por desgracia, la conciencia tal como la concebís es una guía poco fiable, ya que os habla por boca de madres y padres, maestros y sacerdotes, todos desde el lejano pasado, y cada uno con sus propias ideas sobre lo que era bueno y malo para vosotros y para la humanidad en conjunto.
Por supuesto, estas personas no eran, ni son, infalibles. De niños, los adultos os parecen dioses. Sus palabras tienen un gran peso porque básicamente dependéis de su apoyo. Durante la infancia es necesario aceptar creencias de los demás antes de que la mente consciente pueda formarse las propias.
Así pues, aceptáis los conceptos por vuestras propias razones. Estas creencias dadas representan el tejido espiritual y mental de ideas; la materia prima, por así decirlo, con que tenéis que trabajar. Durante la adolescencia se abandonan fácilmente ciertas creencias, o se alteran para que se adapten a la estructura particular de la experiencia en expansión. Pero otras creencias permanecen, quizá con algunos elementos modificados. Las creencias pueden revisarse para adaptarlas a vuestra nueva imagen, por ejemplo, mientras que la estructura principal sigue siendo la misma.
Consideremos la idea del pecado original, las diversas formas que puede adoptar dentro del conjunto de ideas, y el modo en que éstas afectan a vuestra conducta y experiencia.
Este concepto existió mucho antes del inicio del cristianismo, y se explicó de diversas formas a lo largo de los siglos en las diferentes civilizaciones. Desde la perspectiva de la conciencia, es como un cuento que representa simbólicamente el nacimiento de la mente consciente en la especie como conjunto, y el surgimiento de la propia responsabilidad. También representa la separación del ser que percibe -y por tanto juzga y valora- del objeto que se percibe y evalúa. Representa el surgimiento de la mente consciente y del ser con fuerte orientación individual, a partir de ese ser básico del que procede toda la conciencia.
Retrata a la nueva conciencia que se ve como única y separada, como una evolución del árbol de la vida y por tanto capaz de examinar sus frutos, de verse por primera vez como distinta de los demás, como la serpiente que se desliza sobre la superficie de la tierra. El hombre hizo su aparición como una criatura de elecciones. Al hacerlo así se separó intencionalmente, según vuestras palabras, del resto del planeta. Una parte de él anhelaba, naturalmente, esa primitiva ignorancia conocedora que tuvo que abandonar, donde todo estaba dado, pues no hacían falta ni juicios ni distinciones, y todas las responsabilidades estaban preestablecidas biológica mente.
Se vio a sí mismo erigiéndose por encima de la serpiente, que era un símbolo del conocimiento inconsciente. Pero la serpiente siempre desconcertó y atrajo al hombre, a pesar de que debía vencerla y elevarse a partir de su conocimiento.
Con el nacimiento de esta conciencia nació la responsabilidad consciente sobre los frutos del planeta. El hombre se convirtió en su guardián.
Éste es el fin del dictado. Podéis incluir o no en el libro, como queráis, lo que sigue a continuación.
Hace un par de meses, un amigo nuestro sufrió unos fuertes dolores de muelas y mandíbula -lo que le hizo perder peso- por las razones que se dan a continuación.
Tan pronto como tu amigo empezó a leer un libro sobre alimentos naturales, tuvo -o se proporcionó- un ejemplo excelente de la forma en que funcionan las creencias. Si ahora se da cuenta de ello, la experiencia puede resultarle de inestimable valor.
Si ciertos alimentos son buenos, entonces otros deben ser malos. Si sufría algún síntoma después de comer ciertos alimentos, los evitaba. Antes de leer el libro nunca se le habría pasado por la cabeza hacerlo.
El rechazo de ciertas comidas, por tanto, se convirtió en un símbolo para evitar ciertas creencias, de modo que durante un tiempo no afrontó sus creencias ni ingirió ciertos alimentos. Esto es algo muy común en muchas personas que siguen con regularidad métodos similares. En el caso de tu amigo, la comprensión de que sí puede comer esos alimentos significa que entiende que puede hallar esas creencias en sí mismo, como está empezando a hacer. Su rechazo de los alimentos durante todo este tiempo era un símbolo de que aún no estaba afrontando sus creencias. Con cada «triunfo» ahora -y ha habido varios gracias a tu ayuda y la de Ruburt se demuestra a sí mismo que lo importante son las creencias y no los alimentos, lo cual refuerza su independencia y libertad.
Ha leído otro libro sobre cómo los masajes en los pies afectan a los reflejos del cuerpo. Pues bien, el trato natural que se le da al cuerpo durante esta «terapia» es muy beneficioso porque se respeta al cuerpo sin hacer el habitual juicio de valor sobre si algo es bueno o malo, propio de los libros de alimentación.
Más adelante hablaremos de los alimentos sanos. Cuanto menos contaminada esté vuestra comida, por ejemplo, mejor os sentiréis, pero no si creéis que el cuerpo en su sabiduría no puede asimilar los alimentos comunes que le suministráis. El masaje natural es de gran valor, especialmente cuando se realiza con fines
terapéuticos, pero no soluciona problemas internos. No es en sí mismo una respuesta, si bien puede ayudar con la momentánea relajación que induce.
Los reflejos antes mencionados sí que existen. Si se mantiene una actitud interna adecuada, dicho masaje puede resultar de gran valor pues familiariza al cuerpo con esas sensaciones de relajación que la mente le ha negado, y puede ser un proceso de aprendizaje excelente.
SESIÓN 647, 12 DE MARZO DE I973 21.37 LUNES
La serpiente es el símbolo del conocimiento profundo entre las criaturas vivas; contiene también el impulso para elevarse y superarse en ciertos aspectos. Fue Eva, y no Adán, quien comió primero de la manzana porque la iniciación fue impulsada por los elementos intuitivos de la raza, representados en la historia como femeninos; sólo posteriormente pudo el ego, simbolizado por Adán, alcanzar su nuevo nacimiento y su necesario alejamiento. Así pues, el árbol del conocimiento ofreció en verdad sus frutos -«buenos y malos»- porque ésa era la primera vez en que era posible una elección, y el libre albedrío. Hubo otras historias, algunas de las cuales no os han llegado, en las que Adán y Eva fueron creados juntos, y en un sueño se separaron en macho y hembra. En vuestra particular leyenda, Adán aparece primero. La mujer, que sea crea a partir de su costilla, simboliza el necesario surgimiento de las fuerzas intuitivas, que tenían que hacer su aparición para que la raza alcanzara la autoconciencia tal como la entendéis.
El bien y el mal representaron simplemente el nacimiento de la elección, al principio planteada con respecto a la supervivencia, para la cual hasta entonces el mero instinto facilitaba todo lo que se necesitaba. A un nivel más profundo, hay aún otro significado que refleja las divisiones que tienen lugar cuando Todo Lo Que Es separa aparentemente partes de sí mismo y reparte su omnipotencia en nuevas estructuras de ser que, según vuestras palabras, recuerdan su origen con nostalgia, pero glorifican la individualidad única que les es propia.
La historia de la caída, los ángeles rebeldes y su líder Satanás que se convierte en demonio se refieren a los mismos fenómenos pero a un nivel distinto. Satanás representa -según la historia- la parte de Todo Lo Que Es, o Dios, que salió de Sí mismo, por decirlo de alguna manera, y descendió a la tierra con Sus criaturas, al ofrecerles libre albedrío y la capacidad de elección que «antes» no tenían.
He aquí los majestuosos elementos otorgados a Satanás, y el poder. Las características terrenales suelen aparecer cuando se lo representa como animal, ya que por supuesto también se lo relacionaba con los atributos terrestres intuitivos de los que nació la nueva conciencia humana.
Desde el punto de vista del funcionamiento biológico, ahora había una especie que ya no dependía completamente del instinto, aunque conservaba el innato deseo natural de supervivencia, y que poseía una mente capaz de tomar decisiones y hacer distinciones.
Este nuevo tipo de conciencia trajo consigo el espejo de la memoria, con el que la dicha y el dolor pasados podían recordarse, y por tanto la comprensión de la muerte se hizo más inmediata de lo que era con los animales.
Una sola asociación podía activar en la nueva y perpleja mente la memoria definida de una agonía pasada. Al principio, resultaba difícil separar la imagen recordada del momento presente. La mente del hombre luchaba para albergar muchas imágenes -pasadas, presentes y futuras imaginadas- y se veía forzada a relacionarlas en cualquier momento. Se produjo un avance muy rápido.
Era natural que ciertas experiencias parecieran mejores que otras, pero las nuevas facultades de la especie hicieron necesario que se pudieran realizar distinciones claras. Lo bueno y lo malo, lo deseable y lo menos deseable, fueron de gran ayuda al contribuir a formar la base de estas separaciones.
El nacimiento de la imaginación abrió enormes posibilidades y a la vez añadió tensión a la criatura biológica, cuya estructura corporal entera reaccionaría ahora no sólo a situaciones objetivas presentes, sino también a las imaginarias. Al mismo tiempo, los miembros de la especie tenían que hacer frente al entorno natural al igual que cualquier otro animal. La imaginación ayudaba porque un individuo podía prever el comportamiento de otras criaturas.
Los animales también poseen una previsión «inconsciente», pero no tienen que adaptarse a ella conscientemente como la nueva conciencia. De nuevo, el bien y el mal y la libertad de elegir acudieron en ayuda de la especie. El animal malvado era el depredador natural, por ejemplo. Aquí convendría que el lector recordara lo que hemos dicho anteriormente acerca de la culpa natural, pues comprendería más fácilmente los mitos posteriores y las variaciones que surgieron de esos mitos (véase la sesión 634 en el capítulo 8, entre
otras).
A medida que se desarrollaba la mente, la especie podía transmitir a su descendencia la sabiduría y la ley
de sus mayores. Esto aún se practica en la sociedad moderna, por supuesto, pues cada niño hereda las creencias de sus padres acerca de la naturaleza de la realidad. Al margen de otras consideraciones, ésta es también una característica de las criaturas vivas. Sólo los medios son distintos en los animales.
No obstante, el avance continúa. Las ideas sobre el bien y el mal son siempre pautas que luego se interpretan individualmente. Como estas ideas están relacionadas con la supervivencia, tal como dijimos anteriormente, tienen una gran carga emocional. Al principio había que impresionar a los niños con el hecho, por ejemplo, de que un animal era «malo» porque podía matar. Hoy en día una madre diría inconscientemente lo mismo acerca de los coches.
Esa temprana aceptación de creencias tiene pues importancia biológica; pero, a medida que la mente consciente alcanza su madurez, le resulta también natural cuestionarse esas creencias y valorarlas en relación con su propio entorno. Muchos de mis lectores tengan quizá ciertas ideas sobre el bien y el mal que resulten un estorbo. Pueden ser viejas creencias con ropas nuevas. Tal vez os consideréis libres, pero alberguéis viejas ideas elaboradas de otro modo o enfocadas en otros aspectos. Vuestra experiencia diaria está íntimamente relacionada con vuestras ideas de valor y valía personal.
Tal vez conozcáis bien las distorsiones del cristianismo convencional, o hayáis cambiado vuestras ideas hasta tal punto que apreciéis pocas similitudes entre vuestras creencias actuales y las del pasado. Ahora quizá creáis en las teorías del budismo, por ejemplo, u otra filosofía oriental.
Las diferencias entre cualquiera de estos sistemas de pensamiento y el cristianismo pueden ser tan visibles que las similitudes se os escapen. Quizá sigáis una de las tradiciones budistas en las que se insiste en la negación del cuerpo, la disciplina de la carne y el rechazo del deseo. Estos elementos son muy característicos del cristianismo también, pero quizás os parezcan más aceptables, exóticos o razonables por provenir de una fuente ajena a la educación que recibisteis en la infancia. Así que pasaréis de una a la otra y os sentiréis emancipados y libres de las viejas ideas restrictivas.
Las filosofías que abogan por la negación de la carne siempre acaban predicando la negación del ser desarrollando un desprecio hacia él, porque, si el alma está revestida de músculos y huesos, es para experimentar esa realidad, no para rechazarla.
Todos esos dogmas recurren a la culpa artificial, para lo cual se distorsiona la culpa natural. Sea cual sea la forma que el dogma adopte, se enseña al devoto que hay algo malo en la experiencia terrenal. Así pues, se os considera malos pues, en virtud de vuestra propia existencia, vuestro ser se ha hecho carne.
Esto sólo provoca una experiencia adversa, pues hace que rechacéis la base misma de vuestro marco de experiencia. Consideraréis al cuerpo como una cosa, un vehículo que, aunque sutil, no es en realidad la expresión natural viva del ser en forma material. Muchas de estas escuelas orientales también insisten -como numerosas escuelas espiritualistas- en la importancia de los «niveles inconscientes del ser», y os enseñan a desconfiar de la mente consciente.
El concepto de nirvana y la idea del cielo son dos versiones de lo mismo; en la primera la individualidad se
pierde en la dicha de la conciencia no diferenciada; en la segunda los individuos aún conscientes viven en una especie de adoración mecánica. Ninguna de las dos teorías comprende las funciones de la mente consciente, ni la evolución de la conciencia, y tampoco ciertos aspectos de la física. La energía nunca se pierde. La teoría del universo en expansión *se aplica tanto a la mente como al universo.
Sin embargo, estas filosofías pueden inculcaros una profunda desconfianza hacia el cuerpo y la mente. Os dicen que el espíritu es perfecto, y por eso tratáis de vivir según un modelo de perfección imposible de alcanzar. Este fracaso se suma al sentimiento de culpa.
Entonces intentáis eliminar el disfrute característico de vuestra condición de criaturas vivas, y rechazáis la intensa espiritualidad de la carne y la poderosa inclinación física del alma. Trataréis de deshaceros de emociones muy naturales, con lo que os veréis privados de su gran capacidad de movimiento espiritual y físico. Por otro lado, algunos líderes pueden prestar poca consideración a estas cuestiones, y aun así estar totalmente convencidos de la miseria de la condición humana, por lo que se concentran en los elementos «oscuros», y ven la destrucción del mundo muy cercana sin examinar realmente las creencias que despiertan esos sentimientos constantes.
Tal vez les resulte más fácil indignarse ante los inconfundibles fanáticos que proclaman la venganza de Dios y hablan del fin del mundo consumido en fuego y cenizas. Aun así, también ellos pueden estar convencidos de la indignidad básica del hombre, y por supuesto de la suya. En la vida cotidiana estas personas se concentrarán en los sucesos negativos, los acumularán y, desafortunadamente, causarán una experiencia personal que parecerá reforzar sus ideas básicas.
* La teoría del Big Bang postula que hace unos 10 o 15 mil millones de años toda la materia —o energía— estaba concentrada en un gran «átomo» primordial. Este coloso estalló, y el universo aún en expansión que vemos en la actualidad es el resultado de ese estallido. Una variación de la teoría considera un universo pulsátil que resulta del choque y la expansión constantes de toda la materia-energía.
Aquí, en un contexto diferente, encontramos la misma negación de la valía e integridad de la experiencia terrenal. En ciertos casos, todos los atributos humanos deseables se amplían y se proyectan fuera hacia un dios o superconciencia, mientras que las características menos admirables se dejan a la raza y al individuo.
El individuo, por tanto, se ve imposibilitado de utilizar gran parte de sus facultades. No las considera suyas, y se asombra cuando alguien muestra estas cualidades superiores.
Hasta cierto punto, estas creencias siguen ciertos ritmos tanto en las civilizaciones como en el tiempo. La mente es un sistema de controles y equilibrios igual que el cuerpo, por lo que un conjunto de creencias aparentemente muy negativas serán a veces muy beneficiosas pues contrarrestarán otras creencias. Por ejemplo, durante algún tiempo la civilización occidental insistió en una versión distorsionada de la razón intelectual, por lo que la importancia que se da actualmente a otras partes del ser sirve a un propósito.
Las personas llegan al mundo con sus propios problemas y desafíos, y esto tiene mucho que ver con la clase de creencias nacionales y mundiales que se generan y predominan. Las creencias, naturalmente, son estructuras en las que se prueban diversas clases de experiencia. Esto también se aplica a las religiones, y a
las situaciones políticas y sociales. Siempre se produce un toma y daca entre el individuo y el sistema general de creencias en el que ha elegido vivir.
Hay una creencia que considera a la enfermedad moralmente incorrecta, y una creencia opuesta que la considera ennoblecedora, edificante y espiritualmente buena. Estos juicios de valor son extremadamente importantes, porque se reflejan en vuestra experiencia con cualquier enfermedad.
SESIÓN 648, 14 DE MARZO DE 1973 21.51 MIÉRCOLES
El 25 de septiembre de 1972, el día de la sesión 617 en el capítulo 3, relaté cómo Jane y yo habíamos visto unos gansos volando hacia el sur, en un espectáculo misterioso y conmovedor. La pasada noche recordamos que un ciclo rítmico natural se completa al cabo de seis meses, y cuando nos fuimos a dormir, creí escuchar el graznido de los gansos emigrando hacia el norte, aunque Jane no escuchó nada. Me desperté alrededor de las cuatro de la madrugada, y en el silencio de la noche oí muy claramente un vuelo de pájaros. Esta mañana temprano estaba pintando en mi estudio, y me llegó la misma cadencia en una suave lluvia que empezó a caer.
Vi la primera bandada de gansos justo antes del atardecer. Estaba trabajando en este libro cuando oí un revoloteo, mezclado con el ruido del tráfico. Abrí una ventana del estudio. Llovía aún un poco. Hay un enorme peral delante de casa, y entre sus ramas distinguí la desigual formación en V, volando hacia el norte justo por debajo de la capa de nubes y graznando todo el rato...
Jane tuvo una sesión muy larga en su clase de percepción extrasensorial la pasada noche, pero a las 21.30 dijo que ya estaba preparada para la sesión de hoy. La celebramos en su estudio, para variar. «Me