MÓDULO I: ESTAR ENRAIZADO
3. La gracia preventiva y la imagen de Dios
El testimonio moral de la iglesia comienza con la afirmación de la identidad esencial de cada persona en relación con Dios y de unos con otros. Esta identidad está fundamentada en el amor de Dios por toda la humanidad. Los Principios Sociales afirman: “todas las personas son importantes porque son seres humanos, creados por Dios y amados mediante Jesucristo y por Jesucristo, y no porque merezcan significado especial”.31 El amor de Dios por nosotros
nos otorga valor, somos importantes porque Dios nos ama, y somos iguales porque Dios nos ama a cada uno de manera perfecta. La creencia wesleyana en la gracia preventiva, la imagen de Dios y la expiación universal provee un contexto para comprender el valor otorgado como el fundamento de nuestro compromiso con la igualdad y los derechos humanos.
?
La gracia preventiva es el poder y la presencia del Espíritu Santo que actúa en nuestra vida incluso desde antes que tuviéramos conciencia de Dios. Para cuando reconocemos la acción misericordiosa de Dios, descubrimos que Dios ha estado con nosotros en cada paso del camino. No es la presencia de Dios sino nuestra conciencia de la presencia de Dios lo que necesita despertar. Reconocer la imagen de Dios en nosotros mismos y en nuestros vecinos es algo parecido a eso. Todo ser humano porta la imagen de Dios. Uno de los relatos de la creación en Génesis dice que: “Entonces dijo Dios: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza...’. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:26–27).
No solo usted y yo somos creados a imagen de Dios sino que toda otra persona en este mundo también lleva la imagen de lo divino. Cada uno de nosotros es un reflejo del Creador. Dios declaró que somos algo “muy bueno”. Después de la caída, Cristo renovó nuestra relación con Dios restaurando la imagen de Dios en nosotros. Por lo tanto, los Principios Sociales afirman: “todas las personas son... amadas mediante Jesucristo y por Jesucristo”.32 Nada, ni siquiera
el poder del pecado o de la muerte, puede separarnos del amor de Dios (Romanos 8:38–39). El valor otorgado por Dios es, entonces, un principio fundamental del testimonio moral me- todista: “Afirmamos que todas las personas son de igual valor ante los ojos de Dios”.33 En
lo que refiere a pautas de etiqueta o civilidad, esto significa que debemos comenzar con la afirmación de que: “Toda persona es una criatura de Dios”.34 Este recordatorio es útil para las
interacciones interpersonales. El reconocimiento teológico del valor otorgado también es la base de los derechos humanos. Nicholas Wolterstorff dice: “Nuestra herencia judía y cristia- na... declara que todos nosotros tenemos un valor grande e igual: el valor de ser hechos a imagen de Dios y amados por Dios con amor redentor. Agrega que Dios nos hace responsa- bles de la forma en que nos tratamos unos a otros, y de cómo tratamos a Dios. Es este marco de convicción lo que dio origen a los derechos [humanos naturales]”.35
Tener un derecho es reclamar de otros, afirmar nuestro valor inherente e igual en la relación.36
El metodismo a veces habla del valor otorgado como dignidad inherente. Para los metodistas unidos, “Nuestro respeto por la dignidad inherente de todas las personas nos lleva” a apo- yar los derechos humanos básicos, como los afirmados en la Declaración Universal de los
Derechos Humanos.37 Por lo tanto, el activismo de la Iglesia Metodista Unida en favor de los
derechos políticos surge del valor otorgado por Dios a toda la humanidad.
La humanidad básica de una persona no es algo que la integridad cristiana pueda negociar o ceder. Somos todos iguales ante los ojos de Dios. Punto. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28). La familia en Cristo puede no estar de acuerdo sobre opiniones teológicas. No obstante, negar la plena participación de otra persona en la discusión y la postura igualitaria en la comunidad es negar su condición igual como ser humano. Por lo tanto, hay una falsa simetría en los debates que enfrentan el deseo de un grupo de controlar a otro grupo, contra
la insistencia de este último de ser reconocido como plenamente humano, como portador de dignidad inherente, un valor inestimable dado por Dios.38 Es justamente porque la iglesia
no ha sostenido en forma consistente la dignidad y el valor inherentes de cada persona en política y en práctica que debemos dar testimonio de que reconocemos unos en otros la imagen de Dios.
Un compromiso teológico con la dignidad inherente puede motivar el testimonio moral pro- fético. En 1937, el Consejo Misionero Femenino (blanco) de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, abogó por una iglesia integrada radicalmente, y lo hizo treinta años antes de que el metodismo finalmente aboliera la segregación. Integrantes del consejo trabajaron junto a mujeres negras líderes de la Iglesia Metodista Episcopal de Color en “Escuelas de liderazgo para mujeres de color”.39 Diez años de trabajar en forma cooperativa como mujeres misio-
neras cruzando barreras raciales les abrió los ojos a “una nueva visión de Dios y de su amor por todos los hombres”, es decir por todas las mujeres y todos los hombres cualquiera sea su raza.40 Esta experiencia inspiró al consejo de mujeres blancas a oponerse a los planes
que mantenían la segregación racial en la Iglesia Metodista en formación: “Creemos que una conexionalidad metodista que trascienda nación, raza y clase económica estará en mejor condición para crear en nosotros la mente que tenía Cristo Jesús, quien nos habló de un Dios que es el Padre de todos y en quien todos somos hermanas y hermanos unos de otros”.41
Proféticamente, sostuvieron la integración racial en la iglesia sobre la base de su compren- sión de la mente de Cristo. Detrás de esta declaración había varias afirmaciones, incluyendo: “el valor supremo de cada individuo”, “la fraternidad humana” y “la paternidad divina”.42 La
historiadora metodista Alice Knotts resumió bien el impacto de esas afirmaciones: “La divina paternidad de Dios implicaba la afirmación de que todas las personas son igualmente hijas e hijos de Dios independientemente de su raza”.43 Esta afirmación básica requirió coraje e
implicó riesgo.
Después de la formación de la Iglesia Metodista en 1939 y su decisión de segregar a los afroamericanos en la Jurisdicción Central, Mujeres Metodistas Unidas continuó su testimonio moral a favor de la igualdad con independencia de la raza. En 1948, fomentaron la educación en los derechos civiles distribuyendo ampliamente To Secure These Rights: The Report of the
President’s Comisión on Civil Rights [Para asegurar estos derechos: Informe de la comisión
de derechos civiles del presidente], y con la publicación y distribución de una guía de estudio para acompañarlo.44 En 1950, Mujeres Metodistas Unidas publicó un amplio estudio legal
sobre las leyes de segregación en todo el territorio de Estados Unidos de América, y en 1952 produjo la primera “Carta sobre Políticas Radicales en la Iglesia Metodista”.45 Su primera afir-
mación era sobre la igualdad en el reino relacional de Dios: “Creemos que Dios es Padre de toda la gente de todas las razas y que somos sus hijos en una sola familia”.46 Estos ejemplos
históricos de integración y de trabajo por la justicia racial muestran el poder potencial de fundar el testimonio moral de la iglesia en la gracia preventiva y la imagen de Dios.
Preguntas para la reflexión
1. ¿Qué significa para usted “creados a imagen de Dios”? ¿Cómo le ayuda esta afirmación a entender su dignidad, valor e igualdad inherentes en la iglesia y en la sociedad? ¿Cómo le ayuda esta afirmación a ver a otras y a otros bajo la misma luz?
2. ¿Cuándo se vio tratado como “menos” por algún atributo de la forma en que Dios lo creó (por ejemplo el color de la piel, el sexo, la altura, el ser zurdo, el alcance de sus habilidades, etc.?
3. Lea en un grupo parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas y analicen de qué manera su fe les lleva a sostener los derechos políticos básicos afirmados en ese documento. ¿Qué parte de los Principios Sociales también afirma esos derechos?