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Grado de documentación y utilización de los recursos fitogenéticos

1.2 La conservación ex situ de los recursos fitogenéticos

1.2.3 Grado de documentación y utilización de los recursos fitogenéticos

Plucknett y colaboradores (1987) reportaron que alrededor del 65% de las colecciones conservadas en los bancos de germoplasma a nivel mundial no contaban con datos de pasaporte y entre el 80 y 95% de éstas tampoco disponían de datos de caracterización o evaluación. No existen muchos datos globales actualizados acerca del nivel de caracterización de las entradas conservadas en los bancos de germoplasma. Sin embargo, sabemos que en los últimos años se ha llevado a cabo una importante labor de documentación de las muestras, principalmente en los centros internacionales, por lo que en la actualidad, la situación no es tan crítica. Aun así, la caracterización y la evaluación de muchas colecciones sigue siendo inadecuada e incompleta (Weidong et al., 2000; FAO, 2010; Nass et al., 2012; Galluzzi y López Noriega, 2014).

Tal y como ocurre con la conservación de las entradas, los cultivos más importantes son los que han sido más estudiados y, por tanto, son los que cuentan con una caracterización más extensa. Un estudio realizado a partir de los datos procedentes de 11 colecciones conservadas en los centros GCIAR y AVRDC indicó que el 73% de las entradas conservadas estaban caracterizadas. Por grupos de cultivos, los cereales, seguidos de las leguminosas de grano son los que presentaron valores más elevados de caracterización, 88% y 78% respectivamente. (FAO, 2010).

La caracterización y evaluación de las entradas no es equitativa para todos los aspectos. Los datos recopilados en 319.528 entradas pertenecientes a 40 países entre 2004 y 2008 mostraron que la descripción principal era para los caracteres morfológicos (64%) seguida de la evaluación agronómica (51%), factores bióticos (22%) y por último la evaluación bioquímica y factores abióticos (14%). Estos porcentajes variaron en función del cultivo. Datos similares fueron

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reportados por un estudio realizado a partir de los datos recopilados en 912 colecciones conservadas

ex situ pertenecientes a 42 países (FAO, 2010).

El término "utilización" tiene dos connotaciones: por un lado, la utilización directa por parte de los agricultores en los sistemas de producción agrícola como sistemas de cultivo, pastizales, bosques y otras zonas de recursos explotados. Y por otro lado, la utilización en una fase intermedia, por ejemplo por parte de los fitomejoradores y otros investigadores (FAO, 1996). En general no se dispone de datos sobre el número de muestras mantenidas en los bancos de germoplasma que se han utilizado en programas de mejoramiento o han contribuido a las variedades mejoradas (FAO, 1996). Sin embargo, una forma de valorar en qué medida los recursos fitogenéticos son utilizados, es analizar la distribución de los materiales por parte de los bancos de germoplasma a quien van dirigidos y el uso que se hace del germoplasma intercambiado.

El Instituto de Germoplasma Vegetal de la Academia China de Ciencias Agrícolas y el IPGRI estudiaron conjuntamente el uso y la distribución de accesiones de 10 cultivos (arroz, trigo, soja (Glycine max L.), maíz, algodón (Gossypium spp.), naranja (Citrus sinensis L.), té (Camellia

sinensis L.), mora (Morus spp.), col y pepino (Cucumis sativus L.)) durante 15 años (1984-1998),

conservados en bancos de germoplasma nacionales de China. Los resultados mostraron que un total de 184.743 accesiones fueron distribuidas a 8.635 instituciones relacionadas con la mejora de cultivos, investigación básica, producción, etc. La mayor parte del material correspondió a cultivares mejorados (38,8%), seguido de líneas de mejora (32,5%), variedades tradicionales (22,4%), parientes silvestres (4,1%) y stock genético (2,2%). Este mismo estudio indicó que el uso del germoplasma puede dividirse en cinco áreas: evaluación, mejora, investigación básica, otros usos (incluye uso directo) y no uso. El 21% del material distribuido fue usado para la evaluación de los RF, el 9% para investigación básica, el 8,1% fue utilizado en mejora, el 2% para otros usos y el 59% de los materiales no fueron utilizados para nada, más allá de la mera conservación (Weidong et

al., 2000).

Entre los años 1990 y 1999 más de 600.000 muestras pertenecientes a los 10 cultivos económicamente más importantes en América fueron suministradas por los bancos de germoplasma de EUA (Rubenstein et al., 2006). Respecto al tipo de materiales distribuidos, el 47% correspondieron a cultivares mejorados, el 19% a variedades tradicionales, el 12% a líneas de mejora y el 10% a parientes silvestres de las plantas domesticadas. La mayor parte del germoplasma suministrado se utilizó principalmente para la búsqueda de resistencias a estreses bióticos y, en menor medida para resistencias a estreses abióticos y calidad. En este trabajo también se puso de manifiesto la creciente utilización de los RF por parte de los países en desarrollo así como una tendencia al alza en el uso de los RF en general. Según estimaciones realizadas por el GRIN, el 20% de las entradas suministradas resultaron de utilidad para los fines solicitados.

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Los dos último trabajos citados, reflejan que, el porcentaje de muestras silvestres distribuidas es escaso (Weidong et al., 2000; Rubenstein et al., 2006). Este hecho, es debido a la dificultad que representa trabajar con estos materiales en los programas de mejora. Ya no por la dificultad de hibridación con las variedades domesticadas sino por su escaso valor agronómico y las características desfavorables que poseen. Todo esto obliga a realizar largos procesos de mejora tras los cruzamientos iniciales. Por ello, y a pesar del potencial que presentan algunas variedades silvestres, por ejemplo, en lo referente al contenido de genes de resistencias, los fitomejoradores prefieren trabajar con materiales domesticados.

Según datos de los centros del GCIAR y el AVRDC entre los años 1996 y 2007 se distribuyeron más de 1,1 millones de muestras, alrededor de unas 100.000 al año. En general esta distribución se ha mantenido estable desde 1993 (FAO, 2010). Desde su creación en 1973 hasta marzo de 2013, el AVRDC distribuyó alrededor de 590.000 muestras de semillas (253.363 entradas) a investigadores y mejoradores de 200 países (Schreinemachers et al., 2014).

Todos estos datos ponen de manifiesto que la utilización de los materiales conservados en los bancos de germoplasma ha aumentado en los últimos años. Sin embargo, queda una gran labor por realizar, y para que se mantenga la tendencia, es necesario seguir trabajando en la descripción de las entradas conservadas ex situ. Así como en otros aspectos que también han sido indicados como limitantes del uso de los recursos fitogenéticos: escasa coordinación de las políticas a nivel nacional e internacional para el intercambio de semillas, conexiones deficientes entre el banco de germoplasma y los usuarios de su material, dificultad de acceso a la información por parte de los usuarios, falta de adaptabilidad de las entradas conservadas, baja calidad de las semillas y número insuficiente de las semillas suministradas (Weidong et al., 2000; Nass et al., 2012; Galluzzi y López Noriega, 2014).

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