EL REINO DE LAS EMOCIONES II
El Alma o “esencia del ser” va conformándose en la trastienda y su
sustancia está compuesta de una frecuencia vibratoria de alta intensidad y baja densidad.
Una energía mucho menos densa de la que funciona en la “proyección de la conciencia” en la que ahora nos encontramos inmersos. Cuando la vibración “se eleva”, el medio se vuelve menos denso y los pensamientos de “alta vibración” se desenvuelven a mayor velocidad, en un espectro en el que “el tiempo”, adquiere unas características similares en cuanto a relatividad y velocidad, a como lo percibimos mientras dormimos, –“soñando”–.
En nuestra actual disposición, donde la energía se concentra en un estado de alta densidad y vibración lenta, (el mundo de la materia), escuela
básica dedicada al aprendizaje del buen uso y manejo del elemento creador, –pensamiento–, este se desenvolverá en un entorno de
experimentación y ensayo, donde se moverá con especial dificultad y no se manifestará al instante. (Tal y como ocurriría en un plano de menor densidad, o un escenario de especulación situado en una escala u octava mayor evolutiva).
En este “escenario-escuela-forzosa del pensamiento”, el instrumento creador (pensamiento), se encuentra sometido a un medio especialmente adaptado para las “primeras tomas de contacto”, encontrando todo tipo de dificultades antes de poder manifestarse, y entrar así a
formar parte activa del holograma cocreado-compartido. El pensamiento, en este estadio, se moverá entonces en un entorno de marcado “carácter regulador”, siendo el concepto “tiempo” el elemento que ofrecerá las posibilidades de “criba y regulación” que decidirán, según empeño e intención, cuáles serán los pensamientos manifestados o frustrados; creados o desechados.
No en vano, estamos aprendiendo...
El tiempo, aparece como “residuo de la distancia” que tiene que recorrer
el pensamiento antes de "corpuscularse", "formar cuerpo", o “manifestarse en la materia”.
El pensamiento, se va expresando a tiempo real a través de su
especulación en la materia, (energía de alta densidad), creando el efecto sensorial “tiempo”.
Todo cuanto podemos hacer en un universo mental, es pensar. No nos movemos, pensamos que nos movemos.
Cuando nos movemos, estamos pensando a tiempo real.
Acortando la distancia entre los elementos diferenciadores creer-crear, nos encontraríamos en una situación en la que los cronos, (los tiempos), serían cada vez más reducidos y, si esto llegase a producirse a igual velocidad; acto de pensar, acto de creer y su manifestación, serían uno, pues acto de creer y acto de crear, –pensamiento, sentimiento, emoción y su manifestación en la materia–, se habrían sincronizado:
Sin-cronos=Sin tiempo.
Cabe resaltar, que gracias a este elemento regulador-tiempo, hemos podido dirimir nuestra toxicidad
emocional, otorgándonos plazos y sistemas alternativos de regulación. La “enfermedad” o síntoma de la toxicidad emocional, aparecería de inmediato de no ser por esta condición, y conflicto emocional y síntoma se manifestarían al instante, es decir –sincronizados–, sin cronos, sin tiempo, sin la “distancia temporal”.
Así funcionaría la creación-cocreación en mundos más elevados, (cuarta, quinta dimensión, etc.), siendo responsabilidad de sus habitantes el
resultado final e inmediato del mundo percibido, cocreado y compartido; sin limitaciones de tiempo ni espacio…
Entiéndase entonces el porqué de la necesidad de la existencia de este "plano-dimensión o escenario de la conciencia", teniendo en cuenta la rudimentaria concepción de la misma por parte de sus moradores habituales; de ahí que resulte imprescindible la elevación de la conciencia para nuestro inminente “futuro”: (Ser-Consciente). La construcción de estos hologramas o representación de estados de conciencia, corresponderán a la media de los pensamientos que, a través de este proceso, se van conformando y manifestando, independientemente
de la consciencia de este hecho por parte de usuarios y visitantes
temporales, siendo el pensamiento y los sistema de creencias los últimos y únicos responsables de cuanto podamos ver manifestado en la materia; creadores de cuantas realidades podamos imaginar, y por lo tanto llegar a percibir.
(Notas).
Nuestro carácter trans-dimensional, deviene de coexistir en varios estados de
vibración de onda simultáneos que “no-pueden-coincidir”, debido a la percepción del volcado de la conciencia hacia uno solo de esos “domicilios-dimensionales”, obviando el resto.
Nuestra separación, deviene de aislarnos en uno de esos estados, y este aislamiento viene condicionado y reflejado a la vez por lo que hemos llamado, ciñéndonos literalmente a su verdadero significado, “Gravedad”.
El “descubrimiento” de la gravedad por Newton, fue expandido a través de un
paradigma donde, la materia y lo físico, eran prácticamente todo cuanto contaba para el consciente colectivo.
Sirvió a su vez, para radicalizar el efecto sensorial de separaciones, haciéndonos creer que la explicación física de las
cosas, –“lo científico”–, era todo cuanto existía, y provocando así un volcado de la conciencia hacia esa parte sólida y matérica, donde todo estaba atado y bien atado, sin dejar al hombre un solo resquicio para su espíritu, para su parte sin embargo más auténtica y verdadera, quedando así, su estructura emocional, perdida en un campo estéril y acotado, sin ninguna posibilidad.
Revisado este término y puesto a flote en relación a su verdadero significado, – curiosamente literal, necesario insistir– “como su nombre indica”, la Gravedad, visto desde nuestra realidad emocional, hace referencia explícita a lo “grave de nuestra situación en este tiempo”: (Gravedad = “Grave-Edad”), creando así la percepción del efecto “tiempo” que aparece como resultante y lastre a la vez; tan denso, como puede llegar a percibirse el acero de un reloj, o el papel de un
calendario.
Gravedad y tiempo; densidad y tiempo, son factores cuya manifestación aparece entonces disociada en nuestro sistema ritual de percepciones: La Gravedad nos “fija a tierra” –a lo físico y a la materia–, y el tiempo nos fija a la historia y a su devenir, manifestado en ese puente creado entre pasados, presentes y futuros; con toda su parafernalia ritual, año tras año.
Con toda su “fuerza de gravedad”.
Somos graves por ser densos, y el tiempo deja constar con equivalente insistencia su latente factura.
La gravedad de los planetas y la percepción del tiempo, están directamente relacionados entre sí, y se adaptan al estado de conciencia proyectado por los observadores que, a su vez, terca y fielmente, así lo determinan.
Somos nosotros quienes creamos la gravedad, porque “estamos graves”, porque
“somos densos”, porque “necesitamos tiempo”.
Y así vivimos el tiempo devengado, directo y preciso, que a su vez se manifiesta con toda su carga de percepciones, desde “esa gravedad”, que solo vive dentro de cada uno de nosotros.
También lo estamos evidenciando cada vez que decimos “fulano está muy grave”. Esa gravedad, la de la enfermedad, desde su manifestación en el umbral emocional, no se diferencia en nada de la “Gravedad del
Planeta”, porque estamos usando la misma fuerza; la misma densidad; el mismo peso residual resultante de la dualidad tiempo/no-tiempo.
Cuando hablamos de “aflojar la mochila de las cargas que portamos”, y lo hacemos en modo metafórico, estamos hablando de “perder gravedad”, soltar lastre, volvernos “más livianos”, menos densos y pesados.
Menos graves…
Todo eso, equivale a lo que conocemos por “sanación”.
Cuando nos agravamos, aumentamos la gravedad (del planeta) en nosotros, y cuando nos “a-liviamos” (perdemos gravedad), nos sanamos.
Si imaginásemos un universo expandido donde toda posibilidad se "materializa al instante”, teniendo en cuenta el nivel evolutivo actual del hombre, entenderíamos la necesidad de estar, todos nosotros, apartados y relegados a un "mundo alternativo", aquello que de muchas formas podríamos entender, paralelamente, como "la cárcel de los sentidos". O al menos, “la guardería de las emociones”, a través de los sentidos.
más sutiles se nos “desinstaló de nuestro procesador”, utilizando un compuesto devastador, reconocido hoy como la fuerza más potente que mueve el universo:
Un elemental, aunque complejo, puro y duro “sistema de creencias”.
La creencia en la separación selló la negación del Ser Completo, al igual que selló el software y el programa que mantiene activa dicha separación.
Esta creencia conforma y da forma a todas las estructuras codificadas a las que hemos venido respondiendo.
A través de la intención y el conocimiento de “cómo funciona nuestro sistema de transmisión de datos”, o transferencia de información, (como si de
inconmensurables generadores cuánticos, bio-eléctricos y atómicos y sub-atómicos se tratase), podremos activar cuantos recursos dormidos permanecen inactivos todavía, y estos responderán, a su vez, en forma de nuevas hebras de ADN, o en forma de limpieza de la pineal, o en forma de activación de nuestros chakras o centros de energía, o en cualquiera de las formas que adopta la representación de la energía, y su consiguiente re-interpretación, a través de nuestra estructura conceptual cognitiva.
El resultado inevitable de “aligerar nuestro equipaje o mochila emocional”, con todos sus lastres y encargos ancestrales, incluye acentuar la levedad
gravitacional, y el subsiguiente contacto cada vez más tangible con el No- Tiempo.
Busquemos donde busquemos, siempre encontraremos “Centros de Conexión”, que hasta ahora permanecían dormidos o inactivos. Llámese Chakras, Glándula Pineal, Cerebro del Corazón, Hebras de ADN, o Aura.
Jamás respondimos a ellos como algo establecido: Ni a nuestros Chakras, ni al ADN, ni a nuestros centros de ningún tipo de energía, pues todos ellos responden a la fuente principal que todo lo transforma y manifiesta:
Nuestra situación o estado de Conciencia.
El estado de estos o la situación de aquellos Centros de Energía, Chakras o ADN, se debe, sin embargo, a la media porcentual de la situación o estado de nuestra conciencia, teniendo en cuenta limitaciones de nuestro sistema de creencias, herencias de información codificada o lastres por equilibrar, (vulgarmente
conocidos como "genética"), y todo aquello que conforma la lectura científica de nuestras partes más desconocidas; enormes, quizá ilimitadas, que se escapan de nuestros sensores físicos y atienden a conceptos tan imprecisos como desconocidos,
tales como "ADN Basura", "Energía Oscura" “Agujeros Negros” o, algo más cercano, simple y vulgarmente conocido como "Genética Familiar".