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2. LA PERSPECTIVA METODOLÓGICA

2.2. La Perspectiva Distributiva y la Perspectiva Estructural

2.2.2. El Grupo de Discusión

El grupo de discusión o grupo focalizado puede definirse como una entrevista a un grupo pequeño sobre un tema o tópico particular que es de interés para el grupo y para el investigador. Como técnica de recolección de datos compendia características de otras técnicas cualitativas como la observación etnográfica, la entrevista cara a cara y otros métodos no intrusivos como las cartas y los diarios. Con la primera comparte la posibilidad de percibir el proceso de interacción entre los sujetos; con la segunda, el acceso al contenido de los discursos verbales en los que los participantes expresan sus opiniones, experiencias y actitudes; y con los últimos, la viabilidad de conocer la biografía y estructura de vida de las personas (Berg, 1998).

Su propósito fundamental es documentar actitudes, creencias, sentimientos, experiencias y reacciones de los participantes, que en general no pueden obtenerse a través de otras técnicas, dado que aunque esas actitudes, creencias o sentimientos son parcialmente independientes del grupo, es más factible que sean revelados en la

interacción con los iguales. El grupo de discusión no sólo permite obtener distintos puntos de vista acerca de un mismo tópico, sino evidenciar los distintos procesos emocionales que tienen lugar en el contexto grupal (Gibbs, 1997) y descubrir los significados compartidos mediante los cuales las personas dan sentido a su vida diaria.

Blumer (1986) apunta cómo, en muchas ocasiones, la reunión de un pequeño número de personas que discuten colectivamente sus esferas de vida mientras enfrentan las perspectivas opuestas o discordantes de los otros, puede ser más valiosa para develar aspectos ocultos de las prácticas cotidianas que una muestra representativa. La dinámica propia del grupo de discusión deja que emerjan respuestas y opiniones que son

socialmente construidas y verbalizadas por el grupo en el proceso de interacción, lo que constituye el material a partir del cual puede identificarse cuáles son, cómo se construyen y de qué manera se asignan significados a las acciones y objetos sociales desde el punto de vista y en las propias palabras de los sujetos.

Si el grupo de discusión es correctamente administrado, la interacción entre los miembros estimula un proceso de intercambio donde el comentario de un participante provoca la respuesta de otro –en lo que Stewart y Shamdasani (en Berg, 1998)

denominan el efecto de sinergia de grupo–, generando un gran número de temas, ideas, posturas e incluso soluciones relacionadas con el tema de discusión.

En un ambiente grupal propicio –amigable, tolerante– los sujetos se permiten libertades que no se tomarían en una entrevista personal porque, paradójicamente, existe una sensación mayor de anonimato en un grupo de discusión que en una entrevista cara a cara (Folch-Lyon y Trost, 1981). Por otra parte, los comentarios de apoyo y/o desacuerdo

facilitan las revelaciones personales, y la relativa homogeneidad del grupo fomenta que los participantes expresen con determinación ideas y opiniones.

Para este trabajo se realizaron 12 grupos de discusión mixtos (hombres y mujeres) sobre el uso del celular en la vida cotidiana de los participantes: 6 para el segmento de jóvenes y 6 para el de adultos, subdivididos a su vez en 3 para el estrato bajo y 3 para el alto. Previo al trabajo de campo se realizaron 4 grupos de discusión para explorar los posibles temas a tratar, de los cuales se obtuvo información relevante, pero cuyos resultados no se incluyen en el estudio por tratarse de un piloteo del instrumento.

Adultos Hombres y Mujeres Jóvenes Hombres y Mujeres NSE Alto 3 3 NSE Bajo 3 3

Aunque originalmente el número propuesto de 3 grupos de discusión por segmento era tentativo, la homogeneidad de los resultados en cada bloque llevó a la decisión de considerarlos como suficientes, aunque en el segmento de adultos de

menores ingresos se realizaron dos grupos de discusión adicionales debido a que en uno de los programados originalmente sólo asistieron mujeres, y en otro no se logró la cuota mínima de cinco participantes. Morgan (1997) señala que de 3 a 5 grupos por segmento son suficientes, pues rara vez más de cinco ofrecen nuevos hallazgos significativos.

La segmentación tiene como propósito identificar patrones diferenciados en las prácticas y significados asociados al teléfono móvil considerando la edad, el género y el nivel socioeconómico de los informantes, a partir de la idea de que los miembros de un grupo o clase tienen disposiciones comunes producto de condiciones de existencia

similares, que los lleva a percibir los hechos de manera cercana, a tener prácticas semejantes y a compartir significados para los objetos y prácticas sociales (Bourdieu, 2002).

Aun y cuando la literatura advierte sobre lo problemático que pueden resultar los grupos de discusión mixtos cuando se abordan temas en los que se reproducen relaciones asimétricas – se consideran como heterogeneidades excluyente las relaciones de clase (proletarios-propietarios, clase alta-clase baja), las relaciones que implican subordinación por edad o género (padres-hijos, hombres-mujeres) y las relaciones ecológicas (ciudad- campo, centro-periferia)–, Ibáñez (2003) señala que en el caso particular de los grupos de discusión donde participan simultáneamente hombres y mujeres, existe la posibilidad de una interacción verbal fructífera, aunque no sobre todos los temas.

Los grupos heterogéneos pueden incrementar la dinámica de la discusión y promover la expresión de una mayor cantidad de perspectivas “además de facilitar la ruptura de las reservas individuales de los participantes por la confrontación entre esas perspectivas” (Flick, 1998, p.117). En ocasiones introducir cierto grado de

heterogeneidad puede resultar positivo, dado que, aunque un grupo muy homogéneo es más coherente, tiende a producir un discurso redundante; mientras que un grupo heterogéneo es menos coherente, pero su discurso es más rico para el análisis. Lo fundamental es que las personas en cada grupo tengan algo que decir con respecto al tema, y que se sientan en confianza para expresarlo (Morgan, 1977).

En el caso particular de este estudio, la realización como piloto de los grupos mixtos de discusión entre jóvenes no reveló problemas de inhibición o exclusión por

género. Aunque se consideró que la situación podría modificarse para el segmento de adultos y que en tal caso habría que separar a los informantes por sexo, los primeros grupos realizados evidenciaron que tal medida resultaba innecesaria.

La estrategia para reunir a los participantes fue a través de la técnica de bola de nieve, en donde a través de informantes iniciales se contactaron a otros con

características similares de edad y de nivel económico. El conocimiento o cercanía entre los participantes no constituyó un criterio de exclusión, dado que en ciencias sociales se conducen de manera rutinaria grupos de discusión en los que el conocimiento entre los participantes resulta inevitable.

Algunos autores (Morgan y Krueger en Morgan, 1997) señalan que la idea de que el grupo de discusión debe realizarse entre extraños es un mito, y lo que debe

considerarse es que los grupos entre extraños y los grupos entre conocidos generan dinámicas distintas. En todo caso, la elección de uno u otro responde al criterio básico de en qué medida un grupo de participantes puede discutir un tópico particular, en

condiciones que sean útiles al investigador.

En este trabajo, donde uno de los objetivos es indagar cómo se construyen nuevos significados en torno al celular a partir de los procesos de interacción entre los sujetos, el hecho de que los usuarios se conocieran entre sí permitió reproducir el rol que juegan los familiares, amigos y parejas en la domesticación y apropiación del aparato.

Hay que destacar, sin embargo, las limitaciones y problemas que supone trabajar con grupos de personas conocidas entre sí. En primer lugar, el que los informantes pertenezcan a un mismo grupo o grupos cercanos puede desembocar en perspectivas

repetidas, en la medida que los integrantes de una comunidad particular tienden a compartir posturas y prácticas similares. Ello, que por una parte puede ayudar a

identificar tendencias o cierto grado de homogeneidad entre los informantes, por la otra implica el inconveniente de un discurso redundante. En segundo lugar, el conocimiento previo de los miembros del grupo puede dar pie a declaraciones u opiniones sesgadas o falsas, pues los participantes pueden sentirse orillados a mentir para mantener la imagen previa que los demás tienen de ellos, o a expresar lo “políticamente correcto” dentro del grupo para no poner en riesgo su pertenencia o aceptación en el mismo.

En el caso de los grupos realizados, durante la etapa de análisis habrá que considerar de qué manera la presencia de amigos y conocidos, novios y esposos y familiares directos o políticos, limitan la expresión de las opiniones y prácticas reales de los usuarios.

En cuanto al número de participantes, Ibáñez (2003) opina que a partir de cinco sujetos el grupo de discusión puede funcionar, y que en la medida que el grupo crece en tamaño se incrementan en proporción geométrica los posibles canales de comunicación, por lo que hay que estar atentos para evitar que el grupo se fragmente en subgrupos o que todos hablen y nadie escuche.

Para esta investigación hubo en promedio 7 participantes por grupo, con un número cercano de hombres y mujeres. Se buscó que la dinámica tuviera lugar en un espacio conocido para los sujetos, de manera que se sintieran en confianza por encontrarse en “su terreno”. Tanto los grupos de jóvenes de nivel bajo, como los de adultos de los estratos alto y bajo, se realizaron en la casa de un informante clave que

contactó al resto del grupo; los grupos de discusión de los jóvenes de nivel alto, mientras tanto, se realizaron en casa del investigador.

La discusión sobre los usos y apropiación del celular se generó a partir de

preguntas que sirvieron como detonante para cubrir los temas de interés (ver Anexo C), y duraron en promedio una hora y media incluido un período inicial de sensibilización del moderador –que en todos los casos fue el investigador responsable del estudio– con respecto al grupo. Se grabó el audio de todas las sesiones, y la transcripción resultante se examinó con el programa de análisis cualitativo N-Vivo, para identificar temas de interés. Los hallazgos fueron organizados de acuerdo a los tópicos de discusión, y finalmente se procedió a la identificación de categorías de análisis y a la interpretación de las mismas. Categorías e interpretaciones deberán considerarse con las reservas propias a una metodología cualitativa, pero pueden servir como punto de partida para estudios de mayor profundidad.