LA FILOSOFÍA DE HEGEL —
2 Gurvitch, obra cit., p 11.
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universal. Existir es vagar de un error a otro. Hegel no hace más que diluir o desintegrar la personalidad del hombre en el proceso ilimitado de la historia, quitándole la raíz de todo valor inamovible y rotundo. Lo único verídico e inmu table es el devenir histórico, el eterno movimiento de afirma ción y negación, la relación dialéctica entre el sujeto y el tiempo.
Hegel no ha sido capaz de superar la contradicción fun damental entre su pretensión a lo absoluto-infinito (encamado en la historia) y la provisionalidad de la misma historia con- creto-finita. Entre ambos momentos hay una ruptura com pleta. Kierkegaard había observado ya que fundar la verdad infinita o absoluta en la historia significa fundar un valor abso luto sobre un conocimiento aproximativo o relativo. Dilthey, a pesar de su admiración por Hegel, reasumirá la crítica del pensador danés. Hegel resolverá esta antinomia entre eterni dad y relatividad introduciendo por la puerta trasera el deus
ex machina de su espíritu universal, es decir, transformando
lo contingencial de la historia en un valor situado más allá de toda contingencia. Karl Lowith ha visto muy bien este salto milagroso: «Cuando Hegel hace aparecer lo eterno en lo tem poral, ello no se apoya en una dialéctica formal, sino en una sustancia metafísica del Logos cristiano»3. Otros pensadores —marxistas principalmente— ven en la concepción hegeliana, por el contrario, un intento de superar el relativismo y el his* toricismo. Así Karel Kosik:
Con frecuencia se olvida que el apriorismo lógico de Hegel, que considera la historia como despliegue del espíritu —que en su tem poralidad es supratemporal—, constituye en la Edad Moderna la más importante tentativa idealista de superar el relativismo y el historicismo4.
Es difícil com partir la opinión del marxista checo. La con cepción hegeliana no puede superar ni el relativismo ni el his-
3 Karl Löwith, Von Heget zu Nietzsche, Stuttgart, 1950, p. 144. 4 Karel Kosik, Dialéctica de lo concreto, México, 1967, p. 163.
Devenir y praxis
toricismo porque se apoya en una pura abstracción, es un emanantismo irracional.
El devenir hegeliano es la síntesis, el momento de unifica ción que supera la contradicción entre el ser y la esencia, entre forma y materia, entre individuo y mundo. El devenir es la negación de la negación, la conciencia de sí, el saber absoluto, el concepto objetivado en el Estado y en el espíritu universal. Cada verdad, considerada aisladamente y en sí, es para Hegel siempre una verdad relativa, que contiene en si misma el momento de la negación. La verdad absoluta sólo puede ser encamada por una tercera instancia: por el devenir, por el futuro. A través de su propio movimiento de negación, las cosas devienen para sí lo que al principio son en sí. Pero como este movimiento autogenético es infinito, las cosas no llegan a ser nunca, sino que se encuentran siempre en una situación provisional de ir haciéndose. Su verdad no consiste, pues, en lo que puedan ser en este o aquel momento (una verdad relativa), sino precisamente en la negación de toda determi nación actual. La verdad fundamental del ser es su devenir, su superación permanente, su propia negación. El error básico de Hegel en el campo de la ontología y del conocimiento en ge neral es el de dar por supuesto que la nada existe como un momento del ser, y el de oponer esta nada o pura indetermi nación al devenir. Pero el ser no es sólo a través de su devenir, sino ya antes. El devenir está implicado en el ser, y no a la inversa. Todo lo que es, es ya algo determinado. Algo que sea pura indeterminación es una contradicción. Lo opuesto al ser no es la nada, sino el ser concreto y sensible.
Gracias al proceso dialéctico del conocimiento, el sujeto tiene la posibilidad de rebasar las fronteras de lo inmediato- personal para elevarse a formas ontológico-epistemológicas superiores. Pero este proceso no puede limitarse a la pura contemplación teórica, sino que debe incluir la acción, la praxis.
La tesis del conocimiento como un rebasarse a sí mismo a través de la acción y de un adentramiento en el mundo, la encuentra Hegel formulada ya en Fichte y en Jacobi. Vale la
La filosofía de Hegel
pena transcribir aquí un fragmento de Jacobi en el que éste anticipa explícitamente esta dimensión del pensamiento he- geliano:
Puesto que la existencia de todo ser finito presupone coexisten cia, ningún individuo puede tener conciencia de su ser sin tener al mismo tiempo una conciencia más o menos viva de sus rela ciones, es decir, de seres diferentes a él, sobre los cuales se apoya, y que constituyen las condiciones necesarias, los mediadores, los agentes de su existencia... Es, por lo tanto, completamente impo sible que el individuo tenga percepción de las relaciones sin tener percepción o conciencia de sí, y es imposible que tenga conciencia de sí sin tener percepción de las r e la c io n e s 5.
Aquí está anticipada literalmente toda la teoría hegeliana de la alteridad, la mediación y la praxis como categorías onto- lógico-epistemológicas. El esquema de la praxis-conocimiento, de la experiencia teórica como acción fue desarrollado más tarde con toda pujanza por Fichte. Hegel no hace aquí, como casi siempre, sino dar una dirección peculiar a hallazgos de sus predecesores.
Conocer presupone adentrarse en el mundo, en la esfera del no-yo, de la otridad. Sin esta inmersión en el mundo, en la diversidad fenoménica, el sujeto no está en condiciones de constituirse en verdad auténtica, concreta. El conocimiento absoluto (y el ser verdadero) sólo pueden surgir de la praxis total. El sujeto se conoce en la medida en que sale de sí mismo, en la medida en que se trasciende y entra en el mundo, per diéndose primero en él para comprenderlo y asumirlo más tarde con «plena conciencia». Aquí nos encontramos con una interpretación opuesta a la de la mística y del pensamiento contemplativo, que buscaban lo absoluto en la inacción, en la quietud. (El mundo como mal, como dispersión, como enaje nación). Conocerse significa para Hegel estar en el mundo, en su centro, en el cogollo de la realidad: «La acción es el de venir del mundo como conocimiento. Lo que el espíritu es en sí lo sabe por su realidad. Por lo tanto, el individuo no puede