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LAS PLANAS EN LOS FINALES S. XX

Sin desarrollarse excavaciones sistemáticas, al final del s. XX, en el marco comarcal de las Planas Figura 3.4. Sepulcro de Càlig. Materiales, calco de planta y sección transversal de la Cova de Càlig. Tomada de Porcar

(1935).

145. En esa síntesis Joan Bernabeu mostrara reservas a la hora de consignar en el grupo de asentamientos en alto campaniforme a los emplazamientos villenenses del Peñón de la Zorra y el Puntal de los Carniceros, considerando más verosímil su asimilación a la Edad del Bronce (Bernabeu, 1984, 23 y 104).

146. De los primeros, los datos se sustentan en las aportaciones de Emilio Diz (1982) y Armando Ros (1980), donde se señala la deter- minación de cerámica campaniforme. La asignación de Les Moreres al Horizonte Campaniforme de Transición se realiza considerando materiales contemporáneos al campaniforme, una vez que en esas fechas todavía no se ha reconocido la presencia de esa cerámica en el asentamiento (Bernabeu, 1984, 27).

se consideran a partir de datos previos y de otros, resultado de nuevas prospecciones e intervencio- nes, indicios de habitación al aire libre susceptibles de encuadrarse entre el Neolítico y el ámbito crono- lógico del Campaniforme. La información se compi- la en síntesis elaboradas por Francesc Gusi Gener y Carmen Olaria Puyoles, debiéndose destacar los trabajos del Servicio de Investigación Arqueológica y Prehistórica de la Diputación de Castellón, orga- nismo creado en 1975. En esas recopilaciones ca- ben en el Neolítico los hábitats de El Tirao de Bu- rriana, el Roqueral de les Santes de Cabanes (Gusi 1974, 80; 1984, 90; 2001, 177-178; Olaria, 1988, 112), el de la Playa del Pinar (Grao de Castellón)147, y con más reservas por sustentarse en la recogida superficial de materiales los del Pla de la Pitja de Cabanes148, Corral Blanc de Pobla Tornesa149 y Sa- landó de Benicasim (Olaria, 1988, 112).

Perdido por una extracción masiva de tierras (Gusi, 2000, 84) y por la “pobreza” de sus mate-

riales (Olaria, 1988, 111), El Tirao no encontrará un acomodo firme en la investigación de Caste- llón, proponiéndose su adscripción a un momento neo-eneolítico indeterminado (Gusi, 2001, 195). No obstante, la excavación metódica del yacimiento hubiera podido tener un interés enorme, resultando ahora arquetipo de las novedades que de manera reciente nos anuncia la arqueología de urgencia en yacimientos neolíticos excavados en Castellón y Alicante, y también triste paradigma sobre la pro- tección del patrimonio y la práctica arqueológica de aquellos años sesenta que en España significaron el desarrollismo.

Aquí la recuperación de los datos se debe al que después fuera director del Museo Arqueológico de Burriana, Norberto Mesado Oliver, quien durante años, de 1961 a 1966, acudiría a la parcela inme- diata al norte del cauce del río de Anna para hacer- se con los materiales que los obreros le apartaban, mientras extraían tierras para la producción de la

147. Se trata de uno de los parajes visitados por F. Esteve, J. Porcar y P. Bosch en el verano de 1923. Esteve (1944, 31-32) referencia la recogida de cerámica neolítica, decorada con cordones lisos o con impresiones digitales, en esta playa inmediata al puerto de Castellón, considerando se tratara de un poblado sumergido, condición ésta bien referenciada en el s. XXI en el Prat de Cabanes. Tras una primera adscripción al Neolítico, el autor considera que los restos cerámicos de la Playa del Pinar caben en la Edad del Bronce.

148. La mayor parte del conjunto de elementos líticos recogidos en este paraje en llano próximo a una antigua laguna se asimila a la transición al Epipaleolítico, estimándose un reducido lote de elementos susceptibles de vincularse al Neolítico Final o Eneolítico (Casabó y Rovira, 1982-83, 32)

149. Como en el caso del Pla de la Pitja, su filiación neolítico - eneolítica se basa en la identificación de útiles líticos - foliáceos y algún geométrico con doble bisel -, entre elementos de cronología previa (Gusi y Casabó, 1985, 108 y Fig. 8).

Figura 3.5 El Tirao (Borriana): a) Planta del nivel neolítico con la localización de los principales hallazgos; b) sección y planta del “Hogar C”; c) material en sílex (Mesado, 1969, Fig. 12, 13, 14 y 15).

empresa “Cerámica Levantina”. Viendo el corte y las fotos que se publican en 1969 en el volumen nº 12 del Archivo de Prehistoria Levantina, asombra tanto la entidad del registro, como la potente estratigrafía al resolverse una ocupación del llano que integra un nivel medieval sobre otro potente ibérico, carac- terizado por estructuras negativas, como una fosa interpretada como funeraria o ustrinum, localizada en junio de 1965 (Mesado, 1969, 190) y una impor- tantísima cultura material; ambos superpuestos a una más que interesante ocupación neolítica basal (Ibid., Fig. 3) que Mesado relaciona con el aprove- chamiento de un entorno de tierras bajas y de al- marjal (Ibid., 202), distante no más de una decena de kilómetros del yacimiento de Villa Filomena.

Esa sucesión cultural, bien corroborada en la primera década del s. XXI en el yacimiento de To- rre de la Sal de Ribera de Cabanes (Flors –Coor.–, 2010), nos advierte no sólo de la riqueza del regis- tro en el entorno fluvial de las Planas sino también de la profundidad a la que se pueden hallar vesti- gios de la ocupación prehistórica. En ese aspecto, y a diferencia del yacimiento de Vila-real, El Tirao no nos ofrece silos de almacenamiento, sino vestigios del día a día neolítico, si se recuerda la interpreta- ción que vincula con la cocción o transformación de alimentos (Jover y Torregrosa, 2011, 29), los lechos circulares de piedras y cantos termoalterados sobre cubeta bien determinados en el s. XXI en contextos habitacionales cardiales como el de Benàmer de Muro (Torregrosa, Jover y López –Dirs.–, 2011) o postcardiales como el del Tossal de les Basses de Alicante (Rosser y Fuentes, 2007, 24), C/Colón de Novelda (García Atienzar et alii, 2006, 20-21 ) o el mismo Torre la Sal de Cabanes (Flors, 2010, 153) y se antepone a ellos su descubrimiento en el Tirao, donde se indican 5 muy próximos, uno más peque- ño que el resto (A: 70 cm de diámetro), de los que Mesado, a la carrera que marca la empresa de ce- rámica, sólo alcanza a excavar uno, en su tamaño (2-2,38 m) considerado similar al resto, quedando caracterizado por un auténtico “rudus” de cantos ennegrecidos y carbones entre los mismos, para él “fondo de hogar”, que avala el carácter habitacional del asentamiento, antes sólo atestiguado por una recogida superficial de elementos que, en su vo- cacional paciencia, iría localizando y que remiten a conchas, un sólo fragmento cerámico, un percu- tor calizo y un lote de piezas en sílex consistente en segmentos de círculo, laminitas fragmentadas y otros útiles denticulados descritos como raede- ras (Mesado, 1969, 191-193), anotando la ausen- cia de puntas de flecha como un rasgo para prever el carácter neolítico, ahora con los años reforzado con los paralelos de las estructuras aquí expuestos (Mesado, 1969, 161).

Por Francisco Esteve se tiene noticia de los vestigios de la habitación del Roqueral de Santes de Cabanes, contexto montañoso inmediato a un curso fluvial encajado en el barranc de les Santes, donde en 1920 se descubrieron lechos de cenizas, que indudablemente debieron ser fondos de ca- baña, que contenían, restos de fauna, fragmentos cerámicos y objetos líticos revueltos. Al material re- ferido por Esteve150 se añade otro lote de elementos en sílex recogido posteriormente que, incluyendo una punta de flecha y algunas piezas sobre lasca y lámina, hace considerar la posibilidad de que el asentamiento resultara propio del Eneolítico (Ola- ria, 1980, 54-55).

En las mismas síntesis antedichas no se des- carta que los yacimientos de El Tirao y el Roqueral, y los parajes próximos a una antigua área lacustre con materiales líticos de Pla de la Pitja de Caba- nes, Corral Blanc de Pobla Tornesa y Salandó de

150. El material recogido en 1924 en los bancales cultivados consiste en una gran pieza de sílex, tallada toscamente a grandes golpes, al

parecer un pico (…); dos raspadores nucleiformes de buen tamaño; fragmentos de hojas sencillas, una lámina de sección triangular poco típica que reproduce y dos fragmentos de cerámica de vasos distintos con una decoración plástica consistente en apliques o bolitas de

barro ligeramente aplastadas y pegadas a la superficie externa que sitúa en plena Cultura de las Cuevas (Esteve, 1944).

Figura 3.6. Elementos materiales del Roqueral de Santes según Francisco Esteve (1944, Fig. 1 y Fig. 2;

Benicasim pudieran alcanzar una imprecisa etapa neo-eneolítica, a la que se asignan otros vestigios habitacionales en las pequeñas elevaciones –pu- jolets–, hoy desaparecidas que se ubicaban en las proximidades de Castellón, en los que, se indica, existirían pequeños asentamientos humanos in- tegrados por unas pocas cabañas fabricadas con cañas, ramaje y barro que se beneficiarían de un medio natural próximo a la costa que incluiría hu- medales y bosquetes abiertos (Gusi, 2001, 184 y 195). De la mano de Francisco Esteve (1966b, 144), de estos últimos resulta la somera mención de un fondo de cabaña mal conservado y por él atribuido a un Neolítico muy arcaico con vestigios materiales –escasos sílex atípicos, cantos de cali- za desbastados, huesos de animales y conchas de moluscos marinos–.

En los inicios de los ochenta, además de Villa Filomena con el Eneolítico sólo relacionan aque- llos yacimientos al aire libre citados por Bosch que descubrieran Esteve y el pintor Porcar a los que se ha hecho alusión en el capítulo previo: los próxi- mos a Castellón de El Castellet, Les Serretes y La Magdalena; el Tossal de les Forques de Borriol; Les Agulles de Santa Agueda de Cabanes; El Cigale- ro y la Comba151 de Benicasim, que tratara Esteve en su Tesis, y el de la Llometa del Fondo de Arta- na (Gusi, 1981, 118 y 124); pobre panorama en lo que atiende a la calidad de los datos (Gusi, 2001, 195 y 198) que, en la última década del siglo, sólo se ve enriquecido –si se acepta por indicio habita- cional– por el registro de una escultura pétrea an- tropomorfa que, hallada en los años veinte en el paraje de les Mallades de Artana, se da a conocer en los noventa, para resolver luego su asimilación a las deidades del Eneolítico (Mesado, 2001, 121- 131)152. Como referencia aparte resulta la posibili- dad de vincular a este momento algunos de los ha- llazgos de Sitjar Baix (Onda), paraje próximo a Villa Filomena, sito en el margen izquierdo del rio Millars donde se determinan elementos líticos y cerámicos

susceptibles de integrarse entre el IV y II milenio a.C., sin que con los mismos puedan relacionarse de un modo claro una serie de cubetas que no se asemejan a las propias de los poblados de silos eneolíticos (Pascual y García, 1998, 76).

En lo que afecta a la cronología propia del cam- paniforme al contexto de Vila-real hasta el día de hoy sólo se han unido contados yacimientos al aire libre, en ladera o en llano, remitiendo el parco re- gistro campaniforme de la provincia de Castellón a distintas cavidades153. En ese marco se consideran los tres cuencos con decoración incisa y estampi- llada hallados en la vertiente meridional del Castillo de Vilafamés, en las proximidades de un “taller de sílex” (Gusi, 1981, 124); recipientes éstos, que pu- blicados al inicio de los setenta (Gusi, 1972), se vin- culan luego al Campaniforme de tipo Ciempozuelos (Harrison, 1977, 203) o al Horizonte Campanifor- me de Transición (Bernabeu, 1984, 14). Además se concreta la localización, si bien de manera muy fragmentaria de cerámica campaniforme en las la- deras del Castell de la Vilavella de Nules154 y en el campo contiguo del Racó de Focs155.

Ante el panorama expuesto no es de extrañar la validación que, en los últimos 20 años del siglo XX y en clave regional, se hace de Villa Filomena, pasando de ser un yacimiento sobre el que existen dudas a la hora de considerarlo como poblado o ne- crópolis (Gusi, 1981, 118) a considerarse, sin obviar los problemas que sustentan toda su información y en lo que afecta al horizonte campaniforme de tran- sición, el único yacimiento importante de Castellón y de todo el País Valenciano de este periodo (Gusi, 2001, 204). No en vano, en toda la documentación del s. XX destaca sobradamente el olvidado traba- jo de Vicente Sos Baynat, siendo imposible en los inicios del s. XXI hacerse una idea del panorama habitacional de las comarcas de las Planas, con datos en gran medida sólo reducidos a la repetición de las mismas referencias que se tienen desde los años veinte, disponiéndose de un corpus mínimo

151. Francesc Gusi (1974, 82) referencia a este yacimiento como cueva y luego como poblado (Gusi, 1981, 124). En una guía del Museo de Burriana se hace constar la afección del yacimiento por la construcción de la autopista, mentándose otros del término de Benicassim sitos en el Camí de Queralt y el Tossalet Cullero (Mesado, Gil y Rufino, 1991, 44).

152. Descubierta hacia 1922 en la partida de ese nombre y estudiada, aunque inédita, por Francisco Esteve (Mesado, 2001, 121). 153. En lo que atiende a la provincia de Castellón a las citas del texto se unen contados fragmentos, casi todos vinculados con el cam- paniforme reciente, relacionados por Gusi (2001) y luego muy recientemente por Gusi y Luján (2012) en cuyo trabajo de recopilación se refiere la bibliografía específica de los hallazgos. De norte a sur del Alto Palancia trascienden los hallazgos del fragmento de la Cueva del Pueblo de Sacañet (Alto Palancia), referido como puntillado-inciso; en la comarca de Els Ports se indica el hallazgo en el Abrigo de Torre Miró I-10 de tres fragmentos campaniformes, dos con decoración incisa y un tercero inciso-impresa. De la Plana Alta, son los cuen- cos de la grieta de Vilafamés citados en el texto y los de la Cova del Petrolí de Cabanes, donde se referencian fragmentos conforme a estratigrafía, señalándose en el nivel I dos fragmentos “incisos geométricos de estilo tosco” y en el nivel 2 otro “inciso – impreso a peine con incrustaciones de pasta blanca”, niveles datados (1: 3.750± 40 bp y 2: 2.180 ± 130 bp) que se asimilan respectivamente al “Bronce Inicial” y a una “fase de transición de un eneolítico final a un momento antiguo del bronce inicial”. De la Plana Baixa, donde se ubica Villa Filomena, trasciende un fragmento del Covacho 2 de Can Ballester (la Vall d’Uixó) con decoración puntillada a bandas que quizá no sea campaniforme; la referencia imprecisa de la Cova del Sou (la Vilavella), donde se apunta la posible presencia de cerámica campaniforme de estilo inciso-puntillado. Finalmente del Alto Mijares queda la vaga referencia del hallazgo de cerámica campaniforme en la Cueva Cueva Cirat de Montán. A esta relación se añaden los fragmentos de estilo mixto impreso-cordado e impreso-linear de la Cova de l’Absis del Castell de Morella, comentados aquí en el capítulo previo.

154. Dos fragmentos con decoración incisa y pseudoexcisa (Gusi, 2001, 206). El yacimiento reúne para Norberto Mesado características topográficas similares a La Comba de Benicassim. Ahí Esteve determina la presencia de puntas de flecha y hachas de piedra pulimentada (Mesado, 1969, 202-203)

de materiales y, con la sola excepción de lo que trasciende de El Tirao, de una carencia total de cro- quis, planos o fotos de los parajes o yacimientos excavados o prospectados.

Visto lo expuesto, a las causas geomorfológicas y antrópicas que intervienen en el panorama deso- lador que, en los inicios del s. XXI se traza para el conocimiento del hábitat en llanura en Castellón (Gusi, 2001, 195), habría que añadir el vacío docu- mental de la investigación a ese respecto desarro- llada desde el descubrimiento del paraje de Vila- real, pudiendo haber intervenido en ello distintos factores, entre los que cabe considerar la dificultad para la excavación de este tipo de hábitats con es- casos medios, o el mayor interés que, para los pro- yectos de investigación de la Universidad y el SIAP de Castellón, despiertan otro tipo de yacimientos, no existiendo una continuidad del intenso esfuerzo que antes realizara Francisco Esteve Gálvez, hasta que en el siglo XXI se produzcan las excavaciones en el Prat de Cabanes, Costamar, o Mas de Sanç.

VILLA FILOMENA AL ESPEJO DE LAS