Sara: Esto no tiene ningún sentido. (Pausa) Y ahora, ¿qué?
Jan: Las cosas no siempre pasan como queremos… o soñamos. Y a veces, además ocurre una catástrofe. Esperada o no. Qué más da. (Pausa) De todos modos… alguna vez… sí que pasa lo que queremos. Incluso en mitad de una catástrofe. ¿Tiene algo que ver una cosa con otra? Sí. O no. Es igual. Pasa. Y se acabó (Pausa) Y ahora, desconecta el celular.
Sara: (Lo hace) Ya está. Desconectado. Jan acerca su boca a la de Sara.
ESCENA 22 (2)
Vestíbulo de hotel. Claudia con su celular en la mano y una copa en la otra. Ha estado bebiendo. Llega Rosa. Busca con la mirada a ambos lados. Ve a Claudia. No le da más importancia. Se sienta. Claudia deja un mensaje.
Claudia: ¡Ya me imaginaba que volvería a salirme el contestador! ¿DÓNDE TE HAS METIDO? ¡¿Te has marchado del hotel?! ¿Ha tenido algo que ver en todo lo que me ha dicho la vieja loca esa, “majara” perdida, que te metía la mano como una mona en celo y que me ha dicho “adiós señora” con una sonrisita estúpida que me han dado ganas de romperle la cara? ¡¿Te ha hechizado o te ha echado un maleficio o qué?! ¿Te ha ido con ella? ¿Con una desconocida con cara de inculta y amargada y llena de arrugas que ya tiene un pie metido de lleno en la tercera edad?! ¡¿También te la vas beneficiar a ese vejestorio?! SI NO TENDRÁ CON QUÉ PAGARTE, ESA MUJER NO TIENE UN CÉNTIMO! He pedido en recepción que me den el número de su habitación, ¡¡PERO NO SÉ NI CÓMO SE LLAMA!! Y se la he descrito muy amablemente al recepcionista y el recepcionista ¡ME HA MANDADO A LA MIERDA! ¡¡ME HA MANDADO A LA MIERDA, A MÍ! Y LE HE DICHO “¿SABE CON QUIÉN ESTA HABLANDO JOVEN?” y él, un recepcionista, UN SIMPLE RECEPCIONISTA DE BAJA CALAÑA ME DICE: “¡NI LO SÉ NI ME IMPORTA, SEÑORA, PARA MI COMO SI FUERA LA REINA DE SABA!” ¡PERO, ¿QUE LE PASA A LA GENTE?! ¡¿QUÉ SE CREAN QUE EL MUNDO SE ACABA ES UNA EXCUSA PARA COMPORTARSE COMO ANIMALES?! ¡¿Y POR QUÉ TODO EL MUNDO ME MANDA A MÍ A LA MIERDA?! ¡PORQUE ACTÚO COMO SI NO HUBIERA PASADO NADA Y SIGO SIENDO LA MISMA DE SIEMPRE? ¿POR ESO? ¡¡¡¿PERO QUÉ QUIERES QUE HAGA SINO?!!! La única arma que supongo que me queda es seguir siendo LA MISMA DE SIEMPRE, ¿no? Es mi manera de hacer la… la… contrarrevolución. Yo estoy viva. Yo soy yo. Yo puedo cambiar, si. Pero… ¿por qué debería hacerlo? ¿Cambiar no es entrar en el juego? Y si cambio… ¿se acaba así la destrucción? ¡No! ¿No te das cuenta? ¡La destrucción forma parte de todo, de los animales, de las estrellas, de ti, de mí, de nosotros! Tú también has querido destruirme. También llevas dentro de ti el virus de la destrucción. Y hoy ME HAS DESTRUIDO PARA SIEMPRE. Y que sepas que me merezco todo lo que me has dicho, por supuesto. Lo reconozco. Me lo merezco. Pero tú tampoco has sido valiente para enfrentarte a mí, nunca lo has sido hasta ahora. Sólo me lo insinuabas con tus eternos silencios. Y cuando por fin lo has decidido, lo has hecho… por teléfono.
Porque a la cara serías incapaz de decirme lo que me has dicho, ¡GALLINA! (Rosa escucha ahora atentamente) Siempre serás un cobarde. Admítelo. Y a mi los cobardes siempre me han dado lástima. Y rabia. La cobardía es el peor de nuestros defectos. Te quiero pero no me gustas porque eres cobarde. Bueno, hoy has dado un pequeño paso y te quiero igual y tal vez me gustas un poquitín más. Pero sigues sin gustarme. Porque yo soy UNA SUPERVIVIENTE. Y tú no lo serás nunca. Tú eres una victima. Yo tiro del carro. Tú te dejas llevar. Y siempre será así. Y siempre nos necesitaremos porque si yo quiero tirar del carro y no estas tú subido a él para que yo lo arrastre, entonces, ¿por qué tendría que tirar del carro? ¿Crees que es precisamente hoy cuando toca desmontar lo que hemos construido? Perdóname. He bebido. (Pausa) Me has mandado a la mierda y estoy en ella y lo has hecho por teléfono y yo también y desde la mierda te llamo. (Pausa.) Y ahora… ¿qué? (Pausa.) ¿Qué pasará? (Pausa.) Nada (Pausa.) ¿Me llamarás, amor de mi vida? … ¿Hijo? (Al oír la palabra “hijo” Rosa reacciona inmediatamente y mira a Claudia con súbito interés.) Un besito de quien más te quiere. Un besito de mami, ¿te acuerdas?, como cuando eras pequeñín: “¡muá!” , y ahora uno de esquimal… con la naricita… “ñi, ñi, ñi”. Yo, a mi manera, horrible siempre, siempre te he querido. (Cuelga. Está a punto de echarse a llorar. Ve que Rosa la está mirando alucinada) ¿Qué quiere?
Rosa: (Después de una pausa) Usted es… ¡la madre! Claudia: ¿Eh? ¿La madre de quién?
Rosa: ¡La madre del chico que la ha mandado a usted a la mierda por el celular copiando cómo yo he mandado a la mierda a mi padre por el celular!
Claudia: ¡¿SE PUEDE SABER DE QUE ESTAS HABLANDO, GUAPA?! ¡¿Y TÚ DE DÓNDE SALES AHORA Y QUIÉN “COÑO” ERES?
Rosa: ¿Cómo se lo diría…? Supongo que soy… la hija… de la desconocida… “majara”, amargada arrugada loca que está a punto entrar en la tercera edad que ha lanzado un maleficio y ha estado metiéndole mano como una mona en celo a
su… ¡¡¿METIÉNDOLE MANO… A… SU… HIJO?!! (La mira) ¡¡¿Qué ha querido decir con eso de “también te la vas a beneficiar”?!!
Ambas mujeres se miran. Pausa. Sacan los celulares. Se miran. Dicen al mismo tiempo:
Claudia: ¡Dame inmediatamente el número del celular de tu madre! Rosa: ¿Me puede dar, por favor, el número del celular de su hijo?
ESCENA 23 (2)
Habitación de Hotel. Jan y Sara acaban de hacer el amor. Se están vistiendo. A pesar de la diferencia de edad, hay una atmósfera relajada y sensual. Sara sonríe a Jan. Él también sonríe. Sinceramente, sin fingir.
Sara: Supongo que ahora es cuando tocaría… regalarte algo, por decirlo de un modo suave.
Jan: Aquello fue hace años. Y he exagerado un poco
Sara: Ya. No me refería a eso, lo digo en serio, me encantaría regalarte alguna cosa. Tú… (Sonríe dulcemente)… me acabas de regalar… no importa… quiero hacerte un regalo, pero yo no tengo… vaya, que no se me ocurre nada… Da igual
Jan: ¿Quieres que hablemos?
Jan: No lo sé. De ti. No se quién eres
Sara: No. No. Y claro que sabes quien soy, soy… una… una mujer normal y corriente. Mayor. Y ya está. (Pausa) Gracias. No quiero hablar. No puedo… (Pausa.) Sólo quería decirte eso, en serio, gracias. (Pausa) ¿Puedes marcharte por favor?
Jan: Como quieras
Sara: ¡Espera!
Jan: ¿Qué?
Sara: No quiero que te vayas sin… Espera. (Se incorpora y coge el celular. Empieza a teclear) Acércate. No. (Ha encontrado algo en el celular que la hace dudar y ponerse nerviosa.) No, esto no, no tienes que ver esto… (Muy nerviosa) Todavía no lo he mirado ni yo y no se si tendré el valor para… Basta. Pero esto de aquí… (Se calma. Pulsa más teclas) No sé si… Es que no me gustaría que te marcharas sin… sin ver a… mi hija… Y no sé por qué, vaya tontería, ¿eh? Ji ji ji… Siempre me ocurre lo mismo, en cuanto entablo amistad o mantengo una relación con alguien, siento como… la necesidad de enseñarle a mi familia, a mi… no, a él ya no. ÉL YA NO EXISTE, YA NO EXISTE POR SUERTE Y ESTOY CONTENTA. Mi hija. Ella es la única familia que me queda. Y contigo… no es que haya entablado amistad pero sí que hemos… ¡MANTENIDO UNA RELACIÓN! ¿No? Ji ji. Por lo tanto… Ya conocías su voz, por el celular, pero no su cara; y ahora la verás. Mírala. Es ella. (Le alcanza el celular)
Jan coge el celular de Sara. Ve y oye a Rosa, cuando dejo a Sara el mensaje con imagen: “… He estado dudando si ir a verte a ese hotel donde estás antes de que te marches. A mi me encantaría pero como tu no quieres… ¿Y si voy? Ya sé que soy pesada, pero… suerte que estás viva, mamá, no sé qué habría hecho yo
si… Hoy… durante todas estas horas, he estado recordando… nada, una tontería qué no sé qué tiene que ver con lo que te ha ocurrido… un día me dijiste… “no busques nunca al príncipe azul, no existe”, yo era tan pequeñita… y veía como lo tratabas a papá y cómo lo mirabas siempre: “Me dice que no existe y ella ha encontrado a uno”… Pues no. Ni él lo era. ¿Sabes lo que he hecho, mamá…? No, basta, no quiero dejártelo en un mensaje, oh, ¡que nervios! Ya te lo contaré. Un beso. Te llamo luego”
Jan mira absorto la pantalla. Cuando se acaba el mensaje mira a Sara. Sonríe. Sara: Y me lo contó. (Pausa) Pero primero y, en directo, te lo ha contado a ti. (Pausa) ¿Esto… te parece… un buen… regalo?
ESCENA 24 (1)
Exterior del hotel. Rosa, abrigándose del frío, deja un mensaje en el celular de Jan.
Rosa: Mira, no sé quién eres ni que “coño” te traes entre manos con mi madre, pero como le hagas daño, te juro que te acordarás de mí toda tu vida. Estoy en la puerta del hotel. Si todavía estás por aquí, ven a verme si tienes “cojones”, y cuéntame de que se trata todo este rollo. Mido… Soy… Da igual, si sales me reconocerás enseguida por mi aspecto de loca asesina. ¡Y SI VES A MI MADRE, DILE QUE CONECTE EL CELULAR, EN LA HABITACIÓN DONDE ME HAN DICHO QUE SE ALOJABA NO HABÍA NADIE Y NO SÉ DONDE PUEDE HABERSE METIDO; Y ENCIMA, TU MADRE, QUE NO SÉ QUIÉN “Coño” ES PARA TRATAR A LA MÍA DE VIEJA “MAJARA” AMARGADA INCULTA Y… Y POBRE, ME HA PUESTO HISTÉRICA CON LAS TONTERÍAS QUE ACABA DE DECIRME! (Va a colgar. Lo piensa) Ah, por cierto, soy el original que has copiado para destrozar por teléfono a tu madre, que, la verdad, no es para tanto, debe de
ser una bruja, pero en el fondo te adora y está histérica sólo por el pánico que tiene a perderte; por mala madre que sea, tiene sentimientos como todo el mundo y no creo que se merezca que seas tan grosero con ella justamente hoy, pobre mujer, cuando acaba de sobrevivir de milagro a un… ¡¿Pero qué te estoy diciendo, si no sé no quién eres?! Mierda, ¡¿PERU TÚ QUIÉN “COÑO” ERES, SI PUEDE SABERSE?! ¿Qué le has hecho a mi madre, eh, “tío”? ¡Por lo menos, llámame, ¿no?! (Cuelga)
ESCENA 25 (3/2)
Habitación del hotel. Jan está vestido y de pie delante de Sara. Tiene el celular de ella en la mano. Lo mira. Se lo devuelve. Ella lo coge. Él le da un beso tierno. Sale.
Sara sonríe, relajada. De repente piensa algo y mira el celular. Empieza a teclear, buscando algo. Lo encuentra. Sólo debe apretar una tecla para ponerlo en marcha. Duda. Está cada vez más nerviosa. Inesperadamente, el celular suena. Mira a la pantalla. No sabe quién la llama.
En el vestíbulo, de pie, en un rincón, Claudia está llamando a Sara. Sara en la habitación, deja lo que iba a hacer con el celular y contesta. Sara: ¿Si?
Claudia: ¿Dónde esta mi hijo?
Claudia: ¿A dónde?
Sara: No me lo ha dicho.
Claudia: ¿Quién es usted?
Sara: ¿Y usted?
Claudia: Ya lo sabe, su madre. (Pausa) Usted y yo hemos estado llorando y riendo juntas, ¿no se acuerda?
Sara: Sí, encantada. (Pausa.) ¿Cómo está usted? ¿Se encuentra bien?
Claudia: No se cínica, señora. No. No me encuentro bien. A estas horas debería estar en Singapur y pasado mañana en Seúl. Y estoy aquí. Y no sé que será de mi vida a partir de hoy con todo lo que hemos vivido, pero lo único que sé es que a Singapur mañana yo no voy. Y la fusión con los coreanos que se vaya a la mierda y me quedo tan tranquila. Yo mañana no me voy a ninguna parte. Ni mañana ni no sé cuándo. O sea que no, no estoy bien; y déjese de ironías y vamos al grano. Qué ha pasado con mi hijo.
Sara: Pues… que la ha mandado a usted a la mierda. A parte de eso, no sé nada más. Pero…
Claudia: Oiga usted…
Sara: Déjeme acabar… Usted mañana debe ir a Singapur. Y pasado mañana a Seúl. Para hacer sus negocios.
Sara: Sí.
Claudia: Si estoy hecha polvo, señora, si no puedo mas, si estoy todo el tiempo en el vestíbulo del hotel porque me da miedo volver a mi habitación porque me duermo y tengo unas pesadillas horribles y lo revivo todo y lo veo todo, ¡incluso lo que ni me atreví a mirar! ¡Me he tomado triple dosis de calmantes, señora ¿Cómo quiere usted que mañana yo…?! Oiga, ¿por qué le estoy dando explicaciones yo a usted, como si…? ¿Qué ha pasado con mi hijo?
Sara: No quiere saberlo. Claudia: Si quiero saberlo.
Sara: Entonces, pregúnteselo a él. Le dará otra versión. La suya. La… la real. Claudia: Me interesa conocer la suya. ¿Cuál es?
Sara: ¿Es importante para usted?
Claudia: Creo que sí. Mucho más que mis negocios. ¿Cuál es su versión? ¿La… romántica, tal vez?
Sara: La cómica.
Claudia: Mire, señora, no se quién es usted, ni qué quiere de mi hijo…
Sara: No quiero nada de él, no tenga miedo. ¿Por qué le preocupa que haya estado conmigo?
Claudia: Porque él… Sara: ¿Qué?
Claudia: … la miraba… Sara: ¿A mí?
Claudia: Sí Sara: ¿Cómo?
Claudia: De un modo… poco… normal.
Sara: Ah. ¿Y de qué modo mira su hijo normalmente?
Claudia: No lo sé. (Pausa) Ahora que lo dice, ni me acuerdo. Hace tanto tiempo que no me mira…
Sara: ¿Quiere saber lo que hemos estado haciendo? Claudia: Si.
Sara: Yo soy una mujer algo chapada a la antigua. Todavía quedan algunas mujeres así, ¿sabe?, aunque a usted le resulte difícil de creer. Y yo soy una de ellas. Más de la mitad de mi vida, treinta años mas o menos, la he dedicado exclusivamente a mi casa, a mi familia. Y poca cosa más. Hace algunos años, mi marido dejó de acostarse conmigo. Fueron años difíciles. Yo lo quería. Nos divorciamos hace poco. Para él fue tan fácil. Qué horror. ¿Por qué cuando una pareja se separa, siempre es más fácil para el uno que para el otro? Hasta cuando dicen “los dos lo han pasado fatal con la separación”, siempre hay uno de los dos que lo pasa mucho peor. Y esa fui yo. Los últimos diez años con mi marido… Diez años de… de sequía en todos los aspectos, pero sobre todo, en aquél…, son muchos años, señora. Tenía fantasías, de vez en cuando. Sueños idiotas. Y… y unos sofocos… ji ji ji. Creo que, en el fondo, supongo que he sido una mujer muy apasionada. Pero nunca había tenido ocasión de demostrarlo… ¡HASTA HOY, JA JA JA!, SEÑORA, SU HIJO ME HA REGALADO LO MÁS MARAVILLOSO QUE SE LE PUEDE REGALAR A NADIE: EL ÉXTASIS, EL PLACER, LA ÚNICA ARMA POSIBLE QUE NO QUDA, SEÑORA; ¡TODO EL PLACER QUE YO HABÍA IDO SECUESTRANDO A MI CUERPO ESTOS AÑOS, LIBERADO POR FIN GRACIAS A ÉL! Su hijo es un encanto, señora, no es tan inteligente ni tan sensible como a usted le gustaría pero tiene un cuerpo y una mirada que enamoran, señora; y es un buen chico, afectuoso y con una gran virtud: la sinceridad. Cuídelo, cuídelo
mucho, pero déjelo volar, que vuele; y usted siga con su vida de siempre, pero deje de verlo una temporadita, váyase a Singapur y a Seúl o a Honolulu o al Polo Norte o al pueblo de al lado de su casa, pero váyase y déjelo sólo. (Pausa, Claudia no le dice nada) Qué decadente, todo esto, ¿no? (Pausa) Qué extraño todo. (Pausa) ¿Sabe?, el placer… también es una explosión, a su manera. Una explosión interna que también destruye. Pero que en lugar de matar vidas, es capaz de crearlas. (Pausa) ¿Cómo ha vivido usted todo lo que nos ha ocurrido hoy? (Pausa) ¿Y cómo lo vivirá, de ahora en adelante? (Pausa) Dicen que las catástrofes pueden provocarlo, que no es nada raro.
Claudia: ¿El qué?
Sara: Y las muertes, y los funerales. Claudia: Provocar… ¿qué?
Sara: Pues las ganas de… ya me entiende.
Claudia: A estas alturas… yo ya no entiendo nada. (Pausa) ¿Es bueno en la cama, mi hijo?
Sara: Buenísimo, puede usted sentirse absolutamente orgullosa de él. Buenísimo. (Pausa) Y fuera de la cama, también.
Claudia: (Después de una pausa) ¿Puedo decirle una cosa? Sara: Sí
Claudia: Hay algo que me preocupa. Y me está matando. No sé que hacer. Y no se lo he dicho a nadie.
Sara: Qué es, dígamelo.
Claudia: Es una tontería, pero… Bueno, no, no es ninguna tontería. Sara: ¿De qué tiene miedo?
Claudia: No tiene nada que ver con mi hijo… Yo… Oh, es horrible… Creo que me voy a volver loca si no se lo cuento a alguien.
Sara: Cuéntemelo a mí. ¿Qué es?
Claudia: (Pausa) Lo grabé todo. (Pausa) Con el celular. Sara: ¿Todo?
Claudia: Todo lo que vi.
Sara: (Pausa) Yo también lo hice. Claudia: ¿Eh? ¿Usted…?
Sara: Es un celular tan bueno y era tan fácil. Una sola tecla. Claudia: ¿Lo ha borrado?
Sara: No. (Pausa) ¿Y usted? Claudia: No
Sara: Puede venderlo a alguna televisión. ¿Los ha llamado? Claudia: No quiero hacerlo. ¿Usted lo ha hecho?
Sara: No
Claudia: ¿Lo borrará?
Sara: ¿Para qué lo grabé? ¿Por qué? Claudia: ¿Por instinto?
Sara: ¿O por perversión?
Sara: No. Lo he intentado varias veces. La última, justo antes de que usted me llamara. No creo que pueda… ¿Cree que debería hacerlo? (Pausa) ¿Debemos hacerlo?
Claudia: ¿Quiere venir conmigo a Singapur y a Seúl? Yo se lo pago todo, absolutamente todo. No voy a poder hacer nada más, nunca más, yo sola. Y si tengo que dejar en paz a mi hijo… definitivamente… entonces, yo… me quedaré… (Pausa) ¿Quiere venir conmigo?
Sara: No, a Singapur, no. A Seúl, tampoco. Debe ir a esos sitios por su trabajo, ¿verdad?
Claudia: ¿Qué “coño” me importa a mi el trabajo en este momento? ¿Y… y a otro sitio? ¿Quiere venir conmigo a la otra punta del mundo, al sitio que a usted le apetezca? Elija usted.
Sara: ¿Cuál es el lugar a donde más ha soñado ir a lo largo de su vida?
Claudia: Ninguno. Conozco prácticamente el mundo entero. Yo no tengo esa clase de sueños.
Sara: No le creo. Haga un esfuerzo. Busque en su memoria. Cuando era joven, ¿qué lugar del mundo deseaba conocer? ¿Con qué sitios soñaba?
Claudia: No me acuerdo, en serio, no lo recuerdo. Además. ¡¿CÓMO QUIERE QUE RECUERDE NADA DE CUANDO ERA JOVEN SI TODAVÍA SOY JOVEN?! ¿A dónde tenía que ir usted, por cierto?
Sara: Tampoco me acuerdo. (Pausa) Pero usted ya no es tan joven como para no recordar.
Claudia: ¿A dónde le gustaría ir?
Sara: Al lugar de sus sueños. (Pausa) No. Es broma. En realidad…
Claudia: El lugar de mis sueños… (Pausa) Yo no tengo sueños, yo sólo tengo pesadillas.
Sara: Entonces… vayamos al lugar de las pesadillas. (Pausa.) Al lugar donde… donde las pesadillas son…la rutina y el bienestar… un sueño.
Claudia: ¿A qué lugar se refiere?
Sara: ¿A qué lugar cree que me refiero? Claudia: ¿Estaría dispuesta a viajar allí? Sara: No lo sé
Claudia: ¿Entenderíamos…? Sara: Tal vez.
Claudia: ¿Vamos?
Sara: (Pausa) No. No. Lo siento. Gracias por su invitación. Yo… yo ya lo he hecho… el viaje que tenía que hacer.