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167 hace, nadie lo hará por usted Si usted titubea y se

In document Formacion de Predicadores - Salvador Gomez (página 167-171)

Cómo predicar el mensaje

167 hace, nadie lo hará por usted Si usted titubea y se

menosprecia, el mensaje de Dios no va a llegar como Él quiere. Por eso, tome autoridad. Usted no está allí por iniciativa propia, sino porque ha sido llamado y enviado por quien tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra. Usted depende de El, pero los demás dependen de usted.

Vea a la gente, mírela a la cara y no se inmute; no baje la vista, ni predique al techo. Predique a los ojos, que son la ventana del corazón.

En la Bib la está muy claro que Jesús los miraba a todos, pasando sus ojos sobre las personas. Véalos con seguridad, serenidad y amor. Llame y fije la atención paseando la mirada de atrás hacia adelante.

 La voz

El uso de la voz es determinante en la predicación. Hable como usted es, sin imitar a otro. Imposte la voz levantando más el tono. para que surja una tonalidad más brillante. Nunca comience gritando, pues así le rechazarán desde el inicio. La voz se usa como la palabra escrita de un periódico, que contiene siempre todo tipo de letra: pequeñas, grandes, cursivas normales negritas. De igual manera existen cosas que se tienen que decir con fuerza, en voz baja, llamando la atención, subrayando, lentamente, enfatizando, aclarando, etc. Es indispensable saber poner el énfasis donde se necesita.

Hay ocasiones que impacta más la voz suave, para atraer la atención, porque la gente no quiere perder ni una sola palabra. El éxito no está en el grito, sino en el valor de lo que usted está diciendo para ellos. El decirlo de manera natural y sincera hará que reciban mejor su mensaje.

Ejemplo: -Ahora les voy a decir un gran secreto pero no se lo digan a nadie Entonces, con voz; muy suave, añade: -Hay más alegría en dar que en recibir-. (Hech. 20, 35).

Con la voz hay que tener cuidado en lo siguiente:

 Evitar la voz sobremodulada, demasiado estudiada, que parece ficticia.

 La voz tímida, temblorosa e insegura que se apoya en constantes frases o muletillas: ¿verdad?, éste... ¿si?, ¿no? ¿me entienden?

 La voz chillona que molesta a los oyentes.

 La voz arrastrada, que embarra todas las palabras y no se entiende nada.

Para identificar estos u otros problemas es bueno analizarse en una grabación. También se le puede pedir a un amigo que le señale las fallas, pues casi siempre un predicador es el último en saber sus defectos.

Vocalice. Deletree cada vocal, especialmente la "e", que es la clave para entonar su voz. Así como pronuncia la "e", pronuncie todas las vocales.

No hable con el estómago, hágalo con la boca. Que ésta sea la bocina que amplifica el sonido de su garganta y no el obstáculo que impide que se exprese nítidamente.

169  Los o os

Los ojos son la ventana del alma y elementos esenciales en la predicación. La expresión visual debe estar acorde con el tema de la predicación. Por tanto, no es concebible estar mirando al techo, ni menos al suelo. Voltear por la ventana o mirar a quien va pasando, hace que todos se distraigan. Si mira constantemente el reloj pondrá nerviosos a todos.

Un día mi hijo de 12 años me fue a buscar a la oficina para regresar a casa. Mientras caminábamos, él me contaba algo, pero yo todavía tenía mi mente conectada a los problemas de la oficina. Entonces mi hijo me dijo: -Papá. No me estás escuchando. -Por supuesto que sí te escucho, hijo- le contesté y le repetí mec nicamente lo que me acababa de decir. El simplemente me contestó: -Sí. pero no me miras...

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Tenía una característica mirada circular; lentamente paseaba sus ojos sobre todos los que lo rodeaban.

Antes de iniciar una predicac ón el orador atrae la atención mirando a todos en silencio, comenzando por los de más atrás y terminando por los de adelante. Es como recoger la atención del grupo. Y durante la charla debe mirar a todos y fijar su vista en cada persona.

Es mejor ver a los de atrás, porque así el tono de su voz va a ser más fuerte. Si mira sólo a los de adelante, su tono será más moderado. Recuerde que todos han ven do a escuchar o.

Por tanto, hable siempre para los de atrás, capte la mirada de ellos y puede estar seguro de que los de adelante lo están viendo.

 Rostro

Por lo general, hay que suavizar todos los músculos de la cara. relajarse y no fruncir el ceño.

Rostros enojados o malhumorados no son compatibles con buenas predicaciones. El rostro, ref ejo del corazón, debe estar sereno y trasmitir paz.

 Las manos

Jesús tomaba entre sus manos el pan y el vino con sus manos bendecía a los niños y con ellas curaba a los enfermos.

Las manos deben servir para dibujar lo que estamos diciendo. Son como la orquesta que acompaña a un solista. E

predicador debe sentir en sus manos cada frase que dice.

Es un arte mover las manos con suavidad elegancia y ritmo sin gestos bruscos ni ofensivos. Nunca hay que predicar con las manos en la bolsa o con objetos en ellas.

Es bueno tener a la mano un atril o mesa dónde colocar a Biblia, para ganar libertad de movimiento. El atril no debe ser tan grande que lo tape, o que sea como un muro que lo separa del auditorio.

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