Los peores augurios de crecimiento desmesurado para la Inglaterra futura, lejos de cumplirse resultaron ser muy inferiores a lo esperado. La crisis del petróleo del 73 sume a buena parte del planeta en una tesitura de grave recesión económica. Inglaterra no escapará de esta situación; a partir de 1974 el “boom” económico se estanca y el país comienza a sufrir una fuerte caída productiva y en consecuencia demográfica. Un contexto nada halagüeño al que habrá que añadir un panorama político ciertamente complicado, donde ni Laboristas ni Conservadores consiguen la mayoría suficiente para gobernar tras las elecciones generales celebradas ese mismo año.
Todo este conjunto de circunstancias dará lugar a un cambio de patrones en lo que a planificación territorial se refiere: -Disminución de la presión edilicia por la caída demográfica102.
Esta recesión, además producir una pérdida de población en las áreas urbanas mayores, lentificará el crecimiento de las ciudades situadas más allá de los límites del Green Belt; su consecuencia directa: la reurbanización intensiva de las ciudades existentes frente a las de nuevo desarrollo ubicadas fuera del borde exterior de éste.
El documento “Strategy for the South East; 1976 Review” será el encargado de revisar las políticas de desarrollo para la región Sureste, sin duda la más afectada por este fenómeno, fijando como estrategia principal la regeneración del Londres central en un intento de frenar el continuo descenso de población.
-Reestructuración espacial del sector industrial103.
En la búsqueda de una mejor competitividad productiva, ante las altas tasas-costos de los terrenos donde están situados y la falta de espacio para expandirse, el sector productivo comienza a abandonar las áreas urbanas, cerrando sus instalaciones y diseminándose a lo largo de la “outer city” donde los costos son menores y la accesibilidad mejor.
-Reestructuración del sistema de planificación ingles104.
La lentitud en el proceso de redacción y aprobación de los planes, la inflexibilidad que generaba la supremacía del Gobierno Central en el sistema planificador y la falta de participación pública, hace que los planes de desarrollo instituidos
Figura 48. Paisajes dañados y amenazados en el London Green Belt, 1976.
(Fuente: “London’s Green Belt: containment in practice”; Munton, Richard.)
105 Counties y Districts. Son el resultado de la reforma del
Gobierno Local inglés de 1974. Del hasta ahora sistema administrativo formado por los County Boroughs o Municipios de Condado, se pasará a un sistema jerárquico dual: los
Counties o Condados y en un grado inferior los Districts o Distritos. Esta reestructuración supuso la fusión e incluso aparición de nuevas identidades geográfico-administrativas, lo que a su vez dio lugar a una redefinición de los límites de los
Green Belts.
106Munton, Richard (1983). London’s Green Belt: containment in
practice. Capítulo 1: “London’s Green Belt: an historical perspective; Coping with growth”, pág. 19.
107Íbid. Capítulo 1: “London’s Green Belt: an historical perspective; The
recent past: changing economic fortunes and environmental concerns”, págs.25-29
hasta ahora en virtud de la Town and Country Planning Act 1947, se vean modificados. Aparecerán dos nuevas herramientas de planificación: los Structure Plans o planes estratégicos de ámbito general elaborados por los Counties o Condados y los Local Plans redactados por los Districts o Distritos105 -un símil de nuestro nivel municipal-. Serán piezas planificadoras jerárquicas pero también complementarias: todo lo determinado en los Local Plans será recogido por su entidad superior. Aunque a efectos de tramitación esta reestructuración no otorgará la flexibilidad y rapidez esperada, pues el esfuerzo de garantizar la coherencia de cada Local Plan dentro de su jurisdicción superior aumenta exponencialmente, la descentralización del sistema de planificación otorgará un mayor papel protagonista a las Autoridades Locales en lo que al Green Belt se refiere; ellas serán las responsables de fijar la estrategia a seguir, la definición y justificación de sus límites, así como de controlar el desarrollo dentro de su figura.
Esta serie de realidades situará al Green Belt en un nuevo escenario de actuación: aunque el éxito de su figura continúa siendo evaluado en función de su capacidad contenedora, el descenso de la presión desarrollista comienza a abrir una nueva línea de debate en lo que al mantenimiento y calidad de sus tierras se refiere. Las cuestiones ambientales comienzan a emerger al tiempo que algunos sectores critican la falta de preocupación de la vigente Circular 42/55 en lo referente al positivo uso de los terrenos del Green Belt106; ante esta situación, el Gobierno se verá obligado a realizar un análisis de su situación.
El objeto de estudio, como es habitual en todo lo que concierne a la evolución de esta figura, resultará ser el London Green Belt107. La Standing Conference on London and South East Regional Planning (1976) a través del informe: “The improvement of
London’s Green Belt”, realizará una descripción del estado del Green Belt así como una enumeración de aquellos paisajes que deberían ser mejorados. En él se definirán dos tipos de paisaje no deseado: los damaged landscapes o paisajes dañados y los threatened landscapes o paisajes amenazados; los primeros (terrenos industriales abandonados y lugares asociados con canteras o escombreras), requerirán una mejora urgente del paisaje ante su grave deterioro, pues su situación podría suponer la pérdida de designación del Green Belt además del deterioro de zonas adyacentes. Los segundos serán áreas generalmente vinculadas a la periferia urbana, donde la incorrecta gestión agrícola y forestal ha generado la aparición de fenómenos no adecuados: límites descuidados, establos o instalaciones de utilidad pública. Se definirá la necesidad de disponer de medidas que ayuden a la regeneración o a la prevención allí donde el paisaje no esté tan deteriorado.
A pesar de que la identificación de estos dos tipos de paisaje se realizó de una manera bastante superficial y lamentablemente dicho informe se quedó en un simple intento, su redacción y conclusiones imparten un mensaje claro: el control contra el desarrollo no asegura por sí mismo el adecuado mantenimiento de las áreas más próximas a los bordes urbanos. Comenzará a abrirse por tanto, un punto de inflexión hacia un tema clave: el mantenimiento paisajístico del Green Belt. Su puesta en escena será lo que quizá a partir de ese momento, otorgue la credibilidad necesaria para justificar a la que hasta día de hoy es la función insignia de su existencia, la capacidad contenedora contra el crecimiento edilicio.
Figura 49. Adquisición de espacios libres públicos. Greater London Plan (1944)
En NEGRO el suelo adquirido a través de la Green Belt Act 1938; en VERDE terrenos en vías de adquisición durante la redacción del Plan; en AMARILLO aquellos propuestos por dicho Plan como parte del futuro sistema de espacios libres.
(Fuente: “Greater London Plan 1944”; Abercrombie, Patrick.)
108Rasmussen, Steen Eiler (2010). Londres, ciudad única; capítulo
5: “El Origen de los Campos de Recreo”, pags. 61 y 75.
109 Fields in Trust (formerly The National Playing Fields
Association) (2001). Planning and Design for Outdoor Sport and Play. Appendix A: “The Historical Development of the Six Acre Standard”. Véase: www.fieldsintrust.org
110 Estándar mínimo. Actualmente la National Playing Fields
Association (NPFA), fija como provisión de suelo para uso recreativo la denominada The 6 Acre Standard (casi 2,5ha), estándar utilizado ampliamente por las Autoridades Locales a la hora de definir nuevas áreas de desarrollo.
www.fieldsintrust.org
111Elson, Martin J (1993). The leisure use of Green Belts and Urban
Fringes.