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2. La cortesía

2.2. Los estudios de la cortesía

2.2.8. Haverkate y su concepto de cortesía verbal

Unos años más tarde, Haverkate (1994), desde un punto de vista pragmalingüístico, basándose en las teorías de los actos de habla de Searle (1969), las máximas conversacionales y de cortesía de Grice (1975) y de Leech (1983), en la cortesía verbal de B/L(1987) y en la relevancia de Sperber y Wilson (1986, 1994), establece su postulado de cortesía verbal. Haverkate también se basa en el concepto de imagen de B/L y nos habla de imagen o cortesía positiva y negativa, relacionado más bien con las normas de Lakoff (1973); es decir, la cortesía negativa estaría manifestada a través de la normas “No impongas tu voluntad al interlocutor e indica opciones”, y la cortesía positiva a través de “Haz que tu interlocutor se sienta bien; sé amable.” (cf. Haverkate, 1994). Según él:

“[…] ningún hablante, cualquiera que sea su lengua materna, es capaz de expresarse de forma neutra: sus locuciones son corteses o no lo son, lo cual equivale a afirmar que la cortesía está presente o está ausente, no hay término medio. Este fenómeno no se debe considerar aisladamente, ya que se deriva de la naturaleza del comportamiento humano en general.” (Haverkate, 1994: 17).

Haverkate, basándose en que “la racionalidad constituye la base de la cortesía en general y […] de la cortesía lingüística en especial” (Haverkate, 1994: 33), hace una “valoración del balance coste-beneficio”, es decir, de las ventajas y desventajas que los interlocutores tienen en una conversación. Y nos dice que el hablante elegirá una estrategia de cortesía que le suponga un menor coste verbal para alcanzar su objetivo, pero enfatiza que “la cortesía no es propia de determinadas clases de oraciones, sino de locuciones en una situación comunicativa específica” (Haverkate, 1994: 38) y pone el ejemplo de un

imperativo, que, según el contexto, puede interpretarse como exhortación cortés y, por lo tanto, redundar en beneficio de ambos. Esto evidenciaría la importancia del contexto situacional para la correcta interpretación de la oración o para poder detectar la cortesía. En este respecto afirma Haverkate:

“[…] el hablante racional busca un equilibrio entre coste verbal y beneficio interactivo, guiándose tanto por su relación social con el interlocutor como por la índole de la situación comunicativa.” (Haverkate, 1994: 39).

Por ello, Haverkate es de la opinión que la cortesía no es una acción autónoma, sino que está integrada en toda la acción verbal, y es por eso, que se puede considerar “un subacto del acto de habla” (cf. Haverkate, 1994: 50). Según Haverkate, estos subactos son actos opcionales que sirven de soporte al acto ilocutivo central.

Para poder estudiar la cortesía dentro de la interacción comunicativa, Haverkate hace un análisis tipológico, oponiendo varios niveles (cf. Haverkate, 1994: 53). Siguiendo la ramificación de la cortesía + comunicativa, + lingüística llegamos a la cortesía + metalingüística, que se subdivide en comunicación fática y etiqueta conversacional. La primera se refiere a establecer o mantener el contacto social y la segunda al comportamiento conversacional en general. A ambas finalidades de la cortesía metalingüística, Haverkate las considera dependiente de la cultura en cuestión, y por lo tanto, no universal. (cf. Haverkate, 1994: 66 ss).

Haverkate establece unas estrategias que utiliza el hablante cortés para mitigar el contenido de su proposición y distingue entre:

“[…] la modificación semántica y la modificación pragmática de la proposición. Esta categoría se divide en dos subcategorías: locuciones performativas atenuadas y manipulaciones del valor veritativo.” (Haverkate, 1994: 117).

Las locuciones performativas atenuadas establecen la distancia formal entre la expresión de la fuerza ilocutiva atenuada y el contenido proposicional. Las manipulaciones del valor veritativo se manifiestan a través de estrategias léxicas y deícticas. Haverkate establece una tipología de estrategias basadas en los actos de habla corteses (cortesía intrínseca) y no corteses (cortesía extrínseca).

Haverkate (2003) también realiza una análisis de la cortesía comunicativa española contrastándola con la holandesa. Para ello, toma como base la distinción que efectúan B/L entre culturas de cortesía negativa y culturas de cortesía positiva y afirma que, desde un punto de vista intercultural, sí se puede hacer “una división general o incluso universal entre culturas de cortesía positiva y culturas de cortesía negativa” (Haverkate, 2003: 60). Este autor hace un análisis contrastivo de los actos de discurso, o sea, “los actos de habla incrustados en una situación comunicativa concreta” (Haverkate, 2003: 62), estudiando los actos asertivos, directivos y expresivos y llega a la conclusión, que “la cortesía española forma parte de la clase de las culturas en las que la cortesía positiva constituye el centro de gravedad.” (Haverkate, 2003: 70).

Nosotros opinamos que, aunque sí puede haber una diferencia entre la cultura holandesa y la española referente a la imagen, pudiendo clasificar la cortesía holandesa de cortesía negativa, no ocurre lo mismo con la española. En la

cortesía española no se observa el aspecto positivo de la imagen, que incluye el deseo de que ésta sea apreciada y aprobada por los otros, sino que se corresponde más bien con los conceptos propuestos por Bravo (1999) relacionados con las categorías de “autonomía” y “afiliación”7.

2.2.9. Chodorowska-Pilch y su concepto de formas verbales como implicatura gramaticalizada de la cortesía

Chodorowska-Pilch (1998) en su disertación se pregunta cómo contribuyen las formas lingüísticas a la manifestación de la cortesía. Ella amplia la teoría de la gramaticalización, sobre todo de Hopper y Traugott (1993), y se basa en las categorías de tiempo, aspecto y modo. Chodorowska sugiere que el uso de formas verbales sea considerado una implicatura gramaticalizada de la cortesía. Esta autora es de la opinión de que las figuras semánticas de ciertos verbos requiere mitigación para suavizar el contenido proposicional de esos verbos y concluye que hay dos factores que motivan la cortesía, a saber, el significado proposicional impositivo de los verbos y/o la fuerza ilocutiva de los actos de habla. Los actos de habla impositivos que ella estudia son: las preguntas directas, las preguntas indirectas, los enunciados impositivos, las peticiones, las peticiones indirectas, las sugerencias, las explicaciones, las ofertas y las promesas. (Chodorowska, 1998: 37-42). Su hipótesis es que la cortesía depende de la

7Véase apartado 2.3.

distancia interpersonal/interaccional entre el hablante y el oyente, por lo que postula lo siguiente:

(i) [...] if the utterance is removed from the actual and/or factual perspective, the expression of politeness of this utterance will increase. [...] (ii) [...] if the utterance is hearer-oriented the expression of politeness is greater than for a speaker-oriented utterance. (Chodorowska, 1998: 42-43).

Unos años más tarde, en el año 2003, Chodorowska-Pilch hace un estudio sobre las ofertas corteses en español peninsular, basándose, sobre todo, en las máximas de cortesía de Lakoff (1973), en el concepto de imagen tanto positiva como negativa de B/L (1987) y en el concepto de gramaticalización de Hopper y Traugott (1993), y llega a la siguiente conclusión:

“El significado de la oferta cortés está convencionalizado sólo en determinados actos de habla, que pueden acompañar o formar parte de estas ofertas mitigadas […] Determinados verbos (poder, querer), construcciones (condicionales) y formas verbales (el imperfecto, el condicional, el futuro y el presente del subjuntivo) son recursos de los que se pueden valer los interlocutores para el mantenimiento de las reglas de cortesía en las ofertas.” (Chodorowska, 2003: 314).

Los recursos lingüísticos propuestos por Chodrowska-Pilch también los observamos en nuestro corpus, aunque no partimos de la misma base, es decir, nosotros no nos basamos en el concepto universal de la imagen negativa de B/L (1987); ya que para poder caracterizar la imagen, hay que relacionar comportamientos comunicativos con contextos culturales y situacionales.