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Hermenéuticas corporales en la danza actual

El cuerpo, es hoy, en la danza, el problema.

susAnA tAmButti

En la concepción moderna del cuerpo se establece una triple ruptura del sujeto con los otros, con el cosmos y con él mismo: individualismo social, la “exclusividad” de la materia compositiva del cuerpo respecto

al resto del universo y la posesión de un cuerpo a diferencia de ser un

algunas sociedades tradicionales, contrapuesto al hegemónico saber racional. Tal vez sea necesario plantear el análisis del lenguaje corporal en las perspectivas contemporáneas de la danza y las artes del movi-

miento como parte de uno o más saberes dirigidos, por un lado, a cons-

tituir una hermenéutica corporal no exclusiva de estas disciplinas y, por otro, a enmarcar los estudios teóricos del cuerpo dentro de existentes o nuevas aproximaciones. Tambutti señala las diferencias fundamentales entre las concepciones contemporáneas del cuerpo en la danza y la del

pensamiento dominante hasta mediados del siglo XX. Tanto en la danza clásico-romántica como en la danza

moderna, la esencia corporal no consistía en aquellas

características cualitativas a las que llegamos por la ob- servación sensorial sino en una estructura geométrica

subyacente, en el atributo del cuerpo de ser extenso en

las tres dimensiones, cuerpo-contorno donde se desplie-

gan formas ya que su naturaleza no es más que espacio

geométrico. (2008: 6)

Las modiicaciones más radicales en la danza suceden a partir de la segunda guerra mundial, cuando el bailarín desarrolla una nueva habi-

lidad, “debía templar los sentidos más internos de su cuerpo, ser sensi-

ble a las luctuaciones de energía, explotar sus relaciones con el espacio y también con el mundo” (2008: 8). La evidencia palpable del cuerpo se hace explícita en las nuevas propuestas coreográicas; la transpira-

ción, la inestabilidad, el sometimiento a la gravedad, a la decadencia y

a la transformación. “Desde entenderlo como ser-en-el-cosmos, y como conteniendo el cosmos dentro de sí mismo, hasta fundirlo en el contac-

to con otros cuerpos, los coreógrafos exploraron esos cuerpos hasta el fondo, observando su comportamiento y reacciones” (2008: 8).

Una de las corrientes creadas en los años setenta, el contact impro-

visación, propone fundamentalmente, en palabras de Steve Paxton, “la relación recíproca de dos cuerpos que no tienen existencia independien-

temente uno del otro” (citado por Bents, 1981: 1). El trabajo en contact

puede ubicarse en la concepción corporal de las sociedades tradiciona-

les a las que hace referencia Le Breton, un trabajo en comunidad en el que se percibe el propio cuerpo como una extensión del cuerpo del otro. Paxton dirigió la investigación hacia la posibilidad de un entrenamiento

sensorial y de “generar un estado en el que la voluntad no sea el motor

de la acción” (Bents, 1981: 1). La hermenéutica corporal en el contact

del sujeto con él mismo, con el otro y con el universo. Hacia inicios de

la década de 1980 encontramos diversos procesos similares en las co-

rrientes de la danza y el movimiento.

El hecho de “experimentar” el cuerpo no solo modiicó las relaciones establecidas hasta ese momento entre cuer-

po como medio y cuerpo como in, sino también podría decirse que este cuestionamiento implicaba una doble situación: yo habito en mi cuerpo, pero a la vez, yo me re-

presento habitando este cuerpo que es el mío. (Tambutti,

2008: 8)

Sin embargo, esta evolución conceptual pertenece solo a algunas disciplinas especíicas y altamente delimitadas, a una “cultura erudita” del cuerpo, como la llama Le Breton. En la cotidianidad del trabajo físico o mental y del lenguaje corporal urbano, el “borramiento” ritual, el dua- lismo y la triple ruptura derivada de este, permanecen.

El desgaste nervioso (stress) tomó, históricamente, el lu- gar del desgaste físico. La energía propiamente humana (es decir los recursos del cuerpo) se volvió pasiva, inutili-

zable; la fuerza muscular ha sido relegada por la energía inagotable que proporcionan los dispositivos tecnológi-

cos […] esto no deja de tener consecuencias en el placer

sensorial y cinético. (2002: 161-163)

El problema hoy, en la danza, es el cuerpo. Más allá de “el cuerpo para la danza”, a partir del uso de la tecnología y los nuevos medios, aparece como problema-oportunidad el cuerpo del espectador. Las

prácticas, los discursos y el análisis de este arte en el que la audiencia inicia, por medio de la mirada, “una respuesta cinética o una empatía

física con el bailarín” (Paxton, 1987: 1), requieren cuestionar los límites de su exclusividad artística en la imperante necesidad de los cuerpos que la contienen, el cuerpo social. La conclusión de Tambutti remite al hombre “inmigrante del tiempo” de Margaret Mead, citado por Le

Breton.

Hoy en el siglo XXI las propuestas muestran cuerpos

como galaxias en fuga, cuerpos desintegrados por la velocidad y el impacto tecnológico. Cuerpos viajeros del

tiempo. Cuerpos incluidos en nuevas imágenes cinéticas,

se están haciendo cosmos con inauditas transformacio-

nes. Esta terrible certeza es el hallazgo metafísico de la danza del siglo XXI. (Tambutti, 2008: 9)

Representación sensorial en danza y performance audiovisual