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enclave, empresarios agrícolas, campe- sinos y trabajadores bananeros, In the Shadows of State and Capital es un vibrante relato sobre las relaciones entre los procesos de producción, los conflic- tos y la intervención del Estado en una situación histórica dinámica. En esta reseña he optado por realizar una sínte- sis de sus principales análisis y datos que son novedosos y sorprendentes.

La instalación de la United Fruit en el Ecuador estuvo precedida por una disputa con otros capitales transnacio- nales y el mal de Panamá que afectó sus plantaciones en América Central. Es importante considerar –como lo hace Striffler– que el Estado ecuatoriano se convirtió en un terreno de disputa en torno a los intereses que implicaba el establecimiento de la transnacional ba - nanera en la década de 1930. La exten- sión nominal de Tenguel era de 100.000 hectáreas, pero la United Fruit donó al Estado ecuatoriano 80.000 hectáreas montañosas. El dominio efectivo de la hacienda era de 22.000 hectáreas. El centro poblado donde funcionaba Tenguel tenía una iglesia, viviendas para los empleados administrativos y los tra- bajadores, un hospital, cines y tiendas para abastecimiento de alimentos; un ferrocarril interno comunicaba las dis- tintas secciones de la hacienda con un puerto. A fines de la década de 1940 empleaba alrededor de 2.000 trabaja- dores, una parte de ellos fue reclutada fuera de la zona, junto a empleados administrativos, técnicos y profesiona- les. A mediados de los años cincuenta y en los períodos de mayor actividad empleaba a cerca de 3.500 trabajado- res. En el contrato colectivo suscrito en

1959, figuran alrededor de 1.200 traba- jadores. Entre 1930 y 1960, la hacienda Tenguel articuló y dinamizó mercados regionales y redes de transporte, lo que cuestiona la imagen tradicional de los enclaves como circuitos cerrados y carentes de conexiones con el exterior. Cuando el banano se convirtió en los años cincuenta en un rubro dominante de las exportaciones agrícolas ecuato- rianas, la producción de Tenguel repre- sentaba el cinco por ciento de las expor- taciones bananeras.

Los trabajadores de la United Fruit ganaban buenos salarios pero la empre- sa tenía mucho empeño en vigilar la posibilidad de que éstos pudieran for- mar organizaciones laborales. Además, la hacienda tenía una policía privada, mientras que la policía nacional se encontraba en Balao, en los límites de la propiedad. El pago de altos salarios y la oferta de bienes de consumo a bajos precios en sus almacenes, parece haber sido una respuesta a la posible interven- ción estatal y dar un trato diferente al que se ofrecía a los trabajadores de las plantaciones bananeras centroamerica- nas. Los modos de sociabilidad del per- sonal tales como clubes separados para empleados administrativos, trabajadores especializados y trabajadores agrícolas también eran fomentados por la admi- nistración. El establecimiento de los tra- bajadores con sus familias completaba el cuadro de Tenguel como un centro poblado administrado al margen de la presencia estatal. En suma, la clásica imagen de un “company town”.

Ante la posibilidad de que surja una organización laboral, la empresa creó una organización proclive a ella. El desa-

rrollo del sindicalismo y la legislación laboral en las décadas de 1930 y 1940 constituían amenazas para una empresa de capital norteamericano que tenía una alta concentración de trabajadores. El sindicato controlado por la hacienda fun- cionó hasta fines de los años cincuenta cuando empezaron los despidos a conse- cuencia del mal de Panamá que afectó los cultivos. En una nueva situación con la restricción de los servicios y el dete- rioro de las condiciones laborales, se hicieron presentes la Federación Provincial de Trabajadores del Guayas y los abogados del Partido Comunista. Además, la coyuntura de la revolución cubana en 1959 y la elección de Velasco Ibarra en 1960 crearon un entorno favo- rable a la reivindicación y demanda de reforma agraria y la crítica a la United Fruit. Precisamente, en la campaña elec- toral de 1960, el contendor de Velasco Ibarra fue Galo Plaza, quien había escri- to junto a Stacy May The United Fruit in Latin America, un libro favorable a la empresa. En marzo de 1962, la hacienda fue invadida por los trabajadores, un hecho de amplia repercusión que fue registrado en unas crónicas de la perio- dista alemana Lilo Linke.

Si bien la hacienda pretendía tener claros sus límites territoriales, existían zonas ocupadas por campesinos que cuestionaban la propiedad. Estos fueron los casos de la comuna Mollepongo y la Colonia Agrícola Shumiral. La comuna Mollepongo disputaba 2.000 hectáreas y fue un largo conflicto entre fines de los años treinta y mediados de los años cin- cuenta. Este conflicto evidenció la natu- raleza fragmentaria del Estado puesto que los campesinos de Mollepongo

tuvieron la capacidad de crear vínculos con funcionarios estatales que estaban a su favor y en contra de la transnacional. Como postula Striffler: “Es la naturaleza de la presencia del Estado, no su ausen- cia, lo que necesita explicación” (p. 79). De modo que la penetración del capital extranjero siempre tuvo que toparse con el carácter contradictorio de las institu- ciones estatales. La comuna de Molle - pongo contó con la ayuda del Teniente Político de Balao y el apoyo de funcio- narios del Ministerio de Previsión Social en circunstancias difíciles, y en su dis- puta obtuvieron finalmente 3.000 hec- táreas que fueron legalizadas en 1955. El caso de Shumiral era diferente, se tra- taba de ex trabajadores de Tenguel que habían ocupado una sección del nores- te de la hacienda cerca de las estriba- ciones de la cordillera. El litigio de los campesinos de Shumiral iniciado en 1955 concluyó en 1960 cuando la Uni - ted Fruit aceptó vender 2.500 hectáreas a un precio simbólico. Esta contienda se fundamentó en que las tierras margina- les de Tenguel eran terrenos baldíos. Los casos de Mollepongo y Shumiral podrí- an ser asimilados al “asedio externo” que Rafael Baraona propuso en su estu- dio de las haciendas de la sierra ecuato- riana.

El éxito de los campesinos de Shu - miral fue un estímulo a la demanda de tierras de los trabajadores de Tenguel en momentos de disputa por la reforma agraria. La dictadura militar de 1963- 1966, expidió una Ley de Reforma Agraria en 1964 y Tenguel fue uno de los proyectos emblemáticos de inter- vención del IERAC. Aunque una parte de la hacienda fue entregada a los ex

trabajadores, grandes extensiones se vendieron a terratenientes y capitalistas. La United Fruit patrocinó algunas coo- perativas rivales de la cooperativa “Juan Quirumbay” que representaba la conti- nuidad de los trabajadores sindicaliza- dos, en un ambiente de control y repre- sión militar.

La finalización del enclave banane- ro de la United Fruit también fue acom- pañado más tarde por la terminación del enclave bananero de la compañía sueca Aztral en Esmeraldas. El cambio de la variedad de banano Gros Michel a Cavendish significó un nuevo escenario con la presencia de Dole (Standard Fruit) y Chiquita (United Fruit) que con- trolaron la producción a través de la asociación con productores locales medianos y grandes que tenían la capa- cidad de realizar fuertes inversiones de capital. Además, la presencia del Ecua - dor en el mercado norteamericano había disminuido. La reforma agraria facilitó el aparecimiento de un estrato de empresarios agrícolas bananeros en la costa sur. Lo paradójico, como señala Striffler, fue que muchos trabajadores de Tenguel que se tornaron en pequeños propietarios, vendieron la tierra y se convirtieron después en trabajadores de las empresas bananeras. Esto ocurrió en el marco de una desestructuración de las cooperativas constituidas para acce- der a las tierras de Tenguel, por lo que, la salida de la United Fruit fue aprove- chada por el empresariado bananero de la provincia de El Oro.

Un nuevo escenario se produjo desde fines de la década de 1960 cuan- do ocurrieron invasiones de haciendas que no estaban adecuadamente cultiva-

das en la zona de Tenguel y Balao. La nueva Ley de Reforma Agraria de 1973 y la permisividad del gobierno militar de Rodríguez Lara permitieron durante un breve tiempo el apoyo a las organi- zaciones campesinas aunque a nivel local era frecuente encontrarse con autoridades, fuerzas policiales y milita- res opuestas a la acción colectiva cam- pesina. La invasión a la hacienda Balao Chico fue una de las acciones más rele- vantes puesto que tuvo una masiva par- ticipación campesina e impacto en la opinión pública. Entre 1973 y 1976 se desarrolló una ola de movilizaciones en la costa sur que derivó en la conforma- ción de la UROCAL (Unión Regional de Organizaciones Campesinas del Litoral) en la que jugó un papel preponderante la Colonia Agrícola de Shumiral como una organización articuladora de las de - mandas campesinas en la zona de Ten - guel-Balao. Striffler presta atención a la función cumplida por el Grupo Puca rá conducido por el sacerdote Hernán Ro - das. Esta presencia de activistas exter- nos que fueron acusados de incitar la acción campesina, representaba la corriente de la teología de la liberación unida a la investigación acción como método de trabajo, muy en boga en aquel tiempo en América Latina. La cre- ación de la UROCAL en 1976 coincidió con el cierre de la reforma agraria ini- ciada en 1973 y se produjo el reempla- zo por programas de desarrollo rural integral que proponía una diferente intervención del Estado en el agro. Aunque la UROCAL expresaba una orientación radical, una parte de sus bases provenía de una tradición organi- zativa iniciada a mediados del siglo XX.

Junto a las nuevas condiciones impuestas por la restricción de la refor- ma agraria se presentó un cambio en el vínculo con el Estado. La creación de FODERUMA (Fondo de Desarrollo Rural Marginal) por el Banco Central en 1978 fue una propuesta dirigida a crear vínculos entre una institución estatal y las organizaciones campesinas median- te proyectos de crédito, producción y comercialización. De este modo, la UROCAL se convirtió en una organiza- ción que administraba los recursos otor- gados por FODERUMA en la zona y por un tiempo fue eficaz en aglutinar orga- nizaciones en torno a proyectos de pro- ducción y organización. Como afirma Striffler, la UROCAL “fue transformada desde una organización diseñada para coordinar la lucha por la tierra en una que representaba a los campesinos en su lucha por adquirir recursos del Estado” (p.180). Y así, no podía respon- der a las demandas de los campesinos sin tierra. Esto produjo una nueva diná- mica e intereses entre un estrato de diri- gentes profesionalizados y adicional- mente el aparecimiento de organizacio- nes de mujeres que tenían finalidades circunscritas a cuestiones de salud y educación. Sin embargo, el rol sociopo- lítico de la UROCAL fue muy evidente al dirigir una huelga de productores de cacao en julio de 1981 en demanda por mejores precios. Pero desde mediados de los años ochenta sus organizaciones afiliadas tendieron a perder representa- tividad cuando surgió la minería de oro en la parroquia Ponce Enríquez.

Con el dominio de la agricultura de contrato implantada desde mediados de la década de 1970, las empresas trans-

nacionales ya no tienen la propiedad de plantaciones y establecen relaciones con empresarios bananeros que les pro- veen de la fruta en la costa sur. En estas circunstancias predomina la presencia de trabajadores temporales que carecen de derechos laborales y tienen bajos salarios. El hecho de que circulen de una propiedad a otra con ciclos irregu- lares de trabajo, hace que sea una mano de obra difícil de ser organizada en sin- dicatos. Son trabajadores que solo se piensan a sí mismos en tránsito a otra actividad laboral distinta a la agrícola en el futuro. Dice Striffler que no desa- rrollan una identidad como trabajadores y que en su horizonte tampoco está la búsqueda de organizaciones y dere- chos. No obstante, se requieren mayo- res estudios sobre la conformación de los mercados locales de trabajo y la naturaleza del trabajo temporal que incluye mujeres trabajadoras en las empacadoras.

Los datos presentados en este libro fueron recopilados a mediados de los años noventa y quizá lo que ha variado es la existencia de grupos exportadores regionales en conflicto con productores locales de banano. Sin embargo, la perspectiva de larga duración que pro- vee Striffler hace que esta contribución al conocimiento de la historia rural de la costa ecuatoriana sea también un acer- camiento vital a las transformaciones de campesinos y asalariados agrícolas pen- sados en muchos análisis solamente a través de la problemática limitada de la pobreza rural. Y por supuesto, sus observaciones sobre los cambios en el Estado y su naturaleza fragmentaria son un llamado de atención para examinar