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Hipótesis explicativa acerca del escaso impacto internacio nal y propuestas

Áreas, disciplinas, instituciones y tendencias: ¿Innovaciones?

III- Hipótesis explicativa acerca del escaso impacto internacio nal y propuestas

Esto conduce a la siguiente hipótesis, afirmada por una parte en numerosas prue- bas y, por otra, en el sentido común, entendiendo además, que se trata de un fenó- meno complejo y sobre el cual inciden causas variadas y en diversos grados según situaciones específicas. Por ello no parece posible entregar una causa única y de un valor constante. Dicho esto, pienso que la causa principal es que no estamos elaborando ideas suficientemente innovadoras, interesantes y significativas para

diversas regiones del mundo. Es decir, la falta de impacto es un indicador de falta de innovación, relevancia, novedad, interés, renovación, importancia, originalidad, etc. Y reitero palabras muy cercanas revoloteando en torno a la idea, para no ama- rrarme a un solo concepto que sirva de pretexto a algunos para negarse a entender. ¿Por qué es importante el impacto internacional, la inserción y la potenciación? Pensar la inserción internacional no significa necesariamente pensar para la con- quista, como ha sido tan frecuente para las intelectualidades del centro. Un desa- fío clave es conseguir presencia sin imaginar conquista, al menos no en el sentido fuerte. Quizás sí en el blando, como cuando se habla de conquistar mercados. La inserción internacional se considera por una parte un logro y por otra un desa- fío para diversos gremios: diplomacia, empresariado, exportadores, cámaras de comercio, universidades e instituciones educacionales y, por qué no, la propia comunidad académica. La vitalidad y valor de una intelectualidad se mide, en- tre otras cosas, por su capacidad de proyectar sus ideas más allá de su propio ecosistema. Este hecho no deriva únicamente de la propia intelectualidad, sino de varios otros factores, por ejemplo de los éxitos del o los países en que están ubicados los ecosistemas intelectuales, como también de las políticas estatales de proyección cultural. Los ecosistemas más brillantes pueden medirse por esa capacidad: Viena a comienzos de siglo xx es el caso paradigmático.

Entonces, junto con preguntarse por qué tenemos poco impacto en la intelectua- lidad global, es importante preguntarse por qué no estamos siendo capaces de generar ideas suficientemente interesantes, además de no ser capaces de circular lo poco que poseemos. ¿Qué es lo que nos falta? ¿Cómo cultivarlas? ¿Cómo pro- vocarlas? ¿Cómo potenciarlas? ¿Qué operaciones de ingeniería eidética llevar a cabo para construirlas? ¿Cuáles fueron los ecosistemas intelectuales surame- ricanos más productivos en los largos 1960s y qué características tenían? ¿Qué ocurrió en la Viena de comienzos del xx que potenció a tal cantidad de figuras? ¿Cómo fue que la historiografía bengalí posibilitó el subalternismo? ¿Qué ha he- cho París por 200 años y más, para potenciar y acoger a tal cantidad de genios? ¿Cómo fue que Argentina ganó 3 Nobel de ciencias en un periodo tan breve, y por qué dejó de ganarlos? ¿Cómo hizo Estados Unidos para atraer tantas figuras geniales? Y ¿qué podemos replicar de estos u otros casos exitosos, y cómo no replicar tantos más casos opuestos, donde se ahogó o espantó la inteligencia y la creatividad, de lo cual, en ocasiones, aprovecharon precisamente otros ecosiste- mas que las acogieron?

Pienso que tratar de responder a esto es uno de los principales desafíos para nuestros estudios eidéticos. Para este espacio disciplinar una de las principales preguntas es por qué o cómo es posible que existan ecosistemas más creativos y/o innovadores, y/o productivos, y/o no sé cómo decirlo. Para el caso surameri-

cano actual, apunto las siguientes contribuciones, que no son causas suficientes, ni todas siquiera necesarias: institucionalidad intelectual eficiente, capacidad de convocar y retener talentos, coincidencia de numerosos talentos que se sinergi- cen para el despegue, seguridad laboral, libertad de pensamiento-expresión en el sistema político y en la institucionalidad académica, políticas de proyección de la intelectualidad más allá de las fronteras, comunicación intelectual fluida con otros ecosistemas y con la sociedad, existencia de un clima social de alta emocionalidad —en el sentido de una sensibilidad exaltada y emotiva—, confianza-motivación (en ningún caso seguridad) que el quehacer intelectual se revertirá en acciones efica- ces, desafíos desde la sociedad a la intelectualidad, independencia de pensamiento —en el sentido de no estar atado a ortodoxias—, irrupción de nuevas generaciones intelectuales no inhibidas por las mayores, coyunturas internacionales favorables —en el sentido de receptivas, apoyadoras y articuladoras—, existencia de un vacío de ideas en ciertos ámbitos; varias o todas las anteriores en un círculo virtuoso. Sea como fuere, y copio de un texto publicado ya hace unos años,

el freirismo fue un boom espectacular a cuatro años de su publicación, por ejemplo en Francia, La educación como práctica de la libertad se ha- bía editado ya 13 veces. Pasa con Freire algo similar a lo que ocurre con Gustavo Gutiérrez y su Teología de la liberación, obra maciza que es cap- tada inmediatamente por el mercado intelectual internacional, editada y comentada por todas partes, y a lo que ocurre con Dependencia y de- sarrollo de Cardoso y Faletto. En cierta manera, la producción de Freire en Chile viene a falsear mi propia tesis. Freire fue un gran exportador de ideas que se formularon en el ecosistema intelectual chileno, en el riñón de los largos 60s, pero la producción chilena o en Chile no le sirvió para hacer hibridaciones. Sólo utilizó autores leídos y citados en Chile, pero no chilenos ni residentes. Fue principalmente la sensibilidad que se vi- vía, como ecosistema intelectual, lo que le motivó, pero no la producción generada en Chile (2010).

Freire como método 3

Ya Freire señaló que la pedagogía es arte. Esto no hacía sido continuar una cos- tumbre de la cultura educacional que asocia de hecho —más que de derecho— pedagogía con poesía. La comunidad educacional tiene una propensión declama- toria, retórica y poética a la que Paulo Freire no ha hecho más que profundizar y dar fundamento, con sus palestras, sus libros, y algunos publicados por Nita Freire, su esposa:

Pedagogía de los Sueños Posibles (2001), Pedagogía de la Autonomía (2010), Pedagogía del Compromiso: América Latina y la Educación Po- pular (2008), Pedagogía de la Solidaridad: América latina y la Educación Popular (2009). Y capítulos en libros como: Pedagogía de la Esperanza (1992), Pedagogía de la Indignación (2000), Ética y conocimiento en la transformación social (2001), Pedagogía de la Tolerancia (2004). (2011, 184). Se trata de una línea de trabajo que puede decirse que culmina con el escrito de Antonia Darder sobre “pedagogía del amor” (2010), que sin duda no es lo mismo que la educación sentimental.

La pregunta por el éxito de Freire, debe estudiarse articuladamente entre el aden- tro y afuera de Suramérica; aunque no puede disolverse esa diferencia, pues va- rias pistas hacen pensar que las causas no son exactamente las mismas. La re-

ceptividad de la obra y la figura no es idéntica en la variedad de los ecosistemas. Una figura intelectual no es recibida en matemáticas del mismo modo que en pedagogía o en negocios. En temas de terapia el magnetismo personal es notoria- mente más importante que en química, y en estudios de género, la militancia más importante que en oftalmología. La emotividad de Freire, su carácter bonachón, su modestia y simpatía, le hizo ganar con mayor facilidad adeptos a sus ideas. Pero ello no es lo único, Freire fue también altamente consecuente con su mensa- je, que estaba marcado por una dimensión ético-política y ético-poética.

Freire unió conceptos felices y sonoros con alta emotividad. Su cercanía con el modelo del gurú, por aspecto y elocuencia, le permitió un relativamente fuerte impacto mediático. Freire resuena particularmente en el medio de educadores populares y escolares, gente de alta emotividad, que además tiende a presentar la educación como algo noble, elevado, importante y artístico. Ello entusiasma y

eleva el ego de un gremio que necesita de alta gratificación simbólica por lo que realiza, pues generalmente no puede aspirar a gratificación monetaria.