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2.1 Historia y discurso

2.1.4 Historia: Tiempo en el microrrelato

Cuando nos referimos a tiempo narrativo es preciso tener clara la distinción entre: tiempo del discurso, que se ocupa en la lectura propiamente dicha; y el tiempo de la historia, que es la duración de los sucesos narrados. En el microrrelato abundan ejemplos donde el tiempo del discurso es menor que el tiempo de la historia, debido a la economía del lengua- je y el uso frecuente de la elipsis; sin embargo, y de modo paradójico, habrá relatos donde el tiempo del discurso será mucho mayor al de la historia, es decir, un juego de inversión y desafío frente al carácter breve del microrrelato.

Al respecto, Chatman retoma la distinción de Gerard Gennette sobre el tiempo y sus categorías: orden, duración y frecuencia (67). No nos detendremos en el análisis de ellas, no obstante, para comprender las relaciones entre tiempo de historia y discurso resulta útil la categoría de la duración y el uso de la elipsis que generará interesantes tramas.

La duración es la relación entre el tiempo de la lectura profunda de la narración y el tiempo que dura los sucesos de la historia en sí. Hay cinco posibilidades:

1. Resumen, donde el tiempo del discurso es menor al tiempo de la historia. Este punto es el más común dentro del género en cuestión. En la obra de Iván Egüez llamada

Tragedias portátiles, en el apartado ―Péndulo Invisible‖, interesa el cuento ―Las vueltas del

tiempo‖. En seis párrafos el autor sintetiza toda la vida del personaje, la narración se lee a grandes zancadas donde muchos detalles de la vida y el hacer de los actantes quedan elididos. En la primera vuelta alrededor del parque (metáfora de la vida) un joven conoce a la muchacha de sus sueños. En una segunda vuelta, alrededor del mismo parque, éste

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vuelve a encontrarla algo cambiada pero igual de interesante. Así, sucesivamente, ambos recorren trotando el parque/ la vida, y a la sexta vuelta se vuelven a encontrar con cabellos plateados, ya demacrados; recordando que «se habían conocido en el parque cuando eran un par de chiquillos desaprensivos ante la vida » (18). Este último párrafo, de cierre circular, revela el implacable paso tiempo, que al lector no le tomó leer más que un par de minutos.

2. Elipsis, similar al punto Resumen, excepto que el tiempo del discurso es cero (de- bido a que nunca se lee como tal la elipsis). Dentro de ella están todas aquellas omisiones que se dan como sobreentendidas, o son intrascendentes para el desarrollo de la historia. Por ejemplo tenemos el tiempo que el joven burócrata de ―Ciclo (jodido) económico‖ espera hasta recibir su ascenso; o los detalles de los actos fallidos cotidianos que comete el ángel de la señora Beatriz en ―El olvidadizo‖. Hay que considerar que este tipo de recurso es fun- damental en el microrrelato para conservar el principio de la brevedad, donde los sucesos se basan en sobreentendidos o se presentan bajo la forma de meras sugerencias.

3. Escena, donde el tiempo del discurso y el tiempo de la historia son iguales. Den- tro de este punto se encuentran los relatos que se enfocan en un suceso específico de los personajes. Tenemos por ejemplo el microrrelato ―Cuento antes de ir a la cama‖ de Solange Rodríguez incluido en su libro Tinta sangre. La historia se desarrolla a través de diálogos entre un hombre y su joven amante. El hombre confiesa al muchacho su deseo de matar a su esposa, sin sospechar que ella ya había planeado con anticipación lo mismo; dando lugar a un juego dramático inesperado: « [el hombre dice] –Pero, ¿quién sería tan ingenuo como para contratar a un niño? La pistola siguió brillando mientras lo apuntaba. [El joven responde] –Tu esposa.» (21). Todo el relato es trabajado como si se tratara de una escena teatral, con un mismo tiempo para el discurso y la historia, donde es mínima la interrupción del narrador.

4. Alargamiento, donde el tiempo del discurso es más largo que el tiempo de la his- toria. El microrrelato está incluido en Esmog, de Huilo Ruales, y se titula ―Un aporte para Guinness‖. El tiempo de la historia equivale a los minutos, en realidad segundos que dura una caída. En resumen el relato narra el resbalón en el piso de mármol de un hombre que lleva un ramo de siete camelias, justo antes de subir al ascensor, pero para llegar a esta conclusión el tiempo del discurso esta hecho de nada menos que 727 palabras si incluimos el título. El texto abunda en detalles como la caída de las camelias, los intentos del hombre por recuperar el equilibrio, su pródiga caída con la descripción de cada parte del cuerpo que toca el suelo, y el escenario posterior manchado de sangre por el accidente.

5. Pausa, lo mismo que el punto Alargamiento, excepto que el tiempo de la historia es cero. Es común la presencia de pasajes descriptivos donde la narración no avanza. Nos

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interesa el microrrelato ―Proteo‖ de Jorge Dávila Vázquez, incluido en su libro Cuentos bre-

ves y fantásticos. El tiempo de la historia aparece congelado pues la mayor parte del relato

trascurre en la descripción del personaje y su carácter cambiante, mientras el tiempo del discurso es empleado para terminar de leer la obra: «Su virtud era cambiar de forma. Los antiguos lo vieron convertido en animal, vegetal y mineral: árbol frondoso, león feroz, agua inasible» (68).