de otra más general, que es la narración colectiva de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
Retomaré en esta ocasión dos documentos1 que testimonian la incursión del Modelo GIN-GAP en Querétaro, su origen se remonta a febrero de 1987, concretamente al 50 aniversario de la Sociedad Mexi- cana de Neurología y Psiquiatría, celebrado en la apacible ciudad de Morelia, Mich; donde tuve la oportunidad de escuchar al Dr. Armando Barriguete, quién en comunicación personal refirió los éxitos terapéu- ticos de los Drs. Marco Antonio Dupont y Adela Jinich de Wasongarz en el campo de la psicoterapia grupal infantil con su proyecto GIN. Versión, que más tarde fue ampliamente confirmada por el también psicoanalista Dr. Juan Tuber Oklander, docente en aquel entonces de la Maestría en Psicología Clínica de la UAQ, la cual me encontraba cursando.
Sin duda alguna, dichas comunicaciones gestaron mi interés por conocer en forma más profunda esta prometedora alternativa psico- terapéutica, entrando en contacto con la misma en un taller sobre psicoterapia grupal de niños, coordinado por los Drs. Dupont y Jinich en el III Congreso Nacional de AMPAG, efectuado en octubre de 1988 en la ciudad de Querétaro, donde participé y escuché con atención, los bondadosos beneficios que ofrecía su técnica y la efectividad terapéutica en el novedoso trabajo simultáneo con grupos de niños y de sus padres.
La experiencia vivencial en este taller coincidió con mi gestión en la coordinación de la Ce.Se.Co. Lomas 2; momento significativo en el sentido de que ahí surgió el propósito de incorporar el GIN-GAP a esta Central e invitar a sus creadores con la finalidad de una capa- citación teórica-técnica al personal, constituido por tres psicólogos clínicos: Arturo Santiago Guerrero, Josefina Gómez Parra (q.e.p.d.) y la que suscribe.
1 A. M. del Rosario Asebey: “Primer informe de trabajo con el Proyecto GIN-
GAP”, 1992 y “El GIN en Lomas de Casa Blanca”, Querétaro 1992-1993, en Psicoterapia grupal para niños, 1993.
Sin embargo, las condiciones para tal efecto no eran del todo propicias, aunque ya teníamos solicitudes de atención psicológica para niños, éstas eran atendidas en los diferentes planteles escola- res de la zona ya que carecíamos de infraestructura; carencia que jamás obstaculizó nuestra labor de reorganización en los aspectos administrativos, académicos, formativos y comunitarios. Esta tarea de reorganización, nos condujo a postergar tal propósito, más nun- ca a sepultarlo. De ahí, que paralelamente a nuestra reorganización continuamos siguiendo de cerca el desarrollo de la experiencia con este modelo psicoterapéutico a través de asistencia a Congresos, reco- pilación de publicaciones y escritos de los creadores y sus seguidores. Nuestro esfuerzo se vio coronado en 1990, cuando obtuvimos nuestras propias instalaciones, lo que nos permitió ofrecer a la comu- nidad de Lomas de Casa Blanca y alrededores un servicio psicopro- filácticos y psicoterapéutico a partir de la concreción de dos progra- mas ejes de atención: “Desarrollo Psicosexual Infantil” y “Atención Psicológica para Adolescentes y Adultos”, que fueron resultado de una previa lectura de las condiciones y necesidades psicosociales que la propia comunidad manifestaba, en un estudio de detección de de- mandas que elaboramos durante dos años anteriores.
Era claro como lo sigue siendo ahora, que la demanda manifiesta y latente exige sobre todo, la atención psicológica a niños y adolescen- tes, sus padres y/o su núcleo familiar. De ahí que estos programas fueron propuestos y aprobados para atender dichas demandas.
Las circunstancias y condiciones de atención terapéutica del pro- grama en cuestión, nos llevaron a realizar una permanente reflexión autocrítica de las diversas actividades que desarrollábamos. Nos vi- mos obligados a replantear y mejorar el trabajo con los niños; desde la apertura del programa creamos un ambiente propicio y permisivo para buscar nuevas alternativas de intervención que se adecuen mucho mejor a la realidad social de la población que atendemos, al equipo profesional de trabajo y a nuestras instalaciones.
Esa actitud de búsqueda nos remitió a aquella idea cimentada en 1987, sobre el modelo psicoterapéutico GIN-GAP, que tomó forma y contenido en 1988, y obtuvo los dos años subsecuentes una progre- siva maduración de las necesidades y objetivos tanto comunitarios
como formativos, para converger en una sólida propuesta que fue planteada oportunamente a la Dirección de la Facultad de Psicolo- gía y comunicada al mismo tiempo al personal docente que acaba- ba de integrarse al programa, así como a los estudiantes que desde 1990 se habían ido incorporando en calidad de servicio social, prác- ticas curriculares y voluntarios. A partir de aquí, todos empezamos a participar en el proyecto.
En virtud de esto, la Dirección de la Facultad de Psicología facili- tó las condiciones para que docentes y estudiantes asistiéramos al IV Congreso Nacional de AMPAG en mayo de 1991, realizado en las ciudades de Guanajuato y León, Gto., donde nuevamente se presen- taron los progenitores del GIN-GAP y nos dieron la oportunidad de impregnarnos más de los objetivos que su proyecto plantea, para visualizar con más claridad la necesidad que teníamos de integrarlo a esta Ce.Se.Co., como una modalidad terapéutica muy atractiva para permitir potencializar los recursos humanos e instalaciones con que contábamos; simultáneamente posibilitar ofrecer una alternativa psi- coterapéutica seria y profesional acorde con las exigencias de la vida real y cotidiana de la población de esta zona popular y responder con ello en forma más precisa a las demandas de atención infantil. Nuestra tarea se centró en concretizar tal propuesta, consolida- mos en primera instancia los vínculos ya existentes con los Drs. Dupont y Jinich, para replantear posteriormente en forma detallada (verbal y escrita), los objetivos de este proyecto a la Dirección de la Facultad de Psicología, ejercida en ese tiempo por el Mtro. Marco A. Carrillo Pacheco, quien comprendió los beneficios que éste aportaría a la comunidad, a la Facultad y a la UAQ; y emprendió de inmediato las gestiones pertinentes para llevar a cabo la enmienda en cuestión.
Como resultaba lógico, trasladar el modelo GIN-GAP a nuestra Central requería de una adecuación del mismo a las circunstancias queretanas y a las exigencias de la comunidad demandante. No era cuestión de aplicar mecánicamente la técnica, era menester pensar- la en función de nuestras propias condiciones: recursos humanos, formación, población en cuestión, infraestructura, etcétera.
Respecto a esto último, es decir la infraestructura, si bien ya con- tábamos con ella, no podíamos jactarnos de tener unas instalaciones
propias de una institución de salud mental, sino más bien una mo- desta casa-habitación, donde tuvimos que adaptar nuestros espacios terapéuticos en diferentes niveles: el GAP en la planta baja y el GIN en el segundo piso por tener más privacidad respecto a los otros con- sultorios y acceso directo a un baño. Este espacio se alfombró, se puso un pintarrón, plumones, interfón, cojines y se adecuó una ven- tana como cámara de Gessell con su respectiva fuente, además, que- dó un clóset de madera previamente empotrado.
Nuestros recursos humanos conformados por psicólogos clíni- cos y estudiantes de diferentes áreas (básica, clínica, educativa y social) y distintos niveles académicos de la Facultad de Psicología, emprendieron la capacitación con materiales teóricos enviados por los Drs. Dupont y Jinich y los que habíamos recopilado en el trans- curso de los 4 años anteriores. Para estas fechas estaba concluyendo el grupo de estudio enfocado al tema del desarrollo psicosexual in- fantil, revisamos las convergencias y divergencias de varios autores psicoanalistas, lo cual facilitó la comprensión de la nueva capacita- ción en torno a la teoría y técnica del GIN-GAP.
En cuanto a las solicitudes de atención infantil, todas sin rezago alguno, pasaron por un proceso de psicodiagnóstico que compren- día: entrevistas iniciales con los padres en presencia del niño, elabo- ración de historia clínica, aplicación de algunas pruebas psicológi- cas, hora de juego y devolución a los padres donde se les planteaba la psicoterapia pertinente a seguir.
En función de esto, y de acuerdo con los lineamientos técnicos del GIN, emprendimos la selección de los niños para conformar los grupos infantiles y se excluyeron a aquellos niños que no contaban con un adulto que se hiciera responsable consistentemente de él, los que presentaban limitaciones físicas, aquellos con retraso mental y psicopatologías graves como: autismo, esquizofrenia y psicosis de- lirantes; para quienes ofrecemos en la institución otras alternativas psicoterapéuticas.
Pese al entusiasmo y esfuerzo que veníamos realizando en los rubros antes señalados, la puesta en marcha del modelo GIN-GAP tuvo que ser postergada hasta febrero de 1992, ya que en este ínte- rin la psicóloga Josefina Gómez Parra, anunció su retiro definitivo
de la Universidad, por razones de salud. Su ausencia y sustitución, generaron serios obstáculos internos que amenazaban con disolver la innovación del proyecto en la Central, provocar una desintegra- ción del equipo de trabajo y debilitar la administración con movi- mientos desorganizados y decodificación de las reglas institucio- nales, por demás precisas. Hacer un recuento exhaustivo de esas primitivas vicisitudes afectivas, no es la intención de este trabajo.
Lo que aquí me ocupa es adjudicar o reiterar el valor de esta metodología grupal, corroborada desde su incorporación en nues- tra Central de Servicios a la Comunidad, bajo la supervisión de sus creadores: Dupont y Jinich.
Incorporación
Este proyecto contó desde el inicio con el valioso apoyo de las auto- ridades universitarias, comprometidas con la organización y forma- ción académica para un mejor desempeño en el servicio que nuestra Facultad presta atinadamente a la comunidad, a través de las Centrales de Servicio. Es así, como, desde febrero de 1992, emprendimos nues- tra labor psicoterapéutica con la modalidad GIN-GAP, gracias a que confluyeron tres circunstancias:
· Un propósito, gestado en un momento histórico y motivado
por las variables psicosociales y socioculturales del contexto, lo que impulsó a su madurez.
· Una administración, que impone por su lógica de financia-
miento, un cierto marco al funcionamiento del GIN-GAP y ob- viamente un enriquecimiento teórico-técnico a sus recursos humanos.
· Un interés y disponibilidad de una pareja de prominentes pro-
fesionales, al tener la deferencia de compartir con nosotros una pequeña porción del cúmulo de conocimientos adquiri- dos en la trayectoria de su rica y variada experiencia. Nos dimos a la tarea de establecer desde el principio la organiza- ción de nuestros recursos humanos en tres niveles. Esta organización
se constituyó en un modelo a seguir en todas y cada una de nues- tras posteriores etapas:
· Grupo de expertos: integrado por dos psicoanalistas supervi-
sores, quienes en el transcurso de esta experiencia demostra- ron una vez más su profesionalismo, compromiso y seriedad en esta magnífica pero difícil labor.
· Grupo de aprendizaje: constituido por una parte activa (cote-
rapeutas) y otra parte pasiva (observadores). Además, de una trabajadora social, quien realizó los estudios socioeconómicos de cada uno de los niños de GIN.
· Grupo psicoterapéutico: formado por los niños en acción (GIN)
y los padres en elaboración (GAP).
Asimismo, destacan tres momentos en la organización de cada una de las etapas de nuestra labor con el modelo GIN-GAP:
· Planeación de las consignas a seguir, la organización de nues-
tros recursos humanos y los encuadres de los grupos psicote- rapéutico de niños y sus padres.
· Evaluación de errores y aciertos tanto de nuestra formación,
como de los procesos psicoterapéuticos grupales. Esto, nos ha permitido implementar modificaciones correspondientes a cada etapa, con las que aprendimos a tolerar frustraciones y congratularnos de nuestros logros.
· Recomendaciones de los supervisores, en las que se plantean
una serie de necesidades y requisitos para llevarse a cabo en la siguiente etapa.
Estábamos conscientes desde entonces, que emprender una la- bor de tal magnitud nos enfrentaba a la problemática de nuestra for- mación, en virtud de que la Facultad de Psicología de nuestra Univer- sidad, no contemplaba en sus programas curriculares, contenidos teórico-técnicos de la modalidad GIN-GAP. Por consiguiente, tenía- mos la difícil pero no imposible tarea de llevar adelante paralelamen- te nuestra formación teórico-técnica y la atención psicoterapéutica grupal a niños y sus progenitores.
Para tal efecto nos centramos en la tarea de llevar adelante nues- tra formación teórica-técnica con la metodología GIN-GAP, a través de un entrenamiento riguroso y consistente, paralelo a una práctica clínica reflexiva, cautelosa y supervisada por los creadores de dicha modalidad; para que esto nos permitiera, junto a la experiencia viven- cial del análisis personal, comprender la equivalencia entre el juego del niño, su despliegue lúdico espontáneo y la asociación libre del adulto en análisis y entender con más precisión, el impacto y el grado de eficacia de nuestras intervenciones terapéuticas en los grupos de niños y de padres.
En este contexto comenzamos nuestra formación y práctica con el modelo GIN-GAP, ya que comprendimos desde aquel momento, que el trabajo con grupos de niños y adultos representaba una primera gran transformación teórica-técnica, que luego, la entendimos tam- bién como transformación a una práctica social y comunitaria, alejada del aislamiento y fragmentación de lo colectivo, cuyo correlato es el aislamiento en el propio consultorio.
Derivado de esto, y tomando en consideración el marco teórico- técnico de esta interesante alternativa psicoterapéutica, aunado a las necesidades de la comunidad de Lomas de Casa Blanca y colonias populares aledañas, trazamos los siguientes objetivos:
· Atender la numerosa demanda infantil, brindando un servi-
cio psicoterapéutico especializado, en un plazo menor, a un costo económico más bajo y con resultados óptimos.
· Atender de manera simultánea a los padres de estos niños,
para que se conviertan en “coautores” de la mejoría de sus hijos, extendiéndose el beneficio a toda la familia, al mismo tiempo que se reduce la deserción infantil propiciada por la resistencia de los progenitores.
· Trabajar con una finalidad de investigación en torno al proce-
dimiento técnico del GIN-GAP, con el afán de enriquecerlo para su consolidación en nuestra Central y en otras institucio- nes de salud mental y de servicio a la comunidad.
· Entrenar nuevas generaciones de la Facultad de Psicología de
modelo de intervención junto con las psicoterapias breve, fa- miliar y grupal, son las alternativas de atención terapéutica que requieren los nuevos escenarios psicosociales, castigados por los acelerados y vertiginosos acontecimientos políticos, eco- nómicos y sociales nacionales e internacionales.
Estos objetivos se han llevado a cabo en forma inmediata y con resultados óptimos, por lo mismo, han persistido en el transcurso de estos 13 años en una continua evolución, tanto del efecto de nues- tro aprendizaje, como de la efectividad del trabajo clínico con gru- pos. Asimismo, hemos seguido caminos cada vez más consistentes en la proposición de espacios específicos para el enriquecimiento de nuestra formación y para la permanente capacitación de nuevos in- tegrantes. Ello nos ha conducido a una mejor y mayor capacidad de resolución creativa y satisfactoria de los conflictos intrapsíquicos e interaccionales de nuestros pacientes niños y sus progenitores, refle- jados en los cambios propositivos y permanentes de sus dinámicas familiares. Una explicación detallada de las primeras cinco etapas de trabajo con este modelo, se encuentra en una tesis de Maestría.2
Nuestra participación no se limitó a una mera incorporación de esta modalidad en nuestra institución, sino, que se expresó nítida- mente en la responsabilidad que asumimos con esta prometedora alternativa psicoterapéutica para llevarla adelante, realizando diver- sas acciones que han requerido permanentes esfuerzos de diversa índole, como implementaciones pertinentes de lo espacios, emana- das de las necesidades del contexto socio-histórico:
· Constituimos grupos de estudio enfocados a la capacitación
teórico-técnica de esta modalidad terapéutica y otras teorías
2 Ana M. del R. Asebey y G. A. Santiago: “El modelo GIN GAP en una zona
popular de la ciudad de Querétaro: una alternativa psicoterapéutica y for- mativa”, Tesis de Maestría, 1997.
grupales afines, así como la revisión de los sustentos básicos en torno al desarrollo temprano.
· Gestamos un espacio nuevo, el de las supervisiones mensua-
les con los expertos, Drs. Dupont y Jinich.
· Organizamos grupos operativos en sesiones semanales de 3
horas por períodos de siete a ocho meses de duración, coordi- nados por otro experto, el Dr. Lorenzo Achirica. En estos es- pacios centramos la tarea en el análisis de las ansiedades que genera el trabajo grupal, especialmente el de niños. Estos gru- pos operativos, al igual que las supervisiones mensuales, cons- tituyeron los ejes centrales, que posibilitaron más tarde la con- solidación del modelo en la institución y en la comunidad, y nos permitieron un grado suficiente de autonomía.
· Introducimos la presencia de observadores, primero en los gru-
pos de niños GIN y posteriormente, en el tercer año de traba- jo en los GAP, como otra forma de entrenamiento de los capaci- tandos, previo a su incorporación como coterapeutas de algún grupo en acción.
· Incluimos los grupos terapéuticos GIN-GAP, denominados de
“espera”, en virtud, de que se van conformando en el transcur- so de tres meses de acuerdo con la llegada de las solicitudes de atención infantil, mismos que pasan previamente por un proceso de psicodiagnóstico.
· Fuimos perseverantes en las reuniones interclínicas después
de cada sesión terapéutica, donde participa cada equipo terapéu- tico constituido por coterapeutas de GIN, de GAP y observado- res de ambos grupos, quienes se encargan de llevar un registro rotativo de las sesiones y de los diálogos en una bitácora. Gracias a estos registros, así como a las bitácoras de los grupos operativos y de las supervisiones mensuales, incursionamos en el rubro de la investigación en torno a esta prometedora alternativa psi- coterapéutica, corroboramos su eficacia y aportamos pequeños pero significativos detalles que le han dado un sello propio a esta moda- lidad en nuestra institución, sin menoscabo de que la misma haya perdido su esencia. Tales circunstancias conciernen a:
· Imprescindible necesidad de un minucioso, breve y certero
proceso psicodiagnóstico, que posibilita posteriormente una adecuada selección de los pacientes niños al GIN.
· Conformación de los grupos terapéuticos, tomando en cuen-
ta los turnos escolares de los niños, los horarios de trabajo de sus padres, así como el equilibrio entre varones y mujeres, cuyas edades fluctúan entre los 4 y 12 años, dada la fuerte demanda que tenemos de pequeños que en su mayoría son varones.
· Rotunda renuncia a la triterapia, ya que si bien esta modali-
dad fue efectiva y necesaria en un GIN de la experiencia pilo- to, por el previo embarazo de una de las coterapeutas; corro- boramos en otros procesos psicoterapéuticos siguientes, que un tercer terapeuta viene a causar una serie de afectos tem- pranos que en lugar de ayudar al grupo, obstaculizan la labor y en ocasiones amenazan con paralizarla o abortarla.
· Presencia de observadores, principalmente en los GIN, es de
gran ayuda a la psicodinámica de los grupos, ya que funcio- nan como los “yo auxiliares” de los terapeutas. Por otro lado, sus aportes y sugerencias son de gran valor en las reuniones interclínicas de cada equipo terapéutico.
· Importancia de elaborar viñetas clínicas de cada uno de los
pacientes niños, con la suficiente información de su historia, gestación y evolución de sus sintomatología, etcétera. La cual se presenta y analiza en una reunión previa a la puesta en marcha de los procesos grupales, donde participa cada equi- po terapéutico con los psicólogos que elaboraron los psico-