Esquema 6: Mapa Análisis Diacrónico Ana y Mariela Colipea
5.4. Análisis general de los casos
5.4.2. Historial de reconocimiento/menosprecio: ganarse el respeto
Respecto del análisis de las situaciones de reconocimiento / menosprecio presentes en los relatos existen varias hallazgos y conclusiones. En primer lugar, en los relatos de los individuos se observa un predominio de situaciones de menosprecio y negación de reconocimiento, lo que adquiere sentido considerando la mayor cantidad de interacciones conflictivas presentadas en la Tabla 4, y la alta exposición que tienen los individuos producto de su condición de vulnerabilidad.
TABLA 5: Frecuencia Experiencias de Reconocimiento y Menosprecio.
Reconocimiento Menosprecio
Berthony 9 10
Felipe 13 19
Ana y Mariela. 22 28
TOTAL 44 57
fuente: elaboración a partir de datos de entrevista.
NOTA: Se contabilizan los incidentes de reconocimiento / menosprecio según relatos de los participantes, según su propia atribución de significado.
Como se puede observar, el registro de experiencias indica que las experiencias asociadas a menosprecio son más frecuentes en los relatos que las experiencias asociadas a reconocimiento. Este dato es aún más significativo si se considera que más que el 35% de las experiencias de reconocimiento están asociadas a estrategias personales para conservar su autorrespeto y no a reconocimientos desde otros, por lo que el desequilibrio entre las interacciones "reconocedoras" del entorno y las "menospreciadoras" es aún más marcado.
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Tabla 6: Frecuencia Autorrespeto (sobre total de eventos de reconocimiento). Total Reconocimiento Eventos de
Autorrespeto % Autorrespeto (Total Reconocimiento)
Berthony 9 2 22,2%
Felipe 13 6 46,1%
Ana y Mariela 22 8 36,3%
TOTAL 44 16 36,3%
fuente: elaboración a partir de análisis de entrevistas.
NOTA: Se contabiliza como Evento de autorrespeto cuando el individuo actúa siguiendo el código moral que ha declarado, privilegiando una reflexión moral sobre la propia conducta por sobre la evaluación de un externo.
De esta manera, para los entrevistados la sociedad sería más proclive a entregar retroalimentaciones que niegan la dignidad que a reconocerla, por lo que tendría un carácter "hostil" para los individuos que viven en situación de precariedad, obligándolos a generar estrategias particulares para encontrar el reconocimiento que necesitan. En este sentido, los chilenos también son percibidos como hostiles "...es una persona tan buena, yo siempre digo que parece no ser chilena por su manera de pensar..." (Berthony, 2da entrevista).
Muchas de estas situaciones de negación de reconocimiento que reportan los entrevistados responden a modos de menosprecio presentes y naturalizados en la sociedad chilena y que afectan a gran porcentaje de la población; abusos laborales, servicios básicos de mala calidad, segregación urbana, etc. De este modo, si bien los itinerarios vitales de menosprecio están singularizados (cada individuo ha vivido una combinación de menosprecio y falta de respeto particular, a la que asigna significado desde su propia historia), estos responden a modos de acción institucionalizados presentes en la sociedad completa y que afectan a todos los individuos que comparten una posición en la escala de estratificación social. Así la exclusión se vive como parte de un proceso social, y no como un elemento diferenciador de las trayectorias individuales.
"...Ya habían echado a todos los trabajadores viejos. Estábamos nosotras no más, como dirigentes éramos 4 que estábamos quedando. Entonces hablamos que para qué íbamos a seguir peleando si los otros se dieron vuelta..." (Ana, 2da entrevista).
Siguiendo a García Roca (2007), parece que la sociedad chilena tiene "formas institucionalizadas" de negar el reconocimiento a grandes segmentos de la población, y que
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precisamente por generalizados los individuos tendrían mucha dificultad en identificarlos y reconocerlos como injustos para enfrentarlos (tanto empírica como simbólicamente).
Respecto del reconocimiento, en todos los casos los entrevistados relatan haber tenido acceso a experiencias de reconocimiento y respeto durante su trayectoria vital. Entre estas experiencias, son relevantes destacar los cuidados recibidos durante la infancia, pues todos los entrevistados tenían en sus etapas infantiles instancias significativas de reconocimiento que ellos identificaban como fundantes de los individuos que han llegado a ser hoy. Es posible que estas experiencias estén asociadas al desarrollo de los recursos que esos sujetos son capaces de movilizar durante sus trayectorias de integración. En los relatos, están presentes las familias de origen (nucleares o ampliadas) por sobre otras instituciones, con un fuerte protagonismos de la figura de madre, quien otorga una seguridad básica desde la cual "enfrentarse" a la historia de exclusión. Este hallazgo estaría en línea con los postulados de Honneth (2011), en cuanto las experiencias de reconocimiento en la infancia permiten a los individuos iniciar caminos de dignidad al colocar los fundamentos de la autoconfianza y autoestima para un desarrollo emocional estable. En este aspecto, se debe considerar que el caso que presenta una integración más frágil (Felipe Silva) es también quien tuvo una etapa infantil más conflictiva, lo que podría mostrar procesos identitarios y de conformación de individualidad interferidos por el menosprecio en la infancia, aunque los datos al respecto son insuficientes para hacer una afirmación concluyente y debería ser profundizado en futuras investigaciones.
Al analizar el tipo de instancias de reconocimiento a los que los individuos acceden, pareciera que los entrevistados han logrado generar estrategias activas para asegurarse tener acceso al reconocimiento que necesitan. Así, mediante la realización de ciertas acciones y modos de hacer que refieren a valores y visiones del mundo logran obtener la afirmación positiva del otro y de sí mismos, es decir, a través de la adhesión a un código moral logran responder a las exigencias de la identidad asignada y la identidad deseada (Bajoit, 2003) para facilitar la obtención de reconocimiento y autorrespeto. Este código tendría su origen a partir de la propia experiencia y visión de mundo del individuo, siendo resultado de la singularización de su forma de entender la dignidad/ indignidad y constituyéndose en el área donde cada individuo tiene "control" de la dignidad de su vida independiente de la asignación de valor que le hagan los otros.
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El código moral, que tiene similitud con el código de la decencia (Martínez y Palacios, 1996), fijaría una "línea ética" propia y singular. Pareciera que cuando este código es traspasado, se generan en el individuo tensiones existenciales que movilizan sus recursos para cambiar condiciones materiales y relacionales de vida y volver a estar dentro de su ámbito de dignidad. En esta investigación, todos los entrevistados han nombrado la lealtad a este código ético como una de las bases de su relato identitario, y como uno de los motivos por los cuales ellos sienten que conservan su sensación de valía personal.
A diferencia del código de la decencia de Martínez y Palacios (1996), que representa una forma socialmente validada de ser reconocido, los códigos morales de los entrevistados tendrían un carácter personal, no siendo necesariamente compartidos por el resto de la sociedad. Esto los hace mucho más flexibles frente a los requerimientos de los individuos, pero debilita su capacidad de generar reconocimiento y respeto de parte de la sociedad pues la lógica y los valores que lo inspiran tienen elementos personales y no necesariamente culturales. En la actualidad, estos códigos conservarían algunos elementos provenientes del código de la decencia (honradez, temperancia) y tendrían potencial de articular retroalimentaciones de parte de sectores de la sociedad que todavía recuerdan y adhieren a ese código. Sin embargo, la "singularización" de los códigos éticos, en términos de Martucelli (2007) les ha quitado potencial de ser soporte existencial, por lo que perderían relevancia y potencia para los individuos. En este proceso se pueden observar las dos caras de la libertad de los individuos: libertad para vivir su existencia, pero soledad y responsabilidad personal a la hora de construir caminos de dignidad e integración.
La diferencia en la vivencia del reconocimiento y el autorrespeto en los entrevistados es importante ya que si bien ambas están asociadas a instancias consideradas como valiosas por el individuo y la sociedad, el actor que asigna esa valoración es diferente: en el caso del reconocimiento esta atribución de valor es realizada siempre por "un otro", mientras en el autorrespeto es el individuo, desde su subjetividad, quien considere una dimensión de su vida como valiosa. Esto es especialmente importante porque en todos los relatos incorporados en esta investigación hay acciones y relaciones donde los individuos reafirman su autorrespeto y que no conllevan instancias de reconocimiento social. Este hecho plantea la necesidad de enriquecer las elaboraciones teóricas alrededor del concepto de reconocimiento ampliándolo
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hacia las dinámicas propias del autorrespeto, para que la categoría de reconocimiento sin perder sus implicaciones intersubjetivas e interdependientes, pueda dialogar con la realidad de individuos que están obligados a proveerse de instancias de reconocimiento para ser capaz de autosostenerse, aunque sea parcialmente, pues habita en un mundo donde el reconocimiento no es algo garantizado (Martucelli, 2007 ).
Por último, todos los entrevistados aludieron a personas o instituciones de la sociedad civil que han sido relevantes dentro de su camino de integración y que habrían generado mayor acceso a reconocimiento tanto en el nivel de los derechos como en el nivel de la solidaridad. En los casos de Berthony y Felipe, Sociedad Apoyo Migrantes y Hogar de la Calle como instituciones que han desplegado planes de intervención que han generado nuevas capacidades y movilizado los recursos y activos que ellos ya tenían. En el caso de Ana y Mariela, está el rol de Roberto (marido de Mariela) y del mundo sindical, que les ha enseñado de lógicas políticas y organizativas, además de otros actores (profesora que inicia la línea intercultural, etc.). En todos los casos, se valora positivamente el que esos actores confiaran en ellos y se comprometieran con el desarrollo de sus capacidades. También aparece como relevante que ellos siempre tuvieron la posibilidad de decidir los objetivos y procedimientos dentro de sus propios procesos de integración social. Estas serían relaciones que reconocen la autonomía y particularidad de los entrevistados, y que pretenden el desarrollo de sus capacidades, lo que además de constituir en sí mismas instancias de reconocimiento y respeto, contribuyen a desarrollar capacidades para obtener otras oportunidades de reconocimiento de forma autónoma e independiente.