«Al que no conoció pecado hizo pecado por no- sotros. » (2. Cor. 5: 21. )
P. ¿Qué quiere decir que Cristo no conoció pecado? Y ¿qué quiere decir que Dios le hizo pecado?
R. Cristo no conoció pecado por experiencia personal, pues era inocente, inmaculado: «santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos. » (Hebr. 7: 26; 1 Pedro 2: 22; 1 Juan 3: 5. )
¿Qué quiere decir que Dios le «hizo pecado»? Siendo Jesús lo que dice el texto citado, podemos decir, con toda propiedad, que Jesús era la «misma inocencia», resultando, por imputación, el palo opuesto: el «mismo pecado». ¿No implica esto el testimonio del profeta: «Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros?» Esa imputación enorme, infinita de pecado, no podría expresarse mejor. Si dijera, por ejemplo: Dios le hizo pecador por nosotros, no fuera verdad, porque nunca fue tal, nunca hizo pecado. Y dicien- do sencillamente que fue culpado de pecado por imputa- ción, tampoco expresaría toda la verdad del caso, que, de hecho, requería una fuerza de expresión como la que ins- piró el Espíritu Santo al decir «le hizo pecado», usando la más fuerte metáfora que podía encontrarse.
100
¿CONTRADICCION?«Dios es el que obra en vosotros. » (Fil. 2: 13. ) «La muerte obra en nosotros y en nosotros la vida. » (2. a Corintios 4: 12. )
P. Ambos textos se refieren a los cristianos. Dios obra en ellos y la muerte obra en ellos; ¿cómo se explica esto? R. Fácilmente: mirando cada texto a la luz de su con- texto. Dice el primero: «Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer por su buena voluntad»; en otras palabras: es Dios que obra en vuestras almas, fili- penses, haciendo que deseéis hacer su voluntad, hacién- doos capaces también de ponerla en práctica.
Dice el otro texto: «De manera que la muerte obra en nosotros», a saber: en nuestros cuerpos, porque somos afligidos y en su caso, aun perseguidos hasta la muerte. Nuestro hombre exterior, el cuerpo, se va desgastan- do. Siempre estamos entregados a muerte por Jesús (vers.
10-11) dice en otro lugar.
En otras palabras: Hay un doble proceso en cada hijo de Dios, uno exterior descendente y otro interior ascen- dente, como lo declara en 2. a Corintios 4: 16.
Pablo sufría el desgaste material de su cuerpo, acelera- do, particularmente, por sus esfuerzos misioneros en favor de sus convertidos, en los cuales empezaba el proceso espi- ritual ascendente. Se mataba (podríamos decir) a su favor para que ellos tuviesen vida espiritual.
Pero él mismo ascendía espiritualmente en virtudes es- pirituales y en valía delante de Dios; no solamente a cau- sa de los frutos que iba acumulando como preciosos teso- ros para el día que tuviera que rendir cuentas, sino que su propia persona se iba transformando; su «hombre in- terior» se renovaba de día en día.
Por esto puede decir el apóstol: por un lado «la muerte obra en nosotros»; y a sus convertidos: «Dios es el que obra en vosotros. »
97
¿ERA PABLO ASTUTO Y MENTIROSO? «Como soy astuto, os he tomado por engaño. »
(2 Cor. 12: 16. ) P. ¿Se valía Pablo de astucia y engaño en su obra? R. Así puede parecer por estas palabras tomadas ais- ladamente o arrancadas del contexto. En verdad, en el contexto invita a los corintios a probar si en algún caso les hubiera tratado con astucia y engaño, personalmente, o me- diante algún otro. Les declara que ni él ni ninguno de sus colaboradores lo habrían hecho... ¿Os engañó Tito, quizá? ¿No hemos procedido con el mismo espíritu y por las mis- mas palabras?
¿Cómo se entiende, pues, que diga Pablo mismo: «Como soy astuto os he tomado por engaño?» Los corintios lo sa- bían y no había necesidad de decirlo, a saber: que sus enemigos hacían correr esa voz mentirosa, absolutamente falsa.
Léase, pues: «Como soy astuto, según dicen mis enemi- gos, os he tomado por engaño. »
Es una evidente ironía, destinada a avergonzar a sus amados hijos espirituales de Corinto por haber dado oído a este falso comentario de sus enemigos.
100
¿POR FLAQUEZA?
«Aunque fue crucificado por flaqueza, empero vive por potencia de Dios. » (2 Cor. 13: 4. )
P. ¿Cómo se entiende que Cristo «fue crucificado por flaqueza?»
R. No ciertamente por flaqueza de mártir que carece de poder para defenderse a sí mismo; porque cuando ve- nían a prenderle «volvieron atrás y cayeron al suelo», físi- camente paralizados, como por una descarga eléctrica, y a los que estaban prontos a defenderle, como flaco, necesi- tando auxilio humano, dice: ¿Pensáis que no puedo ahora rogar a mi Padre y me daría más de doce legiones de án- geles? (72. 000). ¿Cómo, entonces, se cumplirían las Escri- turas, que es necesario que se haga así? (Juan 18: 6; Mat. 26: 53. )
Evidente, pues, «fue crucificado por flaqueza» en sen- tido y como consecuencia de haber tomado forma humana tan completamente que al cargarse la culpabilidad huma- na en Getsemaní, quedó físicamente débil, y después ne- cesitaba quien le ayudara a llevar la cruz hasta el Calvario. (Luc. 22: 44; 23: 26. )
El sentido del texto es más bien: «fue crucificado como si fuese un débil hombre». La frase es una significativa metonimia, para dar énfasis de contraste a la inmensa hu- millación o «kenosis» que aceptó el Hijo de Dios para lle- var a cabo nuestra salvación.
100
CRUCIFICADO CON CRISTO
«Con Cristo estoy juntamente crucificado. » (Gálatas 2: 20. ) P. ¿Cómo se entiende esto de «estar crucificado jun- tamente con Cristo?»
R. La unión del creyente con Cristo es una de las rea- lidades más profundas de la enseñanza cristiana. Eviden- temente, Pablo, inspirado por el Espíritu de Dios, consi- dera su unión con Cristo como una realidad; o en otras palabras: se ve en Cristo, en los momentos de ser crucifi- cado como representante y sustituto, de modo que bajo el punto de vista de la ley, puede decir: «Cuando Cristo mu- rió, morí yo. » En cuanto a las exigencias de la ley divina, soy criminal: en mi sustituto, soy ejecutado en el Calva- rio. Al morir Cristo, el justo por los injustos, morí yo. «Con Cristo estoy juntamente crucificado. »
Pero este morir con Cristo implica también el «vivir juntamente con él», pues el mismo apóstol afirma a con- tinuación: «Y vivo no ya yo, mas vive Cristo en mí. »
Lo más glorioso es que añade también en Romanos 6: 5-8: «Porque si fuimos plantados juntamente con El a la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección, conocedores de esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El para que el cuerpo del pecado sea reducido a la impotencia, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto ha sido crucificado del pecado. Y si hemos muerto con Cristo creemos que también viviremos con El. »
Pensamos que ésta es la mejor aclaración del texto que estamos tratando de explicar.
100
PARENTELA EN LOS CIELOS
«Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra. » (Efes. 3: 15. )
P. ¿Qué parentela es ésta?
R. Otros traducen «toda la familia» y ven aquí la «igle- sia universal» que es una gran familia, una parte aquí abajo militante y otra parte arriba triunfante. Pero otros nos hacen ver que los ángeles también se llaman hijos de Dios y deben, por tanto, incluirse en toda la familia. Toda la parentela o familia en los cielos y en la tierra, dice un tra- ductor del Nuevo Testamento, incluso «todo orden varia- do y categoría de seres santos en el cielo y en la tierra. Es nombrado: lleva su nombre como perteneciente a él. Así que todos los seres santos pertenecen a una gran fa- milia, siendo llevados a la unión con Dios en Cristo».
Notemos aquí el plural cielos, más conforme con la idea que la ciencia nos ha dado del universo de Dios con mul- titud de estrellas, y posiblemente mundos habitados por seres superiores a nosotros, por lo menos en cuanto a su perfección moral, que la idea de una tierra y un cielo únicos que tenían los antiguos.
En Efesios 3: 10 leemos: «Para que la multiforme sabi- duría de Dios sea dada a conocer por medio de la Iglesia a principados y potestades en los cielos», lo que nos hace vis- lumbrar un plan de servicio en los siglos venideros; un mi- nisterio, no de salvación, pero sí de glorificación de Dios como reales sacerdotes, según Apoc. 1: 6.
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¿A QUE BAUTISMO SE REFIERE EL APOSTOL? P. En Efesios 4: 5 leemos: «Un señor, una fe y un bau- tismo, un Dios y Padre de todos el cual es sobre todos y por todos y en todos. »
¿A qué bautismo se refiere el apóstol aquí, al de agua 0 al de Espíritu Santo?
R. Todo este pasaje tiene que ver con la doctrina de la unidad espiritual de los verdaderos hijos de Dios. La Cristiandad ha sido dividida en mil pedazos por los ardi- des de Satanás y el egoísmo y orgullo humano, pero Dios no considera dividido el cuerpo de Cristo a causa de las debilidades del carácter humano en este tiempo de prueba. Por consiguiente es de suponer que el apóstol se refiere aquí más bien al bautismo del Espíritu que al bautismo del agua. Abona este punto de vista el hecho de que el ladrón arrepentido no tuvo ocasión de ser bautizado en agua, y sin duda ha habido otros hijos de Dios a través de los tiempos que han creído en él y por circunstancias exter- nas no han podido recibir tal bautismo. Por tal motivo la afirmación apostólica debe referirse al bautismo espiritual, ya que en otros extensos pasajes de la Sagrada Escritura, como Romanos 8 del 15-27 da por sentado que todos los creyentes en Cristo han sido bautizados en el Espíritu, y el Espíritu de Dios mora en ellos. Esta es una experiencia di- ferente de la de ser «llenos del Espíritu», lo que significa dar un lugar preferente al Espíritu de Dios que ya mora en nosotros, y tiene que ver con la santificación, no con la salvación. Es evidente, pues, que el bautismo a que se re- fiere este pasaje es el bautismo espiritual y no el material.
Este punto de vista es plenamente confirmado por 1 Corintios 12: 13, donde leemos: «Porque por un solo Es- píritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. »
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APRENDER A CRISTO
«Vosotros no habéis aprendido así a Cristo. » (Efes. 4: 20. ) P. ¿Qué se entiende por aprender a Cristo? ¿No es lo mismo que aprender de Cristo?
R. No. Esta expresión no nos presenta a Cristo como el Maestro que enseña, sino como el objeto del estudio: no como el Maestro que instruye, sino como la lección o el libro que se estudia. No se trata tan sólo de aprender de Cristo (aunque ello va implicado también), sino aprender a Cristo. Lo que es Cristo para cada uno de nosotros, sobre todo teniendo en cuenta lo que es en sí mismo: Dios eterno que en un colmo de amor se dio a sí mismo por nosotros. El aprenderle y conocerle a él mismo (Fil. 3: 10) es la gran lección en la escuela de la vida cristiana. Esto es un estu- dio para la vida; algunos piensan para la eternidad. Pode- mos vivir años y años en compañía de una persona ordi- naria sin conocerla a fondo. ¿Qué diremos del Infinito? Naturalmente para este estudio necesitamos a Cristo Jesús como a Maestro supremo que es, la cosa que vemos ya en el contexto; pero la frase citada no le presenta como a tal Maestro, sino como el gran Objeto de estudio.
103
¿BAJO QUE CIRCUNSTANCIAS ES LICITO AIRARSE? P. En Efesios 4: 26 leemos: «Airaos y no pequéis. » No se ponga el sol sobre vuestro enojo. ¿Es posible airarse sin pecar?
R. Evidentemente la ira es un sentimiento natural que obra en nuestros espíritus la visión o el conocimiento de una injusticia, y alcanza a veces a la complicada maquina- ria de nuestro sistema nervioso, pero la frase final de este pasaje nos muestra en qué consiste la pecaminosidad de la ira, al decirnos: «No se ponga el sol sobre vuestro eno- jo. » Esto significa que lo pecaminoso es la esclavitud de la ira, en vez del dominio del espíritu sobre ella. La ira no está absolutamente prohibida como sentimiento moral. El Señor Jesucristo mismo se airó, según Marcos 3: 5, con una ira mezclada de un sentimiento de compasión. Y hubo también ira activa de su parte al arrojar los vendedores del templo.
Como decía Spurgeon acerca de los malos pensamien- tos, «no podemos evitar que los pájaros vuelen alrededor de nuestra cabeza, pero sí que hagan nido en ella». La ira no es pecaminosa, cuando se limita a un sentimiento instantáneo interior, aunque es peligrosa si no sabemos dominarla; pero el odio sí lo es, y el enojo todavía más, porque es odio continuado.
Ha sido comparada la ira a un veneno que a veces es necesario emplear en medicina, pero que requiere ser ma- nejado con extremo cuidado.
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BAUTISMO Y PLENITUD DEL ESPIRITU SANTO P. En las epístolas de Pablo encontramos repetido muchas veces que todo creyente tiene el espíritu de Cristo, o «ha sido bautizado en el Espíritu»; sin embargo, en Efe- sios 5: 18 Pablo exhorta a los creyentes a «ser llenos del Es- píritu». ¿Son ambas cosas lo mismo?
R. Nótese que Pablo dirige esta exhortación a personas que estaban ya bautizadas y selladas con el Espíritu Santo desde el día de su nacimiento de arriba. (Véase Efesios 1: 13; 2: 4-10, así como 1. a Corintios 12: 12 y 13. ) Es digno de
ser observado que Pablo cuenta como bautizados en Es- píritu Santo a renacidos tan poco espirituales como los corintios, que estaban llenos de graves defectos. Evidente- mente estos creyentes necesitaban bien la exhortación de Efesios 5: 18 y la de 1. a Tesalonicenses 5: 17 donde leemos:
«No apaguéis el Espíritu». Este superior llenamiento suele ir acompañado de «los frutos del Espíritu».
Cuando no es así las manifestaciones externas que han tenido lugar en ciertos cristianos pueden no ser otra cosa que manifestaciones emotivas que pueden tener o no rela- ción con el Espíritu de Dios.
Es cierto que grandes servidores de Dios, como Finney, Moody, Meyer, Simpson y otros han tenido ambas experien- cias. El bautismo del Espíritu Santo el día en que fueron convertidos y un llenamiento y plenitud del Espíritu en un momento especial de consagración de su vida, que no ha- bían experimentado antes.
El bautismo del Espíritu Santo, por más que tenga lugar de una forma quieta o casi imperceptible, es una realidad en todos los hijos de Dios; en la mayoría de los cuales no se manifiesta de otro modo que con un gozo especial en el corazón. Sin embargo aun esta señal no es condición indispensable para saber que hemos sido bauti- zados por el Espíritu Santo y somos poseedores de El, pues no son nuestros sentimientos lo que valen, sino las promesas de la Palabra de Dios, en las cuales debemos po- ner nuestra confianza.
La plenitud del Espíritu es ciertamente deseable y to- dos debemos buscarla, pero no tanto las manifestaciones externas, que Dios ha concedido en ciertos casos especia- les, como la realidad espiritual que generalmente se mani- fiesta por los frutos del Espíritu, según los hallamos en Gálatas 5: 22-24. Lo que en los versículos 18: 25 llama el após- tol «vivir en el Espíritu», o bien «ser guiados por el Es- píritu».
Si existen manifestaciones externas, sin los frutos del Espíritu, es muy dudoso que hayan sido acciones genuinas del Espíritu Santo, pueden ser más bien fruto del propio carácter emotivo de la persona; pero si existen ambas co- sas no hay motivos para dudar que está actuando el Es- píritu de Dios.
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EL MISTERIO DE LA DIVINIDAD ESENCIAL DE CRISTO
P. En Filipenses 2: 10 hallamos un texto traducido di- ferentemente en las diversas versiones de la Biblia. En la Valera antigua dice: «No tuvo por usurpación ser igual a Dios. » En las revisadas de 1960 y 1977: «No consideró ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. »
¿No parece más acertada y respetuosa la versión anti- gua de Valera.
R. No, sino al contrario. Jesús era Dios manifestado en carne humana, como lo expresan, en todas las revisiones, los versículos 7 y 8, pero la diferencia del 6, procede de los prolijos estudios que han hecho los eruditos, comparando diversos manuscritos de tiempos anteriores a la imprenta, con lo que se ha descubierto que Pablo quiso referirse en el versículo 6, no al Cristo humanado, sino al Cristo divino, antes de tomar la decisión de hacerse hombre para redimir a los hombres. (Véase Hebreos 10: 7-10. )
La frase original griega es muy fuerte y casi parece irre- verente, pero si la usó Pablo, por inspiración del Espíritu Santo, tenemos que aceptarla. El Verbo de Dios pudo ha- berse negado al tremendo sacrificio de la «kenosis», «vacia- miento», o sea humillación temporal y renuncia de su glo- ria y atributos divinos, pero no lo hizo.
Es por tal razón que a pesar de haber declarado en Juan 10: 30 y 17: 21: «Yo y el Padre somos uno», dice en Juan 14: 28: «Mi Padre mayor es que yo», y en la resurrec- ción de Lázaro le vemos orando al Padre como uno de no- sotros, y no obrando por su cuenta. Asimismo, en Mateo
24: 36, declara que sólo el Padre, y ni siquiera el Hijo, co- nocía el tiempo de su Segunda Venida.
El Verbo de Dios quiso venir a hacerse, como definieron los Padres de la Iglesia, «Dios y hombre verdadero». De otro modo, una mera «teofanía», o manifestación visible del Dios invisible, no habría podido sufrir por nosotros. Pero quiso venir a ser en todo semejante a los humanos (Hebreos 2: 14-18 y 4: 15) para poder obrar la redención. De ahí el profundo sentimiento de amor y gratitud que su hu- millación y obra redentora ha levantado en su pueblo, y que perdurará por toda la eternidad.
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¿SALUD, SALVACION O LIBERACION?
P. ¿A qué salud se refería el apóstol en Filipenses 1: 19 cuando escribe «Porque sé que esto se me tornará a salud por vuestra oración y por la suministración del Espíritu de Jesucristo»?
R. La palabra griega «soteros» está traducida de di- versas maneras en algunos pasajes del Nuevo Testamento según las diversas revisiones del texto de Valera. La re- visión de 1909 traduce: «Porque sé que esto se me tornará a salud». En muchos otros lugares, como Hechos 4: 12, 13: 26; 16: 17; Romanos 1: 16; Romanos 10: 10; 11: 11, y otros muchos que podríamos citar, la palabra «salud» significa
salvación, pero en muchos otros casos significa simplemen- te beneficio o solución de un mal o problema, y en este caso tanto la versión revisada de las Sociedades Bíblicas del año 1960 como la revisada en 1977 traducen «liberación» pues a esto se refería Pablo al decir que por medio de las oraciones que sus hermanos en Cristo estaban elevando a Dios, y por el poder del Espíritu Santo, que podía tocar el corazón de Nerón, él obtendría lo que ellos estaban supli- cando y deseando, o sea su libertad.
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LO QUE FALTA DE LAS AFLICCIONES DE CRISTO «Ahora me gozo en lo que padezco por voso- tros y completo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la igle- sia. » (Colosenses 1: 24. )
P. ¿Cómo cumplir ahora lo que falta de las aflicciones de Cristo, que hace dos mil años hizo la redención de la