El hombre es la más elevada de las criaturas. La mujer es el más sublime de los ideales.
Dios hizo para el hombre un trono; para la mujer un altar. El trono exalta; el altar santifica.
El hombre es el cerebro. La mujer el corazón.
El cerebro fábrica la luz; el corazón produce el amor. La luz fecunda; el amor resucita.
El hombre es fuerte por la razón. La mujer es invencible por las lágrimas. La razón convence; las lágrimas conmueven. El hombre es capaz de todos los heroísmos. La mujer de todos los martirios.
El heroísmo ennoblece; el martirio sublimiza. El hombre tiene la supremacía.
La mujer la preferencia.
La supremacía significa la fuerza; la preferencia representa el dere- cho.
El hombre es un genio. La mujer un ángel.
El genio es inmensurable; el ángel indefinible. La aspiración del hombre es la suprema Gloria. La aspiración de la mujer es la virtud extrema.
La gloria hace todo lo grande; la virtud hace todo lo divino. El hombre es un código.
La mujer un evangelio.
El código corrige; el evangelio perfecciona. El hombre piensa.
La mujer sueña.
Pensar es tener en el cráneo una larva; soñar es tener en la frente una aureola.
El hombre es un océano. La mujer es un lago.
El océano tiene la perla que adorna; el lago la poesía que deslum- bra.
El hombre es el águila que vuela. La mujer es el ruiseñor que canta.
Volar es dominar el espacio. Cantar es conquistar el alma. El hombre es un templo.
La mujer es el sagrario.
Ante el Templo nos descubrimos; ante el Sagrario nos arrodillamos. En fin: el hombre está colocado donde termina la tierra.
La mujer donde comienza el cielo.
Estas frases sublimes del gran Iniciado humanista Víctor Hugo, invi- tan a vivir el Sendero del Matrimonio Perfecto.
Bendito sea el Amor. Benditos los seres que se adoran.
Alimentos de la Serpiente
Toda la Senda Iniciática se fundamenta en la Serpiente. Esta tie- ne sus alimentos cósmicos especiales. Existen cinco elementos básicos conocidos con los cuales se alimenta la Serpiente, a saber: la tierra filosófica, el agua elemental de los Sabios, el fuego elemen- tal, el aire elemental, y el éter. En estos elementos viven los Elemen- tales de la Naturaleza. Los Gnomos habitan la tierra filosófica. Las Ondinas viven en el agua. Las Sílfides en el aire, etc.
Los Gnomos trabajan entre las entrañas de la Gran Cordillera. Esta es la médula espinal. Todo el trabajo que realizan los Gnomos consiste en transmutar el plomo de la personalidad en el oro del espíritu. La materia prima es el licor seminal. El hornillo del laborato- rio es el chacra coxígeo. El agua es el licor seminal y los cordones simpáticos constituyen la gran chimenea por donde ascienden los
jo de los Gnomos es alkimista. La transmutación metálica es la base de la Iniciación. La materia prima debe transmutarse en el oro filosó- fico.
Los Gnomos necesitan del fuego de las Salamandras y del agua de las Ondinas. También necesitan los Gnomos del aire vital y de los simpáticos Silfos de la mente, para que impulsen los vapores semi- nales hacia adentro y hacia arriba. El resultado es la transmutación del plomo en oro. Cuando el aura del Iniciado es de oro puro, la Obra ha sido realizada totalmente.
La región de la tierra va desde los pies hasta las rodillas: Su man- tram es LA. La región del agua se haya entre las rodillas y el ano. Su mantram es VA. La región del fuego se haya entre el ano y el co- razón. Su mantram es RA. La región del aire está comprendida entre el corazón y el entrecejo. Su mantram fundamental es YA. La región del Eter se extiende desde el entrecejo a lo alto de la cabeza y su mantram es HA.
La Serpiente de Fuego se alimenta con estos cinco elementos básicos. Ahora comprendemos por qué el neófito tiene que pasar las pruebas de Tierra, Agua, Fuego y Aire. Las purificaciones y santifi- caciones relacionadas con estos elementos de la Naturaleza alimen- tan a la Serpiente y le permiten su ascenso por la sagrada cordillera de la médula espinal. Resulta imposible el ascenso de la Serpiente sin las purificaciones y santificaciones de estos cuatro elementos. Brahma, es el Dios de la Tierra. Narayana, es el Dios del Agua. Ru- dra, es el Dios del Fuego, Ishwuara, es el Dios del Aire, Sudashiva, es el Dios del Eter.
Meditando en estos dioses inefables podemos conseguir que ellos nos ayuden en el despertar de los chacras, ruedas o discos del Cuerpo Vital. Es conveniente hacer vibrar tales centros magnéticos con el propósito de prepararlos para el advenimiento del fuego. Me- ditad y vocalizad el mantram de cada elemento. Concentrad vuestra atención en cada uno de estos dioses elementales y rogadles os ayuden en el despertar de los chacras; así os convertiréis en ocultis- tas prácticos.