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CAPÍTULO VII. RESUMEN Y CONCLUSIONES

1.5. Huertos y jardines

En el ámbito doméstico, en el entorno próximo a las casas, las cuadras y el horru, se desarrolla otro tipo de agricultura, de aquellas especies que requieren menos espacio y más dedicación, que merecen un rincón cerca de casa porque se recogen directamente de la tierra en fresco y se utilizan con frecuencia (es el caso de muchas verduras, especias y plantas medicinales), o porque adornan el entorno doméstico, necesidad menos perentoria, pero muy humana. Es esta presencia en el entorno doméstico, con la familiaridad que esto implica, lo que hace que estos cultivos se mantengan aún muy activos en Piloña.

Pero la importancia de estos espacios trasciende lo meramente utilitario. Prácticamente ningún piloñés se ve hoy día en la necesidad económica de cultivar sus propias verduras, y son ya pocos los que las dedican a la venta. Los cultivos domésticos representan retazos de la actividad de una sociedad agraria tradicional, cuyos últimos representantes se resisten a abandonar las tareas del campo tras su jubilación. Pero además, y no menos importante, este espacio representa la primera imagen visible de la vivienda al exterior. Un jardín guapu y un güertu curiosu son la carta de presentación de una familia trabajadora y respetable, un buen motivo de orgullo propio e incluso de envidia ajena, una buena baza para obtener el aprecio y estimación social. Por ello, estos cultivos merecen una atención muy especial en este trabajo, como la han merecido en otros estudios etnobotánicos en España y Europa (Agelet et al., 2000; Vogl-Lukasser & Vogl, 2001; Vogl-Lukasser et al., 2002)

Para el estudio de estas unidades de cultivo se ha realizado un muestreo cuantitativo en 45 viviendas repartidas por todo Piloña, en el que se registran las dimensiones y las especies presentes en cada unidad (señalada como tal por los propietarios de las mismas), y la abundancia relativa de cada especie. Paralelamente, el mismo muestreo se ha realizado en 20 zonas públicas ajardinadas de Infiesto y Sevares. La metodología empleada para el muestreo, así como el análisis de los datos, sus resultados y discusión, se detallan en la pág 117. En el caso de los huertos, se realizó previamente un estudio no sistemático de 15 huertos de la localidad de Valles de San Román, en Junio de 2000, además de tratarse el tema en numerosas entrevistas. Los cultivos en el entorno doméstico se organizan en varios terrenos que rodean la casa, de tamaño variable siempre menor que el de les finques. Estos terrenos están separados entre sí, igual que les finques, por muries, vallas de madera o alambre, o setos, generalmente no tan altos como los que separan las fincas y con una composición diferente, en que predominan las especies ornamentales, frutales o medicinales sobre los grandes árboles. En el espacio inmediato a la vivienda, al pie de las paredes, puertas y ventanas, suelen colocarse además tiestos o jardineras.

Podemos distinguir, aunque la diferenciación resulta ambigua, entre terrenos dedicados a huerto y espacios ajardinados. Resulta ambigua porque, como veremos, las especies ornamentales y las comestibles se encuentran intercaladas en la mayoría de los terrenos, de manera que no es raro en absoluto que las rosas se alineen con la verdura en un mismo riegu. Aún así se pueden distinguir los terrenos donde son las plantas alimenticias las que ocupan la mayor parte del espacio (que llamaremos “huertos”) frente a otros en que estas no aparecen o son minoritarias (“jardines”); de hecho, en general los propios informantes los distinguen de la misma manera.

Los huertos

De las 45 viviendas visitadas para el muestreo, 44 tenían entre su espacio de cultivo doméstico un terreno dedicado preferentemente al cultivo de plantas comestibles, un güertu. Sirva este ejemplo para ilustrar lo frecuente y extendido que es aún el cultivo de los huertos en Piloña. No tienen por qué ser grandes; desde el que tiene sólo 30 m2, hasta 1500 m2 los mayores; como media rondan los 250 m2, lo que un cuadrado

de 16 m de lado. Muchas casas tienen más de un güertu, además de algún jardín, y tiestos con flores.

Así como el cuidado del jardín tiende a ser una labor exclusivamente femenina, el cuidado del güertu se llevaba a cabo por personas de ambos sexos, aunque son les muyeres les que se dediquen más a esto, y los hombres a les vaques28. Los hijos

ayudaban desde muy jóvenes.

Ahora mantienen esta costumbre sobre todo las personas mayores de Piloña, que trabajaron en el campo toda la vida, y encuentran en ello una satisfacción y entretenimiento. Por ejemplo cuenta una vecina que, al poco de enviudar, “yo a la casa-y cogí como... no sé qué te voy a decir, como alergia me daba la casa, y empecé yo a hacer un pocu de güertu, otra vez, y dijéronme los hijos, pero mamá, eso tú no lo puedes hacer, porque tengo de corazón...”99. Pero lo hace igual, y como

ella, muchos otros. Le pregunté a Lala98 quién trabaja en los güertos: “la gente que

queda, y lo otro está sin trabajar. Está lleno de escayos y ortigues y de to. No hay quien trabaje. Los hijos... nooo...” -“vienen a veranear”112 -“Puede venir algunu a

ayudar un pocu, si quién los padres, o lo que sea, o algunu que ye joven y por tener algo y... ya. Pero poco. Una vez que marcha pa población, ya...”98 (en Piloña

“población” alude a un pueblo grande o una ciudad).

El terreno que se utiliza para el huerto suele pertenecer a quien lo cultiva, aunque hoy sobran tierras, y hay casos de terrenos prestados, generosidad vecinal recompensada normalmente con cierta participación en la cosecha.

Especies cultivadas tradicionalmente en los huertos

Las especies más frecuentes en los huertos de Piloña en la actualidad se incluyen en la Tabla 25, y se comentan en el apartado “Análisis cuantitativo de los huertos y jardines de Piloña” (página 117).

No todas estas especies formaban parte o eran frecuentes en los güertos tradicionales. De hecho, la mayoría son más bien modernas, introducidas con la generalización de las semillas comerciales. Las personas mayores recuerdan que cuando eran niños se sembraba verdura, fabes y patates, ajos y cebolla, y algún repollu o lombarda. Tomate no había, “¡diba haber!”25. Ni zanahoria, ni pimientos,

tampoco ajos puerros. Les fabones y los arveyos se trajeron cuando crecíamos ya64.

Además, algunas especies que se sembraban a gran escala en las fincas (maíz, fabes y patates) han sido relegadas a un pequeño terreno en el huerto doméstico, de modo que, mientras la diversidad de cultivos disminuye en los grandes espacios, la diversidad de especies hortícolas en la mayoría de los huertos ha aumentado mucho en los últimos años, y con ella la diversidad en la dieta. La misma conclusión obtienen, en los Alpes austríacos, Vogl-Lukasser et al. (2001; 2002).

Organización del terreno

Lo más importante a la hora de emplazar un huerto en Piloña es que el terrenu sea caliente y soleyeru. Una finca buena “e muy caliente, y da muchu, y muy tempranu”124. Algunas especies del huerto son más sensibles al frío, y sólo se dan en

este tipo de terrenos; los pimientos, con el frío no nacen98; el tomate no se da bien

porque xiela enseguida31. Es importante también el tipo de suelo; se valora más el

terreno calizu por ser el más rico, frente al ácido arcilloso o barriscu, más difícil de trabajar, o el areniscu, que es más pobre. Se dice que el terreno muy abonado es gordu, viciosu o polu (ver Capítulo IV: Apuntes sobre etnoecología).

Para que el güertu quede curiosu, se organiza cada uno de los cultivos en riegos o hileras, de la misma manera que el maíz, pero en este caso más próximos entre sí. Generalmente se cultivan cada año los mismos terrenos, sin dejarlos descansar (excepto las patatas); incluso se puede aprovechar el terreno de los ajos para plantar fabes o vainilles una vez sacados éstos; antes típicamente se ponían los nabos tras recoger les patates.

Intercaladas con los riegos de plantas comestibles se incluyen a menudo rosales. Los crisantemos suelen colocarse en un riegu ocupando una esquina del güertu, y las demás plantas ornamentales en la periferia de cada terreno. También las medicinales ocupan pequeños espacios aquí y allá. No es infrecuente que entre varios cuadros cultivados crezca uno o varios pequeños frutales, muy frecuentemente pescares, perales, o ciruelares; les nozales al ser más grandes son más habituales en la periferia, igual que les manzanales.

Siembra y transplante

Tradicionalmente, la grana (simiente) se guardaba de un año para otro, y se intercambiaba entre vecinos, desde tiempos inmemoriales. Las nuevas variedades comerciales han entrado estas últimas décadas con tanta fuerza que es difícil encontrar ahora semillas locales. Por ello, no merece mucho la pena tratar las variedades de las plantas hortícolas, pues en general coinciden con las comerciales, y respecto estas hay mucha confusión. En Infiestu se venden semillas de todo tipo en varios comercios. En algunos de ellos, y principalmente los lunes en los puestos del mercado, se pueden encontrar variedades caseras (muy probablemente mezcladas ya con variedades comerciales, Juan José Ferreira, com. pers.) de verdura, fabes, vainilles, o fabones.

La mayoría de los paisanos mayores no compran semilla anualmente, sino que aprovechan la producción del año anterior (arvejos, fabes, vainilles, fabones) o dejan espigar algunas de las plantas para obtener semilla (frecuentemente verduray otras coles, nabos, o lechugues). Una vez granada, la planta entera se cuelga de la raíz en un alerón del horru (del tentemozu, por ejemplo), o en corredor, hasta la época de siembra. En el caso de les cebolles28,33,64, se planta una cebolla entera, sin guñar, y se

recoge cuando ésta granada (preferentemente en menguante de marzo)64.

Los semilleros, o eres, se siembran “en cajones, en sitiu caliente. Tié que ser con un cristal o así porque si no giélase. Pa que-y dé el sol pero no coja el aire de la mañana, la xelada”87. La mayoría de los semilleros (verdura, lechuga, tomate,

pimientu, ajopuerru)64,85,99 se preparan en octubre, para transplantar temprano; los de

no espiguen demasiado pronto85,138. Si

no se hicieron en octubre, entonces en febrero, pues diciembre y enero “son meses muertos”88,99; no crece nada.

La era del cebollín es algo diferente: se prepara directamente en el terreno, en septiembre u octubre. Para protegerla, se instala alrededor de ella una empalizada de palinos clavados en vertical sin espacio apenas entre sí. Los palos pueden ser de cualquier

cosa, de pláganu99 o ablanu por ejemplo33,64, aunque algunos prefieren el benitu,

porque dan olor y así no pasan los topos88. Luego se cubre con una red, un plástico,

palos o felechu, para que no entren los pájaros.

Foto 6. Semilleros o eres de pimientos y tomates.

En marzo, estando caliente, ya se puede poner el calabacín y el pepino, y la calabaza en abril85,87,88. La acelga y la zanahoria

pueden sembrarse en cualquier momento; Loli85 aconseja que esta última se siembre

en junio, “si está sembrada en junio, no cría un huesu por dentro, que después... non tién carne, está toda dura, por dentro”. San Martín (11 de noviembre) es una fecha de referencia importante para el trabajo del huerto, como evidencia el tan extendido refrán; “¿por qué no creciste, ajín? porque no me sembraste por San Martín”88,99,103,112,124. Por esas fechas se plantan también les

fabones, o fabes de mayo, y los arvejos. Si se pasa esa fecha entonces se pueden también sembrar en febrero, como lo demás. Como ya vimos, les patates (siembra en marzo, por San José), y les fabes y vainilles (en abril o mayo, hasta San Juan, el 24 de junio) son lo último en sembrarse.

Foto 7. Huerto. En primer plano, era de cebollín

Cuando llega la época de trasplantar, a partir de marzo y durante toda la primavera, los mercados de los lunes en Infiestu albergan varios vendedores que traen de sus terrenos (de Piloña, o de otros concejos del oriente asturiano) pequeñas plantas preparadas para trasplantar. Este es el mejor recurso para todos aquellos a quienes les falló el semillero, o a los que alguna plaga, xelada, o pedriscu les arrasó el cultivo. Se puede encontrar plantón de cebolla, lechuga, tomate, pimientos de varias clases, varios tipos de coles, puerro, berenjena, calabaza, calabacín, pepino, melón, sandía... Este negocio debe venir de antiguo, pues recuerda Eduardo24 cuando vendín el

cebollín por cientos, amarraos con una tira de espadaña...

Lo primero en trasplantarse, a partir de enero, son les cebolles tempranes, o cebolletes, les lechugues y les berces49,85,94, aunque estas últimas se pueden poner en

cualquier momento94,112, igual que les acelgues95. A partir de marzo, y hasta junio

(hasta San Juan), todo lo demás, que se irá reponiendo a medida que se consuma “en primavera prácticamente ye quitar y poner, quitar y poner”88.

Mantenimiento, tratamiento de plagas y enfermedades

Pero las cosas no son tan fáciles como quitar y poner. Para que se logre el güertu hay que trabajar mucho. Hay que sallar y quitar basura (término con el que en general se alude a las malas hierbas), y regar, en verano, si vien la seca; antes, acarretando calderaos de agua en la cabeza98. Ello supone agacharse continuamente, como

sugiere el cantar:

“Saya colorada no la lleves a sallar si quieres que ti la vean cuélgala de la figar”124

En el huerto cada planta da su quehacer. Cuando son pequeños, los tomates y los pimientos conviene taparlos un poco pa que no los maneje el vientu, ni los castigue el sol. Para ello se espeta al lado de cada plantina una cañina de laurel, boje, sanjuanín, o Prunus laurocerasus, es decir de cualquier arbusto de hoja perenne. Hay quien pone un toldo de plástico; mucho menos etnobotánico, pero vale igual.

Los arvejos, los tomates, les vainilles y les fabes (que en el huerto se plantan en general sin maíz) hay que amarralos a un palu, pa que levanten, e incluso los pimientos, pa que no entornen (caigan)28. Esos palos hay quien los llama arrudos8, o

palos de parra141, pero normalmente se llaman “palos”, y son de cualquier cosa, la

mayoría de las veces de ablanu, o más raramente fresnu.

No acaba aquí la cosa con los tomates, también hay que podarlos, corta-yos la punta, pa que no crezca demasiado, y también los chupones que salen entre la rama y el cañu87.

Los ajos “anúdenlos por Santa Rita, pa obligalos a adelantar a secar. Por Santa Rita, que es el 22 de mayo, suelen cogelos de arriba y hacen un nudo así con ello”99.

Además hay que contar con las varias plagas que amenazan al huerto. Les gates (orugas)99,112, el piojillo (pulgón), el escarabajo de la patata, pero sobre todo los

caracoles y llemaces (babosas), son los enemigos principales. Antes se quitaban a mano, y se reciclaban: “me acuerdo yo, en casa, de pequeña (...) así por la tarde, era un hobby, pa mí, aquello de coger una lata e ir a cogelos, se machacaban y lo echábamos a las gallinas”99. Durante unos años incluso los caracoles los recogían los

críos y se vendían a personas que venían a buscarlos para restaurantes. En Piloña muy poca gente ha comido alguna vez caracoles; la idea produce en general bastante asco.

Hay todavía algún otro mal, que ninguno acierta a explicarse, que viene con la nube, en verano; “a lo mejor vien una lluvia, y no sabes de qué, al otru día aparece tou negru”98; “encuéntreste con cualquier siembra que... hay días raros que... que te

daña todo lo que siembras, un día se te estropean, sin saber por qué”99. Algunos lo

atribuyen a la contaminación: “yo no sé si e el mal del aire”99; hay algo en el aire, que

llueve sucio, o algo así112; la lluvia ácida, esa orbayada de junio, estropea el

carapiellín de les ablanes50. También se asocia este fenómeno con algunos robles u

otros árboles que enferman súbitamente, generalmente en los días cálidos y húmedos. Muy posiblemente se trate de infecciones por hongos, que no son estrictamente contaminación atmosférica, pero sí se ven muy beneficiados por el clima nublado y bochornoso tan frecuente en Asturias estos últimos veranos.

El remedio contra todos estos males: sulfatar. En Piloña este es un término genérico para la aplicación de cualquier tipo de pesticida, herbicida, u otro producto químico al campo. “Hay que sulfatar mucho, cada vez que llueve, porque si no... este año hay muchísimos todos dañados”. “Hay que sulfatar, la verdura, porque cómenlo to (...) los tomates si llueve y aquello pues hay que sulfatalos, porque si no vien el sol y... pues se manchen, queden negros”98 . Y contra los caracoles y les llemaces: babosil, que

de nombre comercial tremendamente apropiado ha pasado a término genérico para todo veneno contra estos tan viscosos como nocivos habitantes del güertu.

¿Y antes? “Antes no había plaga de toda esta basura como ahora; siempre lo hubo, siembre hubo de todo eso, pero no... “99, “en casa no se solfataba”112. “El sulfato

vino... qué sé yo, cuando empezó ya a haber... (...) en casa no lo había, antes no se sulfataba, ni les patates, ni nada, ni tampoco había escarabajo”98. Averiguar si había

realmente menos plagas, o las plantas eran más resistentes, o todas estas afirmaciones se quedan en apreciaciones subjetivas, llevaría mucho más tiempo y medios de los que contamos para este trabajo.

Quedan por enumerar los ratones y los pájaros. Contra los ratones se ponen palos de protección en torno a la era del cebollín (pág. 110). Otro remedio, ya más en desuso, para que los ratones no coman las raíces de las plantas cultivadas, es tolerar o fomentar el crecimiento entre las plantas del huerto de una lecherina, Euphorbia

lathyris, que debe ser de muy mal gusto para estos roedores. Sólo la hemos visto crecer en un güertu de Piloña, pero también la vimos en alguno de Nava, y por lo que nos cuentan debió ser mucho más frecuente en el pasado8,84; también se cita en

Cantabria (Pardo de Santayana, 2003).

Por cuenta de los pájaros, hay que tapar con redes los arvejos y les freses. Los arvejos les gustan con desmesura a los grayos, o arrendajos. “Diz que había un vecino, que compró muchas redes, cubría con redes los arvejos. Pero los grayos metínse por debajo (se ríe), por debajo, fía. Pero aquel... aquel non salía. Atrapábenlos allá, y decía él, -tú me comiste los arvejos, voy comete yo con arvejos-”137. Y al parecer

están realmente buenos, los grayos con arvejos. Ahora están protegidos, los grayos. Permítanme incluir aquí la opinión de Argentina sobre esto, que creo expresa y defiende perfectamente el sentir a este respecto de gran parte, si no todos, los piloñeses: “ahora prohibiéronmoslo, porque dicen que ese páxaru que está protegíu. Diu -coño, ¿entós quién nos protege a nosotros los frutos? ¿y los arvejos, no tan protegíos? Debín de proteger los arvejos.- (...) si supieran los daños que nos hacen... sí, no los dejen matar. Los cuervos son ... dañisísimos, los cuervos son malos, malos, malos, el grayu e dañín también porque oye, come tou lo del güertu! (...) desarma les panoyes, pa sacar los granos. No, no, esos que dicin esto que es... esto de... cómo se llaman los verdes?” - ecologistas (apunto) - “esos ecologistas tenín que sembrar ellos algo”137.

Recolección y almacenamiento

La verdura, los puerros y las acelgas, se pueden recoger a lo largo de todo el año. A partir de mayo y junio se va sacando casi todo lo demás: fabes de mayo, lechuga, freses, arvejos, cebolletes... y les patates. Los pimientos y tomates se harán esperar hasta agosto y septiembre.

Ahora, lo que no se consume en fresco, se mete al congelador. Antes no; para cada producto había una solución. Los arvejos se secaban y se consumían remojándolos

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