Kaktus-ABC 124 1935.
6. Hylocereus (A Berger) Britton & Rose, Contr U S Nat Herb 12: 428 1909.
Tipo: Cactus triangularis L.
Sinónimos: Cereus subg. Hylocereus A. Berger; Wilmattea Britton & Rose.
Etimología: El nombre deriva del griego hyle, bosque, al describir el hábitat de Hylocereus. Descripción: El género está formado por plantas trepadoras, en general epífitas, tallos trian-
gulares o trialados, con costillas más o menos onduladas y en ocasiones cornificadas, ramas con raíces aereas, areolas provistas de espinas cortas, en la juventud con pelos setosos, flores gran- des, nocturnas, infundibiliformes, con limbo tan largo o más que el tubo, ovario y tubo con es- camas foliáceas, en las axilas con fieltro, lana o cerdas, inermes, tépalos externos semejantes a las escamas del tubo pero mayores, los internos angostos, agudos o acuminados, en general blancos, rara vez teñidos de rosa; estambres numerosos, en dos series, iguales o menores que el estilo, estigma con lóbulos lineares, numerosos, simples o ramificados, fruto grande con esca- mas foliáceas persistentes,sin espinas, comestible y semillas con testa negra y brillante.
Taxonomía: El género Hylocereus fue descrito por Alwin Berger en 1905 como un subgénero
de Cereus, Britton & Rose lo situaron a nivel de género en 1909, también describen Wilmattea Britton & Rose con una sola especie, W. minutiflora Britton & Rose, que el International Cac-
taceae Systematics Group ha situado en Hylocereus, como H minutiflorus Britton & Rose. Myron Kimnach, en 1983, está en desacuerdo, sin embargo, indicando que es distinto (An- derson, 2001). Anderson (2001) incluye 18 especies, la mayoría de floración estival, mientras
otros autores recientes indican dieciséis, dispersas a lo largo de Centroamérica y el Norte de Su- damérica (Barthlott & Hunt, in Lichtenzveig & al., 2000).
6.1. Hylocereus undatus (Haw.) Britton & Rose, in Britton, Flora Bermuda 256.
1918.
Sinónimos: Cactus triangularis aphyllus Jacquin; Cereus triangularis major DC.; C. undatus
Haw.; Hylocereus tricostatus Britton & Rose.
Nombre común: Standley (1914) indica pitahaya (Jalisco, Yucatán, Costa Rica, El Salvador,
Puerto Rico), pitahaya orejona (Oaxaca), tasajo (Durango), junco, juco tapatío, chacoub, zacoub (Yucatán), cáliz (Filipinas). Fuentes (2007) indica para H. undatus en Cuba los nombres: flor de cáliz, flor de baile, pitahaya, mientras los frutos han sido conocidos como agoreros, yagua- raba y yaguarabá.
Iconografía: Britton & Rose (1919), fig. 263, pág. 187, fig. 264, pág. 188, vol. II; Fig. 21. Citas nuevas: VALENCIA: 30SYJ1195, Olocau, Urbanización La Lloma, monte bajo, 4-II-
2007, 270 m, D. Guillot.
Área de cultivo: ALICANTE: El Comtat, La Marina Baixa, La Marina Alta, la Vega Baja; CASTELLÓN: Alto Mijares, La Plana Baixa; VALENCIA, Vall d´Albaida, Camp de Túria,
Camp de Morvedre, Horta Nord, Horta Sud, La Canal de Navarrés, La Ribera Alta, La Sabor, La Ribera Baixa, Los Serranos, Valencia.
Corología: Fue citada como localidad tipo, China, en cultivo. Se encuentra distribuida en Costa
Rica, Panamá, Uruguay, Colombia, Brasil y México. En este último país se distribuye en los estados de Campeche, Tabasco, Yucatán, Oaxaca y puebla (Mendoza & al., 2006). Ha sido ci- tada anteriormente en la Península Ibérica en Andalucía. Es cultivada en 20 países por sus frutos (Nobel & Barrera, 2004), estando su importancia económica basada en éstos (Bodart & al., 2006). Su origen exacto se desconoce, aunque algunos autores creen que procede de la Marti- nica o de Colombia (Bravo-Hollis, 1978). Candolle (1828) indicó el Caribe y México para Ce-
reus triangularis DC., para la var. major, Santa Helena. Actualmente se cultiva en toda América
Tropical y también en algunos lugares de China, pues es muy apreciado por la hermosura de sus flores y por sus frutos comestibles de sabor agradable (Bravo-Hollis, 1978). Fletcher (1999) indica que el género ha sido comercializado y crece en América y Vietnam, donde fue impor- tado por los franceses, al igual que en Australia, donde encontramos junto a esta especie otros representantes del género, por ejemplo H. guatemalensis Britton & Rose, e importado al Norte de Queensland H. ocamponis Britton & Rose (pitaya roja). También se cultiva en Malasia y Tai- landia. En México se encuentra silvestre en casi todas las selvas tropicales caducifolias y sub- caducifolias en donde ha sido propagado por las aves, existiendo una variedad con artículos cor- tos y anchos y muy crenados colectada en Chiapas (Bravo-Hollis, 1978).
Descripción: Desde el punto de vista morfológico, presenta tallos triangulares, de color verde,
en ocasiones, con la edad, más o menos glaucos, trepadores, costillas en general tres, anchas, delgadas, con margen sinuado, con el tiempo ligeramente córneo, aréolas espaciadas 3-4 cm, espinas 1-3, de 2-4 cm de longitud. Flores no observada, según Bravo-Hollis (1978) de cerca de 30 cm de longitud o más; segmentos exteriores del perianto verde amarillentos, encorvados ha- cia atrás; segmentos interiores blancos, erectos, oblanceolados, anchos, enteros, apiculados; fila- mentos delgados, color crema; estilo grueso, de 7 a 8 mm de diámetro, color crema; lóbulos del estigma como 24, delgados enteros, crema; fruto oblongo, de 10 a 12 cm de diámetro, rojo pur- púreo, con grandes escamas foliáceas más o menos caducas al madurar, es comestible y tienen pulpa blanca, semillas pequeñas, negras.
Xenotipo: Métáfito epecófito.
Floración: Rara vez se observa en flor en nuestros jardines. Frecuencia: Muy raro como cultivado, igualmente como alóctono. Tipo biológico: Fanerófito suculento/escandente.
Multiplicación: Por separación de segmentos del tallo o ramas. Los ejemplares observados co-
rresponden a restos de antiguos cultivos o restos de poda que enraízan.
Historia: Se trata de un taxón variable morfológicamente. Según Britton & Rose (1919) en el
New York Botanical Garden Herbarium, existian especímenes de Hylocereus recolectados en Martinica, en 1884 por Pére Duss, con costillas cartilaginosas marginadas y flores blancas alar- gadas, indicando también que en esta isla, Jacquin, en 1763 describió una var. aphyllus en los bosques montanos, así como indican que existe esta especie comúnmente en Yucatán, con dos formas, una llamada chacoub, con flores blancas excepto por los tépalos con ápice púrpura, el fruto globuloso y rojizo-púrpura, y la otra forma llamada zacoub, con flores blancas y fruto cre- ma-blanco, oblongo. Por ejemplo, en México, Castillo-Martínez & al. (2005), indican la gran heterogeneidad del material genético empleado en cultivo en la Península de Yucatán, difiriendo los frutos en cuanto a la forma, tamaño, color, número y tamaño de las brácteas, y en contenido de sólidos solubles. Castillo-Martínez & al. (2003) indican en la Península de Yucatán dos ti- pos de los más cultivados, que se caracterizan por poseer frutos de pulpa blanca, pero difieren en el color de la cáscara, en uno rojo, en el otro amarillo claro, conociéndose este último como pitahaya blanca, siendo claramente la primera perteneciente a esta especie, la segunda, también según Maldonado (cf. Castillo-Martínez & al., 2003). Por ejemplo, en California se cultivan más de 60 variedades (Merten, 2006). En Nicaragua se cultivan las var.: Lisa, Orejona, Rosa y Cebra (Muñoz, 2006). También se han obtenido formas híbridas, hexaploides, en Israel, con
Selenicereus megalanthus (Tel-Zur & al., 2003), con el objetivo de obtener frutos mejorados
para su comercialización.
Etnobotánica: Desde un punto de vista etnobotánico, el fruto ha sido empleado para combatir
la anemia (Fletcher, 1999), existiendo numerosa bibliografía que trata sobre sus frutos. Fuentes (2007), en referencia a Cuba, indica que es empleada en ritos afrocubanos. Este autor indica otros usos en la isla para esta especie: alimenticio, medicinal, ornamental, la pulpa de los frutos ha sido empleada como laxante y para el tratamiento de la litiasis renal, se dice que los tallos tienen acción vermicida. Ampliamente cultivada como ornamental, por ejemplo ha sido citado como cultivado en Sicilia occidental en parques y jardines (Rossini & al., 2002 a, b), compo- nente de los jardines históricos sicilianos (Bazan & al., 2005), cultivada en Italia (Palermo) an- tes de 1800 (Domina & al., 2003), y en Bielorrusia (Kuzmenkova & al., 2003-2007). Cul- tivado en Almería (Sagredo, 1987). Indica este autor, que en una finca próxima a los baños de Srra. Alhamilla, próximos a estos baños, y extendido sobre la cerca de una finca, vio Lange un gran ejemplar subespontáneo.
Variedades: Por ejemplo Fuentes (2007) indica que en Cuba el cultivar presente comunmente
es de pulpa blanca, auqnque en los últimos años se han introducido uno de pulpa roja. Es culti- vado en Israel, donde se introdujeron en principio 27 clones (Mizrahi & Berd, 1999). En este país se han producido clones híbridos de Hylocereus sp. con H. undatus (Mizrahi & Berd, 1999).
Problemática: Se trata de una especie invasora, habiendo sido citada en numerosos países: Es
cultivada en Estados Unidos (Merten, 2006), en Florida (Wunderlin, 2006; USDA, 2006) Ha- wai y Puerto Rico (USDA, 2006), habiendo escapado de cultivo en nueve condados, formando grandes colonias en algunas áreas (Morin, 2006); en Sudáfrica, por ejemplo, ha sido citado como invasora en el Kruger National Park. Este taxón, durante la ocupación de Taiwan (1624- 1662) fue introducido junto a otras especies americanas como Leucaena leucocephala (Lam.) de Wit y Acacia farnesiana (L.) Willd., encontrándose naturalizada localmente; también ha sido in-
dicado como naturalizado en Niue, en las Islas del Pacífico. Habita en la Isla de Reunión, junto a H. costaricensis Britton & Rose, ambas introducidas, reproduciéndose vegetativamente (Le
Bellec, 2004). Naturalizada en Tamil Nadu, India (Nair & Henry, 1983). H. undatus asil-
vestrada en Fuerteventura (Kunkel, 1977). Ha sido citado en las Islas Baleares (Moragues &
Rita, 2005). Cultivado y naturalizado en Cuba (Rodríguez, 2007). Intrapófito pionero en Cuba
(Ricardo & al., 1995). No supone un problema para los ecosistemas valencianos.
Actuaciones recomendadas: No son necesarias medidas específicas respecto de este taxón. 2n= 22 (Lichtenzveig & al., 2000).