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ICC S ALUD DE LA M UJER Y D ERECHOS S EXUALES Y R EPRODUCTIVOS

L

a salud es entendida hoy en el mundo no sólo como la ausen-

cia de enfermedades, sino como un estado de pleno bienestar físico, mental y social26. Esto significa que las personas tienen derecho al nivel más alto de salud y al disfrute de los beneficios del progreso científico. Desde esta perspectiva, la salud reproductiva cautela tanto la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria, como de procrear y debe asegurar los derechos sexuales y reproductivos, que incluyen que tanto las parejas como los individuos puedan: gozar su sexualidad sin riesgo de embarazos no deseados y de contraer enfermedades trans- misión sexual y SIDA, decidir libre y responsablemente el número y espaciamiento de sus hijos, así como disponer de información y medios para lograrlo. También incluyen acceder a una adecuada atención gine- cológica durante el embarazo, el parto y el puerperio y a la prevención y tratamiento de la infertilidad. Estos derechos son, por tanto, parte del proceso de reconocimiento de las mujeres como sujetos autónomos con responsabilidades y capacidad de decidir sobre su cuerpo, su sexualidad y su fecundidad.

Sin embargo, el ordenamiento sociocultural vigente y las visiones religiosas fundamentales ponen a las mujeres en situación de desventa- ja, por el rol que tienen en la reproducción de la especie humana. Las construcciones sociales de lo masculino y lo femenino inciden tanto en los perfiles de salud de mujeres y hombres, como en los derechos que les caben respecto de sus propios cuerpos.

En esta área, los indicadores del ICC apuntan a la plena vigencia de los derechos humanos de las mujeres en todas las etapas del ciclo vital, a la libertad de decidir sobre su sexualidad y reproducción, a la no

discriminación y a la equidad social. Los debates y las propias instituciones de la salud se encuentran plagadas de estereotipos de género, donde el modelo androcéntrico –que tiene al varón como punto de referencia y medida– tiende a prevalecer. Ello se traduce en una ceguera frente a las necesidades de salud de las mujeres. Es responsabilidad del Estado promover acciones orientadas a superar las barreras existentes y garantizar el acceso a servicios de salud de calidad, considerando las diferencias y necesidades particulares de las mujeres.

Entre las tendencias que evidencia el Indice de Compromiso Cumplido en esta área hay una que destaca por sobre las demás y que incide en la situación de salud de las mujeres latinoamericanas:

26 Informe de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (El Cairo, 5 a 13 de septiembre de 1994) (A/ CONF.171/13)

“...Todos los países deben esforzarse por que la salud reproductiva esté al alcance de todas las personas de edad apropiada lo antes posible y a más tar- dar para el año 2015. La atención de la salud reproductiva en el contexto de la atención primaria de la salud debería abarcar, entre otras cosas: ase- soramiento, información, educación, comunicaciones y servicios en materia de planificación de la familia; educa- ción y servicios de atención prenatal, partos sin riesgos, y atención después del parto, en particular para la lactan- cia materna y la atención de la salud maternoinfantil (...) información, educación y asesoramiento, según sea apropiada, sobre sexualidad humana, la salud reproductiva y paternidad responsable. Se debería disponer en todos los casos de sistemas de remi- sión a servicios de planificación de la familia y de diagnóstico y tratamiento de las complicaciones del embarazo, el parto y el aborto.

(Programa de Acción de El Cairo. Objetivo estratégico F.5. p 178)

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La (in)disponibilidad de información. El ejercicio del derecho a la salud y de los derechos sexuales y reproductivos tiene como elemento básico contar con información y conoci- miento sobre los problemas y necesidades de salud de mujeres y hombres. Sin ello, ni los decisores, ni el movimiento de mujeres, como tampoco los sistemas de salud pueden dar respuestas oportunas y adecuadas a las necesidades de las mujeres. La falta de infor- mación inhibe desarrollar acciones conducentes a la equidad de género o a mejorar la comprensión sobre las consecuencias que el orden de género tiene en las oportunidades de mujeres y hombres para preservar o promover su salud. Tampoco es posible ejercer el control ciudadano.

En estos temas, constituye una tendencia generalizada en la región la ausencia de infor- mación desagregada por sexo, un difícil acceso cuando existe, y una escasa sistematici- dad en su forma de levantamiento y periodicidad. Con excepción de aquellos países don- de la cooperación internacional realiza periódicamente encuestas de salud y demografía, es constante la ausencia de información desagregada por sexo y/o de una perspectiva de género aplicada a la información.

2

En términos generales, el índice muestra un avance de cerca de un 3% en el período de

tiempo considerado para todos los países de la región en los que se cuenta con informa- ción (son 6 los países con información incompleta: Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador y Uruguay).

3

El uso de métodos anticonceptivos modernos (reversibles e irreversibles) por las mujeres

de la región experimenta un avance, alcanzando casi tres cuartas partes de la meta espe- rada llegando al 73% en 2003. Pero mientras varios países habrían alcanzado la meta, Panamá y Venezuela se mantienen rezagados en torno a un tercio de la meta.

4

Los embarazos de adolescentes que llegan a término dan origen –en 2003– a cerca del

17% de los nacimientos vivos de la región, experimentando pocas variaciones desde 1995, con rangos que van de 28% a 9% de los nacimientos.

5

La atención institucional del parto muestra una franca mejoría, quedando a un poco menos de veinte puntos porcentuales de la meta, siendo casi universal en países como Argentina o Chile, pero aún bajo 50% en Nicaragua.

6

Entre los 11 países en que es posible medir el avance entre todos los años considerados,

República Dominicana es el que enfrenta el año 2003 con la mejor situación con un 96,7% del logro de meta. Nicaragua queda en la posición más desmejorada con sólo un

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Considerando los ritmos de avance anuales, el primer país en alcanzar la meta sería Para- guay en 7 años, requiriendo Venezuela y Ecuador más de 60 años para llegar a la meta.

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Si bien se evidencian avances, es importante señalar que no se cuenta con información

suficiente para proyectar la situación de dos de los países con mayores concentraciones de población de la región como son Argentina y Brasil. En ambos casos no existe informa- ción disponible respecto al uso de métodos de control de la fecundidad entre sus mujeres para los años requeridos.

PANORÁMICA GENERAL

DEL CUMPLIMIENTO

DE METAS

Área de Salud de la Mujer y Derechos Sexuales y Reproductivos

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