CAPITULO VII: EL PROCESO DE TRANSCRIPCIÓN Y ANÁLISIS
5. Algunas ideas para la codificación y el análisis semántico
En la actualidad estamos iniciando el trabajo en relación con el análisis del desarrollo semántico del niño. De momento no podemos ofrecer al lector una descripción tan pormenorizada como la que hemos hecho con el resto de dimensiones y componentes lingüísticos. Tan solo vamos a esbozar brevemente algunas de las líneas sobre las que nos encontramos reflexionando con el fin de iniciar el proceso de codificación, categorización, transcripción, análisis e interpretación semántica.
Podemos resumir los objetivos sobre los que estamos trabajando en los siguientes puntos:
I. Determinar qué clases de palabras y significados producen y comprenden los niños, distinguiendo entre clases de palabras con significado semántico–léxico (nombres, verbos y adjetivos) y significado semántico–gramatical (preposiciones, conjunciones, determinantes, pronombres).
II. Establecer campos semántico–léxicos –con las palabras que poseen un significado semántico–léxico– como conjuntos de referentes que comparten algún o algunos de sus rasgos específicos.
III. Buscar la relación entre aquellas palabras con significado semántico–léxico que puedan dar lugar a varias designaciones dependiendo de la construcción sintáctica de la que forma parte.
IV. Distinguir entre contexto lingüístico y situación de habla. El primero se refiere a la sucesión de unidades que forman un enunciado y la segunda se relaciona con la situación contextual en que se produce la comunicación y no intervienen los signos lingüísticos.
RESUMEN E INTERPRETACIÓN
Se presenta en este libro una forma cualitativa de evaluar la conducta lingüística de los niños, partiendo de la observación y el análisis de sus interacciones comunicativas en contextos naturales. En la primera parte, se intenta ofrecer la argumentación teórica de esta propuesta metodológica, mientras que en la segunda se esboza la aplicación práctica de la misma.
Como ya se expuso al comienzo de este trabajo, lo realmente importante en la evaluación del lenguaje tiene que ver con una óptima formación del examinador, que le permita establecer un juicio clínico correcto y consiguientemente la elaboración, diseño y desarrollo del programa de intervención.
La tarea de evaluar el lenguaje se nos antoja difícil, ya que no se trata de un objeto de estudio simple. Una concepción evolutiva del lenguaje lleva consigo tener en cuenta la interrelación de numerosas aptitudes y funciones, cuyo análisis corresponde a disciplinas tan diversas como la lingüística, la psicología, la pedagogía, la audiología o la neurología. Se impone, por lo tanto, una visión interdisciplinar en el análisis de los problemas de lenguaje. La adquisición del lenguaje convive con el desarrollo que el niño tiene en otras áreas. El profesional debe intentar ir hacia un análisis global de los problemas del niño, rehuyendo esquemas simplistas y estériles.
Esta concepción evolutiva de la evaluación aconseja, además, el examen individualizado de cada niño. Se entiende por ello que todo niño responde a unos parámetros muy singulares vinculados a múltiples variables de orden biológico, afectivo, cultural, familiar, psicológico, etc. Estamos ante una tarea compleja que debe comenzar por una labor de reflexión personal, de formulación de preguntas a partir de un
screening inicial que sea sencillo pero también eficaz.
Nuestra idea de partida es que el profesional sea capaz de formularse las siguientes preguntas. En primer lugar, ¿cómo analizar e interpretar el lenguaje de cada niño?; en segundo lugar, ¿cómo situar los problemas de la conducta lingüística en el marco general del desarrollo del niño? En definitiva, se trata de que el logopeda y el Psicopedagogo del lenguaje y la comunicación contextualicen los problemas de lenguaje con los que trabajan. Este dato nos obliga a reflexionar sobre la excesiva importancia que en muchas ocasiones se le concede a los factores etiológicos, marginando aquellas cuestiones vinculadas al contexto y a las aptitudes generales del niño. Evidentemente, descubrir que un niño tiene una pérdida auditiva es importantísimo, pero no lo es menos la descripción de sus contextos de interacción y la relación de los procesos de adquisición del lenguaje con su desarrollo general.
De la lectura atenta de las páginas de este libro se desprende otra consideración. Nos referimos a que el examen del lenguaje no debe entenderse como algo uniforme, estable, que siempre plantee idénticos objetivos y parecidos recursos metodológicos. Bien al contrario, la evaluación del lenguaje debe permitirnos la explotación con procedimientos y estrategias acordes con el trastorno que tengamos ante nosotros. En
este sentido, cada profesional debe conocer perfectamente su campo, pero ha de ser capaz de establecer los límites de su competencia y los ámbitos que corresponden a otros profesionales.
Se ha intentado dar respuesta también a la pregunta acerca de ¿qué evaluar? Quizás al lector le pueda resultar demasiado engorrosa la metodología que aquí se ha expuesto. Es posible que así sea. Sin embargo, nuestra reflexión aquí se orienta en el siguiente sentido: si bien recogerlo todo sería una barbaridad, hay que intentar resolver la paradoja de nunca dejar escapar nada sin explorarlo todo. El secreto sigue estando en la formación teórica y la experiencia clínica del logopeda. Para poder ofrecer un buen juicio clínico, el profesional ha de recabar información no sólo de las bases anatómicas y funcionales y del lenguaje del niño; se hace imprescindible, al mismo tiempo, indagar sobre las condiciones de vida durante la primera infancia, la adquisición del lenguaje y su uso en el medio familiar. Además, resulta fundamental conocer las características sociolingüísticas de su medio y. sobre todo, tener una idea certera del perfil lingüístico y comunicativo que define a los actores de la vida escolar y familiar, profesores y padres.
La respuesta a la pregunta de ¿cómo evaluar? pasa para nosotros por el convencimiento que tenemos de que el procedimiento de registrar, transcribir y analizar muestras de lenguaje en situaciones naturales, espontáneas o libres, es sencillamente insustituible. Las funciones comunicativas, las habilidades conversacionales, la diversidad en el uso de estructuras morfosintácticas, la entonación y los aspectos prosódicos del lenguaje, la variedad léxica y la relación de significados, todo ello, se podrá analizar con mayor rigor utilizando esta forma de proceder. El resto de procedimientos y estrategias se plantearán con carácter complementario. Nuestra apuesta en este punto es bien clara; la obtención de muestras de lenguaje en situaciones libres o espontáneas es el procedimiento que debe guiar la realización de otros exámenes complementarios y no al contrario.
En muchas ocasiones se ha dicho que esta manera de proceder es poco realista. Nuestra respuesta es categórica: resulta más costoso, sobre todo en el tiempo, pero se puede hacer con la mayor parte de los trastornos de lenguaje. Todo va a depender de la situación peculiar de cada niño. En ocasiones la evaluación precisa de sólo dos o tres horas, pero hay casos que exigen varias semanas o meses. Sin embargo, el tiempo no debe hacernos renunciar a uní, evaluación seria, precisa, rigurosa, que va a resultar el eje fundamental del posible éxito de la reeducación del desorden del lenguaje y, quién sabe, si de la propia vida del niño.
Para finalizar añadiremos que debemos mostrarnos muy optimistas en el diseño de planes de evaluación de la conducta lingüística infantil. Los profesionales han de ser capaces de diseñar procedimientos de evaluación y perfeccionarlos u través de sus propias prácticas. Quizás el uso de una metodología más etnográfica, más cualitativa, pueda ofrecernos resultados aparentemente más dispersos, pero también resultan más expresivos. En ultimo término, el logopeda ha de resolver la siguiente disonancia: pasarse su vida profesional aburriéndose con el uso de las mismas láminas, idénticas listas de palabras o parecidas definiciones, o, por el contrario, optar por una estrategia más imaginativa, más creativa, que le llevará a ser un experto con un mayor nivel de formación.
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