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CAPÍTULO V. CHOQUE CULTURAL EN EL CONTEXTO DEL

1. CHOQUE CULTURAL

1.1 Identidad en el choque cultural

La identidad es el conjunto de rasgos de una comunidad que hace únicos a sus miembros y, por ende, los diferencia de los de otras comunidades. En torno a la manera como dicha identidad se construye, Said ha señalado (2005, p. 39):

Ninguna identidad cultural aparece de la nada; todas son construidas de modo colectivo sobre las bases de la experiencia, la memoria, la tradición (que también puede ser construida e inventada), y una enorme variedad de prácticas y expresiones culturales, políticas, sociales.

Existen dos perspectivas a la hora de abordar el concepto de identidad. Una indica que la identidad es estática, que pertenece a un grupo social y que éste la determina. Mientras que la otra postura afirma que la identidad es dinámica, que se encuentra en constante cambio y que depende de las necesidades y transformaciones en el contexto social.

Este segundo enfoque es el que se tuvo en cuenta para la presente investigación, ya que existen evidentes cambios en el contexto de las tres cantaoras a causa del desplazamiento forzado y esto les generó nuevas necesidades de adaptación que conllevaron a nuevos rasgos en su identidad. Chávez Nuñez explica este enfoque (1996, p. 104):

Al caracterizar la identidad de una manera más dinámica, señala que ésta es cambiante, contiene valoraciones culturales y siempre es una construcción en permanente movimiento resultante de las necesidades de grupos sociales concretos y

Luna de Miel Rechazo Negociación Ajuste o Dominio de Escena

Encantamiento con el lugar de destino

Sensación de repulsión hacia el lugar de

destino

Conocimiento del lugar de destino – inicios de

adaptación

Adaptación completa al lugar de destino

A pesar de que la identidad sea dinámica y cambiante, una persona no puede adoptar una identidad totalmente nueva. Las características construidas en el contexto social de origen no se desligan de la persona por completo, así haga parte de un nuevo entorno social. Chambers expone así este argumento (1994, p. 45):

No es posible abandonar por completo la propia historia y optar libremente por otra. Nuestro previo sentido del conocimiento, la lengua y de la identidad, nuestro legado específico, no pueden expulsarse de la historia, no pueden borrarse. Aquello que hemos heredado – como cultura, como historia, como lenguaje, tradición, sentido de la identidad – no se destruye sino que se desplaza, se abre al cuestionamiento, a la reescritura, a un reencauzamiento.

Aunque las tres cantaoras llevan más de diez años viviendo en la ciudad, el sentido de pertenencia por su cultura y la identidad que las hace diferentes de los otros no desaparece, así se encuentren lejos de su lugar de origen. De diferentes formas, estas mujeres siguen recordando lo que significa ser y hacer parte de la comunidad afrocolombiana. Anthony Cohen, citado por Ivonne Flores (2005, p. 45), sostiene que:

El sentido de pertenencia a un grupo o a una comunidad, es decir, lo que significa ‘ser miembro de’, es evocado constantemente por cualquier medio, ya sea la utilización del lenguaje, la destreza hacia ciertos oficios, el conocimiento de la ecología, de la genealogía, etc. Todo eso tiene sentido y significa algo para ellos, que no significa para los ‘otros’.

La tradición oral de las tres cantaoras es representada a través de la música y esto constituye el lenguaje como medio de identidad. Por otro lado, al hablar de “ciertos oficios”, se destacan labores cotidianas como la preparación de platos típicos de su región. Además, en cuanto al conocimiento de la ecología, es relevante la relación que ellos tienen con su entorno natural como el conocimiento de plantas medicinales. En el mismo sentido, la religión juega un papel fundamental en la construcción de la identidad, al dar una base a sus creencias espirituales y esto se evidencia a través de la adoración a dioses que representan tales creencias.

Esto demuestra que para las tres cantaoras sigue siendo valioso el lugar en el que crecieron y sus tradiciones, así en la ciudad no tenga el mismo sentido

para los otros que no hacen parte de su identidad cultural y no pueden compartirla. El presente estudio fundamenta su importancia al analizar los aspectos que identifican a las tres cantaoras que se pueden ver en riesgo o se pueden fortalecen en el actual contexto social. Al respecto, Comas y Pujadas (1991, p. 35), afirman:

La experiencia migratoria, que sitúa a los individuos fuera de su grupo y los pone en contacto con otros universos simbólicos, proporciona la oportunidad de estudiar las funciones adaptativas de la identidad, las bases sociales en que se fundamenta y el proceso de redefinición de aquellos valores, acciones y símbolos que poseen relevancia y significación emotiva para los actores sociales.

Se halló una relación entre lo acontecido con las cantaoras y la manera como se abordó la identidad. Al ser víctimas de desplazamiento forzado, ellas se vieron en la necesidad de desarrollar nuevos rasgos en su identidad que les permitieron rehacer su vida y adaptarse a las nuevas dinámicas sociales en la ciudad. Dolors Mayoral (1998, p. 24) afirma que:

La actuación de los diferentes grupos en los distintos conflictos sociales crea, a partir de los que ya poseía, nuevos significados y valores. Así pues, la integración de los valores recientemente adquiridos con los que ya existían provoca una modificación continua de éstos.

CAPÍTULO VI. Metodología  

1. Corpus

Para definir el corpus de esta investigación se tomó como base el proyecto musical titulado “Cantaoras Unidas. Cuando llegué a Bogotá”. La iniciativa se materializó en un disco compacto que contiene 14 canciones interpretadas por cuatro cantaoras desplazadas de la zona Pacífica que viven en el barrio El Oasis, en Soacha.

El proyecto fue uno de los ganadores del concurso “Localidades Culturalmente Activas”, convocado por la Alcaldía Mayor de Bogotá, en 2011, en el marco del plan de gobierno “Bogotá positiva”. El objetivo de la convocatoria fue “fomentar los procesos de creación artística de los agentes, agrupaciones, colectivos y organizaciones artísticas y culturales de las localidades” (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2011, p. 2).

Según el informe del Programa Distrital de Estímulos 2011, la convocatoria mencionada “amplía las oportunidades y mejora las capacidades para que todas y todos accedan, participen, se apropien y realicen prácticas artísticas, patrimoniales, culturales, atendiendo criterios de identidad, autonomía, proximidad y diversidad” (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2011, p. 5).

Lo propuesto en el proyecto “Cantaoras Unidas. Cuando llegué a Bogotá” va en concordancia con el objetivo de la convocatoria porque buscaba resaltar la cultura afro, a través de la música, en la periferia de la ciudad. También quería dar a conocer las experiencias de cuatro cantaoras en Bogotá después del desplazamiento forzado del que fueron víctimas. Para esto, fueron grabadas 3 canciones originales y 11 más pertenecientes a sus tradiciones populares y propuestas por ellas mismas.