CAPÍTULO II. IDENTIDAD E INFLUENCIA SOCIAL
2.1. Formas de construcción de la identidad
2.1.3 Identidad proyectada: la generación de los sueños ilimitados
Los sujetos tienen hoy, en la sociedad del consumo, múltiples posibilidades no sólo de reinventar sus concepciones de realidad sino sus propias identidades. El consumo de moda, en mayor grado, es parte de un arsenal de tecnologías del yo que permiten su aprovisionamiento y redefinición. El consumo de moda permite intervenir las posibilidades del cuerpo a través de la combinatoria de diferentes posibilidades de representación del yo en sus esferas sociales.
Adicionalmente, promete una aproximación a las metas de trascendencia de sus sistemas de creencias y pensamientos, a través de beneficios simbólicos de productos, incluso de trascendencia como las que influirán en sus presentaciones personales en las esferas laborales o vocacionales: «Tecnologías del yo, que permiten a los individuos efectuar, por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta, o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad» (Foucault 1996: 48).
Este universo de posibilidades genera, sin duda, una actitud positiva hacia su presente y posibilidades futuras. Este segmento percibe que encontrará en el mercado el universo de sus posibilidades inmediatas y existenciales. La sensación de bienestar que acompaña los actos de compra y uso de productos ofrecen una carga de experiencias que trascienden la materialidad de los objetos. Aunque pueda ser tildado de un espíritu materialista, los objetos no son los que generan la satisfacción espiritual sino las emociones que estos motivan. En voz de los entrevistados: «Sentirme realizado: solamente tengo una oportunidad para demostrar lo que tengo,
lo que soy capaz de hacer. Un trabajo en el cual yo me dedique a hacer lo que me gusta hacer, encima que por eso reciba una buena remuneración. Me gustaría, por ejemplo, hacer música y vivir de eso; sería prácticamente un sueño» (Juan Luis, Los Olivos, Contabilidad).
En las pulsiones deseantes, su existencia adquiere sentido. El desear-desear deleuziano marca la movilidad anímica de los sujetos que se cargan de ansias al consumir, las mismas que se remedian cíclicamente en los actos de compra y uso. El acto recreativo del shopping se consolida en actos de compra no porque ofrece gozo en la contemplación de objetos deseables, sino porque también ofrece una posibilidad de re-crear la identidad de los sujetos en esas elucubraciones de vitrinas. Obligado a consumir, los mecanismos de creación de su identidad están en función de las posibilidades, cada vez mayores, que ofrece la oferta de productos y servicios de moda15.
Al agregarle placer al acto contemplativo y al ampliarse el universo de consumidores hacia los potenciales compradores, se genera una inclusión potencial que sostiene las expectativas positivas sobre el devenir de sus vidas. Aunque las carencias se sientan en la actualidad con una ampliación en la brecha entre lo poseído y lo potencial, la expansión de posibilidades y los ánimos de bonanza crean una atmósfera hacia el optimismo. En este aspecto, frente a la generación de sus padres y abuelos, quiebran el criterio de austeridad que éstos labraron frente a las dificultades económicas y los conflictos sociales de las décadas pasadas. En sus nuevos espacios sociales como el trabajo o universidad, se tensa el conflicto discursivo entre sus nuevas concepciones del mundo y los moldes tradicionales a los que están atados por la dependencia económica familiar16.
15 Para Bauman: «Esa obligación, esa presión interiorizada, esa imposibilidad de vivir la vida de otra manera, se le revela disfrazada de ejercicio del libre albedrío. Tal vez el mercado ya lo escogió como consumidor y le quitó la libertad de pasar por alto sus atracciones; pero en cada visita sucesiva al mercado, el consumidor tiene todas las razones para creer que él – acaso sólo él –es quien manda» (Bauman 1999: 112).
16 Dice Golte: «Sin embargo, la pobreza generalizada impide que se puedan desligar por completo del entorno paterno. Así que desarrollan hábitos contradictorios: uno más ligados a los medios de comunicación de masas y sus grupos de pares, pero obligatoriamente también tienen que mantener los hábitos necesarios para integrarse en el entorno de la generación paterna (…) De este modo, en la mayoría de los casos el cuestionamiento o crítica a lógicas, valores y prácticas que organizan la vida de la generación paterna no se da de manera directa: se prefiere evitar conflictos frontales pues los jóvenes optan por construir o integrarse a espacios más libres a los de las instituciones oficiales y
Esta vinculación extrema a las lógicas paternales, al menos en apariencia y con esa intención de insubordinar sus gustos muchas veces financiados por sus propios ingresos, se genera un universo de tensión que no parece resolverse; conflicto generacional que podría afectar no sólo los actos de consumo sino incluso ser la explicación de diferentes anomias sociales como el pandillaje, consumo de drogas, reactivación de la violencia subversiva, entre otras.
Su discurso de vida sacrificada, y la instrumentalización estratégica de la sinceridad son sostenibles gracias a un promesa superior de éxito que eleva exponencialmente los beneficios del estilo de vida familiar acostumbrado. «Me imagino dirigiendo personas; la profesión que estamos llevando nos permite ser multidisciplinarios, trabajar, estar en bastante contacto con la gente, parece que yo me siento bien cuando estoy con mayor público (y a pesar de que dije que soy tímido). En serio, por ejemplo, yo tengo una tienda y me siento incómodo cuando vienen de uno en uno. Hay momentos en que tienes a 15 personas para atender, es el momento donde más placer sientes para atender. Yo sé que es contradictorio, pero a mí me gustaría poner un lugar donde haya mucha gente, público, un restaurante. Tengo varios proyectos en mente» (Antonio, Los Olivos, Administración).
Y es que los horizontes de vida para estos jóvenes no se encontrarían establecidos ni escritos, como posiblemente ocurriría en el estrato conservador de la clase media que buscaría mantener o repetir modelos familiares, sino que las fronteras de sus perspectivas futuras sería ilimitadas justamente en la conjunción de la fórmula destino adverso superado, esfuerzo duplicado y multiplicación de posibilidades económico-culturales producto de la globalización: «A los 26 años me gustaría trabajar en el extranjero... en ninguna empresa en particular... en Europa, pero trabajar en mi carrera. Me gustaría tener una casa en el país donde viva y otra casa en un país de Sudamérica... en Perú no creo, Centroamérica sólo para vacacionar… Allá en Europa sería el gerente» (Daniel, Los Olivos, Contabilidad).
Gerencias y vacaciones internacionales son claros ejemplos de una visión amplia del mundo, una concepción de globalizar su propia identidad por la rotura de las barreras
paternas en lugar de enfrentarse a ellas, intentar cambiarlas o criticarlas desde adentro» (Golte 2010: 16).
de acceso que estarían experimentado. La variedad de posibilidades futuras que los jóvenes se plantean, exitosos en múltiples campos, nos habla en primer lugar de una generación que se define a sí misma como capaz y ambiciosa. Parecerían haber relativizado el ciclo trágico del fracaso, justamente por encontrar en el esfuerzo doblegado una ruta confiable de éxito. «Uno de mis sueños, a los 14 o 15 años fue hacer un libro (en el que yo) narro mi vida. Me gustaría hacerlo más adelante. Siempre he querido estudiar literatura. Otro de mis sueños es viajar y si no vamos al mundial, me gustaría igual estar ahí y vivir esa emoción. Y por último, mi carrera; sacar mi título y después mi maestría» (Emilio, San Martín de Porres, Ingeniería de Sistemas).
Así mismo, confiarían en extremo en sus propias posibilidades al haber perdido, tal vez, un discurso familiar de fracaso o imposibilidad sistémica, pudiendo sorprender las expectativas de sus propios parientes. Con ello, su proyección supone desarrollar una función de liderazgo al cual se sentirían convocados. Visualizarse en puestos gerenciales, o dirigiendo personas o su propia empresa, es parte de una propuesta de identidad gerencial proyectada. Esta vocación de mando adquiriría un cariz mesiánico, tal vez al pertenecer a sociedades con mayor densidad poblacional, donde los grupos familiares o barriales son más extensos
Las perspectivas de liderazgo a largo plazo, con el que se va imponiendo un respeto sobre los demás, tendrían que ver con una necesidad implícita de demostrar capacidad de ascendencia sobre su entorno inmediato. La importancia expresa de dirigir personas, paradójicamente, puede buscar revertir una situación familiar y personal de subordinación que ha marcado sus necesidades de revancha social: «Me gusta trabajar en equipo, soy una mandona de porquería. Tengo gente a cargo y me estreso un montón. Tengo la política de que si no lo haces tú mismo no sale bien. Así que si hay que estar allí con todos, qué se hace, ¡pucha! Si tengo que estar sentada en un escritorio llenando papeles lo voy a hacer; si tengo que estar en el almacén viendo la máquina, lo voy a hacer porque sé que no sólo es por el bienestar de ellos, sino porque sé que si crecemos como empresa, crezco yo. De la mano todos, y ya pues si hay que poner el hombro se hace» (Claudia, Los Olivos, Ingeniería Electrónica).
Esta proyección de su identidad como gerentes está aparejada, a su vez, con una misión de compromiso sobre el bienestar de las personas a cargo; suerte de paternalismo que sería parte de un estilo de conducción donde el jefe desarrolla una influencia personal y de modelador de conductas sobre sus subordinados; un rol tutor al cuál aspirarían de algún modo: «Aspiro a tener a cargo un grupo humano que manejar, donde yo sea el responsable, donde pueda ayudar a la gente. Tendría menos de 30 años más o menos. Emigrar sería muy bueno, pero no sería mi ideal; cuando eres bueno la plata lo sabes hacer donde tú estés, si te lo saben reconocer. Podría ir afuera por un año o dos para trabajar, pero hacer mi vida completamente afuera no lo creo. Podría ir por cursos, estudios especializaciones» (Miguel, Los Olivos, Ingeniería Electrónica).
A esta proyección de identidad con posibilidades ilimitadas le corresponde la casa grande como objeto simbólico. Esta declaración de metas es la consolidación de una identidad poderosamente establecida, en donde su tamaño implicaría una extensión mayor de sus logros: «Mi casa ideal es en Surco o en La Molina, grande, con piscina, y poder tirarme en ella los días que quiero descansar. Que tenga cuatro habitaciones en el primer nivel y en el segundo nivel no sé. De dos pisos, que sea muy cómoda, todos los equipos, con un perro» (Gladis, Los Olivos, Administración).
La vivienda soñada implicaría, en algún caso, una desmovilización hacia los barrios acomodados de la ciudad. Las grandes dimensiones de la casa implicarían la extensión del logro personal en proporción al esfuerzo invertido. La cantidad de habitaciones correspondería, posiblemente, a su concepción colectiva de la vida que implica, además, contar con suficientes testigos de sus metas alcanzadas. La posibilidad de compartir la casa es también la de compartir satisfacciones: «Tendría una casita nomás, dos pisos, un cuarto para cada uno, tu patiecillo, lavandería, todo lo que se necesite, pero no quiero una súper casa. No me importaría donde sea en Los Olivos, vivo aquí hace 21 años y soy feliz» (Carolina, Los Olivos, Ingeniería). Existiría una necesidad de arraigo, de sostener la conexión grupal a pesar del desarrollo económico y social como medida de la felicidad, pero que pueda ser presenciado por su colectivo de pertenencia. Así mismo, el campo o jardín serían metáforas de una expansión en sus proyecciones, una apertura también hacia el
mundo exterior en un afán inclusivo y abierto; naturaleza que sería también una metáfora cíclica de retorno a orígenes campestres, de retorno a un estado de tranquilidad asociado a un ecosistema bucólico: «Con mi carrera terminada, tener un buen puesto, un buen sueldo, mi familia, mi casa y tener todas las comodidades. Hacer lo que me gusta, diseño de interiores, decorar, pero principalmente dirigir. Una casa rodeada de jardín, muchas rosas, la altura sería de 3 m con escaleras, blanca, de dos pisos, de cuatro o cinco habitaciones. Me gustan mucho los autos, quisiera una colección de autos Audi» (Focus group - hombres).
Los autos modernos, sin embargo, podrían ser justamente la simbolización del mundo moderno y su éxito en lograr la inclusión en este, superando sus estrictas barreras de selección. Encontramos que el criterio de identidad en los jóvenes universitarios de Lima Norte es claramente dinámico, entendiendo el cambio y movimiento de referente como la característica constitutiva de su identidad. A diferencia de los sectores de clase media tradicional, donde conservar el estado familiar sería imperativo, esta nueva clase media se constituiría a través de la transformación como la afirmación misma de un proceso de identificación. Ello supone un mecanismo de resistencia y redefinición de los estados sociales que el modelo universitario tradicional había logrado limitar a un sistema universitario restringido, ahora liberalizado con una amplia oferta educativa y el surgimiento de una generación de estudiantes justamente retadores y motivados a reconfigurar el espectro laboral y académico sin parámetros estancos. Estos jóvenes impulsan, a su vez, dinamismo sobre el entorno. Es decir, este proceso de armonización es influido e influye en sus formas de desarrollo personal, sus grupos sociales y la concepción de colectivo jóvenes de Lima Norte el cual estaría modelando.
En suma, la moda implica un terreno explícito de elecciones que van más allá de la apariencia, y que definen decisiones de carácter personal; opciones frente a la forma como ha de afrontarse la vida y las situaciones cotidianas (ver Cuadro 4).
Cuadro 4. Opiniones sobre identidad proyectada
Nombre Identidad proyectada Código
1 Melina “Desarrollarme en mi carrera, pero también haciendo
música que es lo que me gusta”. Vocación
2 Carolina
O “Uno puede vivir o estudiar en el cono norte, pero para mí es lamentable que uno tenga que salir tan lejos para conseguir un trabajo donde la remuneración es mayor”.
Movilización 3 Gladis “Mi casa ideal es en Surco o en La Molina, grande, con
piscina, y poder tirarme en ella los días que quiero descansar”.
Emprende- durismo 4 Marilú “Conseguir la felicidad en lo laboral, en lo familiar. Ser
gerente de una empresa”. Equilibrio
5 Karina “Me gustaría recursos humanos, tratar con personal, me
gusta la dinámica que hay en eso”. Liderazgo
6 Claudia “Me gusta trabajar en equipo, soy una mandona de
porquería. Tengo gente a cargo y me estreso un montón”. Liderazgo 7 Carolina “Tendría una casita nomás, dos pisos, un cuarto para cada
uno, tu patiecillo, lavandería todo lo que se necesite”. Ambición 8 Julia “Irme de viaje a conocer diferentes lugares del mundo.
Europa, Egipto, Francia, Italia, Grecia”. Cosmo-politismo 9 Patricia “Tener mi empresa, tener una empresa sólida, sacarla
adelante”. Emprende-durismo
10 Carla “Tener mi propia empresa y seguir adelante con mi
negocio”. Emprende-durismo
11 Richard
Ch. “Seguir trabajando en proyectos sociales”.
Solidaridad
12 Walter “Vivir de la música”. Vocación
13 Juan
Luis “Me gustaría, por ejemplo, hacer música y vivir de eso. Sería prácticamente un sueño”. Vocación 14 Emilio “Uno de mis sueños, a los 14 o 15 años, fue hacer un libro
(en el que yo) narro mi vida”. Vocación
15 Óscar “Hacer películas”. Vocación
16 Antonio “Estar en bastante contacto con la gente, parece que yo me
siento bien cuando estoy con mayor público”. Liderazgo 17 Daniel “A los 26 años, me gustaría trabajar en el extranjero... (en
ninguna empresa en particular) en cualquiera... en Europa”.
Cosmo- politismo
18 César “Haber logrado mis metas”. Planificación
19 Miguel “Tener a cargo un grupo humano que manejar donde yo
soy el responsable, donde pueda ayudar a la gente”. Liderazgo 20 Roger “Si tengo la oportunidad de emigrar en alguna empresa
que haga o diseñe videojuegos, sería un lugar ideal para mi”.
Cosmo- politismo Fuente. Datos tomados del Trabajo de Campo 2010-1012.
2.2 Influencia social en el consumo de moda
Figura 4. Circuito de influencia social Elaboración: Propia.
Los jóvenes nacidos, formados y socializados en la sociedad digital y global, podrían estar experimentando una inusitada noción de instantaneidad de la información, con la posibilidad de compartir los mismos contenidos y referentes culturales con sus diferentes públicos17; sincronía en el acceso cultural y material que es, posiblemente, el signo más evidente de un proceso de relativa nivelación social.
La concepción de realidad de los sujetos y de las culturas a las que pertenecen reconfiguran sus límites, tanto que las ciudades experimentan intercambios en la sociedad posmoderna. Las urbes como Lima han visto vencidos sus muros de separación geográfica, cultural y actitudinal. Todas reciben, de algún modo, influencia de otras ciudades o realidades del orbe producto de la transnacionalización de los productos y la publicidad, los medios de comunicación, el turismo y los consumos culturales de sus miembros: «(La ciudad) como realidad espacial y social que genera y condiciona actitudes y comportamientos; o bien como realidad espacial
17 Para Augé: «Podemos por fin hablar de contemporaneidad, sólo que la diversidad del mundo se recompone a cada instante, y ésa es la paradoja de hoy. Debemos pues hablar de mundos y no del mundo» (Augé 1998a).
SUJETO
familia barrio pareja Referenc ia (univ. y trab.) ídolosy social que se identifica, que está constituida por aquellos comportamientos y por aquellas actitudes… Ninguna ciudad es pensable como realidad aislada y circunscrita dentro de sus propios muros» (Signorelli 1999: 71).
Pero ello no significa el vencimiento de la capacidad de influencia de la cultura sino, por el contrario, que ésta se torna dinámica dejando un rol de conservación y resistencia, para redefinirse a la luz de los procesos interculturales. En comparación, las culturas se revalidan a través de la exposición de sus miembros en los límites con otras comunidades y sus culturas.
2.2.1 Influencia familiar en el consumo de moda: la logística familiar de la apariencia
La familia constituye el primer y más fuerte referente de modelos éticos de comportamiento, que impregna su sistema de creencias, afectos y prácticas. El grado de participación de los jóvenes en la deliberación de estos preceptos es menor, siendo receptores obedientes de las consignas. El nivel de influencia es alto, modelando incluso tanto su pensamiento racional como lo místico y extra-sensorial: «Yo a los cinco o seis años ya disponía de material y tenía conocimiento de las ciencias ocultas. Lo primero que llegó a mis manos fue una baraja de tarot, un libro de lectura y un libro de ciencias ocultas que tengo acá. Todos en mi familia creen algo de eso: mi tía se levanta a las tres de la mañana con eso, mi mamá cree que tiene corazonadas, siempre cree en eso, mi prima siempre tiene experiencias. Una vez estaba en mi cama, estaba jugando play station y cuando estaba en modo video veo algo en la pantalla, escucho algunos ruidos. De ahí empecé a entender, aparte que sentía frio, y yo salí corriendo» (Walter, Los Olivos, Comunicaciones).
En este aspecto, la madre es fundamental en la transmisión valorativa y formativa de los universitarios. Ellas actúan performando las formas de pensamiento de sus hijos, a la par que se preocupan de la imagen percibida que éstos puedan recibir del entorno. En ese sentido, las perspectivas de logro de su hijo son adoctrinadas, acompañando la carrera universitaria, sus relacionamientos sociales e inserción
laboral: «Mi madre siempre ha estado para mí, desde el colegio. Yo le dije que quiero hacer música y me dijo “no quiero que seas un tocachín de pueblo”. En provincias los músicos tienen la imagen de borrachos, mujeriegos, que tocan por