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Identidad y paisaje cultural: Consideraciones finales

La continua interrelación establecida entre una estructura social, su tecnología, subsistencia, va- lores, ideas, creencias y el medioambiente que la rodea, conforma un paisaje socialmente percibi- do. Este paisaje cultural contiene diversas carac- terísticas, tanto físicas como ideológicas, y ciertos elementos que han modificado el entorno y por medio de los cuales un determinado grupo gene- ra una percepción particular del espacio asu- miéndolo como propio, a partir de lo cual se ori- gina un sentido de pertenencia, una identidad (Ingold 1993, Tilley 1994, Morphy 1995). Algunos indicadores de esta continua transformación y elaboración del paisaje, lo constituyen los sende- ros y caminos, los sistemas de asentamiento, los campos de cultivo, las obras de irrigación, los monumentos, etc, es decir todos aquellos ele- mentos que requieren inversión de energía hu- mana sobre el medio, sea de manera formal o in- formal. También, aquellas ideas y significados otorgados a distintos lugares que se correspon- den con jerarquizaciones espaciales y divisiones del paisaje (Criado 1999).

Anteriormente se mencionó que los territorios indígenas tienen un carácter dinámico pudiendo cambiar sus dimensiones y fronteras. También se planteó que algunos lugares podrían haber sido utilizados por diversos grupos siendo zonas in- definidas, y además existirían lugares comunes donde llevar a cabo parlamentos, relaciones co- merciales, intercambios, encuentros y prácticas religiosas. De esta manera un ‘territorio’ puede incluir dos o más espacios no contiguos y dife- rentes, además sus fronteras son definidas por el propio grupo que usa y controla un espacio dado y por la existencia de otros grupos que manejan espacios cercanos (Curtoni 1998). Tal concepto de territorio incluye el rango de interacción entre los grupos humanos y los recursos, la escala espacial de esa interacción y el proceso histórico involu- crado (Zedeño 1997).

De esta forma, la percepción cotidiana de los alrededores íntimos conjuntamente con el uso temporal de ciertos lugares, contribuye a la apro- piación y conceptualización de determinados puntos del espacio. En consecuencia, la continui-

dad de esas prácticas en el tiempo genera la or- denación del paisaje y el desarrollo de una con- ciencia de lugares manifestada en diferentes es- calas (Tuan 1977). Dicha ‘espacialización’ fue ori- ginada por las diversas acciones sobre el entorno y transmitida a través de generaciones de prácti- cas culturales y tradiciones, promoviendo un proceso de preferencia histórica e incorporación

habitual de lugares especiales en el paisaje

(Curtoni 1999). La distribución espacial de los asentamientos y territorios ‘rankelinos’ puede ser una función de las secuencias perceptuales y tra- diciones culturales desarrolladas a través del tiempo. Los sentidos de pertenencia y las percep- ciones de distancias sociales originaron una for- ma circular de habitar, ocupar y definir el territo- rio del linaje. La percepción de lugares especiales contribuyó a la ‘espacialización’ del paisaje y al ordenamiento jerárquico de ciertos puntos en el espacio. Esta espacialización tiene directas impli- cancias no sólo en la movilidad de los grupos, sino también en la distribución de los asenta- mientos y en el desarrollo de los sistemas de ca- minos indígenas para conectar a los mismos.

En algunos casos, los rankeles evitaron ciertos lugares y en otros construyeron mapas mentales de diferentes paisajes y localidades. El patrón cir- cular de ocupación del espacio por los rankeles es extensible tanto a los ambientes de ‘pampas’ co- mo a los del ‘monte’. Asimismo, la identidad so- cial fue reproducida en referencia al paisaje, don- de ciertos lugares y puntos especiales fueron per- cibidos sosteniendo relaciones sociales, historias, memorias y oportunidades que ofrecen. De esta manera, los lugares sostienen, en parte, la identi- dad, ‘providing connections to a personal and collective past, offering an emotional center’ (Ryden 1993: 95). En este sentido, la percepción del paisaje mediatizada por la evocación de tradi- ciones pasadas y ancestros, puede ser considera- da como el mecanismo cultural que influencia la emergencia de identidades en relación a lugares particulares.

En el caso de los ‘criollos’, las formas de con- siderar y aproximarse al paisaje reflejan sentidos de separación (detachment) y de no pertenencia hacia lugares. En otras palabras, en esta ‘espacia- lización’ se manifiesta una nueva racionalidad impuesta sobre el espacio. Este fue dividido y estructurado siguiendo un orden Occidental o Cartesiano.

Los territorios indígenas fueron artificial- mente limitados por una ideología racional, a través de la cual la tierra fue dividida y marcada en Secciones de 100 km por 100 km, subdivididas en cuatro Sectores de 50 km por 50 km, a su vez formados por 25 lotes de 10 km por 10 km (Fig. 11). Estas acciones implicaron la ‘modernización’ del paisaje y como consecuencia la destrucción y ‘des-sacralización’ de lugares indígenas (Hubert 1994). Esas ideas estaban relacionadas a tenden-

cias filosóficas sostenidas en el ámbito político durante la década de 1880 a favor del progreso, civilización y evolución (Politis 1995). De esta forma, la percepción del paisaje estuvo ligada a relaciones de poder y a ideologías de dominación y expansión territorial.

Percepción indígena del paisaje Percepción ‘Occidental’ o ‘criolla’ del paisaje Paisaje = vida

Sentido de lugares Arraigo y pertenencia

Memoria, sentimientos, valores Experiencia, emoción

Mitos, relatos, imaginación Orden jerárquico de lugares Localidad e identidad social Tiempo/lugar social Evocación, ancestros Espacialidad social Paisaje = físico Sentido de superficie Desarraigo y no pertenencia Materialidad, rasgos Observación, racionalidad Real, tangible, visible, limitado Vista homogénea

Vacio, sin propietarios Cronología occidental Modernización, progreso Orden Cartográfico

Tabla 1. Comparación entre percepción y conceptualización indígena y

occidental del paisaje.

Para finalizar, es posible distinguir, en térmi- nos generales, entre las características básicas de la percepción ‘indígena’ de lugares y paisajes con las conceptualizaciones ‘Occidental’ acerca del mismo espacio (Tabla 1). De esta forma, el paisaje visto como producto de la relación dialéctica en- tre percepciones humanas y estímulos externos, se constituye a través de la materialización de las reacciones del que percibe y que a su vez influen- cian ulteriores secuencias perceptivas.

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Lotes 10 km 10 km N

Figura 11. División Cartesiana impuesta sobre el Paisaje.

Agradecimientos

Cristian Kaufman, Paula Barros, Roberto Peretti, Gustavo Martínez, María Gutiérrez y Claudia Dolagaray leyeron versiones previas de este tra- bajo y realizaron valiosos comentarios y sugeren- cias. Las investigaciones se realizan con el apoyo

de la Subsecretaría de Cultura de la provincia de La Pampa y del INCUAPA. Manuel Carreras participa en la investigación de campo. Norma Medus y María Inés Poduje facilitaron datos y referencias bibliográficas. Cristian Kaufman y Sergio Magallanes colaboraron con las fotos y fi- guras. A todos ellos mi agradecimiento. Lo verti- do en el artículo es exclusiva responsabilidad del autor.

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