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Capítulo I: Visualización y Opacidad

1.3 Identidades Colectivas

Rancière expone en un ejemplo de su propia experiencia, la igualdad intelectual que opera entre cada una de las partes de esta división policial de lo sensible:

Pertenezco a una generación que se debatió entre dos exigencias opuestas. De acuerdo con una, aquellos que poseían el conocimiento del sistema social debían enseñárselo a aquellos que sufrían ese sistema a fin de armarlos para la lucha; de acuerdo con la otra, los supuestos instruidos eran en realidad ignorantes que no sabían nada de lo que significaba la explotación y la rebelión, y debían ir a instruirse con los trabajadores a los que trataban de ignorantes (…) Para mí, como para mi generación, ninguna de esas dos tentativas resulto plenamente convincente. Ese estado de hecho me llevo a buscar en la historia del movimiento obrero la razón de los encuentros ambiguos o fallidos entre los obreros y aquellos intelectuales que los visitaban para instruirlos o ser instruidos por ellos (…)Un día de mayo en que consultaba la correspondencia de dos obreros de la década de 1830 en busca de información sobre la condición y las formas de conciencia de los trabajadores de aquella época, me lleve la

sorpresa de encontrarme con algo muy diferente: las aventuras de otros dos visitantes ciento cuarenta y cinco años antes. Uno de los dos obreros acababa de entrar en la comunidad saint-simoniana en Menilmontant y comunicaba a su amigo el empleo del tiempo durante sus jornadas en la utopía: trabajos y ejercicios de día, juegos, cenáculos y relatos por la noche. Su corresponsal le contaba a cambio el paseo de campo que acababa de hacer con dos compañeros para aprovechar un domingo de primavera. Pero lo que le contaba no se parecía en nada al día de descanso de un trabajador que restaurara así sus fuerzas físicas y mentales para el trabajo de la semana por venir. Era una intrusión en

una clase de ocio totalmente distinta: el ocio de los estetas que disfrutan de las formas, de las luces y de las sombras del paisaje, de los filósofos que se instalan en una posada de campo para allí desarrollar hipótesis metafísicas y de los apóstoles que se empeñan en comunicar su fe a todos los compañeros con los que se encuentran al azar del camino o de la posada. (Rancière, 2010, págs. 24-25)

Rancière cuenta esta experiencia como reveladora para lo que sería la construcción de su tesis filosófica, la que hoy conocemos, y agrega: “Esos trabajadores que habían debido

proporcionarme información sobre las condiciones del trabajo y las formas de la conciencia de clase me ofrecían algo totalmente diferente: el sentimiento de una semejanza, una demostración de igualdad” (Rancière, 2010, pág. 25). Y esta demostración de igualdad es la misma que revelan los relatos de los estudiantes:

Mi casa siempre ha sido igual, solo en algunas ocasiones ha tenido cambios decorativos, aunque una casa puede o no cambiar según la gente que la habite, por la energía positiva o negativa de cada persona, en ello incluyo el ambiente que hay en la casa. Eso es lo que más me gusta de mi casa, la tranquilidad que puede haber en ella. Mi casa se encuentra ubicada en el barrio Danubio Azul.21

Por lo que se derrumba esa idea en la que el tiempo es la excusa que justifica la distancia. Si disponen del tiempo y el intelecto los trabajadores para la contemplación del paisaje, si

disponen del tiempo y el intelecto los estudiantes para plantearse hipótesis, si dispone del tiempo y el intelecto el espectador para aprender de la obra, de la experiencia de otros sin necesidad de explicación embrutecedora.

Y es allí en donde juegan un papel fundamental las identidades colectivas como las expone Mouffe:

Las identidades son en realidad el resultado de procesos de identificación (…) jamás pueden ser completamente estables (…) además como ya he señalado, el “ellos” representa la condición de posibilidad del “nosotros”, su exterioridad constitutiva. Esto significa que la constitución de un “nosotros” depende siempre del tipo de “ellos” del cual se diferencia. Esto es crucial ya que nos permite concebir la posibilidad de diferentes tipos de relación nosotros/ellos de acuerdo al modo en que el “ellos” es construido. (Rancière, 2010, pág. 24)

Es decir que el “pueblo” no es una masa homogénea que se mueve en conjunto según la manipulación de las élites, por el contrario está compuesto por diferentes identidades que se entienden o difieren, se disuelven y se aglomeran, se buscan y se rehúyen pero especialmente en Colombia se confrontan violentamente. Porque aún se entiende a la hegemonía como

dominación y al pueblo como masa dominada.

Además el pueblo no está dedicado únicamente a producir, este pueblo también consume y sus luchas en gran mayoría son por el derecho a consumir más y mejor. Entonces el pueblo comprende qué le beneficia de lo hegemónico y cuándo le beneficia. También decide su participación o su abstención de la pugna política. Por algo más del 50% de la población habilitada para votar se abstiene de hacerlo y ese porcentaje ni siquiera se ve como un “ellos”. Comprende también el clientelismo como base de nuestra política y participa de él, por que priman los intereses individuales sobre los colectivos, por ello también gran parte de nuestra sociedad habita la relación contradictoria entre la hegemonía y el pueblo como una consecuencia anomica. Un ejemplo de ello se da en las determinaciones micro que se hacen dentro de las migraciones inter-urbanas:

La dependencia y la subordinación son los únicos medios para alcanzar las nuevas aspiraciones que la metrópoli impone. Es necesario entonces buscar “trabajos independientes”, tener un puesto propio en la posada, o ser propietario de un taller de joyería, significa para ellos “la libertad de trabajar cuando

uno quiera”, “cuando uno le dé la gana”, sin que nadie le grite a uno lo pise o lo friegue. (Morse M, 1971, pág. 116)

Cita Morse a Montoya (1967) cuando describe la emigración hacia Lima desde la sierra de Pacaraos, pero la coincidencia con una dinámica migratoria colombiana es evidente. Entiende Morse la anomia como una caracterización social de las ciudades informales, pero aclara que hará falta definirla más concretamente para el caso urbano latinoamericano.