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IDENTIDADES INTERSECTADAS: LA CUESTIÓN “ÉTNICA”

In document Historia y pensamiento en torno al género (página 172-179)

IDENTIDADES: UN ALERTA DE GÉNERO

M ARÍA L UISA F EMENÍAS

2. IDENTIDADES INTERSECTADAS: LA CUESTIÓN “ÉTNICA”

La defensa de la identidad “étnica” tiene un antecedente fuerte en el Manifiesto del Combahee River Collective (Bos- ton, 1977), que acuñó también el concepto de “políticas de la identidad”26.

Sus autoras se definieron –en primera persona del plural– como un colectivo de feministas negras, que se reunían desde 1974 a los efectos de definir, aclarar y trabajar políticamente –en coalisión con otros grupos progresistas– para denunciar su opresión como mujeres y como “negras”. Reconocieron como punto de partida de su proceso de concienciación a Angela Davis y su movimiento de mujeres negras, y se solidarizan con las poblaciones de color del Tercer Mundo y con la clase obrera en general. Su intención fue entablar redes solidarias con las mujeres en general y con las poblaciones “negras” en particular para desvelar las tensiones y las opresiones que se establecen entre blancas y negras por un lado y entre mujeres y varones por otro. Las motivó la desilusión de comprobar que la reforma legal no fue suficiente, razón por la cuál se propu- sieron desarrollar estrategias para desarticular el racismo, el clasismo, el sexismo, la homofobia, etc. presente en los diver- sos niveles estructurales de la sociedad. Basan sus propuestas en el concepto de “identidad”. Es decir, el fundamento de sus reclamos y de sus luchas es “ser mujeres-negras”; no como producto de la biología sino como producto de la socialización y de la educación recibidas. En otras palabras, del sitio hetero- designado al que la sociedad las confinó. A partir de un punto de mira socialista, se reconocen tanto luchando a la par que 26 Cf. http://www.buffalostate.edu/orgs/rspms/combahee.html, entre otros.

El nombre proviene de la acción guerrillera planeada y llevada a cabo por Harriet Tubman en 1863, en Port Royal (South Carolina) para liberar 750 esclavos.

los varones negros progresistas contra el racismo como junto con las demás mujeres contra el sexismo en general.

Se proponen mostrar cómo los mecanismos de opresión no se resuelven en tensiones binarias opresor-oprimida, sino en una tensa y sutil red de opresiones que atraviesa todo el espectro socio-político y psicológico en el que los individuos –varones y mujeres– se mueven. Por eso, consideran deber feminista denun- ciar y contribuir a desarticular cualquier sistema de opresión, elaborando categorías conceptuales que den cuenta de tales situaciones. Entendieron la “identidad” en un sentido fuer- te, organizativo y primario, en tanto sostienen que quienes guardan una posición similar en las estructuras socio-raciales comparten experiencias “identitarias” de discriminación (o de segregación) afines.

El grupo y sus seguidoras comenzaron a generar análisis teóricos y categorías comprensivas nuevas que mostraron solidaridades de clase-etnia y cultura que antes quedaban in- visibilizados, poniendo al descubierto –según las palabras de Tristan Engelhardt– cómo la lotería natural y social que marca con color y clase conlleva injusticia27. De modo semejante,

mostraron cómo el racismo de la estructura social produce procesos de normativización sobre la base del estereotipo del varón-blanco-clase media-heterosexual, etc., instaurando veladamente criterios estéticos y conductuales para el par varón mujer. En otras palabras, se producen estereotipos de respectabilidad, confiabilidad, laboriosidad, peligrosidad, etc. que culminan en la discriminación general de los miembros racialmente marcados de la sociedad. Siguiendo a Franz Fanon, muchos de esos grupos adoptaron el término epidermializa- ción de las jerarquías y de los constructos estandarizados. En América Latina, utilizamos el concepto de pigmentocracia, en el afán por denunciar la base fundacional “étnica” de la 27 ENGELHARDT, T. The foundation of bioethics, New York, Oxford Uni-

versity Press, 1986. Para una amplia discusión sobre este tema, cf. VIDIELLA, G. El derecho a la salud, Buenos Aires, Eudeba, 2000.

estructura social de las ciudades latinoamericanas desde la colonia, en más28.

Esa discriminación –que tiene explicación histórica– genera falsas identidades ontologizadas. Por ejemplo, construye en el imaginario un EEUU = blanco-anglosajón y niega el altísimo porcentaje de población “de color” e “hispana”, el avance del castellano como segunda lengua, la cultura latina, la religión católica, etc.

En numerosos artículos, la feminista negra Bell Hooks muestra cómo el feminismo estadounidense nació con fuertes marcas de clase, etnia, cultura, etc. apuntando sus baterías críticas al feminismo liberal de Betty Friedan29. Friedan –sos-

tiene Hooks– hizo de su situación la situación de todas las nor- teamericanas y al hacerlo, apartó la atención del clasismo, el racismo y el sexismo que evidencia su actitud hacia la mayoría de las mujeres estadounidenses /.../ más de un tercio de esas mujeres formaban parte de la fuerza de trabajo /.../. Tampoco fue consciente de hasta que punto –continúa– sus puntos de vista reflejan prejuicios de raza y de clase /.../30 .

Muchas feministas de color subrayan, de una u otra manera, la poca o ninguna comprensión que las feministas “blancas” tienen de las políticas raciales y del impacto psicológico que esto significa en la conformación de histórica de las clases, el estilo de vida, la autoestima, la historia, etc. Por eso denuncian que frases como “todas las mujeres están oprimidas”, que no matizan en niveles potenciados de opresión, resultan insufi- cientes cuando no insultantes31.

28 La estructura social boliviana es un buen ejemplo de ello. Cf. RIVERA

CUSICANQUI, op.cit., SEGATO, R., Las estructuras elementales de la Violen- cia, Bernal, Universidad Nacional de Quilmes, 2003 y “El color de la cárcel en América Latina” en Nueva Sociedad, 208, 2007, pp. 142-161.

29 Bell Hooks “Mujeres negras: Dar forma a la teoría feminista” en AAVV,

Otras inapropiables, Madrid, Traficantes de Sueños, 2004, pp. 33-50.

30 Idem, p. 34-35. 31 Idem, p. 37.

En América Latina existen muy importantes trabajos al respecto; por lo general, ignorados por la academia anglófona y con escada difusión dado el diseño radial de los centros hege- mónicos de producción intelectual32. Sólo a modo de ejemplo

del aporte que realizan, remitiremos primero a los trabajos de la antropóloga argentino-brasileña Rita Segato y luego a los de la socióloga dominicana Ochy Curiel.

La obra de Seagato constituye una denuncia sistemática de la incapacidad de la hegemonía blanca nacida de la coloni- zación y de la consquista territorial de aceptar la convivencia con elementos inestables que disloquen el pensamiento bina- rio blanco/negro en términos de uno/otro; donde “el/la otr@” simpre funciona en la inferiorización, cuando no en la simple invisibilización. En varias obras, Segato centra sus análisis en las representaciones del mundo “negro” desde la perspectiva de las elites blancas históricamente dirigentes en Brasil33. En

términos históricos, se formula una doble pregunta: ¿Cuál es la importancia práctica de la población negra? y ¿Cuál es la importancia simbólica de la negación “lo negro” en la alta cultura brasileña?. En uno de sus estudios, toma como eje la idea de doble maternidad (biológica blanca y de ama de leche negra), ocultada por los discursos de elite del siglo XIX y por la historiografía oficial en general34. Como sostiene en su análisis,

las mujeres negras, amas de leche primero y luego niñeras, son borradas de la historia de Brasil, aunque desde la colonia hayan jugado un papel central en la vida afectiva y material de la nación al ejercer una maternidad transferida de la madre biológica. El gradual desplazamiento del ama de leche negra 32 Gozan de gran difusión en EEUU los trabajos de latina/os residentes

en ese país; no sucede lo mismo con los aportes de los que no escriben en inglés o no logran adentrarse en el mercado editorial anglófono.

33 En su último libro extiende sus investigaciones a EEUU y a la Argentina.

Cf. La nación y sus otros, Buenos Aires, Prometeo, 2007.

34 SEGATO, R. “El edipo brasilero: la doble negación de género y de raza”

en M.L. Femenías, Perfiles del Pensamiento Iberoamericano, Buenos Aires, Catálogos, 2007, pp. 191-222.

y su sustitución por la niñera se opera en base a un dispositivo de control en el que convergen varios discursos (abolicionistas e higienistas) producidos por las elites dirigentes e intelectua- les, para frenar la contaminación biológica, afectiva y cultural de Africa. Este dispositivo produce una invisibilización de las “madres sustitutas”, rastreable en varios documentos visuales: en primer lugar, como lo muestra Segato, en un retrato del pintor francés J. B. Debret, en el que se ve a un niño –futuro emperador Pedro II– en un vínculo erótico infantil con su ama de leche negra. Se trata de una pintura apenas registrada por la historiografía en la medida en que el pintor transgrede los límites ideológicos de la elite esclavócrata nacional35. La mis-

ma estrategia de ocultamiento de la madre-negra se encuentra también en los retratos fotográficos de la segunda mitad del siglo XIX, en los que el ama negra –que siempre sostiene el cuerpo del niño blanco expuesto a la lente– es progresiva y literalmente borrada de la escena; forma sintomática en que la elite niega oficialmente su relación (material, afectiva, vincular y dependiente) con la madre-negra, con lo femenino-negro, y por extensión con “lo negro” de Africa. Donde “lo negro de Africa” implica la sociedad esclavista, las diferencias de clase y las fuertes tensiones internas que el liberalismo también oculta al construir el “colectivo mujeres”. Simbólicamente, se forclu- ye la dependencia material / psíquica / afectivas / culturales y sociales respecto de “lo negro” en general y de las “mujeres negras” en particular, generándose además otras oposiciones: “lo culto”, “lo civilizado” (la elite) por contraposición con “lo otro” popular, pintoresco, supersticioso, pecaminoso, exótico, desenfrenado, cuya figura más clara es el Carnaval.

El feminismo negro desmonta, entonces, las tensiones inter- nas del colectivo “mujeres” en términos de solidaridad de clase y de etnia, y muestra cómo el racismo ancla inconscientemente 35 MAILHE, A. “El género del margen: Reflexiones a partir de Perfiles del

feminismo iberoamericano (volumen 3) de María Luisa FEMENÍAS” Revista de Filosofía y Teoría Política, 39, 2008 (en prensa).

en la emergencia misma de la psíquis nacional brasilera. En el caso estudiado por Segato, se trata de un vínculo edípico espe- cialmente complejo donde el niño duplica los sentimientos de posesión –y luego de rechazo– del cuerpo materno (sentimiento de deseo que se entrelaza con la condición de posesión material del cuerpo esclavo o de su alquiler). Segato incursiona también en la escisión afectiva de “la mujer-negra” que se proyecta en los mitos, el sincretismo religioso y otros sistemas simbólicos populares como el candomblé.

Por su parte, Ochy Curiel analiza los vínculos entre sexismo, homofobia y racismo comparando las experiencias anglosajo- nas y latinoamericanas36. Como para bell hooks, en su opinión

el feminismo de las afrodescendientes surge para limitar el etnocentrismo y el racismo del feminismo “blanco” en general y para denunciar a la vez el sexismo del movimiento negro. En principio, las feministas negras rompen con los estereotipos de “mujer débil víctima”, en la medida en que su historia de trabajo esclavo las enfrentó a sus propias fortalezas. Desmitifi- can también el modelo de familia nuclear, dada la complejidad de vínculos de “la familia esclava” y, por consiguiente, de su descendencia, subrayando el valor identitario de la matrili- nealidad. Asimismo, ponen en crisis los sistemas “legales” de parentesco, en tanto pueden remontar su memoria a abuelos que al mismo tiempo fueron padres, amos, violadores, explo- tadores, etc., y que además eran respetables jefes de su familia nuclear blanca y prohombres de la comunidad (cuando no de la nación) que contribuyeron a fundar. Se alienta así, según Mailhe, una “conciencia feminista afrocéntrica”, afirmando la

36 Cf. O. CURIEL, “La lucha política desde las mujeres ante las nuevas

formas de racismo. Aproximación al análisis de estrategias”. Sitio: www. creatividadfeminista.org ; también “Los aportes de las afrodescendientes a la teoría y la práctica feminista: desuniversalizando el sujeto mujeres” en FEMENÍAS, M.L. Perfiles del feminismo Iberoamericano, vol. 3, Buenos Aires, Catálogos, 2007, pp. 163190.

propia identidad negra en base a sustratos culturales tradicio- nales, como observa Hill Collins37.

Sin embargo, bien advierte Curiel que no conviene al “femi- nismo negro” reivindicar una diferencia esencial biológica en términos de “identidad negra”. Porque –advierte– la conciencia de la “negritud” depende más de la historia de la “negritud” que del color de la piel. Por eso, Curiel –como Marisol de la Cadena o Guacira Lopes Louro– reivindican concepciones de “identidad” vinculadas al concepto de “identificación”. De modo que, “negra”, “blanca” o “chola” es la mujer que se identifica como tal, porque reconoce experiencias históricas, sociales y culturales que se constituyen en configuradoras de su identidad y, por tanto, de sus sistema de creencias y de sus actuaciones38. Como subraya Mailhe, trabajos como el de

Curiel ejemplifican cómo, frente a los discursos hegemónicos de la igualdad, las mujeres que pertenecen a minorías étnicas necesitan subrayar sus diferencias, ligadas a sus experiencias históricas y a sus tradiciones, a fin de autoafirmarse tanto frente a los varones como ante las feministas blancas. Se trata de un modo de resistencia a la violencia que homologa y al hacerlo borra sus propias especificidades históricas (y las exclusiones vividas), en una maniobra que denomina de imposición del universal39.

Este tipo de análisis desarticulador de los discursos hege- mónicos y de las asignaciones negativas, que se remontan a la colonia y su sociedad esclavista, muestra no sólo el patriarcalismo implícito en la construcción histórica de los pueblos latinoa- mericanos, sino que también pone al descubierto una trama de solidaridades de “etnia”, de clase y, muchas veces, de religión y “cultura” extremadamente difícil de desmontar. Incluso, se pone de manifiesto cómo en mayor o menor medida (casi) todas las

37 A. MAILHE, op.cit. supra n.34.

38 Para una lectura crítica, cf. M.L. FEMENÍAS “Hombre universal /

identidades particulares” en XIVº Congreso Nacional de Filosofía (AFRA), Universidad Nacional del Tucumán, 10-13 de septiembre de 2007.

estructuras sociales son discriminatorias, y las marcas de sexo- género tanto como las de etnia constituyen un (dis)valor agregado de los individuos, que la misma estructura socio-política tiende a invisibilizar, (re)produciendo fácticamente la injusticia que se sigue de ellas. Dado este marco, muchas de esas corrientes defien- den una compleja noción identitaria denominada “esencialismo estratégico”, que revisaremos a continuación.

3. LOS PELIGROS DE LAS IDENTIDADES

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