cambiar. Ahora que habéis fijado señales sí/no, quiero que
volváis a poner a vuestro compañero en un estado alterado y hagáis que identifique algún patrón de comportamiento que tiene pero que no le gusta. Ahora bien, conscientemente puede pensar «Ah, fumar», pero inconscientemente puede identificar otra cosa. No importa lo que crea haber identifi- cado, porque quiero que digáis a su inconsciente que localice
todas las cosas de su vida que le causan problemas, y que elija una que sea de máxima y vital importancia para su bienestar.
Cuando su mente inconsciente haya seleccionado una,
haced que os dé una señal afirmativa Con esas instrucciones
garantizaréis que si conscientemente elige algo trivial, como fumar, su inconsciente puede elegir algo más útil. El control del hábito es la aplicación más trillada de una herramienta de aprendizaje. Es importante, pero ni mucho menos tan importante como otras cosas para tu bienestar. Hay muchos patrones que se manifiestan en tu vida y te impiden tener intimidad con la gente, espontaneidad al ir por el mundo, o la capacidad de aprender de otra gente y disfrutar con ella. Hay patrones como esos que son omnipresentes —se mani- fiestan en todo lo que haces. Un subproducto de ese patrón puede ser que no puedes controlar tu hábito de fumar o que te despiertas a las cuatro de la mañana y tienes que comer nueces.
Una vez trabajé con un hombre que hacía eso. Se des- pertaba a las cuatro de la madrugada, y si no podía conse- guir nueces, no podía volver a dormir. Daba igual dónde estuviera; ni siquiera importaba que cambiara de huso ho-
rario. Su hábito también cambiaba de huso horario. Era una cosa muy sofisticada. Esa persona, dicho sea de paso, era terapeuta.
El problema es que viajaba a lugares donde no podía conseguir nueces. Cuando iba al extranjero se llevaba nue- ces, pero a veces no le dejaban pasarlas. Y eso significaba que se despertaría a las cuatro de la madrugada. Como era listo, aprendió a acostarse a las nueve de la noche y levan- tarse a las cuatro de la mañana. Pero a su mujer no le gustaba mucho. Volvía la vida muy aburrida.
Pero yo sabía que el comportamiento que me dijo que deseaba cambiar sólo era un ejemplo de un patrón mucho más importante y omnipresente. Sin embargo, sé que tra- bajar con un ejemplo es una manera de trabajar con el patrón, así que procedí al reencuadre.
Así que en el próximo paso, quiero que empecéis por devolver a vuestro compañero a un estado de trance, volváis a fijar señales sí/no con el inconsciente de la persona, y luego le pidáis que identifique, tanto consciente como in- conscientemente, cualquier patrón de comportamiento sig- nificativo que desee cambiar. Podéis llamar a ese patrón X o Y o darle otro nombre arbitrario de ese estilo.
3) Separar una función positiva del comportamiento. a) Ahora podéis aplicar directamente el patrón normal de reencuadre. Primero decís algo como «Mente inconsciente
de Joyce, quiero que dirijas las señales con los dedos hacia la parte de ella que le hace hacer X. Y quiero que cuando esa parle tenga pleno control sobre las señales con los dedos, ambos dedos se levanten para que yo lo sepa.» Utilizad siem-
pre señales ideomotrices como mecanismo de retroacción. b) La pregunta siguiente es muy importante. Preguntáis
«¿Estás dispuesta a hacer saber a su mente consciente qué efecto valioso se produce cuando ella hace X?» Esto es una
pregunta sí/no. Si obtenéis un «sí», decid «adelante, házselo saber, y cuando hayas terminado, deja que se levante el dedo del «sí», que se produzca el rubor del «sí» —o la señal 202
que sea— para que sepa que le has informado.» Estáis siem- pre controlando las cosas. Utilizad las señales sí/no no sólo como respuestas, sino también como indicadores.
Dicho sea de paso, no importa que obtengáis una res- puesta «sí» o «no» a la pregunta «¿Dejarás que su mente consciente conozca el propósito útil?» No importa porque ya tenéis lo que queríais conseguir: comunicación sobre el tema. Si preguntáis directamente «¿Estás dispuesto a co- municarle sobre esto?», podría decir «No.» Y si lo dice, os quedáis bloqueados. Y entonces tenéis que intentarlo con otro truco.
Si en una terapia familiar pregunto al padre «¿Estás dis- puesto a cambiar tu comportamiento con respecto a tu hijo?» puede decir «No». Pero si le digo «¿Quieres a tu hijo?» dirá «Sí.» Si pregunto «¿Le quieres de verdad?» dirá otra vez «Sí». Si entonces pregunto «¿Le quieres lo suficiente como para estar dispuesto a hacer cambios en tu comportamiento para que pueda llevar una vida feliz?» no encontraré a mu- chos padres que digan «No» a eso.
El procedimiento de reencuadre que os estoy enseñando es muy parecido a esto. Le ponéis muy fácil a la persona contestar como queréis que lo haga, presuponiendo todo lo que es importante.
Así que presupongo la comunicación. Si su inconsciente dice «no, no estoy dispuesto a decírselo a la mente cons- ciente», ya se ha comunicado conmigo. Digo «¿Entonces estás dispuesto a determinar para ti misma cuál es exacta- mente el aspecto de este comportamiento que consideras más útil?» Mirad, lo único que quiero es la comunicación. Da igual que la respuesta sea «sí» o «no». ¿Qué m á s da que lo sepa su mente consciente? Aunque lo supiera, eso no ayudaría mucho. A veces, el saber proporciona una ilusión de seguridad, pero informar a la mente consciente no es profundamente útil en y de por sí. Lo que yo quiero es co- municación.
Igual de importante es que quiero diferenciar el com- portamiento que no le gusta de su propósito útil. Esa sepa- 203
ración también está presupuesta en mi pregunta. No pre- gunto si hay un propósito útil, pregunto si su parte incons- ciente está dispuesta a comunicar cuál es el propósito útil. Si la parte inconsciente no está dispuesta a comunicar su función positiva, digo «Bien», y me limito a seguir. La dife- rencia importante entre el comportamiento y algún propósito útil ya se ha establecido. Esto me da mucha flexibilidad para hacer cambios. No le gusta el comportamiento, así que encuentro algún propósito positivo para el que sirve. Eso abre la puerta para crear nuevas opciones.