2 Décadas de esperanza, de cambios y de la mujer
2.2 Contexto colombiano
2.2.3 La Iglesia católica en la época de la violencia Control de la sexualidad y la
La violencia que se desató en un país que se declaraba católico desde su Constitución en 1886, con valores cristianos que se difundieron y afirmaron en todas las esferas educativas, sociales y políticas, no logró a través de estos valores ni del llamado de sus pastores, detener el río de sangre y odio que lo alentó. Algunos religiosos fueron acusados de incentivar la persecución política y otros, fueron perseguidos y asesinados, aunque se desconoce si fueron ultimados por las denuncias que realizaron o por incitar el crimen: ―Los revoltosos nunca irrespetaron el honor de una religiosa. Pero cabe preguntarse por qué gentes suyas acribillaron a tantos sacerdotes‖ (Guzmán, 1988, p. 271).
Para Monseñor Germán Guzmán Campos, la falla de la Iglesia católica es de carácter estructural:
Está demasiado lejos de haber logrado una positiva impregnación religiosa del hombre colombiano (…) opera una falla que cuartea todo el andamiaje estructural en el campo de la pastoral, donde la violencia es quizás la evidenciación dolorosa de tal tesis (falla de la Iglesia católica de carácter estructural), que implica una revisión total, muy sincera de vida o muerte en todos los frentes eclesiásticos (Guzmán, 1988, p. 273-274).
El divorcio del discurso con la realidad, el aburguesamiento del clero, la inconsistencia del laico en cuanto a sus responsabilidades apostólicas y de integración como iglesia y la disyunción del binomio seglar-sacerdote, llevaron a que la Iglesia católica no fuera capaz de jugar un papel determinante para detener la violencia.
El protestantismo junto con el comunismo, fueron identificados como enemigos de la Iglesia católica a partir de la llegada de los liberales al poder en 1930, es así como la violencia también enmascaró la persecución y asesinato por fines religiosos. De acuerdo con la Confederación Evangélica de Colombia (Febrero 1962), 116 personas protestantes fueron asesinadas por motivos religiosos entre 1949 y 1959 (Guzmán, 1988).
La agitación campesina y la creciente lucha civil entre los liberales y los conservadores inevitablemente avivaron las llamas de la intolerancia religiosa… En los fuertes tradicionales del conservatismo, empezó aparecer la violencia en nombre de la religión. La lucha civil en los campos realizada con base en el antagonismo entre liberales y conservadores apareció frecuentemente como entre protestantes y católicos. Así, aunque políticamente se quiso confundir a liberales y protestantes, la persecución por motivos religiosos no se puede ocultar (Lleras Restrepo, p. 303 citado por Guzmán, 1988, p. 272).
Con la llegada de los liberales al poder en 1930, la institución católica implementó una serie de cambios y medidas para adecuarse y responder al nuevo contexto, pero estas no fueron suficientes para contrarrestar las consecuencias de la violencia. ―La Acción Católica y la Juventud Obrera Cristiana JOC, fueron importantes precursores de lo que vendría en la época de 1940: FANAL Federación Agraria Nacional y la UTC Unión de Trabajadores de Colombia‖ (La Rosa, 2000, p. 95). Estas organizaciones incluyeron de
manera decisiva la participación del laicado, incluidas las mujeres y entre sus preocupaciones estaban la familia, la juventud y los trabajadores.
La Iglesia católica sostuvo su discurso tradicional imperativo de la familia constituida por el matrimonio católico y, como hijos legítimos, solo los nacidos en su seno. A pesar de la grave situación de violencia del país, la institución católica insistió en el control de la sexualidad femenina, posición asumida tradicional e históricamente por la Iglesia universal desde Roma:
La teología moral de fines del siglo XVI y XVII pasó a concentrar todas sus energías en la moral sexual. Esta insistencia en la sexualidad implicó que la moral social y las preocupaciones político sociales pasaran a tener una posición irrelevante. Desde entonces, se tendió a identificar el pecado casi exclusivamente con sexualidad femenina, como la fuente provocadora del pecado y, por tanto, el punto en que debía concentrarse toda la fuerza de la represión (Bidegain, 1995, p. 145).
Las relaciones sexuales fueron relegadas exclusivamente al matrimonio católico y solo con fines de procreación, convirtiéndose en una herramienta de control del cuerpo femenino, donde la infidelidad masculina era totalmente permisible. Como sanción social y jurídica, los hijos fuera del matrimonio fueron llamados despreciativamente bastardos, naturales o ilegítimos y, a nivel legal, no gozaron de los mismos derechos que los hijos nacidos dentro del matrimonio católico.
Desde esta perspectiva, en 1951 en la reforma constituyente propuesta por el Partido Conservador, eclesiásticos católicos manifestaron a la Asamblea Nacional Constituyente, que el episcopado enviaría una serie de normas cuya aprobación vería con buen agrado, entre ellas se destacan su oposición al reconocimiento jurídico del Código de Trabajo sobre prestaciones sociales, que no distingue entre mujer legítima e ilegítima; el Código Penal que no califica como delitos ni el concubinato público ni el adulterio y la Ley 32 de 1936, que prohíbe a toda institución docente negarse a admitir alumnos por razones de nacimiento ilegítimo, diferencias sociales, raciales o religiosas (Arias, 2003).
El control de la sexualidad y la reproducción femenina ha sido una prioridad de la Iglesia católica a lo largo de su historia. En Colombia, el episcopado no logró ser una voz conciliadora en la ola de violencia que vivió el país entre 1949-1958, así también, su llamado al ejercicio de la sexualidad y la reproducción dentro del matrimonio, fue insistente y categórico en los centros educativos a su cargo, en los sacramentos y en la arena política. Los esfuerzos y llamados de la iglesia para frenar la violencia y para que el matrimonio católico sea el único espacio para la sexualidad y la reproducción, coinciden en que no tuvieron la respuesta contundente por parte de su feligresía.
En buena parte, este desconocimiento de la voz de los pastores católicos tiene que ver con la satanización que éstos hicieron de la sexualidad y la reproducción. Una descripción de Monseñor Builes en 1947 revela la posición reaccionaria de la jerarquía católica frente a la apertura que el Partido Liberal había logrado en algunos puntos relacionados con el tema:
El desgreño moral en educación que había dejado el régimen liberal consistía en enseñanza sexual, educación mixta, maestros y maestras de pésimas costumbres, escuelas protestantes, bailes entre profesores y alumnos, deportes femeninos con vestidos vergonzantes, excursiones mixtas, ferias del libro con obras heréticas, plagadas de errores y sovietizantes (Zapata, 1973, citado por González, 1997, p. 296).