Nieves Montesinos Sánchez*
3. La Iglesia católica y el aborto
Es sobradamente conocido el papel que desempeña la Iglesia católica en el proceso de transición a la democracia. También su rechazo al primer borrador del texto constitu- cional por no incluir una mención especial de la Iglesia ca- tólica, mención que si consta en la redacción definitiva del art. 16.3 fruto de una enmienda presentada por UCD: «Nin- guna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad es- pañola y mantendrán las consiguientes relaciones de coope- ración con la Iglesia Católica y las demás confesiones». Es más, en el debate de la futura constitución los temas más significativos fueron el divorcio, la libertad de enseñanza, y el aborto. El episcopado español se ocupó mucho de estos temas lo que llevó al cuestionamiento de la real separación entre el poder laico y el religioso, e incluso a que se mantu- vieran posturas favorables a una confesionalidad solapada.
Por lo que respecta al aborto, la jerarquía de la Iglesia siempre ha mantenido una postura de rechazo total que se apoya en la defensa a ultranza de la vida humana, muy posi- blemente porque el aborto concierne a la sexualidad, siendo este uno de los temas considerados importantes para mante-
ner su papel en la sociedad.14 Y en particular a las mujeres
que también tienen o deben tener un papel claro en la socie- dad. No es baladí recordar que la sexualidad para la doctrina de la Iglesia está necesariamente ligada a la reproducción de la especie. Y ello aunque muchos de los creyentes no com- partan esta doctrina sigue en el centro del discurso oficial. A este respecto, resultan significativos los datos recientemente publicados según los cuales «El 60% de la población apoya la ley de aborto vigente» (El País, 2014, 27 de junio).
Ahora bien, la defensa a ultranza de la vida humana que realiza la Iglesia no es totalmente válida, al menos, jurí- dicamente –que es la perspectiva utilizada en esta argumen- tación–, ya que supone que la vida humana en gestación es jurídicamente vida en el mismo sentido que lo es la vida autónoma fuera del claustro materno. En suma supone afir- mar que el nasciturus es titular del derecho a la vida.
Nuestro texto constitucional en el art. 15 establece: «Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tor- tura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra». Y para ser titular del derecho parece evidente que es condición necesa- ria ser persona. A este respecto el Código civil establece que «El nacimiento determina la personalidad; pero el concebi- do se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca con las condiciones que expre- sa el artículo siguiente». Y «La personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno» (arts. 29 y 30). Parece que cuando no hay una única respuesta jurídica a este tema es cuando surgen las diferentes posiciones filosófi- cas, las religiones, etc.
14 Augusto KLAPPENBACH se ha referido al tema en diferentes ocasiones:
«Filosofía del aborto» y «La obsesión de la Iglesia por el aborto». Véase: KLAPPENBACH (2014; 2013).
El Tribunal Constitucional en su Sentencia 53/1985, de 11 de abril anteriormente citada,15 ya dejo claro que «los
argumentos aducidos por los recurrentes no pueden esti- marse para fundamentar la tesis de que al nasciturus le co- rresponda también la titularidad del derecho a la vida, pero, … debemos afirmar que la vida del nasciturus, de acuer- do con lo argumentado en los fundamentos jurídicos ante- riores de esta sentencia, es un bien jurídico constitucional- mente protegido por el art. 15 de nuestra norma funda- mental» (FJ7).
El Anteproyecto de reforma de Gallardón en su Ex- posición de Motivos utiliza de manera un tanto singular diferentes argumentaciones de la Sentencia citada para lle- gar a conclusiones diferentes –puesto que no admite el ter- cer supuesto de la regulación del 85: «que se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas»–, dada su defensa del concebido pero no nacido. Sólo admite dos supuestos, y estos vuelven a estar contemplados como supuestos despenalizados. Además de considerar a la mujer como una eterna menor que no es capaz de decidir por si misma. Quizá las argumentaciones no distan mucho de las que mantiene la doctrina oficial de la Iglesia.
En suma, defiende que «Será pues, en estos supuestos excepcionales en los que existe un grave peligro para la vida o salud física y psíquica de la mujer y el embarazo es conse- cuencia de un hecho constitutivo de delito contra la liber- tad o indemnidad sexual, en los que procede la despenaliza- ción del aborto, sin que la Ley pueda condicionar el valor de la vida del nasciturus exclusivamente a la voluntad de la mujer embarazada o a las expectativas sobre la posible disca- pacidad futura de aquél».16
15 BOE (Boletín Oficial del Estado), Núm. 119, de 18 de mayo de 1985. 16 Se puede consultar en: http://www.mjusticia.gob.es/cs/Satellite/es/
Ciertamente existe una gran coincidencia entre las posturas y argumentaciones mantenidas por el PP y las del discurso de la jerarquía eclesiástica.
José María Gil Tamayo, Secretario general de la Con- ferencia Episcopal Española (CEE) durante la rueda de prensa conclusiva de la Comisión Permanente, apuntó que los obis- pos españoles consideran que la futura Ley del Aborto «es menos mala que la actual», pues «se protege más que la an- terior, se reconoce la objeción de conciencia, yno se recono- ce al aborto como un derecho», aunque «toda ley de Aborto es mala, y que nunca se puede legitimar la muerte de un inocente». El portavoz subrayó que los obispos «defienden la vida de todo ser humano, también de los no nacidos». «En este punto, los prelados siempre “saludan las iniciativas vengan de donde vengan dirigidas a proteger la vida. Si se protege más que la anterior, se reconoce la objeción de con- ciencia, y no se reconoce al aborto como un derecho, sino como un conflicto, lógicamente es menos mala que la ac- tual. Sabiendo que toda ley de Aborto es mala, y que nun- ca se puede legitimar la muerte de un inocente”» (Periodistadigital.com, 2014, 2 de julio).
Pero también de manera individual y en la misma línea se han manifestado diferentes obispos, sirvan como muestra las declaraciones del obispo de Almería, Adolfo González Montes a los periodistas junto al presidente de la Diputación Provincial de Almería, Gabriel Amat (PP), an- tes de inaugurar el curso de verano Vida humana en sus confines: dignidad y valor, en las que el prelado se ha mos- trado conforme a la postura del Gobierno en cuanto a la reforma de la ley del aborto. En el mes de enero en declara- ciones a La Voz de Almería el obispo ya aseguró que «lo importante es ver que el aborto no parece que pueda ser un derecho, a menos a la razón natural». Y que «poner en juego la vida de un tercero y más débil es algo muy importante, si estamos cuidando las plantas y las especies, un poco de eco- logía humana también está bien. El prelado también afirmo
que «en este momento faltan unos tres millones de jóvenes en España, son casi los equivalentes a los abortos producidos en estos últimos años» (La Voz De Almería, 2014, 2 de ju- lio).
Muchas han sido las declaraciones individuales, pero entiendo que no se trata de realizar un examen exhaustivo de las mismas, sino más bien de ejemplificar el consenso existente entre las diferentes declaraciones políticas y reli- giosas.
Para un análisis pormenorizado de las declaraciones conjuntas del episcopado resulta de suma utilidad la con- sulta de la web de la CEE.17 En ella introduciendo como
término de búsqueda «aborto», podemos encontrar hasta 55 resultados.18 Se trata fundamentalmente de discursos inau-
gurales de las Asambleas Plenarias de la CEE, pero también campañas como la de «Sí a la vida, esperanza ante la crisis», en la que los obispos desean llamar de nuevo la atención sobre «el valor y la dignidad de la vida humana desde la concepción y hasta su fin natural e invitan a reflexionar so- bre la experiencia vital en la que todos percibimos la vida como signo de esperanza». También hacen un llamamiento para recuperar «la grandeza del don y sentido de la materni- dad», recordando como determinadas ideologías están tra- tando «absurdamente de igualar lo diferente» y abocando a la sociedad a la «ruina demográfica, económica y sobre todo moral de la sociedad» (CEE, 2014, 28 de febrero). O la campaña por la vida con el lema «Este soy yo… humano desde el principio». Merece destacarse especialmente el do- cumento «La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación fa- miliar»; en él podemos leer lo siguiente: «se analiza otra ver- tiente, de signo materialista, subyacente en las teorías con- temporáneas de «género». «Estas pretenden desvincular la
17 http://www.conferenciaepiscopal.es/
18 http://www.conferenciaepiscopal.es/index.php/buscar.html?searchword
sexualidad de las determinaciones naturales del cuerpo, has- ta el punto de disolver el significado objetivo de la diferen- cia sexual entre hombre y mujer». El cuerpo queda aquí re- ducido a materia manipulable para obtener cualquier forma de placer. El documento describe la «ideología de género», según la cual «cada uno puede optar en cada una de las situaciones de su vida por el género que desee, independien- temente de su corporeidad»; ayuda a entender el contexto en que esa ideología se desenvuelve: con una cultura pan- sexualista de fondo, que termina por considerar bueno el uso del sexo como un objeto más de consumo, deriva hacia el permisivismo más radical y en última instancia hacia el nihilismo más absoluto. «No es difícil constatar las nocivas consecuencias de este vaciamiento de significado: una cul- tura que no genera vida y que vive la tendencia cada vez más acentuada de convertirse en una cultura de muerte» (CEE, 2012, 4 de julio).
Otra de las posibilidades que nos ofrece la citada web es la búsqueda en la Colección Documental Informática, en la que se recogen documentos oficiales de la CEE desde 1966. Si realizamos el mismo procedimiento de búsqueda ante- riormente descrito e introducimos el término «aborto», po- demos consultar hasta un total de 26 documentos desde el año 1974. Uno de los primeros es «La vida y el aborto» de la 96ª Comisión Permanente en el que se habla de: La vida, el primer derecho, Juicio moral sobre el proyecto presentado, y La acción en defensa de la vida. En él se dice: «Tampoco se puede reconocer a la mujer el derecho a disponer libremen- te de la vida del hijo, como si éste fuera una parte de su propio cuerpo. No debe olvidarse que el concebido es, des- de el inicio de su vida, un ser distinto de la madre». Y tam- bién se afirma que «Una familia normal, estable y sana cons- tituirá siempre, sin lugar a dudas, el ambiente óptimo para la procreación y la formación de los hijos. Pero cuando, por desgracia, no es así, la sensibilidad cristiana y social ante un embarazo o nacimiento fuera del matrimonio ha de ver en la
mujer afectada, ante todo, a una madre, y en el hijo que concibe o alumbra, a un ser humano con plenitud de digni- dad, que merece el respeto y la protección del cuerpo social y de las autoridades que lo rigen» (CEE, 1983, 5 de febre- ro). Este documento ha sido reiteradamente citado en do- cumentos posteriores. Y lo mismo sucede con «El aborto. Cien cuestiones y respuestas sobre la defensa de la vida y la actitud de los católicos», de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida (CEE, 1991, 25 de mar- zo).
Y por supuesto también existen documentos sobre la píldora del día siguiente: «El aborto con píldora también es un crimen» de la 174ª Comisión Permanente, «Con la píl- dora también se mata», «Con motivo de la autorización de la píldora RU-486», y «sobre la píldora del día siguiente»,19
cuyos títulos hacen innecesario cualquier comentario. Y por último, también realizaron una «Declaración sobre el Anteproyecto de «Ley del aborto»: atentar contra la vida de los que van a nacer, convertido en «derecho»». Do- cumento en el que podemos leer afirmaciones del siguiente tenor: «En las primeras catorce semanas, la gestante decide sobre la muerte del que va a nacer: la violación del derecho a la vida, tratada como si fuera un derecho». «Hasta la vigési- mo segunda semana, ambiguas indicaciones médico-socia- les: la medicina y la sanidad, falseadas, al servicio de la muer- te». «Frente a la evidencia de que donde hay un cuerpo hu- mano vivo, aunque sea incipiente, hay un ser humano y una dignidad humana inviolable, se establecen plazos de gesta- ción y de presencia humana de los que no es posible dar razón suficiente». «Se facilita a las gestantes la eliminación de sus hijos, en lugar de proteger la maternidad y la familia para evitar que las mujeres se conviertan en víctimas del abor- to». «Se deja al arbitrio individual la vida de los que van a nacer, en vez de reconocerla como un fundamental elemen-
19 Comisión Permanente 174ª, Comisión Permanente 176ª, Subcomisión
to constitutivo del bien común que merece protección y promoción». «Se comete la injusticia de imponer una deter- minada educación moral sexual, que, además, por ser abor- tista y de «género», tampoco será eficaz ni como verdadera educación ni como camino de prevención del aborto» (CEE, 2009, 17 de junio). Argumentos todos ellos similares a los utilizados por el actual gobierno del PP para reformar la actual Ley orgánica de 2010 a la que se refiere el documento de la CEE.
Para poner fin a este apartado, una breve alusión a los mensajes del Papa Francisco. Ciertamente no mantiene pos- turas divergentes a las señaladas hasta el momento. Por ejem- plo, en su discurso a los integrantes del Movimiento para la Vida italiano afirmó que «el aborto y el infanticidio son de- litos abominables; aseguró que «la vida humana es sagrada e inviolable y que cualquier derecho civil se basa en el recono- cimiento del primer y fundamental derecho del hombre, el de la vida, que no se puede subordinar a ningún tipo de condición, económica y aún menos ideológica»; y reiteró que «la vida debe ser protegida con el máximo cuidado y el aborto y el infanticidio son delitos abominables». Asimismo invitó a los fieles católicos a testimoniar «la protección de la vida con valor y amor en todas sus fases», pero también les recordó la necesidad de que «cada mujer se sienta considera- da, escuchada y acompañada». (Infocatólica, 2014, 11 de abril).
En la entrevista realizada por Enrique Cymerman el pasado mes de junio, el Papa afirmó: «No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matri- monio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposi- ble. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opi- nión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es nece- sario estar hablando de estas cosas sin cesar» (Huffington- post, 2014, 16 de junio). Posiblemente declaraciones con
este talante han contribuido a suavizar el tono de las de los obispos españoles.