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2. CAMBIO PRADIGMÁTICO EN LA COMPRENSIÓN DE LA

2.1. La Iglesia frente a la modernidad

La primera reacción de la Iglesia ante la modernidad, fue de ataque y estigmatización, posteriormente, apeló a lo simbólico porque El ciudadano corriente no se pregunta por el sentido de la vida en abstracto, sino siempre parcialmente, como pregunta por el sentido de una acción concreta, de un acontecimiento determinado, del siguiente paso a dar”.90 Lo simbólico apeló a la imaginación y la

imaginación a su vez apeló a la experiencia, sin embargo, “[…] la experiencia de la modernidad,

86 Estrada, Juan Antonio. “Dios como problema en la sociedad contemporánea.” Revista Selecciones de

Teología 150 (1999): 1-9. http://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol38/150/150_estrada.pdf

(consultado el 1 de septiembre de 2014), 1.

87Bauckham, Richard. “Teología después de Hiroshima.” Revista Selecciones de Teología. 103 (1987): 1-11. https://www.dropbox.com/home/Articulos/1%C2%BA (consultado el 1 de septiembre de 2014), 1

88 Estrada, Dios como problema en la sociedad contemporánea, No. 1. 89 Ibíd.

90Zahrnt, Heinz. “Aspectos religiosos de la actual experiencia del mundo y de la vida reflexiones sobre la

necesidad de una nueva teología de la experiencia.” Revista de Revista Selecciones de Teología. 59 (1976) 1- 14 http://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol15/59/059_zahrnt.pdf (consultado el 1 de septiembre de 2014), No. 1.

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grosso modo, tiene como telón de fondo el transitorio y superficial contacto humano, el primado de

la conciencia materialista y el predominio de la razón, “Parece que el hombre tecnológico ha perdido sus nervios y que su máquina está virando sin control. Ciertamente, los procesos sociales modernos y la conciencia moderna no tienen cabida para un sentido de Dios”91; de hecho, a las Iglesias y sus credos se acude en términos de consumismo, “La conciencia moderna, […] da a la gente no sólo una facilidad para manejar, usar, o consumir la nueva tecnología, sino también para relegar los valores no materiales a una esfera secundaria o privada”.92 Pero, ¿cómo creer a partir de la

experiencia del siglo XX?

Además, los miembros de la jerarquía eclesial, se dividen en un sector de la Iglesia que no tolera lo que creía contrario al Evangelio; otro sector dividido entre “[…] una clase dirigente represiva y

leguleya y un populacho oprimido por la pobreza que clama por los derechos civiles y por la justicia social”93, y, otro sector que jalona procesos de actualización y cambio. Ahora, es necesario adentrarse en las el personalismo como corriente de pensamiento, en las que hallaron eco estos cambios culturales, sociales, políticos y económicos.

2.1.1. El personalismo en la Iglesia del Vaticano II

Llama la atención que de los cambios sociales, políticos y culturales, beben las nuevas comprensiones teológicas del Concilio Vaticano II; así mismo el personalismo, es la postura filosófica que está a la base de la reflexión de los Padres Conciliares, como se observa adelante.

Berdiaev, filósofo que relaciona el personalismo con el pensamiento cristiano, señala respecto al mundo, que la persona no es una de sus partes sino su correlato, y respecto de sí, es integridad y unidad; a saber, ser pensado desde la biología, la psicología, la sociología y la espiritualidad, hace de

la persona un todo concreto de valor insustituible; una criatura libre, que “[…] se eleva por encima de sí mismo y por encima de toda la vida”94, encauzado más que a la conservación, al acrecentamiento de su existencia con otras personas, pues cerrado sobre sí, se aniquila. Por lo tanto, el asunto neurálgico no es saber acerca de Dios, sino:

91 Shorter, La revelación y su interpretación, 37. 92 Ibíd., 38.

93 Ibíd., 43.

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Presentarlo de manera que responda a las necesidades transracionales de la persona destinataria de la revelación. Trata también de tener en cuenta al hombre situado en la historia, y sujeto de la misma. De ahí que se incorporen en el tratado sobre Dios categorías de cuño personalista e historicista.95

Retornar la atención acerca del hombre, significa descartar la división cuerpo-alma, y acoger que la realización de la persona está en su cuerpo; en efecto:

De sus instintos más primarios, comer, reproducirse, hace delicadas artes: la cocina, el arte

de amar. […] Mis humores y mis ideas son modelados por el clima, la geografía, mi situación

en la superficie de la tierra, mis herencias y más allá, acaso, por el flujo masivo de los rayos cósmicos. A estas influencias se le añaden todavía las determinaciones psicológicas y colectivas posteriores. No hay nada en mí que no esté mezclado con tierra y sangre.96 Al volver la mirada sobre las necesidades y anhelos humanos, cambia la compresión de Dios, en la captación de su mostración, se torna auténtica; Dios se comprende como se muestra, personal y capaz

de conferir sentido y plenitud, “[…] la persona de Dios y la del hombre se suponen una a la otra”.97

Las demostraciones racionalistas de la existencia de Dios, ceden ante la indagación práxica que hace la persona de la necesidad de afirmar la existencia de Dios. De la descripción de los atributos de Dios, se pasa al rastreo de sus formas de actuación, ante las cuales hay que adoptar actitudes existenciales. Se da fin a la relación competitiva entre la libertad del hombre y de Dios, mediante el rechazo del intervencionismo y la predestinación. Así se encarna la historia y se dialoga con el hombre configurado más por el sentir y el querer, que por el pensar; un hombre “[…] indigente e

incompleto”.98

Desde el personalismo, la comprensión de Dios como misterio no es univoca, ni equivoca, es análoga, por tanto, investigar el misterio no supone objetivarlo ni manipularlo; la teología respeta el misterio,

95 García-Murga, José Ramón. “Factores culturales y factores filosóficos en la renovación del tratado de Dios.”

Estudios Eclesiásticos 218-219 (1981): 833-866, 837.

96 Mounier, Emmanuel. El personalismo. Argentina: Universidad de Buenos Aires, 1973, 12. 97 Berdiaev, La destinación del hombre, 100.

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la desemejanza entre Dios y su criatura es mayor que su semejanza, de hecho, quien sienta que ha atrapado el misterio de Dios, en vez de sentirse desbordado y contenido en él, está perdido:

No respeta el misterio quien se aleja de él, sino quien verifica su misteriosidad, cuando tras hacer acopio de valor se adentra en ella. Únicamente rinde ante Dios su inteligencia quien al procurar ejercitarla hasta el máximo, reconoce en él una realidad que supera las propias posibilidades humanas, a par que las rodea con amor.99