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Igual que, subjetivamente, las letras se unen formando

In document Osho - El Libro de Los Secretos Vol.4 (página 43-47)

palabras, e igual que, objetivamente, los círculos se unen formando mundos, y los mundos formando principios, descubre al fin que éstos

confluyen en nuestro ser.

Todos los iluminados, todas las religiones, están de acuerdo en una sola cosa. Sus desacuerdos son muchos, pero hay una concordancia entre todos, y es que el hombre, debido a su ego, está cerrado a la realidad. El ego es la única barrera, la sensación de que «yo soy». En este punto todos los Budas y los Cristos y los Krishnas están de acuerdo. Y como todos están de acuerdo, me parece que esto es lo básico en todo empeño religioso. Todo lo demás es accidental; esto es esencial: que estás imposibilitado debido a tu propio ego.

¿Qué es este ego? ¿En qué consiste? ¿Cómo surge? ¿Y por qué se vuelve tan importante?

Observa tu mente; porque no puedes entender el fenómeno del ego teóricamente; sólo puedes entenderlo existencialmente. Mira tu mente, obsérvala, y llegarás a un profundo entendimiento. Y si puedes entender qué es el ego, no hay problema; puede desecharse fácilmente. Más bien no hay necesidad de desecharlo. Si puedes entenderlo, el entendimiento mismo se vuelve el desechamiento, porque el ego se crea mediante tu falta de entendimiento, se crea mediante tu adormecimiento.

Si te pones alerta con respecto a él, si centras tu consciencia en él, desaparece. Desaparece: igual que cuando traes luz a una habitación y la oscuridad desaparece. Incluso si traes luz para mi- rar la oscuridad, para ver qué es la oscuridad..., si traes luz, desaparece. El ego existe porque nunca has estado alerta a tu existencia; es una sombra de tu falta de alerta. De modo que, en realidad, no hay necesidad de desecharlo. Si puedes mirarlo, se desecha por sí solo.

¿Qué es? ¿Has percibido algún momento en que no hay ego? Cuando estás silencioso, no hay ego. Cuando tu mente está agitada, parlanchina, inquieta, el ego está ahí. Cuando estás relajado, silencioso y calmado, no hay ego. Ahora mismo, si estás silencioso, ¿dónde está el ego? Tú estarás ahí, pero no la sensación del «yo». Y sucede justo lo contrario: si estás preocupado, en conflicto, ansioso, sientes un ego centrado dentro de ti. Cuando estás enfadado, acalorado, violento, agresivo, sientes un ego cristalizado dentro de ti. Cuando estás amoroso, compasivo, no está ahí.

Por eso no podemos amar, porque con el ego, el amor es imposible. Por eso seguimos hablando tanto del amor, pero nunca amamos. Y lo que llamamos amor es más o menos sexo, no es amor; porque no puedes perder tu ego, y el amor no puede existir a menos que el ego haya desaparecido. El amor, la meditación, Dios..., todos ellos requieren una cosa: no debe haber ego. Por eso Jesús tiene razón cuando dice que Dios es amor, porque ambos fenómenos sólo suceden cuando no hay ego. Si conoces el amor, no hay necesidad de conocer a Dios: ya le has conocido. El amor es sólo otro nombre para lo mismo. Si conoces el amor, no hay necesidad de entrar en meditación: ya lo has hecho. El amor es sólo otro nombre para lo mismo. Se necesitan tantas técnicas de meditación, y tantos maestros, y se necesitan tantas escuelas de meditación, porque no hay amor. Si hay amor, no hay necesidad de practicar nada, porque ello ya ha sucedido. Y ello es la desaparición del ego.

Así que esto es lo primero que hay que comprender: siempre que estás silencioso, no hay ego. Y no creas en mí. No estoy hablando de una teoría; esto es un hecho. No necesitas aceptar mi opinión; puedes observarlo en ti mismo. Y no hay necesidad de aplazarlo para el futuro; ahora mismo puedes observar el hecho de que si estás silencioso, tú estás, pero sin ninguna limitación, sin ningún centro. Existes sin el centro; no hay un «yo» cristalizado. La presencia está ahí, la consciencia está ahí, pero no hay nadie que pueda decir «yo soy».

Cuando estás silencioso, no hay ego. Y cuando no estás silencioso, hay ego. De modo que el ego es la enfermedad, todas las enfermedades combinadas juntas; de ahí el énfasis en entregar el ego. El énfasis recae en entregar la enfermedad.

Segundo: si en silencio, aunque sea un solo momento, tienes el vislumbre de tu existencia sin ego, entonces puedes analizarla, y entonces puedes entrar en el fenómeno del ego, de lo que es. La mente es pasado acumulado. La mente nunca está aquí, nunca está ahora. Siempre es del pasado. Es una acumulación. La mente es recuerdo: todas las experiencias por las que has pasado, toda la información que has encontrado, todos los conocimientos que has acopiado, oído, escuchado, leído: eso se ha acumulado. La mente está constantemente acumulando.

acumulando incluso mientras no estás consciente; la mente está acumulando incluso mientras estás dormido. Puede que no seas consciente de ello. Mientras estás dormido, y hay ruido en la calle, la mente está acumulando. Te pueden hipnotizar por la mañana y te pueden preguntar sobre ello, y lo dirás todo, lo contarás todo: todo lo que la mente ha acumulado durante la no- che. Incluso si has entrado en coma, o estás inconsciente, o te ha dado un ataque, la mente está acumulando.

La mente no necesita tu consciencia para acumular; sigue acumulando. Incluso mientras estabas en el útero de tu madre, la mente estaba acumulando. Y mediante la hipnosis se pueden despertar los recuerdos de tus días en el útero de tu madre. No recuerdas nada de tu nacimiento, pero la mente estaba acumulando. Todo lo que estaba pasando, la mente lo estaba acumulando. Y ahora se puede volver a despertar. Mediante la hipnosis se puede traer el recuerdo de nuevo a tu foco. Y millones de recuerdos están siendo acumulados: esta acumulación es la mente. El recuerdo es la mente.

¿Cómo se crea el yo, el ego? La consciencia está dentro de ti, y en torno a la consciencia están acumulados todos estos recuerdos en la periferia. Son útiles, y no puedes sobrevivir sin ellos, son necesarios, pero entonces sucede algo nuevo entre los dos, un epifenómeno.

La consciencia está dentro, tú estás dentro, sin el «yo». No hay «yo» dentro. Existes, sin un centro. En la periferia a cada momento se acumulan conocimientos, experiencias, recuerdos. Esto es la mente. Y siempre que miras el mundo, miras a través de la mente. Siempre que pasas por una experiencia nueva, miras a través de tus recuerdos, la interpretas a través de tus recuerdos. Miras todo a través de los recuerdos. El pasado se vuelve un mediador.

Mirando constantemente a través del pasado, te identificas con él; esa identificación es el ego. Permíteme que lo exprese de esta forma: la identificación de la consciencia con los recuerdos es el ego. Dices: «Soy hindú», o «Soy cristiano», o «Soy jaina». ¿Qué estás haciendo? Nadie nace cristiano, o hindú, o jaina; naces simplemente como ser humano. Luego te enseñan, luego te condicionan para que pienses que eres cristiano, o hindú, o jaina. Esto es un recuerdo. Te han enseñado que eres cristiano. Esto es

un recuerdo, y ahora, siempre que miras a través de este recuer- do, sientes: «Soy cristiano.»

Tu consciencia no es cristiana; no puede serlo. Es simplemente consciencia. Te han enseñado que eres cristiano. Esta enseñanza, está acumulada en la periferia. Ahora miras a través de esas gafas y el mundo entero está distorsionado. Esas gafas se han adherido demasiado y demasiado profundamente a ti, y nunca te separas de ellas, nunca las dejas de lado. Te has acostumbrado tanto a ellas que has olvidado que llevas gafas ante tus ojos. Entonces dices: «Soy cristiano.»

Cada vez que te identificas con cualquier memoria, cualquier conocimiento, cualquier experiencia, cualquier nombre y forma, nace ese «yo». Entonces eres joven, eres viejo, eres rico, eres pobre, eres guapo o no eres guapo, eres culto o no eres culto, eres respetado o no eres respetado... Entonces sigues identificándote con cosas que se acumulan en torno a ti y nace el ego. El ego es la identificación con la mente.

Por eso, cuando estás silencioso no hay ego, porque cuando estás silencioso la mente no está funcionando. Eso es lo que significa el silencio. Cuando la mente está funcionando, no estás silencioso. No puedes estarlo, el funcionamiento de la mente es el ruido interno, la charla, la charla constante dentro de ti. Cuando la charla cesa, o no existe, o la has transcendido, o has ido dentro de ti, has entrado en ti, hay silencio, y en ese silencio no hay ego.

Pero sólo sucede a veces, -y sólo por un momento- que estés silencioso. Por eso sientes que las situaciones en las que eso sucede son encantadoras. Empiezas a desear esas situaciones. Vas a una colina, y por la mañana miras el amanecer. De pronto tienes un arrebato de alegría. Te sientes dichoso; desciende sobre ti una bienaventuranza.

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