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III CONSEJO POLÍTICO NACIONAL * 5 de octubre de

In document OBRAS ESCOGIDAS DE MAO TSE-TUNG (página 137-153)

Del 6 al 13 de septiembre, el Kuomintang celebró la XI Sesión Plenaria de su Comité Ejecutivo Central, y del 18 al 27 del mismo mes el gobierno del Kuomintang realizó la II Sesión del III Consejo Político Nacional. Ahora, cuando estamos en posesión de todos los materiales de ambas reuniones, podemos hacer un comentario general.

La situación internacional se encuentra ya en vísperas de un gran cambio, cuya inminencia es sentida ahora por todo el mundo. Las potencias europeas del Eje la sienten, y Hitler está adoptando la política del último forcejeo. Este cambio es principalmente obra de la Unión Soviética, que está ahora aprovechándolo: el Ejército Rojo, arrollándolo todo, ya ha llegado hasta el Dniéper, y una nueva ofensiva de invierno lo llevará hasta las viejas, si no hasta las nuevas, fronteras soviéticas. También Inglaterra y los Estados Unidos intentan aprovechar este cambio: Roosevelt y Churchill esperan el momento en que Hitler se encuentre al borde de su caída para lanzarse sobre Francia. En resumen, la máquina de guerra del fascismo alemán pronto se hará pedazos, el problema de la guerra antifascista en Europa está ya en vísperas de la solución total, y la Unión Soviética es la principal fuerza en el aniquilamiento del fascismo. El nudo de la guerra antifascista mundial está en Europa; la solución del problema allí, decidirá la suerte de los dos grandes campos del mundo: el fascista y el antifascista. Los imperialistas japoneses se sienten en un callejón sin salida, e igualmente su política sólo puede ser la de reunir todas sus _______________

* Editorial escrito por el camarada Mao Tse-tung para el Diario de la Liberación, de Yenán.

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fuerzas para una lucha de último forcejeo. En China, recurren a las operaciones de "limpieza" contra los comunistas y buscan seducir al Kuomintang para que capitule.

EL Kuomintang también siente el cambio. Frente a esta situación, experimenta tanto alegría como miedo. Alegría, porque imagina que, terminada la guerra en Europa, Inglaterra y los Estados Unidos tendrán las manos libres para luchar por él contra el Japón, y así podrá volver a Nankín sin ningún esfuerzo. Miedo, porque con la caída de las tres potencias fascistas, el mundo entrará en una grandiosa época de liberación sin precedentes en la historia de la humanidad, y la dictadura fascista feudal-compradora del Kuomintang se convertirá en un islote perdido en un inmenso océano de libertad y democracia; teme que su propio fascismo, con su divisa "un partido, una doctrina, un jefe", sea tragado por las olas.

Al principio, el Kuomintang pretendía que la Unión Soviética se batiera sola contra Hitler y procuraba instigar a los invasores japoneses para que la atacaran, de modo que el país del socialismo fuera destruido o, al menos, quedara gravemente quebrantado ; pretendía además que Inglaterra y los Estados Unidos no abrieran un segundo o tercer frente en Europa, sino que trasladaran todas sus fuerzas a Oriente para aplastar primero al Japón y luego al Partido Comunista de China, antes de ocuparse de ninguna otra cosa. Precisamente con este inconfesable propósito, el Kuomintang vociferó al comienzo: "Asia antes que Europa", y más tarde: "Igual atención a Asia que a Europa". En agosto de este año, hacia el final de la Conferencia de Quebec, cuando Roosevelt y Churchill llamaron a esa ciudad a T.V. Soong, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del Kuomintang, y cambiaron con él unas cuantas palabras, los kuomintanistas se pusieron a pregonar que "Roosevelt y Churchill están volviendo su mirada hacia Oriente; el plan de `Europa antes que Asia' ha cambiado", que "la Conferencia de Quebec es una conferencia de las tres grandes potencias: Inglaterra, los Estados Unidos y China", etc., y jubilosos, se dedicaron a darse bombo. Pero, ésta fue la última ocasión de júbilo para el Kuomintang. Desde entonces, su humor ha cambiado algo; sus consignas de "Asia antes que Europa" e "Igual atención a Asia que a Europa" han sido relegadas al museo de la historia, y ahora, probablemente el Kuomintang está fraguando nuevas estratagemas. Quizás, la XI Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo Central del Kuomintang y la II Sesión del Consejo Político Nacional,

139 controlada por el Kuomintang, marquen el comienzo de estas nuevas estratagemas.

La XI Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo Central del Kuomintang acusó calumniosamente al Partido Comunista de "sabotear la Resistencia y poner en peligro a la nación", y al mismo tiempo se declaró por una "solución política" y "preparativos para establecer un régimen constitucional". Controlada y manipulada por la mayoría kuomintanista, la II Sesión del III Consejo Político Nacional aprobó resoluciones contra el Partido Comunista, que en líneas generales coinciden con las de la XI Sesión Plenaria. Además, esta última "eligió" a Chiang Kai-shek presidente del gobierno del Kuomintang, a fin de reforzar el aparato dictatorial.

Después de la XI Sesión Plenaria, ¿qué puede planear el Kuomintang? Hay solamente tres posibilidades:

1) capitular ante el imperialismo japonés ; 2) seguir arrastrándose por el viejo camino, y 3) cambiar su línea política.

Adaptándose a los designios de los imperialistas japoneses de "golpear a los comunistas y cortejar al Kuomintang", los derrotistas y capitulacionistas en el seno del Kuomintang han abogado siempre por la capitulación. Han intentado constantemente provocar una guerra civil anticomunista que, no bien comenzara, imposibilitaría desde luego la resistencia al Japón, dejando la capitulación como única posibilidad. El Kuomintang ha concentrado en el Noroeste un enorme ejército de cuatrocientos a quinientos mil hombres, y furtivamente sigue trasladando allí más fuerzas de otros frentes. Por lo que parece, sus generales están llenos de arrogancia, pues afirman: "Tomar Yenán no es ningún problema." Esto es lo que han dicho luego de escuchar en la XI Sesión Plenaria el discurso del señor Chiang Kai-shek en el que declaró que el problema del Partido Comunista "es un problema político y debe resolverse por medios políticos", y después de que dicha Sesión adoptó sus resoluciones, que concuerdan en líneas generales con el discurso de Chiang. El año pasado se adoptaron resoluciones similares en la X Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo Central del Kuomintang, y aún no se había secado la tinta cuando esos generales, siguiendo órdenes superiores, hicieron los planes militares para liquidar la Región Fronteriza; en junio y julio de este año, trasladaron fuerzas en preparación de un ataque relámpago contra dicha Región, y sólo debido a la oposición de la opinión pública nacional y extranjera,

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la conspiración fue archivada temporalmente. De nuevo ahora, apenas la tinta de las resoluciones de la XI Sesión Plenaria ha dejado su marca sobre el papel, llegan informes sobre las bravatas de los generales y los movimientos de tropas. ¿Qué significa "Tomar Yenán no es ningún problema"? Significa la decisión de capitular ante el imperialismo japonés. No todos los miembros del Kuomintang que están en favor de "tomar Yenán" son necesariamente capitulacionistas conscientes y decididos. Algunos de ellos quizá piensen: "Combatimos a los comunistas y al mismo tiempo seguimos resistiendo al Japón." Así es probablemente como discurren muchos militares del grupo de Juangpu1. Pero a los comunistas nos gustaría hacer las siguientes preguntas a estos caballeros: ¿Han olvidado ustedes las lecciones de los diez años de guerra civil? Una vez iniciada otra guerra civil, ¿los capitulacionistas decididos les permitirán continuar la resistencia al Japón? ¿Les permitirán los japoneses y Wang Ching-wei continuar esa resistencia? ¿Se encuentran ustedes tan fuertes como para sostener a la vez una guerra civil y una guerra contra el invasor? Dicen tener tres millones de hombres, pero su ejército está tan desmoralizado que la gente lo compara a dos canastos de huevos suspendidos de un balancín: un choque y ¡se acabó! Esto es lo que ha ocurrido sin excepción en las campañas sostenidas en las montañas Chungtiao y Taijang, a lo largo dé la línea Chechiang-Chiangsí, en el Oeste de Jupei y en las montañas Tapie. La razón pura y simple es que siguen la funesta política de "lucha activa contra el Partido Comunista" y "resistencia pasiva al Japón". En momentos en que un enemigo de la nación ha penetrado profundamente en nuestro país, cuanto más activa sea su lucha contra el Partido Comunista y más pasiva su resistencia al Japón, tanto más baja será la moral de sus tropas. Si así se comportan ustedes frente al invasor, ¿pueden hacer que sus soldados de repente cobren valor en la lucha contra los comunistas y el pueblo? Eso es imposible. En cuanto inicien ustedes la guerra civil, tendrán que entregarse a ella en cuerpo y alma y arrojar por la borda toda idea de "seguir resistiendo al Japón", y como resultado lógico, firmarán ustedes la capitulación incondicional ante el imperialismo japonés, única política que les quedará. A todos aquellos kuomintanistas que de verdad no deseen capitular, quisiéramos decirles: Si ustedes toman parte activa en el desencadenamiento de la guerra civil o en su prosecución, terminarán inevitablemente en capitulacionistas. Llegarán a serlo sin duda alguna si se prestan a las maniobras de los capitulacionistas y utilizan las resoluciones de la

141 XI Sesión Plenaria y del Consejo Político Nacional como instrumento para movilizar a la opinión pública y preparar la guerra civil anticomunista. Incluso en el caso de que no deseen capitular al principio, terminarán haciéndolo, a remolque de los capitulacionistas, si se prestan a sus maniobras y dan pasos equivocados. Esta es la primera dirección que puede tomar el Kuomintang después de la XI Sesión Plenaria, y existe un peligro extremadamente grave de que lo haga. Desde el punto de vista de los capitulacionistas, hablar de "solución política" y de "preparativos para establecer un régimen constitucional" es precisamente la mejor manera de disfrazar sus preparativos para la guerra civil, esto es, para capitular. Todos los comunistas, todos los kuomintanistas patriotas, todos los partidos y grupos políticos antijaponeses y todos nuestros compatriotas que se oponen al Japón deben tener los ojos muy abiertos frente a esta situación extremadamente grave y no dejarse confundir por ninguno de los disfraces de los capitulacionistas. Hay que darse cuenta de que justamente después de la XI Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo Central del Kuomintang, él peligro de guerra civil se ha hecho mayor que nunca.

Las resoluciones de la XI Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo Central y las de la II Sesión del Consejo Político Nacional pueden conducir a otra dirección: "seguir como antes durante un tiempo, y desencadenar después la guerra civil". Este camino, que difiere en algo del de los capitulacionistas, puede ser seguido por quienes todavía desean guardar la apariencia de resistencia al Japón, en tanto que se niegan categóricamente a abandonar el anticomunismo y la dictadura. Es posible que tomen esta dirección, pues ven que son inevitables grandes cambios en la situación internacional ; que el imperialismo japonés está condenado a la ruina; que la guerra civil significa la capitulación; que el pueblo de todo el país apoya la resistencia al Japón y se opone a la guerra civil ; que el Kuomintang, por estar separado de las masas, sin apoyo popular y más aislado que nunca, atraviesa una grave crisis, y que tanto la Unión Soviética como los Estados Unidos e Inglaterra se oponen a que el Gobierno chino desate la guerra civil. Todo esto los obliga a postergar sus intrigas de guerra civil y recurrir al parloteo de "solución política" y "preparativos para establecer un régimen constitucional" como medio de ganar tiempo. Esta gente ha sido siempre muy habilidosa en la táctica del engaño y la dilación. Ni durante el sueño olvida su ambición de "tornar Yenán" y "liquidar al Partido Comunista”. En este punto no se diferencia en nada de los capitulacionistas, sólo que aún se inclina a

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mantener el rótulo de la resistencia al Japón, no desea que el Kuomintang pierda su reputación internacional, y a veces teme la censura de la opinión pública nacional y extranjera; por lo tanto, es posible que siga como antes durante un tiempo, utilizando para ello la cortina de humo de "solución política" y "preparativos para establecer un régimen constitucional", en espera de condiciones favorables. No tiene el sincero deseo de una "solución política" ni de "establecer un régimen constitucional"; por lo menos, ahora no lo tiene en absoluto. El año pasado, por la época de la X Sesión Plenaria del Comité Ejecutivo Central del Kuomintang, el camarada Lin Piao fue enviado a Chungching por el Comité Central del Partido Comunista para conferenciar con el señor Chiang Kai-shek; esperó allí durante diez largos meses, pero el señor Chiang y el Comité Ejecutivo Central del Kuomintang no tenían ningún deseo de discutir con él un solo problema concreto. En marzo de este año, el señor Chiang publicó su libro El destino de China, en el que hace hincapié en su oposición al comunismo y a la doctrina liberal, echa la culpa de los diez años de guerra civil al Partido Comunista, calumnia a éste, así como al VIII Ejército y al Nuevo 4.º Cuerpo de Ejército calificándolos de "caudillos militares de nuevo tipo" y "separatistas de nuevo tipo", e insinúa que acabará con el Partido Comunista en el término de dos años. E1 28 de junio de este año, el señor Chiang permitió que Chou En-lai, Lin Piao y otros camaradas regresasen a Yenán, pero en ese mismo momento ordenó que sus fuerzas de defensa del río Amarillo marcharan hacia la Región Fronteriza y que las autoridades locales de todo el país aprovecharan la disolución de la III Internacional para pedir la del Partido Comunista en nombre de "organizaciones populares”. En estas circunstancias, los comunistas nos vimos obligados a hacer un llamamiento al Kuomintang y a todo el pueblo para que conjuraran la guerra civil, y a denunciar todas las siniestras maquinaciones del Kuomintang, que saboteaban la Resistencia y ponían en peligro a la nación. Hemos dado prueba de la mayor paciencia, como lo demuestran los hechos históricos. Desde la caída de Wuján, ni en el Norte ni en el Centro de China han cesado los combates, grandes o pequeños, contra el Partido Comunista. Han pasado dos años desde que estalló la guerra del Pacífico, dos años en que el Kuomintang ha estado atacando a los comunistas en el Norte y Centro de China; además de las tropas estacionadas allí desde antes, el Kuomintang ha enviado a Chiangsú y Shantung dos grupos de ejércitos, mandados por Wang Chung-lien y Li Sien-chou, para atacar a los comunistas. El grupo de

143 ejércitos de Pang Ping-sün, en la zona de las montañas Taijang, ha recibido la orden de luchar exclusivamente contra los comunistas; idénticas órdenes han sido dadas a las tropas kuomintanistas en Anjui y Jupei. Durante mucho tiempo, incluso nos abstuvimos de hacer públicos estos hechos. Ninguno de los periódicos y revistas del Kuomintang ha cesado un solo instante de vilipendiar al Partido Comunista, no obstante lo cual, por largo tiempo no respondimos ni una sola palabra. Sin ninguna justificación, el Kuomintang dio la orden de disolver el Nuevo 4.º Cuerpo de Ejército, que resistía heroicamente al Japón, aniquiló a sus unidades en el Sur de Anjui, que contaban con más de nueve mil hombres, arrestó a Ye Ting, mató a Siang Ying y encarceló a cientos de sus cuadros; éste fue un monstruoso crimen, una traición al pueblo y a la nación, pero nosotros, en interés de la patria, soportamos todo esto, limitándonos a presentar una protesta al Kuomintang y a exigir reparaciones. En junio y julio de 1937, cuando el camarada Chou En-lai, representante del Partido Comunista, se entrevistó en Lushan con el señor Chiang Kai-shek, éste prometió que la Región Fronteriza de Shensí-Kansú-Ningsia sería designada por decreto como división administrativa bajo la jurisdicción directa del Yuan Ejecutivo del Gobierno Nacional y que sus funcionarios recibirían nombramientos oficiales. Pero el señor Chiang no sólo ha faltado a sus propias palabras, sino que ha llegado al punto de enviar un ejército de cuatrocientos a quinientos mil hombres para cercar la Región Fronteriza e imponerle un bloqueo militar y económico, y no se contentará sino con la liquidación del pueblo de la Región Fronteriza y la destrucción de los aparatos de retaguardia del VIII Ejército. Es particularmente conocido de todos que se ha suspendido el abastecimiento prometido al VIII Ejército y que se denigra al Partido Comunista llamándolo "partido traidor", al Nuevo 4.º Cuerpo de Ejército, "ejército rebelde", al VIII Ejército, "ejército traidor", etc. En resumen, todos los kuomintanistas que se comportan de esta manera ven un enemigo en el Partido Comunista. A sus ojos, el Partido Comunista es diez, cien veces más odioso que los japoneses. El Kuomintang concentra su odio en el Partido Comunista, y para los japoneses, si es que los odia, deja sólo un poquito. Esta actitud concuerda con la de los fascistas japoneses, que tratan al Kuomintang de modo diferente que al Partido Comunista. Concentrando su odio en el Partido Comunista de China, los fascistas japoneses se han hecho cada día más afables con el Kuomintang; de sus dos consignas "Combatir al Partido Comunista" y "Liquidar al Kuomintang", hoy sólo

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queda la primera. Los periódicos y revistas en manos de los japoneses y de Wang Ching-wei ya no hablan de consignas tales como "Abajo el Kuomintang" y "Derrocar a Chiang Kai-shek”. El Japón descarga sobre el Partido Comunista el 58 por ciento de sus fuerzas en China y utiliza sólo el 42 por ciento para vigilar al Kuomintang; recientemente ha aflojado esta vigilancia retirando muchas de sus tropas de Chechiang y Jupei, a fin de incitar más fácilmente al Kuomintang a que capitule. Los imperialistas japoneses nunca han osado decir media palabra para inducir al Partido Comunista a capitular, pero no titubean en soltar un interminable raudal de discursos para persuadir al Kuomintang a la capitulación. El Kuomintang es feroz únicamente con el Partido Comunista y el pueblo, y pierde toda su ferocidad frente a los japoneses. Desde hace mucho tiempo, no sólo en los hechos se ha transformado de participante en simple espectador de la guerra, sino que ni siquiera de palabra se atreve a proferir una simple repulsa algo violenta ante las humillaciones del imperialismo japonés y sus incitaciones a la capitulación. Los japoneses dicen: "Los razonamientos de Chiang Kai-shek en su libro El destino de China no tienen nada de erróneos en cuanto a su orientación general." ¿Ha replicado alguna vez a esto el señor Chiang u otros miembros de su partido? No, ni lo han hecho ni se atreven a hacerlo. Los imperialistas japoneses ven que el señor Chiang y el Kuomintang utilizan las "órdenes militares y gubernamentales" y la "disciplina" exclusivamente contra el Partido Comunista y que no quieren ni se atreven a utilizarlas contra los veinte miembros del Comité Ejecutivo Central y los cincuenta y ocho generales del Kuomintang que se han pasado al enemigo, y así, ¿cómo pueden dejar de despreciar a este partido? El pueblo de todo el país y las naciones amigas sólo han visto al señor Chiang y al Kuomintang ordenando disolver el Nuevo 4.º Cuerpo de Ejército, atacando al VIII Ejército, cercando la Región Fronteriza, vilipendiándolos con denuestos tales como "partido traidor", "ejército traidor", "caudillos militares de nuevo tipo", "régimen separatista de nuevo tipo", “sabotean la Resistencia" y "ponen en peligro a la nación" e invocando

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