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Imágenes que narran saberes, haceres y espacios de mujeres

MUJERES

Hemos llegado al final del recorrido después de pasar por la discusión de las categorías centrales – el “desplazamiento forzado”, los “saberes y haceres” y las “prácticas cotidianas”. Luego, se ha hecho un re-conocimiento de los “saberes y haceres” de tres mujeres desplazadas que viven actualmente en el sector de Altos de Cazucá. En tercer lugar, se identificaron los procesos de movilización de dichos “saberes y haceres” y se propuso un circuito. Finalmente, este capítulo se pregunta por el “habitar” en un intento por comprender los espacios donde se movilizan los “saberes y haceres” de estas mujeres.

En este punto, lo primero que hice fue acercarme al concepto de “habitar” y desde allí, plantear la noción más acertada para el espíritu de este trabajo. Vale la pena mencionar que “habitar” se ha tornado tan amplio, que incluso a mí como arquitecta, me parece un concepto en continua construcción y re-elaboración. El arquitecto colombiano Juan José Cuervo-Calle (2009) hace una reflexión detallada al respecto y menciona cómo éste es asociado, en algunos casos, con “residir”, y en otros, por el contrario, tiene un “carácter migratorio”.

Asociar “habitar” con “residir” implica detenerse en un lugar determinado para hacerlo propio y generar una morada, convirtiéndose en una posibilidad de “anclarse” a un punto para protegerse del mundo y de los otros (Schmidt, 1974). Pero “habitar” tiene otra lectura, donde la apropiación de un lugar se da a partir de caminar, de ser extranjero y por ende, llevar siempre la casa a cuestas (Yori, 1999). Esto desmonta la idea “que habitar solamente se da a través del permanecer; ya que de hecho hay quienes habitan en lo efímero y lo temporal, como una manera distinta de residir” (Cuervo-Calle, 2009, pág. 42).

Considero que esta última noción de “habitar” se acerca mucho más a la realidad de las personas desplazadas por la violencia, quienes se ven obligadas en muchas ocasiones a permanecer durante cortos períodos de tiempo en lugares de paso, hasta encontrar donde emplazarse nuevamente. Igualmente, estoy convencida que unx no habita solamente el lugar donde reside, permanece y se siente “resguardadx de lxs otrxs” (como usualmente es asociado el espacio de la vivienda), sino también lugares de tránsito (como la calle) donde es posible la interacción con los demás. Me gusta pensar que los lugares que se habitan son aquellos donde se van dejando al descubierto los más sencillos “saberes y haceres” de la vida cotidiana, lugares que pueden incluir el recorrido al mercado, la esquina donde se conversa con lxs vecinxs y lógicamente, la vivienda.

Una vez tuve clara cuál era la noción de “habitar” que dialogaba mejor con el presente trabajo, decidí acercarme a un referente que desarrollaba la idea de “casa” en familias que la perdieron como consecuencia de una “migración forzosa”77. Se trata de la obra “Mi casa Mi cuerpo” del artista plástico colombiano Oscar Moreno (2014). Hasta hoy, este proyecto ha desarrollado procesos diversos que giran en torno a los vínculos entre el pasado, el presente y el futuro, encarnados en tres casas: la casa que cada una de estas familias se vio obligada a abandonar, la casa que han construido de manera paulatina en el barrio Bellavista, ubicado en la periferia de la ciudad de Bogotá, y la casa que desean conseguir en el futuro.

A partir de esta estructura, Moreno desarrolló los siguientes objetos: un par de álbumes fotográficos que documentan el reencuentro de estas familias con los lugares donde vivían antes del desplazamiento y su vida posterior en la casa de Bellavista; un atlas fotográfico que evidencia el proceso de auto-construcción de las casas de estas familias registrando en detalle los elementos constitutivos de sus viviendas: puertas, ventanas, pisos, paredes y techos, y tres modelos que representan la casa que estas familias desean en un futuro próximo y finalmente, las transcripciones de los relatos orales de las familias entrevistadas.

77El término “migración forzosa” se aplica en el proyecto de Mi casa Mi cuerpo de una manera más amplia

que el de “desplazamiento forzado”, al cobijar los casos de violencia intrafamiliar y de desastres naturales como causales para verse forzado a dejar el lugar que se ha habitado (Moreno, 2014). Recordamos que en la presente

investigación, “desplazamiento forzado” se refiere explícitamente a la intervención de actores armados que ocasionan la huida por amenazas, señalamientos, agresiones físicas o morales y asesinato.

Ahora bien, la importancia del proyecto de Oscar Moreno (2014) para este capítulo en particular reviste dos aspectos: primero, la visibilización de los procesos de autoconstrucción de la casa del pasado, del presente y del futuro en familias que han vivido una situación de migración forzosa en Colombia y segundo, la decisión de trabajar con imágenes “para crear un diálogo y una posible respuesta entre lxs lectorxs-observadorxs, a partir de su propio interés sobre el tema de la migración forzosa (pág. 21)”. Este segundo aspecto me hizo reflexionar sobre la “potencia de las imágenes”, sobre la que volveré en breve.

Así, este cuarto capítulo, más que el cierre del trabajo, representa el inicio de un proyecto que se pregunta por el “habitar” a partir de la exploración de los “saberes y haceres” de las mujeres desplazadas que hicieron parte de esta investigación. Para acotar su alcance, me centré en los “saberes y haceres de cocina” y las características espaciales donde se reproducen. Igualmente, se hizo necesario definir una estructura para este proyecto:

- Los espacios de los saberes y haceres de cocina antes del desplazamiento forzado - Los espacios de los saberes y haceres de cocina después del desplazamiento forzado Estas dos partes se construyeron a partir de los encuentros, las narraciones orales y especialmente, las fotografías tomadas a lo largo del trabajo de campo. Retomo aquí la idea de “la potencia de las imágenes” y la oportunidad de dejarlas “hablar” por sí mismas, ya que éstas no pueden ser leídas como si se tratase de un texto (Mirzoeff, 2003), puesto que no pertenecen a un código semiótico-lingüístico y más bien son capaces de generar sensaciones como asombro, incomodidad, rechazo y/o aceptación. Las imágenes son provocadoras, generan emociones: “Son como unos "potentes binoculares" que intensifican la experiencia e iluminan realidades que de otro modo pasarían inadvertidas” (Buck-Morss, 2009, pág. 32)78. Teniendo esto en cuenta, el proyecto se consolidó a través de las siguientes “piezas visuales”:

78 Soy consciente que en el proceso creativo de trabajar con las imágenes mi intención es generar vínculos y

redes entre ellas y hasta cierto punto transmitir una serie de intereses a través de cada pieza visual. Pero me es imposible controlar primero, lo que la pieza visual en sí misma transmite independientemente de lo que yo deseo transmitir, segundo, lo que yo estoy intentando transmitir a través de ella (codificación), tercero, lo que los observadores reflexionen e interpreten con ellas a partir de sus intereses particulares.

- El Plano de la vivienda, saberes y haceres: es una representación gráfica de los espacios donde circulaban los “saberes y haceres de cocina” antes del desplazamiento forzado, quedando al descubierto las interacciones entre el espacio doméstico y doméstico-extendido y los conocimientos propios de un contexto particular. Esta pieza fue realizada por Maruby Sánchez y tiene una dimensión de setenta por cincuenta centímetros (70 x 50 cm).

- El Mosaico de los espacios, saberes y sabores: está conformado por una serie de cuatro piezas que visualizan los espacios donde se movilizan los “saberes y haceres de cocina” en el barrio Terranova (el mercado, el comedor, el patio, la cocina), en el sector de Altos de Cazucá y retratan la experiencia particular de Maruby Sánchez. Cada una de las piezas tiene una dimensión de setenta por cincuenta centímetros (70 x 50 cm).

- El Atlas de las sabedoras-hacedoras y sus sabores: esta pieza está inspirada en el “Atlas Mnemosyne” de Aby Warburg79 y busca visibilizar las interacciones (relaciones, diferencias, especificidades, etc.) entre “los saberes y haceres de cocina” de Maruby Sánchez, María Deisy Uyola y Teresa de Jesús Macuacé. Esta pieza tiene una dimensión de un metro y cuarenta centímetros de ancho por un metro y veinte centímetros de alto (1.40 m x 1.20 m). - El Recetario de saberes, haceres y sabores de cocina en movimiento: pieza que describe las recetas de cocina resultantes de los encuentros entre las colaboradoras. El recetario, diseñado a modo de álbum fotográfico y con una extensión de cincuenta (50) cuartillas, es conformado por la transcripción de las recetas e imágenes de su preparación. Esta pieza tiene una dimensión de treinta centímetros de ancho por veinticinco centímetros de alto (30 x 25 cm).