Octavio obtuvo también el título de imperator (emperador) lo cual le otorgaba el mando supremo de los ejércitos. En poco tiempo, fue concentrando todo el poder en sus manos. Las instituciones repu- blicanas, si bien se mantuvieron, se fueron vaciando de poder. La fuerza militar comenzó a ser la principal base de apoyo del poder político. El emperador comenzó incluso a nombrar a su sucesor. De hecho, a pesar del mantenimiento de las instituciones republica- nas, se había establecido una monarquía.
Durante los siglos I y II d. C., los emperadores romanos consiguie- ron mantener la paz en el Imperio. Ello favoreció el crecimiento de la producción, el desarrollo del comercio, la generalización de la economía monetaria y el comienzo de actividades financieras, ta- les como el otorgamiento de créditos y préstamos.
Esta situación de paz y prosperidad económica comenzó a resque- brajarse en el siglo III. El poder de las fuerzas militares imperiales aumentó. Los ejércitos regionales se disputaban el derecho de im- poner a su jefe como emperador y, frecuentemente, luchaban entre ellos para obtener el título imperial. Roma perdió gradualmente su autoridad como cabeza del Imperio. Varias provincias se rebelaron y se manejaron autónomamente.
Entretanto, la llegada a la frontera de este Imperio de los hunos, un pueblo de pastores nómades y expertos jinetes provenientes del centro de Asia, obligó a los pueblos germánicos, allí establecidos, a buscar refugio en el territorio romano. Sin que se les ofreciera una oposición eficaz, estas primeras oleadas de invasores germánicos cruzaron las fronteras del Imperio y saquearon las tierras que atravesaban. Para contener la ola de violencia y anarquía, el emperador asumió poderes absolutos y las antiguas magistraturas fueron reemplazadas por un conjunto de funcionarios encargados de recaudar los tributos. La mentalidad militar prevaleció en la organización del Estado. Las leyes y los derechos de los ciudadanos dejaron de ser respetados. To- dos los habitantes del Imperio pasaron a ser siervos del emperador.
Actividad Nº38
¿Cuáles fueron las características del sistema político romano a partir de Octavio?
Señale los problemas que se produjeron a partir del siglo III.
La crisis y las transformaciones económicas y sociales
La crisis política y militar fue acompañada por una crisis económi- ca y social. Los precios de los productos, que en el siglo II habían permanecido muy estables, comenzaron a subir. El Estado, a su vez, realizaba grandes gastos en espectáculos, obras públicas, alimenta- ción de la plebe, escuelas. Como resultado de los problemas descrip- tos, los gastos en el ejército y en la administración no cesaban de aumentar. Para costearlos, el Estado debió aumentar los impuestos; esto tuvo graves repercusiones sociales. Los pequeños propietarios, ante la imposibilidad de pagarlos, tuvieron que vender sus tierras a los propietarios ricos e intentaron emigrar. Pero las ciudades ya no les ofrecían mejores condiciones de vida y, además, el Estado no les permitía abandonar sus lugares, pues el emperador Diocleciano, a fines del siglo III, dispuso que cada individuo debía dedicarse a sus ocupaciones tradicionales. De este modo, los campesinos debieron seguir trabajando la tierra y los artesanos y soldados permanecer en sus oficios, aun en contra de sus intereses y deseos. La medida res- tringió la libertad de las clases no terratenientes. Los latifundistas se vieron obviamente beneficiados porque podían disponer de mano de obra abundante. Su posición social y económica salió robustecida. El saqueo de las ciudades y la falta de seguridad de los caminos por las constantes luchas internas y las invasiones de los pueblos ger- mánicos constituyeron un duro golpe para la economía urbana. El comercio y las artesanías comenzaron a decaer. Ante esta situa- ción, los aristócratas romanos empezaron a apoyarse en sus pro- piedades rurales como única fuente de riqueza. Comenzaron a vivir en forma permanente en sus villas y a llevar una vida indepen- diente del Estado y del resto del Imperio.
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Para hacer frente a la escasez y encarecimiento de la mano de obra esclava ocasionada por el cese de las conquistas, estos grandes propietarios recurrieron al colonato. Entregaban parcelas de tierra y herramientas a los campesinos libres (colonos) para que las tra- bajaran. De lo producido en ellas, el colono se quedaba con lo ne- cesario para su subsistencia y la de su familia y el resto era entre- gado al propietario, en calidad de tributo. Este mismo procedi- miento fue seguido con los esclavos, quienes comenzaron a traba- jar las parcelas en similares condiciones que los colonos.
La economía del Imperio se ruralizó y la sociedad se polarizó. En un polo estaban los terratenientes, cada vez más ricos, que se fue- ron convirtiendo en dueños y señores no sólo de sus tierras sino también de las familias que las trabajaban. En el otro polo estaban los campesinos y artesanos, cada vez más pobres, sometidos al do- minio de los terratenientes.
Actividad Nº39
Responda las siguientes preguntas:
¿Por qué se produjo una crisis económica a partir del siglo III? ¿Por qué, como consecuencia de la crisis, la sociedad se polarizó? ¿Por qué, como consecuencia de la crisis, la economía del Imperio se ruralizó?
La crisis y las transformaciones en las creencias: el cristianismo
Una profunda crisis espiritual comenzó también a expandirse por el Imperio. Ante la gravedad de los problemas económicos, sociales y po- líticos, la población comenzó a perder confianza en los ideales tradicio- nales romanos y, entre ellos, en los de la religión oficial del Imperio. Los romanos habían sido tolerantes con las diversas religiones que profesaban los pueblos conquistados. También lo fueron, en un co- mienzo, con el cristianismo. Éste había surgido casi al mismo tiempo que el régimen político imperial, en la provincia romana de Judea, en
Palestina. En las comunidades que allí habitaban había una profunda tradición religiosa que se manifestaba, entre otras cosas, en la fre- cuente aparición de predicadores. Uno de ellos, Jesús, nacido en Na- zareth, fue considerado por muchos como el Mesías, el enviado de Dios que llegaba para liberar a los judíos, el pueblo elegido, de la opresión de los romanos. Jesús predicaba la igualdad de todos los hombres ante Dios, la caridad y el amor al prójimo como normas de vida y la vida eterna para los justos y los desposeídos. Como estas en- señanzas se contraponían con los valores romanos, Jesús fue conde- nado a muerte y crucificado.
Pero las prédicas de Jesús se mantuvieron vivas. Convertidas en una nueva religión, se difundieron rápidamente: primero, entre la comu- nidad judía y luego, entre los practicantes de otras religiones. El cristianismo tuvo especial aceptación entre los sectores más humil- des de la población de las ciudades. La mitad oriental del Imperio Ro- mano fue la región del mundo que más pronto se cristianizó y la que lo hizo con más intensidad. En la mitad occidental, más lentamente, fueron surgiendo comunidades cristianas en las ciudades de las zonas costeras del Mediterráneo. Las zonas rurales quedaron durante mu- chos siglos fuera de su influencia.
Los cristianos se reunían en asambleas o iglesias donde leían y comen- taban las palabras de Cristo recogidas por quienes las habían oído. Cada iglesia tenía un fuerte carácter local. Con el tiempo, la iglesia de Roma adquirió mayor importancia y se convirtió en el centro del cristianismo. Durante los siglos I y II d. C., el pueblo romano consideró a los cristia- nos gente extraña y misteriosa. El gobierno, indiferente a las cuestio- nes religiosas, no se preocupó por sus actividades. Sólo algunos empe- radores como Nerón, los persiguieron por negarse a rendir culto al emperador. En el siglo III se originaron nuevas persecuciones. Éstas se debieron al inmenso crecimiento del número de cristianos, a la trans- formación del Estado en una monarquía absoluta que estimuló el cul- to a los dioses orientales, y a la creciente importancia de los obispos, jefes de las Iglesias, que, a medida que se debilitaba el Estado, iban ad- quiriendo cada vez más poder. Pero el avance del cristianismo ya no se podía detener. Así lo comprendió el emperador Constantino quien a través del Edicto de Milán decretó la libertad religiosa en el Imperio. Más tarde, en el año 392, el emperador Teodosio impuso el Cristianis- mo como religión oficial y el culto a los otros dioses fue prohibido.
Los cristianos, en los tiempos en que estaban perseguidos, acostumbraban a enterrar a sus muertos y a celebrar su culto en lugares sub- terráneos, llamados catacumbas. A partir del momento en que su religión comenzó a ser tolerada por el gobierno romano, los cristianos abandonaron las catacumbas y comenzaron a edificar iglesias.
Actividad Nº40
Responda la siguiente pregunta:
¿Por qué piensa que la crisis del Imperio Romano que se pro- dujo en el siglo III favoreció la difusión del cristianismo? Realice una entrevista a un sacerdote católico para averiguar qué diferencias existen entre la religión judía y la católica. Compare la información que obtuvo con el informe que rea- lizó en la Actividad Nº17.
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