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CAPÍTULO SEGUNDO: MARCO TEÓRICO

IMPLICACIONES SOCIALES Y RELIGIOSAS EN LA SEXUALIDAD

La lectura de la realidad en el contexto cristiano protestante en Colombia no es la

misma que nos ofrece Spijker; pues el tema de lo diverso en relación a la sexualidad

continúa siendo un tema tratado desde la clandestinidad, el absolutismo y el maniqueísmo

al interior de las iglesias. Entonces nos encontramos con un sin número de obras y textos

escritos por pastores, teólogos, psicólogos y legisladores protestantes que buscan ratificar

lo establecido por las iglesias:

Otros estudios efectuados por especialistas sobre terrenos psicológico, antropológico, y sociológico, siguen sosteniendo que el homosexualismo es otra expresión de la vida sexual creado por la cultura, pues la homosexualidad solo se segrega de otros comportamientos sexuales culturales. Este argumento tampoco es válido; la razón es que el pecado de la homosexualidad reaparece cuando la cultura hace caso omiso de la racionalidad de los valores morales y espirituales absolutos que entendemos en la conciencia humana y en la Palabra de Dios. Hay que añadir que de acuerdo al mensaje bíblico, antes que la homosexualidad sea un condicionamiento cultural, es, ante todo, un comportamiento pecaminoso inducido y aprendido por el individuo. O puede ser un producto cultural porque este tipo de relación invertida de amor entre dos hombres o entre dos mujeres, histórica y culturalmente ha sido desaprobado y reprobado por la propia cultura humana. Salvo aquellas culturas donde la perversión sexual ha cauterizado la conciencia de sus practicantes (1Tim. 4:2, Tito 1:15). Los más grandes instantes históricos de desarrollo cultural y social por lo general han estado ligados al desarrollo de la correcta moralidad de la raza humana. De aquí que entonces, los pronunciamientos divinos en la Biblia y otras fuentes literarias de antaño, lo que han hecho es condenar la homosexualidad por ser un pecado contra Dios y contra natura, es decir contra la propia humanidad. (Cely, M, 2008, pág. 45)

Bajo esta realidad, la homosexualidad está cargada de calificativos como pecado,

inmoralidad, obscenidad, aberración, enfermedad, decadencia sexual, perversidad contra

natura, entre otros términos utilizados para referirse a la diversidad de orientaciones

sexuales.

Entonces, el lenguaje viene a constituirse como un mecanismo discursivo que

expone la autora Manuela Dimitriu (2002): “Lo que comúnmente llamamos prejuicios

son estructuras ideológicas expresadas a través del lenguaje cuyo propósito es demostrar

que la discriminación de ciertos grupos sociales es de alguna manera merecida por

acciones y características del mismo grupo (Pág. 8). Visto de esta forma, el lenguaje es

utilizado para validar tratos de inferioridad y se fundamenta en prejuicios sociales o

personales que llevan a la vulneración de las personas.

La discriminación es un fenómeno social recientemente visibilizado, poco

abordado en el análisis teórico y que amerita explicaciones intelectuales. Antes de dar una

definición conceptual, resulta necesario precisar en el mismo tenor del autor Rodríguez

Zepeda (2006), que solo por el hecho de que una persona tenga valoraciones negativas

acerca de otras no se le puede condenar de discriminatoria, pues estaríamos obligando a

la sociedad a perseguir un ideal moral que termina por limitar la libertad de expresar las

ideas propias:

…podemos convertir la lucha contra la discriminación en una forma disfrazada de persecución de la libertad de expresión… Pueden ser, en efecto, juicios y opiniones de mal gusto y éticamente discutibles, pero no se pueden considerar con rigor, actos de discriminación. En este contexto, la libre expresión deja de serlo cuando incita, conduce o estimula acciones contra los derechos de otras personas.”

(Rodríguez Zepeda, 2006, pág. 23)4.

La discriminación se inscribe en el horizonte de los derechos humanos y de las

libertades fundamentales, por lo cual tiene su definición dominante en el ámbito legal, en la

defensa y promoción de los derechos fundamentales de las personas. En ese sentido, no solo

se hace evidente la necesidad de su eliminación para lograr una sociedad justa, libre e

4Desde luego, es muy difícil saber cuál es el momento preciso en que una opinión sobre temas sexuales, raciales, religiosos o de salud deja de serlo y se convierte en un llamado a la violación de derechos y oportunidades de otros, pero las leyes y las instituciones que luchan contra la discriminación deben tener clara esta frontera, pues el derecho democrático a la no discriminación no puede afirmarse sobre la base de la limitación o violación de otro derecho democrático fundamental, como el de la libre expresión de las ideas. (Rodríguez Zepeda, 2006, pág. 23 y 24)

igualitaria, sino que también resulta importante ubicarla en los estudios y teorías que

sistematicen y le den soporte argumental a este fenómeno social (Rodríguez Zepeda, 2006).

Así las cosas, la discriminación es entendida aquí como:

… una conducta, culturalmente fundada, y sistemática y socialmente extendida, de desprecio contra una persona o grupo de personas sobre la base de un prejuicio negativo o un estigma relacionado con una desventaja inmerecida, y que tiene por efecto (intencional o no) dañar sus derechos y libertades fundamentales. (Rodríguez Zepeda, J, 2006, pág. 26).

Ahora, en palabras de la autora Valeria Melki Busin (2008), esto es, violencia

simbólica:

En este contexto, entendemos la violencia simbólica como una forma de coerción invisible que se basa en las creencias y prejuicios colectivos. La violencia simbólica se basa en la continua construcción de creencias en los procesos de socialización, lo que hace que una persona perciba y aun evalúe el mundo tras criterios y estándares del discurso dominante… La violencia simbólica es un tipo de dominación cultural que ofende la dignidad y viola los derechos del/ otro/a. Un ejemplo que ayuda a entender más fácilmente la violencia simbólica es el racismo: nuestra sociedad difunde una supuesta superioridad de los blancos de muchas maneras diferentes (en chistes, juegos, dichos populares, etc.), lo que hace que muchas personas negras se sienten inferiores, hasta el punto que algunos quieran negar su negrura. Para entender mejor cómo la violencia simbólica religiosa afecta a las personas LGBTTI (Pág 61).

De acuerdo a los planteamientos anteriores, existe una división en la sociedad en

relación a la alteridad, la diferencia, la normalidad por desprecio o por temor, pues la

diferencia, la “anormalidad”, la diversidad; aparecen como un desafío inquietante que

amenaza con el orden de lo parecido de cuerpos, de conductas, de prácticas, en el que el

individuo es juzgado, sufrido, excluido e incluido dentro de las dinámicas de la misma

exclusión. Como consecuencia, es el daño que se le aplica a la dignidad de los sujetos

En lo que concierne a las iglesias cristianas ¿Quién habla de excluidos? Pues bien,

en una estructura social cerrada, solo los mismos excluidos podrían hablar de su

condición; las minorías, las individualidades, aquellas con los que anduvo Jesús y a los

que les prometió una vida en abundancia, pero son esos mismos a los que las iglesias se

han encargado de quitarles unas condiciones de vida igualitaria y de vida abundante,

porque no hacen parte de los que entraran en el Reino de Dios si primero no entran en las

condiciones de una heteronormatividad establecida para la mayoría.

El análisis de las orientaciones sexuales presupone discursos y actores y con ello

relaciones de poder que han logrado prevalecer histórica y socialmente como referentes

únicos y legítimos a partir de normas morales, sociales, jurídicas, civiles y religiosas que

no dan cabida a formas diversas, sino que éstas formas son señaladas como ilegítimas y

anormales, mediante discursos privilegiados que validan unos órdenes excluyendo a

otros.

La orientación sexual, por su parte, tiene que ver con la elección del objeto de amor y de deseo, es decir, hacia qué sexo se inclina el deseo sexual y amoroso; es independiente del sexo y del género de la persona y representa la organización específica del erotismo y el vínculo emocional de un individuo. La orientación puede manifestarse a través de comportamientos, pensamientos, fantasías o deseos sexuales. Actualmente se habla, en mayor medida, de “orientación sexual” y no de “preferencia sexual” para disminuir la carga de elección que tiene el hecho de preferir. El consenso generalizado al respecto considera que la orientación sexual establece una tendencia erótica personal hacia ciertos sexos y tampoco niega la cuestión de la elección…Muchos investigadores consideran que la homosexualidad es primordialmente entendida como una trasgresión de género. Es decir, que la homosexualidad no es principalmente amenazante por ser una orientación sexual diferente a la heterosexual, sino porque trastoca los roles tradicionales de género. Lo interesante de los estudios sobre la diversidad sexual es que cuestionan las estructuras tradicionales de sexo y género y abren preguntas acerca de los viejos y los nuevos significados de la feminidad y la masculinidad, así como también buscan propuestas sobre nuevos tipos de parejas y familias, y diferentes posibilidades de ser padres y madres. (Consejo Nacional para prevenir la Discriminación (México), 2007, pág. 20-21).

Analizar el concepto de orientación sexual a la luz de nuevas posibilidades,

significa apuntar hacia la búsqueda por el reconocimiento y la legitimación de las

diversidades sexuales, esto es, dotar de valor, dignidad, respeto e igualdad a otras formas

de expresión de la sexualidad no concebidas en los órdenes heteronormativos.