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Importancia de la competencia intercultural en un mundo globalizado y

Capítulo 1. Introducción al estudio: delimitación conceptual y del

3. Importancia de la competencia intercultural en un mundo globalizado y

Para competir a escala mundial, las personas deben desarrollar conocimientos y habilidades que les permitan actuar adecuadamente en contextos culturales diferentes (Comité para el Desarrollo Económico, 2006). Inevitablemente, la competencia comunicativa intercultural se manifiesta en el mercado global como una habilidad sumamente importante para relacionarse con personas diferentes culturalmente dentro de su país como en el extranjero (Lustig, 2005) y como un recurso que puede generar importantes dividendos económicos a las empresas transnacionales. Para Ashwill (2004) y Herrin (2004), resulta fundamental que las naciones reconozcan lo que una puede ofrecer a la otra política, social y culturalmente en un marco de acción colaborativa.

En el ámbito educativo, una de las medidas ampliamente difundidas es la movilidad académica de los estudiantes a diferentes países. En los Estados Unidos (EE.UU.) por ejemplo, la movilidad anual es de doscientos mil estudiantes. Si bien pareciera ser una cifra alta, Ashwill (2004) indica que estos números sólo tienen un alcance limitado (1% de la población escolar y universitaria) y generan una amplia demanda formativa. La

National Leadership Council (2007) señala que se debería hacer un énfasis mayor en el

dominio de una lengua extranjera y en el conocimiento de valores culturales y tradiciones norteamericanas y de otros países como medida de integración en una sociedad globalizada. Las medidas públicas que se han implementado en países desarrollados como EE.UU., no sólo son importantes para que los estudiantes aprendan

de otras culturas, sino también es vista como una oportunidad para formar ciudadanos americanos competentes para enseñar a otros sobre la cultura de origen.

Por otra parte, las experiencias son determinantes en la vida presente y futura de las personas, por lo tanto, hay que recordar que la imagen que mayoritariamente tenemos de las otras culturas y pueblos explica nuestras relaciones con ellos (Dietz, 2003). Esta imagen proviene, en gran medida, de la escuela y, en este sentido, la educación formal puede llegar a ser un espacio estimulante y enriquecedor para aprender de las diferencias. Para Rodrigo (2003), los retos de la comunicación intercultural obligan a trabajar con puntos de vista alternativos. Esta alternativa interpretativa supone aumentar el nivel de complejidad cognitiva de profesores y alumnos. Además, señala que las personas con una mayor complejidad cognitiva tienen una visión de los otros más amplia y sutil, también tienen interpretaciones menos rígidas y más adaptables.

La educación es un campo práctico esencial para la comunicación. En este sentido, Areizaga (2001) señala que la comunicación intercultural es compleja y que incluso aquellas personas con mejor predisposición hacia los contactos interculturales saben de las dificultades que se dan en la comunicación entre personas de distintas culturas. Por lo tanto, para conseguir una auténtica competencia comunicativa intercultural se tiene que producir una sinergia de los ámbitos cognitivo y emotivo para la producción de una conducta intercultural adecuada. Esto nos lleva a pensar que el desarrollo de la dimensión afectiva de la competencia comunicativa intercultural no se da de forma espontánea y, por lo tanto, requiere ser educada. Según Bartolomé (1997), se espera de la institución escolar:

¾ Respeto a la diversidad cultural y evitación de prácticas de marginación y/o segregación hacia las minorías étnicas.

¾ Relevancia de la gestión intercultural y un proyecto educativo compartido.

¾ Definición de normas y valores que reflejen y legitimen la diversidad cultural y étnica y métodos de enseñanza (y también de evaluación) que promuevan la igualdad de oportunidades.

¾ Que el pluralismo lingüístico y la diversidad sean valorados y se apliquen diversas estrategias adaptadas a la diversidad.

Este tipo de respuesta exige desarrollar un conjunto de actitudes, destrezas y conocimientos que son los que permitirán al profesorado atender adecuadamente los requerimientos de tipo interpersonal y afectivo que emergen de los citados contextos multiculturales.

Por otra parte, los efectos de la competencia intercultural son diversos y abarcan dimensiones múltiples. Dichos efectos son la adaptación social, la integración cultural, el incremento de la idoneidad profesional del profesorado y el mejoramiento de las relaciones interpersonales (entre compañeros y entre éstos y los profesores) necesarias para la convivencia respetuosa con las diferencias. Uno de los principales retos que plantea la competencia comunicativa intercultural es la capacidad de aprender y desarrollar mecanismos para superar las dificultades adversas que se plantean en la comunicación entre personas culturalmente diferentes. Aneas (2003) habla de una transformación interna que desarrollan los sujetos cuando se hallan en un nuevo entorno cultural, lo que demanda la adquisición de actitudes que les hagan sentirse bien en este

entorno. En el ámbito escolar, coexisten diferentes culturas y éstos aspectos afectivos y emocionales, así como más comportamentales implican la capacidad de la persona para relacionarse y hacer frente a los retos y oportunidades que surgen en el seno de la organización intercultural de manera positiva. Si mediante una educación de la competencia comunicativa intercultural los alumnos integran recursos y capacidades para lograr mantener un equilibrio entre el mantenimiento de la propia identidad y el desempeño funcional en su relación con otros grupos culturales, se logrará una integración más armoniosa de las diferencias.

La competencia comunicativa intercultural, debido a los conocimientos, actitudes y habilidades que comporta, así como a sus efectos en la persona y en el entorno en que se manifiesta constituye un recurso clave para la integración ciudadana en una sociedad plural. En esta línea, Bartolomé (2008: 36) ha planteado la cuestión de cómo la educación tiene que asumir dos responsabilidades fundamentales: (1) la lucha contra todas las formas de exclusión social y la búsqueda de estrategias educativas que favorezcan el desarrollo de valores, y (2) la participación en un proyecto común de sociedad en la que cada persona tenga su puesto, su responsabilidad y su tarea. Estos desafíos, requieren de un esfuerzo considerable desde la institución educativa para desarrollar el proceso de asentamiento de valores como el respeto, la tolerancia y la convivencia en el contexto multicultural actual.