I. ANTECEDENTES
I.3 Importancia del modelo agroecológico en Cuba
A principios de la década de los 90, al desintegrarse el bloque soviético, Cuba perdió su mayor fuente de alimentos, combustible e insumos agrícolas, y entró en crisis. La pérdida de más del 85% de los mercados externos provocó un colapso total de su economía. Esta crisis golpeó con particular fuerza a la agricultura cubana debido a cuatro razones principales:
• Su sistema agrícola estaba muy industrializado, al punto que utilizaba más
maquinaria y aplicaba mayor cantidad de fertilizantes nitrogenados por unidad de superficie que sistemas de producción similares en Estados Unidos, y más de la mitad de las tierras cultivadas eran irrigadas con sistemas mecanizados.
• La mayoría de los insumos y productos comestibles que Cuba requería para su
supervivencia eran importados: en 1988, por ejemplo, Cuba importó el 100% del trigo consumido en ese año, el 90% del frijol, el 94% de los fertilizantes, el 82% de los plaguicidas y el 97% del alimento para la ganadería. Tal como se constató en los predios controlados por el MINAGRI (Ministerio de la Agricultura), Cuba estaba produciendo únicamente el 28% de las calorías consumidas a nivel nacional.
• En el momento en el cual Cuba se vio obligada a entrar al mercado global del azúcar, los precios internacionales de las materias primas cayeron en forma drástica. Anteriormente, los regímenes “amigos” habían pagado tres veces el precio mundial por el azúcar cubana.
• Durante las décadas anteriores, el país se había desarrollado muy poco en lo
que respecta a productos agrícolas diversificados o a la industria de bajas
calorías, ya sea para exportación o para consumo interno (WRIGHT 2006).
En 1991 el gobierno declaró el "Período Especial en tiempo de paz", que básicamente puso al país en un programa austero con un estilo de economía de tiempo de guerra. Hubo una reducción inmediata del 53% en las importaciones de petróleo, que no sólo afectó su disponibilidad para la economía, sino que también suprimió el intercambio internacional que Cuba había realizado anteriormente con la reexportación de este producto. Las importaciones de trigo y otros granos para el consumo humano se redujeron en más del 50%, y algunos otros alimentos disminuyeron aún más. La agricultura cubana se enfrentó a una caída de más del 80% en la disponibilidad de fertilizantes y pesticidas, mientras que la reducción en la disponibilidad de los hidrocarburos alcanzó el 47% para diesel y el 75% para
gasolina (ROSSET Y BENJAMÍN 1994; WRIGHT 2006). Como resultado, tanto la
producción agrícola como la disponibilidad de alimentos cayeron a niveles críticos, de manera que hacia 1993 la nación estaba al borde de una crisis alimentaria de
grandes proporciones (WRIGHT 2006).
En septiembre de 1993 Cuba comenzó la reorganización radical del sector estatal para crear unidades de gestión en pequeña escala que resultaban más efectivas dentro de las pautas del Período Especial. El gobierno emitió un decreto que eliminó la mayoría de las granjas estatales, convirtiéndolas en Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), una especie de empresa o cooperativa perteneciente a los obreros. La mayor parte de la tierra agrícola que antes administraba el Estado (80% del total), incluyendo las plantaciones de caña de azúcar, pasó a manos de sus trabajadores. Las UBPC permiten arrendar tierras estatales libres de costo, en perpetuidad, a colectivos de obreros agrícolas. Los derechos de propiedad permanecen en las manos del Estado, las UBPC deben alcanzar las metas de producción en los cultivos principales, y los colectivos obreros son dueños de lo que producen. Los excedentes de su cuota de producción se pueden vender libremente en los mercados agropecuarios. Esta reforma, realizada
en 1994, ofreció un incentivo a los productores para hacer un uso más eficaz de las
nuevas tecnologías (ROSSET 1997).
En respuesta a la crisis, Cuba desarrolló e implementó alternativas. La drástica reducción en la disponibilidad de insumos químicos llevó a su reemplazo por productos locales y, en la mayoría de los casos, por sustitutos biológicos. Esto derivó en el uso de biopesticidas (inoculantes microbianos) y agentes de control biológico para las plagas de insectos; el desarrollo de variedades de cultivos resistentes, rotaciones de cultivos y antagonistas microbianos contra patógenos vegetales; así como la realización de rotaciones y cultivos de cobertura para suprimir plantas adventicias. Los escasos fertilizantes sintéticos fueron complementados con biofertilizantes, lombrices de tierra, compost y otros fertilizantes orgánicos, roca fosfórica natural, estiércoles y abonos verdes, e integrando animales de pastoreo. La maquinaria, para la cual el combustible, los neumáticos y las piezas de repuesto estaban poco disponibles, fue sustituida en forma contundente por un retorno a la
tracción animal (ROSSET Y BENJAMÍN 1994).
Se diseñó un modelo alternativo basado en los principios de la agricultura orgánica y la agroecología con sustitución de insumos químicos por biológicos. Sin embargo, son necesarios cambios aún más profundos. En la actualidad, alrededor de la mitad de la tierra en Cuba, perteneciente a las antiguas empresas estatales, se encuentra improductiva por falta de mano de obra en el campo, y el Estado debe importar aún cerca del 50% de los alimentos que se consumen para poder mantener el suministro de alimentos a la población. El sector campesino es, sin embargo, responsable del 65% de la producción agrícola nacional. En este contexto, cálculos conservadores indican que al menos 30% del área agrícola utilizada es cultivada con métodos agroecológicos, dentro de una concepción de baja utilización de insumos y con énfasis en el uso de recursos locales.
Es importante señalar que a inicios del Período Especial muchos de los proyectos orientados a crear sistemas agrícolas y tecnologías ambientalmente más sanos, se enfocaron desde una perspectiva de sustitución de insumos, con una tendencia altamente tecnológica, enfatizando en la supresión de los factores limitantes mediante productos biopesticidas y biofertilizantes que reemplazaron la ausencia de agroquímicos. Parte de la investigación agrícola nacional se enfocó en encontrar formas de sustituir agroquímicos por insumos orgánicos. El principal objetivo en ese momento fue reducir los costos de producción de la agricultura comercial debido a que los agroquímicos tenían precios altos, y por ende, su uso era insostenible desde
una perspectiva económica. Como resultado, se desarrolló una amplia gama de
biofertilizantes (FUNES 2006).
En ese momento, la filosofía prevaleciente era que las plagas, las deficiencias de nutrientes u otros factores eran la causa de la baja productividad, en una visión opuesta a la que considera que las plagas o los nutrientes sólo se transforman en una limitante si el agroecosistema no está en equilibrio. Por esta razón, persistía en Cuba la visión estrecha de que la productividad se ve afectada por causas específicas y que la solución de estos factores limitantes se resolvía mediante
nuevas tecnologías (ALTIERI 2001). Sin embargo, como se ha expuesto
anteriormente, la agroecología va más allá del uso de prácticas alternativas, desarrollando agroecosistemas con una dependencia mínima de agroquímicos y subsidios de energía, es decir, sistemas agrícolas complejos, en los cuales las interacciones ecológicas y los sinergismos entre sus componentes biológicos proveen los mecanismos para que los sistemas subsidien la fertilidad de su propio
suelo, la productividad y la protección de los cultivos (ALTIERI 2001).
En todos los años transcurridos desde que se inició la crisis agrícola en Cuba, el país ha ganado una enorme experiencia sobre cómo cambiar hacia una agricultura más sostenible. Actualmente existen en Cuba muchas fincas diseñadas y manejadas con principios agroecológicos. En parte debido a que, después de 15 años, la crisis económica no ha sido superada, la agroecología se desarrolla en la isla y podría ser un único país en condiciones de realizar el tránsito a escala nacional hacia un
modelo agroecológico (FUNES 2007).