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Importancia de la evaluación curricular en la educación superior universitaria

1.3 LA EVALUACIÓN PROCESUAL DEL CURRÍCULO DE FORMACIÓN PROFESIONAL

1.3.2 Importancia de la evaluación curricular en la educación superior universitaria

Como consecuencia del movimiento de mejora de la calidad de la educación superior iniciado en la década de los noventa, el campo de acción de la evaluación curricular y, en especial de la evaluación institucional y de las carreras, fue objeto de una atención considerable ya que su fortalecimiento permitiría alcanzar niveles de calidad competitivos, no sólo a nivel de país sino incluso a nivel regional e internacional.

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En el ámbito de la educación superior latinoamericana surge el tema de la evaluación como instrumento para las políticas gubernamentales. Se instauran sistemas de evaluación y control de la calidad de las instituciones educativas y de los programas que éstas ofrecen, para garantizar que cumplan con criterios de calidad. Estas nuevas formas de regulación para los sistemas de educación superior se expresan en: el aseguramiento de la calidad, la garantía pública (accountability), la acreditación institucional y de las carreras, así como el financiamiento selectivo y diversificado (Kent; 2000; Pires y Lemaitre 2008).

Asegurar una formación profesional de calidad, exige a la institución de educación superior implementar mecanismos de evaluación de los programas de formación o currículo. Por ello, se afirma que existe una vinculación estrecha entre evaluación del currículo y calidad educativa, pues la evaluación asegura que el currículo no se desvíe de las necesidades, fines y objetivos que lo justifican. Como afirma Wolf et ál. (2006) los responsables en las Facultades, Departamentos o Comités de Programas se cuestionan sobre “How is our currículum doing?” y dar respuesta a esta pregunta los coloca en la búsqueda de respuesta a través de la evaluación del currículo:

Sometimes this kind of information-gathering exercise is precipitated by a sense that change is due. Perhaps your curriculum has been evolving naturally for many years doing its good work, but you’re not sure what precisely its “good work” might be. For some departments, enrolment growth or other changes demand some introspection about what is hoped students will have learned after completing their studies. We’ve also had departments and whole faculties ask us to help with the “How is our curriculum doing” question several years after a major curriculum change to see if the intended objectives were achieved. As well, change is sometimes driven by the formal review processes at the undergraduate and graduate levels (either in anticipation of one or as a response to feedback from reviewers). (Wolf et ál 2006:3)

En este sentido, la evaluación curricular “focaliza fundamentalmente su atención en determinar si el currículo, tal como ha sido diseñado, desarrollado e implementado está produciendo o podrá producir los resultados esperados” (Mateo 2000:129). De esta manera, desde una perspectiva técnica de la formación se evalúa si los profesionales egresados son competentes y si pueden insertarse productivamente en el mercado laboral; desde una

perspectiva humanística, se evalúa para valorar en qué medida el currículo logra una formación integral, como desarrollo personal y profesional.

En adición, la evaluación del currículo no sólo se debe centrar en la determinación de la efectividad de los resultados alcanzados, sino que debe comprender el currículo en su totalidad para orientar las posibles mejoras del mismo. Con ese objetivo, la evaluación del currículo debe recoger información tanto cualitativa como cuantitativa que permita una comprensión global e identifique fortalezas y debilidades del currículo de formación profesional, lo cual conduzca a decidir sobre su revisión, mantenimiento o modificación y, en última instancia, a determinar si la carrera profesional continúa o no ofreciéndose.

En el convencimiento que un currículo que forma futuros profesionales debe dar cuenta a la sociedad sobre la calidad de sus egresados, la evaluación sumativa o final permite verificar la productividad, la eficacia, eficiencia y la pertinencia del currículo de formación profesional, así como la evaluación del impacto que llevaría al ajuste de los perfiles del egresado y a la modificación de las prácticas pre profesionales.

Cuando la evaluación se orienta a procesos de innovación curricular, sirve de vehículo para el desarrollo de los alumnos, de los docentes y de la carrera profesional e incide en la modificación de las prácticas educativas. Ello obliga a considerar una visión diacrónica que permita evaluar los avances, dificultades y logros y monitoree las acciones de corrección y ajuste que se implementen durante todo el proceso curricular, considerando el pasado, presente y futuro.

La evaluación del currículo requiere de una planificación y una puesta en marcha, como hemos referido al tratar sobre las fases de la evaluación, por tanto debe estar bien establecida en el diseño curricular, desde allí se debe definir criterios sustentados así como propósitos claramente establecidos, que permitan orientar los procesos de evaluación, así lo constata Nieweg (2004:204) “It seemed appropiate to make assessment policy an integral part of the redesign of the currículo, instead of designing the programmes first and

have assessment “bolted on afterwards””. Afirmamos que la evaluación del currículo en la educación superior universitaria se debe institucionalizar, es decir constituirse en una práctica habitual, para permitir una dinámica de evaluación-reflexión-mejora en la cual la evaluación adquiera todo su potencial optimizador.

Finalmente, consideramos que la evaluación del currículo debe integrarse en una estrategia amplia de evaluación institucional y de aseguramiento de la calidad en todos los ámbitos de la vida institucional en la educación superior. Esta propuesta se respalda en los resultados que se consignan en el Informe Tendencias de la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC- UNESCO 2008), de cuyo capítulo “Sistemas de Acreditación y evaluación de la educación superior en América Latina y El Caribe”, recogemos dos conclusiones:

1. La evaluación y la acreditación de la calidad ha pasado de ser una recomendación teórica a una política efectivamente implementada en América Latina, al igual que en otras regiones del mundo. Un rasgo interesante (…) es el énfasis que se ha puesto en el desarrollo de una “cultura de la evaluación” en las propias instituciones de educación superior, lo que confiere a los procesos evaluativos un rol estratégico para el futuro de este nivel educativo.

4. Para que los procesos de aseguramiento de la calidad mantengan y actualicen su potencial para la mejora de la educación superior, es esencial que se desarrollen mecanismos e instrumentos para medir su impacto efectivo sobre la calidad de programas e instituciones. Asimismo, deberán buscar la forma de promover la innovación responsable, para que sean mecanismos no sólo de control o garantía externa de calidad, sino de promoción y fomento de procesos de mejora continua, tanto en calidad como en pertinencia. (Pires y Lemaitre 2008: 17-18)

Es innegable pues, la importancia de los procesos de evaluación y acreditación en la calidad y pertinencia de la educación superior, y la necesidad de fortalecer una cultura de la evaluación, cuya práctica se realice desde ámbitos específicos de la institución universitaria como es el programa de formación y la carrera profesional en una dinámica global a nivel institucional.