1.2 Objetivos de la investigación
2.2.2 La importancia de la familia en los primeros años
La familia es la unidad básica de organización social y su función es brindar a sus miembros protección, compañía, seguridad, socialización pero principalmente son la fuente de afecto y apoyo emocional hacia los hijos que están en pleno desarrollo.
La relación que se establezca entre el niño y su familia va a depender del apego en los primeros años de vida. Bowlby (1990), manifiesta que el apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres (o cuidadores) y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. La teoría del apego es que el estado de
seguridad, ansiedad o temor de un niño es determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto.
Parafraseando a Bowlby, el apego proporciona la seguridad emocional de los niños para ser aceptado y protegido, esto se van a mantener generalmente durante toda la vida, es por esto, que resulta importante la figura del primer cuidador quien casi siempre es la madre, ya que el tipo de relación que se establezca entre ésta y el niño será determinante. El padre y los hermanos pasan a ocupar un lugar secundario y complementario.
Su teoría define tres postulados:
1. Cuando un individuo confía en contar con la presencia o apoyo de la figura de apego siempre que la necesite, será mucho menos propenso a experimentar miedos intensos o crónicos que otra persona que no alberga tal grado de confianza.
2. La confianza se va adquiriendo gradualmente durante los años de inmadurez y tiende a subsistir por el resto de la vida.
3. Las diversas expectativas referentes a la accesibilidad y capacidad de respuesta de la figura de apego forjados por diferentes individuos durante sus años inmaduros, constituyen un reflejo relativamente fiel de sus experiencias reales.
Por consiguiente, la crianza con apego no significa que un niño no pueda por sí solo satisfacer sus necesidades, lo hará a medida que sus padres sean sensibles cuando estas surgen. Los padres deben ser flexibles para responder a ellas adecuadamente siempre bajo un clima amoroso y conciliador. Los niños que se crían con desapego buscarán a lo largo de su vida otras formas de cubrir las necesidades dando lugar a trastornos mentales y sociales.
Después de varios estudios Ainsworth y Bell (1999), postularon los diferentes tipos de apego:
Apego seguro: Es un tipo de relación con la figura de apego que se caracteriza cuando el cuidador primario demuestra cariño, protección,
disponibilidad y atención a las señales del niño. Esto le permite desarrollar un concepto de sí mismo positivo y un sentimiento de confianza. Estos niños suelen ser seguros, cálidos, estables y con relaciones íntimas satisfactorias. Tienden a ser más positivos.
Apego inseguro-evitativo: Esta relación se caracteriza cuando el cuidador está física y emocionalmente disponible sólo en ciertas ocasiones, lo que hace que el niño se muestre ansioso ante la separación y miedo para explorar el mundo. Se sienten inseguros hacia los demás. Generalmente manifiestan enojo y resistencia, no tienen expectativas de confianza hacia sus cuidadores.
Apego inseguro-ambivalente: Este apego se caracteriza porque la relación entre el niño y el cuidador es escaso, se muestran rechazantes, poco sensibles y falta de interacción con el niño. Estos niños suelen ser inseguros y les genera ansiedad.
El elemento esencial para mantener un vínculo afectivo entre padres e hijos es la calidad de los cuidados que se le ofrece al niño, esto será lo que determinará la seguridad del apego.
Según Vigotsky (1896-1934), otorgaba gran importancia a la influencia ejercida por el contexto cultural y social en el crecimiento intelectual. Desde su visión, padres, maestros y compañeros constituyen una especie de andamiaje que sirve de apoyo para aumentar las capacidades cognoscitivas y desarrollar el funcionamiento intelectual independiente. El proceso de aprendizaje estimula y hace avanzar el proceso de maduración.
La educación familiar en los primeros años de vida es crucial, puesto que la vida en familia es la influencia más profunda y duradera en la vida de cualquier persona, sea esta para bien o para mal, de esto, va a depender de la calidad de educación que proporcionan los padres a sus hijos, por ello es importante de compaginar el ritmo de la vida moderna, con la atención especial y preferente de los padres hacia los hijos.
Los primeros años de vida del niño está todo el tiempo en contacto con la familia, y es ahí donde se van poniendo los cimientos de su personalidad antes de recibir cualquier otra influencia. En este proceso de socialización, los padres deben actuar como modelos que los hijos imitan. El niño entra en contacto con los demás utilizando las formas de socialización aprendidas y practicadas al interior de la familia.
Las prácticas educativas que los padres desarrollan con sus hijos están determinadas por una serie de factores Palacios (1988):
Factores relacionados con el niño: edad, género, orden de nacimientos, características de personalidad.
Factores relativos a los padres: sexo, experiencia previa como hijos y como padres, características de personalidad, nivel educativo, ideas con respecto al proceso evolutivo y educación y las expectativas de logro que tienen puestas en sus hijos.
Factores relacionados con la situación en la que se lleva a cabo la interacción: contexto, social, cultural y económico.
Baumrind (1973) realizó un estudio de los estudios educativos que se presentan en la variedad de familia y encontró cuatro patrones principales en la educación:
Estilo autoritario: Se caracteriza por manifestar alto nivel de control y de exigencias de madurez a sus hijos y bajos niveles de comunicación. Predominan las normas y la exigencia a una obediencia bastante estricta. Dedican su esfuerzo a influir, controlar, evaluar el comportamiento y las actitudes de sus hijos de acuerdo con patrones rígidos preestablecidos.
Estilo democrático: Se caracteriza por presentar altos niveles de comunicación, afecto, control y exigencias de madurez. En consecuencia son afectuosos, refuerzan el comportamiento, evitan el castigo y son sensibles a las peticiones de atención al niños; dirigen y controlan siendo conscientes de los sentimientos
y capacidades de su hijo; explican razones y no se rinden a caprichos; plantean exigencia e independencia.
Estilo permisivo: Se caracteriza por un bajo nivel de control y de exigencias de madurez, pero por un alto nivel de comunicación y afecto. Manifiestan una actitud positiva hacia el comportamiento del niño, aceptan sus conductas y usan poco el castigo. Consultan al niño sobre decisiones, no exigen responsabilidades ni orden.
Estilo indiferente o de rechazo (abandono): Se caracteriza porque no son receptivos ni exigentes y pueden parecerles indiferentes a sus hijos. Al niño se le exige tan poco como se le da, en las cuatro dimensiones: afecto, comunicación, control y exigencias de madurez, siendo lo más destacable la escasa intensidad de los apegos.
Por ello, la influencia de la familia se deja notar en diferentes dimensiones evolutivas como: agresividad, logro escolar, motivación de logro, socialización de los valores, etc. En general, son los estilos educativos y democráticos, los que propician un mejor desarrollo en el niño.
En consecuencia, debe existir un ambiente ideal para el desarrollo adecuado de los niños, en donde exista afecto y armonía entre los integrantes de la familia, ya que, la relación que exista entre los padres y el niño va a influenciar en el comportamiento, en la personalidad, en el desarrollo emocional, social y en el rendimiento académico.