JOHANNESMEIER Johannes Gutenberg-Universität, Mainz
“Nuestros jóvenes deben tomar en especial consideración dos asuntos importantes, el primero, que deben terminar sus estudios con el mayor esfuerzo, que son apreciados mucho por nuestros españoles y que son siem- pre útiles. Segundo que no deben estar contentos con la sola apariencia de la virtud, sino deben apreciar mucho los asuntos espirituales y religiosos, sobretodo la contemplación, el rezo y la unificación con Dios, porque en estos países existen miles peligros de perder a Dios, aunque habían espera- do encontrarle allí gracias a su profesión”.
En su carta al padre Petrus Riederer en Munich, el provincial de Alemania Alta, el padre jesuita Dominicus Mayer, originario de Meßkirch, escribió estas frases el último día del año 17191. La carta llegó de la misión
“Inmaculada Concepción” en el país de los indios Mojos, una región que
pertenecía a la provincia jesuítica de Perú, y que se encuentra en el Departamento Beni de la República de Bolivia hoy día. Entonces la Compañía de Jesús seguía creciendo todavía, aún cuando las tasas de creci-
1 Stöcklein, Joseph, Der Neue Welt-Bott mit allerhand Nachrichten dern Missionariorum Soc. Jesu. Allerhand so lehr– als geistreiche Brief, Schrifften und Reis-Beschreibungen, welche von denen Missionariis der Gesellschaft Jesu aus beyden Indien und andern weit entferneten Ländern in Europa angelangt seynd. Jetzt zum ersten mahl theils aus handschriftlichen Urkunden, theils aus denen franzö- sischen Lettres Edifiantes verteutscht und zusammengetragen (5 Vols. Cada uno contiene 8 partes), Augsburg, Graz, Wien, 1726-1761, aquí Vol. 1, parte 7, Carta N.° 170, págs. 67-70, la cita pág. 68.
miento proporcionales del siglo XVIII resultaron más bajas que las de las dieciséis décadas anteriores, ya que en cifras absolutas se refirieron a una base mucho más alta. Aunque el número de las misiones de la orden todavía crecía continuamente en el siglo XVIII, se podía atribuir este hecho a nuevas fundaciones considerables en las regiones de las misiones. Catorce de las 42 provincias, que pertenecían a la Compañía, –es decir un tercio de ellas– se encontraban en ultramar: Goa, las Filipinas, Malabar, Japón, China y las Islas Marianas en Asia, el Brasil, Perú, México, Paraguay, Quito, Chile, Nueva Granada y Maranhão en América. Además existían las misiones de la asis- tencia francesa de la orden en las Antillas, en Quebec, en el Oriente Próximo y en Indochina, así como también las de la asistencia portuguesa en Africa.
En el año 1750 la Compañía de Jesús contaba con 22.589 socios. Se repartían en cinco asistencias. Con 8.749 personas, dos quintos de ella pertenecían a la asistencia alemana. Aún cuando no tomamos en consi- deración las dos provincias belgas, Inglaterra con Irlanda, Polonia y Lituania, las cinco provincias de Europa Central restantes –la provincia del Bajo Rin, la del Alto Rin, la de Alemania Alta, la de Bohemia y la de Austria– con sus 5.340 socios contaba aún con más personal que toda la asistencia española de la Compañía, la misma que estaba formada por 5.021 jesuitas. La asistencia francesa e italiana tenían más o menos el mismo número de socios y juntas alcanzaban alrededor de 7.000 socios, mientras que la asistencia portuguesa era la más pequeña con 1.760 personas2.
En vista de la situación del personal no es sorprendente que durante el siglo XVIII varios cientos de jesuitas alemanes fuesen enviados a las provin- cias de ultramar que estaban bajo patronato español o portugués. Ya desde hacía varias generaciones, en Alemania había existido un interés en el traba-
2 Las indicaciones de números se basan en Huonder, Anton: Deutsche Jesuitenmissionäre des 17. und 18. Jahrhunderts. Ein Beitrag zur Missionsgeschichte und zur deutschen Biographie (Ergänzungshefte zu den „Stimmen aus Maria-Laach”, Heft 74), Freiburg i. Br., 1899, pág. 29; Arens, Anton: “Die Entwicklung der Gesellschaft Jesu bis ihrer Aufhebung im Jahre 1773 und nach ihrer Wiederherstellung im Jahre 1814”, en Für Gott und die Menschen. Die Gesellschaft Jesu und ihr Wirken im Erzbistum Trier (Quellen und Abhandlungen zur mittelrheinischen Kirchengeschichte, Vol. 66), Mainz, 1991, págs. 27-41; Alden, Dauril: The making of an enterprise. The Society of Jesus in Portugal, Its Empire, and Beyond, 1540-1750, Stanford, 1996, pág. 676; Müller, Michael: Die Entwicklung des höheren Bildungswesens der französischen Jesuiten im 18. Jahrhundert bis zur Aufhebung 1762-1764. Mit besonderer Berücksichtigung der Kollegien von Paris und Moulins (Mainzer Studien zur Neueren Geschichte, Vol. 4), Frankfurt a. M., 2000, págs. 56-57; comp. También Hartmann, Peter Claus: Die Jesuiten (C. H. Beck Wissen in der Beck’schen Reihe, Nr. 2171), München, 2001, pág. 78.
jo de la misión; uno de los primeros aspirantes sin éxito fue Friedrich Spee3.
Descontando pocos casos singulares, una presencia considerable de jesuitas de Europa Central en las provincias asiáticas y americanas sólo se dio cuan- do el General de la orden Pablo Oliva pudo publicar el 29 de noviembre de 1664 que a partir de entonces un cuarto de los jesuitas que se debían enviar a ultramar podían ser súbditos de los Habsburgos de Europa Central4. Oliva
lo publicó después de negociaciones con las administraciones competentes de las coronas ibéricas. Hasta ese año ya habían sido delegados a América y Asia varios jesuitas de los Países Bajos españoles, y entonces también crecía el número de los misioneros delegados de las provincias de la Compañía “Austria” y “Bohemia”. Pasando el tiempo, se interpretaba la definición “súbditos de los Habsburgos” contando también todo el imperio antiguo, y así, sobretodo en el siglo XVIII, un gran número de padres y hermanos coad- jutores llegaban a ultramar desde la provincia de Alemania Alta y las dos pro- vincias del Rin. Este desarrollo culminó bajo el General de la orden Franz Retz, originario de Bohemia, durante los años de 1730 a 1750. A Retz le habría gustado hacerse misionero en su juventud, pero en 1693 su solicitud fue rechazada por el padre General de entonces Thyrso González5. Sin
embargo, Retz escribió varias veces a las provincias alemanas y les rogó poner candidatos a disposición para la misión, y eso sucedió así. La provin- cia de Alemania Alta incluso fundó en los años cuarenta un noviciado dedi- cado especialmente a la misión como parte de su noviciado de Landsberg6.
En detalle, el desarrollo se presenta así:
3 En noviembre 1617, Spee escribió desde Worms al P. General Muzio Vitelleschi sobre este tema. La respuesta, del 14 de abril de 1618, remitió a los grandes desafíos que se proponían a la Compañía de Jesús en Alemania. Comp. Brenninkmeyer, Edgar: “Pater Friedrich Spee– ein Lebenslauf”, en Sievernich, Michael (Ed.): Friedrich von Spee, Priester – Poet– Prophet, Frankfurt am M., 1986, págs. 15- 32, aquí págs. 18-20; comp. también Pohle, Frank: “Friedrich Spee und Franz Xaver, Poetische Reaktionen eines Daheimgebliebenen”, en Meier, Johannes (Ed.): “Usque ad ultimum terrae”, Die Jesuiten und die transkontinentale Ausbreitung des Christentums 1540-1773 (Studien zur Außereuropäischen Christentumsgeschichte; vol. 3), Göttingen, 2000, págs. 13-37.
4 Huonder, A.: Deutsche Jesuitenmissionäre…, pág. 21.
5 Hoffmann, Hermann: Schlesische, mährische und böhmische Jesuiten in der Heidenmission, Breslau, 1939, pág. 65.
6 Huonder, Anton: “Das Missionsnoviziat der Oberdeutschen Ordensprovinz der Gesellschaft Jesu zu Landsberg im 18. Jahrhundert”, en Die katholischen Missionen, 54, Freiburg i. Br., 1926, págs. 193-197; Müller, Michael: “Bayerns Tor nach Übersee. Das Missionsnoviziat der Jesuiten in Landsberg am Lech im 18. Jahrhundert. Wird erscheinen”, in Pelizäus, Ludolf: Bayern in Europa. Festschrift für Peter Claus Hartmann, Frankfurt a. M., 2005.
Tabla: Misioneros enviados desde las provincias centrales de la asistencia alemana (Archivum Monacense Societatis Jesu, obras Anton Huonder/Alfons Väth)
Como consecuencia de este desarrollo, casi 200 jesuitas, originarios de Europa Central, fueron afectados por la expulsión de la orden de los territo- rios portugueses (desde 1755) y de los países de la corona española (desde 1767)7.
La historia del éxito de las misiones jesuíticas es impensable sin la músi- ca. Cuando los padres viajaban en sus canoas en los ríos de la Tierra Baja y se atrevían a internarse en regiones no conocidas, a veces tocaban la flauta para hacer pasar su cansancio. Entonces observaban cuando indios –atraídos por las melodías para ellos exóticas– venían de las selvas al borde del río y les
Espacio de tiempo Misioneros enviados Espacio de tiempo Misioneros enviados 1560-1600 ? 1700-1710 32 1600-1620 11 1710-1720 49 1620-1630 1 1720-1730 86 1630-1640 4 1730-1740 94 1640-1650 4 1740-1750 132 1650-1660 6 1750-1760 100 1660-1670 3 1760-1770 5 1670-1680 15 1770-1773 4 1680-1690 15 1690-1700 31 Siglo XVIII 502 Siglo XVII 91 Total 593
7 Según la investigación actual y con toda certeza, 183 jesuitas de cinco provincias centrales de la asistencia alemana fueron afectados por la expulsión de los territorios del patronato portugués y espa- ñol; se distribuyeron así: de la provincia Rhenania Inferior (20), Rhenania Superior (16), Germania Superior (59), Bohemia (50) y Austria (38); agradezco a mi alumno de doctorado Uwe Glüsenkamp (Mainz) estas informaciones.
seguían para ponerse en contacto8. En Brasil ya el primer Provincial Manuel
da Nobrega explicó que se podía intentar atraer a todos los pueblos de América con música y una gimnasia vocal armónica9. José de Anchieta escri-
bió en 1554 desde São Paulo a Ignacio de Loyola en Roma, que él ejercía la doctrina mediante leer, escribir y cantar y de vez en cuando mediante el uso de instrumentos10. La applicatio sensuum, la instrumentalización de los senti-
dos y de la imaginación, es un elemento típico del método de misión jesuíti- co y ya se encuentra en cierto sentido en los “Exercicios Espirituales”, el libro de ejercicios espirituales de Ignacio, en tanto que la historia de la vida, Pasión y Resurrección de Jesucristo es recomendada a la persona que practica los ejercicios como una función dramática interna audiovisual, la cual debe ser actuada delante de su ojo espiritual. En los informes de la misión, se puede encontrar la doctrina cantada repetidamente11. Esta doctrina cristiana cantada
en la forma de pregunta y respuesta frecuentemente se pone en escena con el canto alterno de coro y solistas casi de manera teatral, muchas veces en cone- xión con bailes. Ella era un multiplicador del Evangelio y a menudo abría un camino de los hijos a la generación de sus padres12.
Ya en el siglo XVI había numerosos indicios de una gran celebración de la liturgia y del transcurso de días festivos llenos de música en las grandes fiestas, como por ejemplo la fiesta del Corpus, Navidad, ciertas fiestas de la Virgen, el día de San Juan y las fiestas locales patronales13. Muchos misio-
8 Santos Hernández, Ángel: Los jesuítas en América, Madrid, 1992, pág. 299.
9 Leite, Serafim: Monumenta Brasiliae, Vol. 1: 1538-1553 (Monumenta Historica Societatis Jesu, Vol. 79), Roma, 1956, pág. 384, nota 27 (remite a Vasconcelos, Simão de: Chronica da Companhia de Jesu do Estado do Brasil, Lisboa, 1663).
10 Fechada en São Paulo, el 1 de semptiembre de 1554, en Leite, Serafim: Monumenta Brasiliae, Vol. 2: 1553-1558 (Monumenta Historica Societatis Jesu, Vol. 80), Roma, 1957, págs. 83-118, aquí pág. 106.
11 Sudbrack, Josef: “Die Anwendung der Sinne als Angelpunkt der Exerzitien” en, Sievernich, Michael/Switek, Günter (Ed.): Ignatianisch. Eigenart und Methode der Gesellschaft Jesu, Freiburg i. Br., 1990, págs. 96-119.
12 Tejón, José Ignacio: “Música y Danza. III: Música y Danza en las misiones”, en Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-Temático, ed. por. O’Neill, Charles E./Dominguez, Joaquín Ma., 4 Vols., Roma, Madrid, 2001, aquí vol. 3, págs. 2.782-2.789, pág. 2.784.
13 Culley, Thomas D./McNaspy, Clement J.: “Music and the early jesuits (1540-1565)”, en Archivum Historicum Societatis Jesu, 40, Roma, 1971, págs. 213-245; Lemmon, Alfred E.: “Jesuits and music in Mexico”, en Archivum Historicum Societatis Jesu, 46, Roma, 1977, págs. 191-198; Ibídem: “Jesuits and music in the ‘Provincia del Nuevo Reino de Granada’”, en Archivum Historicum Societatis Jesu, 48, Roma, 1979, págs. 149-160.
neros se esforzaban en formar e instruir coros indianos; en sus viajes algunos se hacían acompañar de una Schola, cuyo repertorio abarcaba canciones lati- nas y españolas o portuguesas, y sobretodo himnos sagrados en las lenguas indias.
Una actividad continua de los jesuitas con respecto a la pedagogía musi- cal está citada sobretodo para la provincia Paraguay. Especialmente el padre Jean (Juan) Vaisseau de Tournai había rendido grandes servicios a la instruc- ción polífona de canto de los indios. Antes de tomar el hábito en la Compañía (1612), tuvo un puesto como cantante en los servicios del archiduque Alberto y su esposa Isabel Clara, los regentes de los Países Bajos del sur. En 1616 él llegó a Paraguay y participó en la misión de Loreto hasta su muerte en 1623. De manera sistemática, fomentó a los jóvenes con la mayor aptitud a cantar y a tocar un instrumento, además debió haber compuesto música y realizado las primeras orquestas en las misiones. El padre Luis Berger (1589-1639), que también era de la provincia galobelga, y el padre español Juan Pastor (1580- 1658) de la provincia Aragón se basaron en estas obras. El padre Francisco Jarqués (1607-1691) citó los siguientes instrumentos usados en las misiones: trompeta, fagot, trombón de barras, corneta, órgano, arpa, lira, espineta, cla- vicordio, laúd, violín, clarinete, además para el baile guitarras, cítara, mando- lina y bandurrias14. El objetivo era disponer de un coro entre 30 y 40 personas
y una orquesta de 20 personas en cada misión para celebrar las misas de mane- ra digna e incrementar la alegría de los creyentes en la liturgia.
Así la música de iglesia estaba establecida a un nivel bastante alto en las misiones de Paraguay cuando en la última década del siglo XVII el tirolés del sur Anton Sepp comenzó su servicio. En su lengua característica, poco deli- cada, escribió una carta a sus parientes el 24 de junio de 1692 desde la misión Yapeyú en el río Uruguay: “Así mis músicos también suelen hacer música
todos los días en la santa misa, ya que nuestros antepasados [con esta pala-
bra se refiere a sus antecesores] enseñaron a este pueblo estúpido, el cual sin
embargo es muy hábil en la imitación, también a hacer pan, … fundir cam- panas, fabricar órganos, cornetas, zampoñas, trompetas, oboes, relojes de
14 Delattre, Pierre/Lamalle, Edmond: “Jésuites wallons, flamands, français missionaires au Paraguay 1608-1767”, en Archivum Historicum Societatis Jesu, 16, Roma, 1947, págs. 98-176, aquí págs. 114-118 y 118-123; Santos Hernandez, A.: Los jesuitas…, págs. 299-300.
campana - aparte del cristianismo -, con una palabra hacer todo lo que todas las artes y ciencias europeas llevan consigo, pero sobretodo la música como elemento esencial de una misa solemne.” En otro punto de la misma carta,
defendió la costumbre de los indios de su misión de bailar delante del “Santísimo” el día de la fiesta del Corpus y aludió a Segunda de Samuel, Capítulo 6:14-23: “Si alguno quiere criticarlo, debe tener cuidado con la
maldición de David. David maldijo a la reyna Mikal(Mical), que se había irritado viendo a David bailar delante del Arca de la Alianza en la fiesta de la Traslación en un efod de lino”15.
Cuando 25 años más tarde el padre Dominicus Mayer, ya citado, llegó al Río de la Plata, experimentó con gran entusiasmo su recepción en las misio- nes: músicos indios que tocaban la trompeta saludaron a los jesuitas llegados con la música de compositores alemanes y acompañaron la presentación con bailes españoles. “El uno u otro [de los indios] fue hace tiempo alumno de la
música del padre Antonii Sepp de nuestra provincia, cuyo libro “Itinerarium o Paraquarischen Reiß-Beschriebung” está bien conocido en Alemania”16.
Testimonios similares se conocen también del noroeste de México. El padre Ignaz Pfefferkorn de Mannheim, que misionaba en Sonora desde 1756, destacó la inclinación extraordinaria de los Opatas y los Eudeves a la música.
“Ya bastaba enseñarles las primeras bases para tocar un instrumento musical, y entonces no necesitaban una enseñanza más intensa a causa de su oído fino y su estudio casi continuo. En la mayoría de los pueblos se encon- traban a indios que sabían tocar bastante bien el harpa o la cítara. … Solamente en el pueblo más importante de mi misión contaba con nueve o diez músicos. Tres de ellos habían aprendido de mí tocar bastante bien el vio- lín, el resto había aprendido de los españoles, algunos la cítara, algunos el harpa. Yo mismo les había enseñado acompañar el canto en la iglesia con sus instrumentos, lo que hacían muy bien y con una armonía grata al oído. De este modo se cantó temprano la misa, la letanía de la Madre de Dios, el
15 Stöcklein, J.: Der Neue Welt-Bott…, Vol. 1, parte 2, Carta N.° 48, págs. 40 - 60, las citas págs. 55 y 59.
16 Mayer, Dominicus: Neu-aufgerichteter Amerikanischer Mayerhof. Das ist: Schwere Arbeiten und reiffe Seelen-Früchten, neuerdings gesammelt in neu-aufgerichteten Mission in America, Augsburg, 1747, pág. 52.
Salve Regina y otras canciones religiosas. Para este fin yo había elegido entre mis indios algunas de las mejores voces, y había estudiado el canto con ellos, y así sabían cantar cada canción usual en la misa graciosamente sólo de memoria. Entre ellos brillaban sobretodo dos cantantes femininas por la pureza y belleza de sus voces y su manera de cantar estética. Cuando en el año 1767 el Marqués de Rubí, el inspector general de las tropas reales en el imperio mexicano, estaba conmigo por algunos días en su viaje por Sonora, le sorprendió un Salve Regina, que estas dos cantantes entonaron juntas. Este canto le asombró tanto. Dió un salto en la misa y me dijo que nunca en Madrid había escuchado voces tan excelentes”17.
En otro lugar Pfefferkorn confirmó, que se celebraba una misa solemne en todas las misiones de los Opatas y Eudeves y también en algunas misio- nes de los Pimas todos los domingos y días festivos. En Cucurpe, donde resi- día, se “cantaba todos los domingos y días festivos, y también todos los
sábados, no sólo la misa, sino también por la tarde o noche, después del final de la doctrina cristiana, y después de haber rezado rosario, la litanía laure- tania y el Salve Regina con acompañamiento de música”18.
También en la península de Baja California, donde las misiones sola- mente habían comenzado a fines del siglo XVII y donde a causa de la forma nómada original de vivir de los habitantes las misiones sufrían contratiempos varias veces, al tiempo de la expulsión de los jesuitas la música de iglesia ya tenía un nivel bastante alto; varios pueblos tenían sus propios coros, y en dos iglesias de las misiones ya había un órgano, y en una tercera iglesia ya había sido pedido19.
El padre Ignaz Tirsch, que trabajaba desde 1762 en San José del Cabo y Santiago en el extremo sur de la península, legó a la posteridad dibujos y acuarelas, entre otros con escenas de música y baile en su Codex pictoricus
Mexicanus, entre ellos un baile de los indios Yaki:
17 Pfefferkorn, Ignaz: Beschreibung der Landschaft Sonora samt andern merkwürdigen Nachrichten von den inneren Theilen Neu-Spaniens und Reise aus Amerika bis in Deutschland, 2 Vols., Köln, 1794-1795, aquí vol. 2, págs. 289-291.
18 Ibídem, págs. 379-380.
19 Baegert, Johann Jakob: Nachrichten von der Amerikanischen Halbinsel Californien: mit einem zweyfachen Anhang falscher Nachrichten. Geschrieben von einem Priester der Gesellschaft Jesu, welcher lang darinn diese letztere Jahr gelebt hat, Mannheim, 1773, págs. 234-235.
“Otro modo de baile donde dos mujeres bailan juntas. Una toca la cítara con una mano, y la otra baila cerca de ella”20.
“como un sirviente [de una tienda] español baila con una española en México. Tiene dos platos de madera. Con éstos sonsonetea de acuerdo con
la música.–
Un modo de bailar muy salvaje, pero muy artístico, lo que bailan los indios, llamados yakis. Hay que verlo, porque no se puede explicar. Los yakis llaman este baile Paskola y cuando bailan sonsonetean de manera
artística y hacen tantos movimientos de su cuerpo.”21
Modo de bailar, derivando del español, donde baila sólo una persona, la cual debe mover los pies según la música de cítara”22.
Nos hemos enterado de que también de Chile había noticias sobre jesui- tas con gran experiencia y dedicación a la música. El padre Gabriel Schmid escribió una carta de Rio de Janeiro a su hermana en Landsberg el 7 de agos- to de 1747: “Muchos de nosotros tenían gran experiencia en la música, en
especial un novicio, cuya misa cantada lleno de música escuchamos hace poco con alegría, y esta misa fue elogiada por todos los conocedores”23.
Estas palabras se refieren al hermano escolástico Jakob Wetzl de Landshut,