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2. RECIEN NACIDO

2.1 IMPORTANCIA DE LAS PRIMERAS HORAS DE VIDA DEL RECIEN MACIDO

El mejor lugar del mundo donde debe ser colocado un bebé al nacer tras ser secado es sobre su madre, piel con piel, ninguna tela entre ambos, pero cubierto con una toalla caliente.

La madre y su pareja llevan 9 meses esperando este momento tan importante en sus vidas, és un momento sagrado, nadie tiene derecho a interrumpirlo como no sea que la vida de la madre o del bebé corran peligro. Ningún procedimiento es imprescindible en este momento. el bebé pesará y medirá lo mismo una o dos horas más tarde.

Las madres embarazadas padecen una hiperosmia fisiológica (mucha capacidad de oler) porque necesitan oler a sus criaturas tras el parto y hacerlo va a incrementar la producción de oxitocina en la madre. El gorrito puede impedir que la madre huela la cabecita a su bebé. Si permanece piel con piel y tapado con una toalla o talla será suficiente para mantener el calor. Asimismo el elevado nivel de catecolaminas en un recién nacido que ha vivido un parto normal estimula el bulbo raquídeo y facilita la orientación olfatoria para iniciar la lactancia materna. Se ha comprobado que los bebés nacidos por cesárea programada tienen en el postparto inmediato bajos niveles de catecolaminas y ello les ocasiona mayor dificultad para localizar el pecho a través del olfato, además de mayor riesgo de presentar distress respiratorio. (Martinez Yáñez., 2010)

Estado de alerta

El paso de la cabeza del bebé por el canal del parto se acompaña de una liberación masiva de catecolaminas y noradrenalinas (las hormonas del estrés). A su vez la madre desencadena en la fase de pujos un pico alto de adrenalina que la hace tener sentimientos de desesperación: el “No puedo!!”. Esas hormonas del estrés pasan por el cordón a la sangre del bebé lo que le hará nacer en estado de alerta, con sus ojos abiertos y todas sus capacidades en máxima funcionalidad. El bebé tiene pues un estrés del parto beneficioso que le va a durar un par de horas y que se va a resolver gracias a la estimulación vagal que causa el contacto piel con piel y la succión temprana.

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También en el post-nacimiento inmediato la madre tiene en su sangre las cifras mas altas de oxitocina y endorfinas (el cóctel hormonal del amor como dice Michel Odent) que jamás tendrá. Y su bebé también, puesto que estas pasan a raudales por el cordón umbilical durante el parto. Los dos se miran a los ojos, porque todos los bebés al nacer buscan contacto visual con su madre, aunque los coloques con la cabeza mirando hacia un lado, se mueven cabecean y no paran hasta lograr ver el rostro de su madre y mirarla. La oxitocina y las endorfinas provocan apego intenso, dependencia y enamoramiento visceral mutuo de madre e hijo.

Si se deja al bebé sobre el abdomen de la madre, este trepará hacia el pecho e iniciará la lactancia materna de forma instintiva. La mayor parte de los bebés nacidos en partos normales y sin anestesia pueden reptar desde el abdomen hasta el pecho de la madre o también es posible si la madre está semi-sentada colocar al bebé en “posición biológica con la cabeza colocada bajo el cuello de la madre y permitir que el bebé vaya bajando y cabeceando hasta encontrar el pecho. Entonces mamarán espontáneamente en ambos casos en unos 40 minutos de media.

Primera toma de pecho

El bebé primero permanece un rato inmóvil y, poco a poco, va reptando hacia los pechos (mediante movimientos de flexión y extensión de las extremidades inferiores), toca el pezón, pone en marcha los reflejos de búsqueda, se dirige hacia la areola, que reconoce por su color oscuro y por su olor, y, tras varios intentos, comienza a succionarla. Un recién nacido que ha pasado por esta experiencia tiene muchas más probabilidades de mamar de forma correcta ésta y todas las tomas que vendrán, con lo que seguramente no tendremos problemas de mal agarre ni disfunciones orales por parte del bebé.

Lo primero que tiene un bebé en su boca crea impronta, por eso lo primero que deben tener siempre es el pecho. No deben hacer esta impronta con un chupete o una tetina. la primera toma produce un pico altísimo de oxitocina que contrae fuertemente el útero previniendo hemorragias, la oxitocina tiene además un importante efecto anti estrés del que se benefician madre e hijo.

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Según diversos estudios los bebés colocados piel con piel sobre su madre mantienen la temperatura hasta un grado por encima que los bebés colocados en una incubadora o en la cuna térmica. También tienen la glicemia más alta, mejor saturación de oxígeno, ritmo cardíaco y respiratorio más estable y menos llanto, tanto en intensidad como en duración. Todos los bebés sanos que son colocados piel con piel sobre el vientre de la madre son capaces, si se les deja tiempo, de reptar, alcanzar el pecho y mamar por si solos en posición correcta sin ayuda. Tardan en hacerlo 40 minutos de media, algunos lo consiguen a los 15 minutos y otros a la hora y media de nacidos. Los recién nacidos que pasaron por este proceso tuvieron un índice mayor de éxito en la lactancia y mayor duración de la misma. Y sus madres tuvieron menos problemas de grietas y mal-posición.

La separación también afecta a la madre

También la madre que no está con su bebé en el post-parto inmediato se muestra más intranquila y vive peor algunos procedimientos como la sutura de la episiotomía o el desgarro, limpieza de genitales, A su vez puede mostrar más dificultades para alumbrar la placenta y tener más posibilidades de sufrir una hemorragia. Pues es el contacto con su bebé y el inicio de la lactancia lo que hacen que se produzca un intenso pico de oxitocina que facilita la salida de la placenta y la contracción uterina.

Los granjeros saben que si a las hembras mamíferas se les retira una cría durante unos minutos, cuando la devuelven esta ya no se coge al pecho y su madre la rechaza, lo que la conduce a la muerte.

Nosotros los humanos tenemos el cerebro más elaborado y no abandonaremos un hijo por una separación al nacer, pero muchas madres que han sufrido la separación con un primer hijo y no la han sufrido con el segundo pueden testimoniar como ello ha influido de manera importante en el vínculo madre-hijo a largo plazo. Algunas madres, después de tener un parto especialmente duro, con situaciones de exceso de manipulación, falta de intimidad, miedo a la muerte propia o del hijo sufren auténtico estrés post traumático. Como los soldados que vuelven de la guerra. A menudo estas madres verbalizan que lo que peor vivieron fue la separación de su hijo al nacer, a veces durante horas.

34 Prevenir infecciones

La manera más fácil y barata de conseguir que un bebé tenga menos peligro de infecciones nosocomiales (las que se cogen por el hecho de estar en un hospital) es que permanezca pegado a su madre. Los bebés separados están en mayor riesgo de infección.

No es casualidad que los bebés lleguen al mundo asomando la boca y la nariz justo encima del ano de la madre. Y tampoco es casualidad que durante el expulsivo la mayoría de las madres defequen. Con lo cual el ano esté sucio de restos fecales. Muy probablemente la naturaleza lo ha diseñado así para que el bebé se contamine rápidamente de la misma flora intestinal que tiene la madre para que quede protegido. Aunque se sabe que cerca de una tercera parte de la flora intestinal del bebé ya ha estado invadida por bacterias maternas durante el tercer trimestre de embarazo.

El parto no es un suceso estéril y aséptico, la vagina no es un lugar estéril y un parto no precisa asepsia, solo limpieza. los bebés que nacen de perinés desinfectados o nacen por cesárea tienen mayor dificultad para acabar de poblar rápidamente sus intestinos con bacterias de la madre, si esto sucede existe una segunda oportunidad y es el contacto piel con piel inmediato, la madre huele a su hijo como buena mamífera, le habla, le respira cerca, lo besa. El bebé lame la piel de la madre y al mamar las primeras gotas de calostro proporcionan junto a las bacterias maternas la mejor protección.

En cambio, si es manipulado por el personal sanitario las bacterias que recibirá son las que hay en el quirófano y las que médicos y enfermeras lleven en sus manos. Teniendo en cuenta que el primero que llega a un territorio se queda para siempre, separar madre e hijo puede significar que se producirá una modificación permanente de la base sobre la que se construirá la flora intestinal del futuro adulto.

Probablemente esto es la causa de que diversos estudios hayan encontrado una relación directa entre nacer por cesárea y padecer mayor numero de enfermedades alérgicas. (Bustos Lozano G. , aeped, 2010)

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La forma de vincularse los padres con sus hijos es diversa de acuerdo a la cultura, pero en general tiene algunos ribetes similares en cuanto a redundar en la construcción y fortalecimiento de un espacio afectivo para el desarrollo de la personalidad y las cualidades propias del ser humano. El vínculo primario es el del binomio madre hijo, a partir del cual el nuevo individuo sentará las bases afectivas que sustentarán su proceso madurativo emocional y el establecimiento de sus vínculos futuros. Por ello es fundamental preservarlo, fomentarlo y acompañarlo en la consolidación desde el nacimiento, todas las acciones de los profesionales de la salud realizadas durante el trabajo de parto y el nacimiento tienen que estar orientadas hacia ese objetivo primordial.

El contacto piel a piel inmediato precoz y prolongado es la mejor estrategia para el restablecimiento del vínculo en la vida extrauterina, generando beneficios a corto y mediano plazo para el binomio, el recién nacido regula temperatura rápidamente sobre el cuerpo materno, percibe nuevamente los latidos cardíacos maternos y puede iniciar la succión al pecho en un entorno seguro y confortable; la madre segrega ocitocina que favorece el alumbramiento, la retracción uterina, disminuye el sangrado y favorece el inicio de la lactancia. Luego del nacimiento el traslado del binomio al alojamiento conjunto, con supervisión de un personal entrenado, permite que continúen en estrecho contacto y se previenen dificultades de identificación.

Durante la internación en la maternidad, es importante fomentar la pronta respuesta de los padres a las manifestaciones del recién nacido en demanda de apego; esto genera sensación de seguridad en relación a la satisfacción de sus necesidades. Fomentar en los padres la observación y el contacto visual en los momentos de vigilia durante el contacto físico en brazos, incluyendo progresivamente estímulos auditivos con el arrullo y el habla, es una de las acciones prioritarias de enfermería para el cuidado del vínculo. (SoriaAvilez, 2011)

2.1.2 Adaptación

Desde que empiezan a desencadenarse los mecanismos del parto, el feto empieza a adaptarse para el nacimiento. Durante la gestación ha madurado y ha crecido, pero ahora se prepara para un cambio brusco del que depende su supervivencia. Sus pulmones empiezan a eliminar

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líquido y sus hormonas de estrés le preparan. Al poco de nacer se le liga el cordón umbilical y entonces todo cambia en sus pulmones y en su circulación. Nota la entrada de aire en sus pulmones, siente el frío ambiente. Además ya no flota, siente el peso de la gravedad y oye muchos ruidos nuevos. La primera adaptación ocurre muy rápido y la favorece el sentir el calor y el olor de su madre, que se parece tanto al del líquido amniótico.

Si algo va mal, si se interrumpen estos complejos mecanismos de adaptación, puede que el recién nacido tenga dificultad para respirar, no consiga oxigenar su sangre o tenga hipoglucemia. Puede ser el comienzo de un problema grave, los mecanismos de la adaptación se mantienen durante las primeras horas de vida, la hipotermia o el dolor intenso pueden alterarlos, el llanto intenso también es indeseable y en esta fase precoz puede ser una respuesta de protesta y desesperación si el recién nacido está separado de su madre. Por eso hay que procurar que permanezca con su madre, si es posible piel con piel, caliente y seco, confortable, con acceso al pecho por si quiere mamar. En esta situación los recién nacidos no lloran, no gastan excesiva energía en la termorregulación, no producen hormonas de estrés y tienen menos dificultades para mamar. (Martinez Yáñez., 2010)