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La individualidad: los derechos y los deberes, un diálogo con dificultades

2. Los cambios en las relaciones intergeneracionales en Colombia durante la

2.3 Finales del siglo XX e inicios del XXI en Colombia La década de los noventa trajo consigo cambios para la sociedad colombiana,

2.3.3 La individualidad: los derechos y los deberes, un diálogo con dificultades

En algunos grupos familiares el autoritarismo se ha fragilizado, “los derechos confieren a las mujeres y a los niños nuevos poderes” permitiéndoles ubicarse bajo otros rangos de autoridad. En medio de este proceso la mujer ha concebido la posibilidad de mando junto a su pareja, aunque esto le haya implicado en variadas ocasiones exigencias exuberantes ante los nuevos desempeños que ha decidido asumir. En referencia a los

116BADINTER, Elisabeth. La mujer y la madre. Un libro polémico sobre la maternidad como nueva forma de esclavitud.

Traducción Montse Roca. Editorial: La esfera de los libros. P. 70-80, 143. 2011.

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jóvenes la igualdad proclamada entre éstos y los adultos les ha concedido a los primeros un lugar de exigencias frente a los segundos118.

La complejidad aparece cuando las mujeres comienzan a adquirir derechos pero unidos a mayores deberes y responsabilidades y han quedado solas en el camino. A nivel familiar se encuentran mujeres que como proyecto de vida no sólo han asumido un rol como profesionales exitosas, sino como madres y amas de casa, especialmente en el cuidado de los hijos, mientras estos últimos, en algunos casos se proclaman desde los derechos pero desligados totalmente de los deberes y las responsabilidades que como hijos y jóvenes tienen, no sólo ante una sociedad sino ante sus progenitores.

Sobre este último aspecto, Juan Carlos Jurado, manifiesta que aunque la Ley aborda el establecimiento de criterios que supone a los adultos por encima de los jóvenes, en la actualidad las relaciones se erigen bajo una “-fantasía de igualación- que desvirtúan su alteridad y su poder de cohesión social”, llevando a que los adultos se conviertan en “compañeros o amigos” de sus hijos, y así, se disuelven las funciones de los adultos y se debilitan las exigencias sociales dadas hacia los jóvenes que ahora se instituyen más bajo la figura de los derechos que de los deberes, ya sean individuales o sociales119.

“Derechos de los niños, deberes de los padres”, es el nombre de un ítem que expone Gilles Lipovetsky en su obra “El crepúsculo del deber” donde analiza la forma en que progenitores e hijos se relacionan en la sociedad actual donde “la supremacía de los derechos individuales afecta incluso a la idea de respeto y de devoción filial”. El autor considera que hay un espacio entre los ideales que se proclaman sobre la devoción que deben los hijos hacia sus padres y la realidad al respecto que deja entrever a individuos que “viven para sí mismos”. El cumplimiento del deseo prima sobre el bienestar del otro “el sentido de la piedad filial ineluctablemente retrocede dando lugar, en el mejor de los casos, al «cada uno a lo suyo», y en el peor, a la violencia”. En medio de este proceso las obligaciones de los padres sobrepasan el deber de los hijos, por lo cual los padres terminan siendo culpables y “la lista que enuncia las faltas de los padres es larga”120, “ya no hay niños malos. Sólo malos padres”. Todo ello emanado de la centralidad en el niño que propone que el “derecho a la felicidad y al desarrollo psicológico del niño” debe ser proporcionado por sus progenitores quienes finalmente intentan cumplir sus deberes sin replicas porque se han convencido que su felicidad es la felicidad de sus hijos121.

118

LÓPEZ, Yolanda. Op, cit. p. 132. 2009.

119

JURADO, Juan Carlos. Op. Cit. p. 168-169. 2003.

120

Dentro de la lista enunciada por el autor se encuentra: el no seguir lo bastante de cerca los estudios de sus hijos, de no participar en las asociaciones de padres de alumnos, de preferir el sacrosanto fin de semana a los ritmos escolares armoniosos…se descargan de su responsabilidad en los enseñantes, dejan que los hijos se embrutezcan delante de la televisión, ya no saben hacerse respetar. A medida que el niño triunfa, las fallas de la educación familiar son más sistemáticamente señaladas y denunciadas”. En: LIPOVESTKI,Gilles. El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos. Editorial Anagrama. Barcelona. p. 165. 2000.

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Para este autor, en la contemporaneidad las sociedades, el capitalismo y el proceso de globalización que las acompaña, han llevado a que en la cotidianidad de los sujetos se ubique la individualidad como aspecto primordial en todos sus contextos. Aunque la libertad prima como uno de los principales valores permitiendo que el sujeto reconsidere las ataduras morales anteriormente ligadas a su vida, esta libertad carece de normas referentes a los aspectos esenciales, entre los que se encuentra la familia, la cual está influenciada por el espacio externo y por las nuevas lógicas de los tiempos donde la desregularización aparece como un imperativo. Un individualismo guiado por el consumismo, lo novedoso, la autonomía y la libertad sin restricción, que busca la identidad y la autorrealización, permite el olvido sobre el aspecto social que debe ser pensado para poder forjarse como individuo y como sujeto. La cotidianidad se centra en la felicidad individual donde el éxito inmediato y con el menor esfuerzo está por encima de los valores que incluyen pensar en “sociedad”122.

Así, la individualidad impone una distancia entre los deberes de los hijos y los derechos de padres y madres. A la juventud y los niños se les ha otorgado unos derechos, que sin lugar a duda fueron y seguirán siendo prioritarios y necesarios para su protección y su porvenir. “Hablar de fomentar una democracia emocional no implica debilidad respecto a los deberes familiares, ni sobre las políticas públicas hacia la familia. Democracia significa aceptación de obligaciones, además de derechos protegidos en la ley. La protección de los niños tiene que ser el rasgo primario de la legislación y la acción pública”123. La divergencia está en la divulgación y promulgación de los derechos fundamentales sin que se hagan también fundamentales los deberes y las responsabilidades. “Se requieren nuevas miradas… para hacer posible que los mayores rangos de autonomía que han logrado los niños y los jóvenes en el mundo contemporáneo no se conviertan en una tiranía sobre los adultos”. Al ser parte de la ciudadanía deben también asumir la responsabilidad ética y social “propia de su condición social y jurídica”124.

Bajo estos preceptos los derechos de las mujeres deben ser una prioridad para toda sociedad que busque la tan anhelada democracia, donde la preocupación constante por su reconocimiento, visibilización y valor social estén presentes bajo una lucha permanente hacia una verdadera igualdad que aún tiene mucho camino por recorrer, donde se reconozcan los derechos y los deberes, pero también las responsabilidades y el respeto, de cada uno de los integrantes del grupo familiar.

122

Íbid.

123GIDDENS, Anthony. “Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas”. Taurus, Capítulo 4. p.

76. 2000.

124JURADO, Juan Carlos. Problemáticas Socioeducativas de la Infancia y la Juventud Contemporánea. En: SciElo.

Estudios Pedagógicos No. 28 (Valdivia), 2002. http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718- 07052002000100013

Igualmente, los códigos que instauran obligaciones y deberes de los padres especialmente de las madres hacia los hijos siguen vigentes, sustentados en los derechos de los niños, y guiados por los “expertos” que dan pautas sobre la crianza de los mismos. Sin embargo los códigos relacionados con los deberes de los hijos hacia los padres y madres no son tan publicados y dicientes como a la inversa, llevando a que el respeto hacia los mayores y los valores relacionados con ello no estén difundidos a nivel general.

Por otra parte desde el discurso de los derechos y la autonomía de los niños y jóvenes y las ambivalencias que pueden girar en su entorno se abre un espacio de poder para los menores que les permite sobrepasar los límites de las relaciones familiares “llevando la representación que personifican de la ley a una "fantasía de igualación" que desdibuja su alteridad y su poder de cohesión social”125, así se modifican los posicionamientos parentales y la subordinación de los hijos e hijas sobre los padres y sobre sus madres persiste, aunque no de forma generalizada, sí se identifica como una posibilidad en algunas familias, tal como en las que hicieron parte de esta investigación.