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INDUCCIÓN EXPERIMENTAL DE LA ENFERMEDAD QUÍSTICA

V- DISCUSIÓN

V.1. INDUCCIÓN EXPERIMENTAL DE LA ENFERMEDAD QUÍSTICA

QUE SE PRESENTA DE MANERA ESPONTÁNEA EN BOVINOS.

Ha sido claramente documentado que la mayor dificultad a la hora de estudiar la COD en bovinos es que la formación de quistes sólo puede ser abordada luego de que el folículo haya atravesado numerosos cambios morfológicos y fisiológicos desconocidos (Roth et al., 2012). En el presente estudio se caracterizó el ambiente endocrino y la dinámica folicular que precede y luego continúa durante el desarrollo de los quistes ováricos inducidos mediante la administración de ACTH. Aunque este modelo experimental ya ha sido utilizado previamente (Dobson et al., 2000), no existía información disponible acerca de los niveles de esteroides intrafoliculares y la caracterización morfológica de los quistes.

El tratamiento con ACTH determinó cambios en las concentraciones de esteroides en suero. Los niveles de estradiol, progesterona y cortisol aumentaron durante el tratamiento con ACTH mientras que la testosterona no mostró cambios. Después del tratamiento, el estradiol permaneció significativamente elevado, entretanto la progesterona no incrementó sus valores como lo hizo en animales control, los cuales desarrollaron un cuerpo lúteo luego de la ovulación. Esto reflejaría la persistencia folicular que ocurre en la COD sin luteinización de las células que componen el folículo. Estos datos son compatibles con los descriptos por Dobson et al. (2000), quienes mostraron que los niveles de estrógenos permanecen elevados hasta el día 30 aproximadamente, proponiendo que dicha hormona junto a la inhibina (pero no la

ACTH, cortisol o progesterona) ejercen un fuerte efecto de retroalimentación negativa sobre la secreción de FSH (Baird et al., 1991), lo que impide que se inicie una nueva onda de crecimiento folicular. Sin embargo, estos autores no analizaron los niveles de testosterona. Dicha hormona aumentó en el grupo control hacia el final del muestreo (días 26 a 28), lo que presumiblemente se deba a uno o varios de los folículos de la primera onda de crecimiento folicular post-ovulación, que para esos días (alrededor del día 6-7 del nuevo ciclo estral a partir de la ovulación), suelen ser de un tamaño mayor a 10 mm (Bo and Caccia, 2002), con capacidad de producir una importante cantidad de andrógenos en la teca que luego serán aromatizados en la granulosa.

Al final del experimento, más precisamente al momento de la ovariectomía, se encontró una clara asociación entre los niveles en suero y líquido folicular de estradiol y progesterona, tanto en folículos control como en quistes inducidos y espontáneos. La mayor concentración de progesterona en animales del grupo control puede deberse a que el momento de castración para esos animales fue el día 18 del ciclo estral (inicio del proestro), momento en que la progesterona recién comienza a descender (Bo and Caccia, 2002; Forde et al., 2011). En cambio, a pesar de que no se encontraran cambios séricos al momento de la ovariectomía, el cortisol mostró diferencias significativas a nivel folicular, con mayores valores en los folículos quísticos, lo que permite sospechar la existencia de un mecanismo de regulación intrafolicular. Las concentraciones de cortisol en líquido folicular fueron aún mayores en animales tratados con ACTH, confirmando trabajos previos de nuestro laboratorio que indican una acción directa sobre la pared folicular (Amweg et al., 2011). En este sentido, no han sido descriptas alteraciones en la función adrenal ni en el cortisol sérico entre vacas cíclicas normales y vacas con COD (Silvia et al., 2005). En este trabajo, sólo se encontraron diferencias

significativas en los niveles de cortisol sérico durante el tratamiento, pero no al momento de la formación del quiste. Por lo que podríamos sugerir que no existe evidencia que indique una alteración en la función adrenal en vacas con la enfermedad. Debido a que los glucocorticoides sólo serían sintetizados en la corteza adrenal y viajan sistémicamente por todo el organismo, la presencia de una ruta enzimática local es crucial para modular las concentraciones de la forma activa de dicha hormona (Krozowski et al., 1999; Tetsuka et al., 2003).

En cuanto a las implicancias de estos hallazgos en la patogenia de la COD a nivel del ovario, hemos demostrado que los quistes ováricos están expuestos a altas concentraciones de cortisol y que además, de acuerdo con otros estudios (Amweg et al., 2011), tienen la capacidad de aumentar aún más estas concentraciones a nivel folicular en respuesta a estímulos específicos. En trabajos previos de otros autores así como de nuestro laboratorio, se han observado alteraciones significativas en la tasa de apoptosis folicular en vacas con COD espontánea e inducida, y estos hallazgos apoyan la idea de que la persistencia folicular es un componente importante de la patogénesis COD (Isobe and Yoshimura, 2007; Salvetti et al., 2010). Un retraso en la regresión del folículo luego de la falla en la ovulación es una causa alternativa de formación de quistes, debido a que usualmente debería producirse la atresia y regresión de aquellos folículos que no están destinados a ovular. Además, se ha descrito en quistes foliculares de bovinos y ratas, cambios importantes en la diferenciación celular, la mayoría relacionados con la sobrexpresión de los componentes del citoesqueleto (Salvetti et al., 2004; Ortega et al., 2007b). En este contexto, la capacidad de los glucocorticoides para inhibir la apoptosis de células de la granulosa (Sasson et al., 2001) también puede ser importante en la limitación de atresia de folículos antrales persistentes (y pueden incluso

prevenir la degeneración apoptótica de quistes ováricos) (Amsterdam et al., 2002; Sunak et al, 2007, Komiyama et al, 2008).

Por último, con respecto a la testosterona, los cambios en su concentración a nivel folicular responden claramente a las modificaciones encontradas a nivel histológico. Como fue descripto por Salvetti et al. (2010), a medida que avanza la persistencia en el tiempo de los folículos, se van perdiendo una gran cantidad células de la granulosa y como consecuencia cambian o pierden la capacidad de producir ciertas hormonas. Dichas células son las encargadas de transformar los andrógenos provenientes de la teca interna en estrógenos, mediante un proceso de aromatización (Hafez and Hafez, 2000). Por lo tanto, es claramente comprensible que el líquido folicular de los quistes inducidos contenga mayor cantidad de testosterona que los folículos del grupo control debido a la mayor persistencia (10 días), y que los quistes espontáneos, cuya persistencia se especula que es mayor a la de los quistes inducidos, presenten la mayor concentración de testosterona de todos los grupos.

V.2. EXPRESIÓN DE TGF-β EN LA FOLICULOGÉNESIS NORMAL Y EN